Marcha nacional universitaria

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Esta marcha universitaria tiene lugar cuando el gobierno nacional y los gobiernos provinciales han decidido declarar la guerra al conjunto de los empleados públicos, sean docentes primarios, secundarios o universitarios, sean los trabajadores estatales, judiciales o de la salud.

Por un salario y un empleo docente dignos y la real democratización de la Universidad

Esta marcha universitaria tiene lugar cuando el gobierno nacional y los gobiernos provinciales han decidido declarar la guerra al conjunto de los empleados públicos, sean docentes primarios, secundarios o universitarios, sean los trabajadores estatales, judiciales o de la salud.
Con los aumentos del 10% que no alcanzan para llegar a fin de mes, el empleo inestable, precario o en negro, y las jubilaciones de pobreza tratan que los empleados públicos sostengamos una política económica que produce un superávit en los Presupuestos del Estado de $23.000 millones anuales que se usa para honrar la deuda externa, otorgar subsidios millonarios a las empresas, y acumular 40.000 millones de dólares de reservas en el Banco Central, para asegurar un dólar alto y que los exportadores agroindustriales sigan haciendo el negocio del siglo, los mismos que desabastecen el país y suben los precios.
Y allá donde los trabajadores no se someten, como ocurrió en Neuquén y en Santa Cruz, la respuesta es la represión policial.
Apoyamos las demandas de los docentes universitarios que exigen $1.500 para el cargo testigo y aplicación del nomenclador, jubilaciones móviles para todos los niveles, el pago inmediato de sueldo para los docentes ad-honorem, y blanqueo de las sumas en negro abonadas a los docentes preuniversitarios.
Creemos que las jornadas de paro docente no pueden ser un fin en sí mismas y se conviertan en una rutina, perdiendo su efectividad. Deben ser el medio para obligar al gobierno a atender nuestras demandas. De ahí que debamos potenciar las asambleas docentes, donde debatir y ratificar los planes de lucha para asegurar la máxima participación de los trabajadores, organizando comités de lucha en cada facultad. Además habría que incorporar a esta lucha al resto de la comunidad universitaria, trabajadores no docentes y estudiantes, incluyendo demandas específicas de estos sectores, para ampliar la base de la movilización.
Debemos vincular la lucha por un empleo y un salario dignos para docentes y no docentes con la lucha por mejores infraestructuras para cada facultad y Universidad, por el acceso irrestricto, contra la privatización de los servicios universitarios, y acometer un gran frente único para luchar por la real democratización de la Universidad en nuestro país.