Luis Gerez fue liberado por el miedo de la burguesía a la reacción popular

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La aparición de Gerez no fue el resultado de la intervención del aparato del Estado: policías, jueces y fiscales, por indicación del gobierno. La aparición repentina de Gerez no se debió a un audaz golpe policial ni a las pesquisas inteligentes de ningún juez o fiscal. Lo que está claro es que Gerez fue liberado voluntariamente por sus secuestradores, obedeciendo órdenes de alguna instancia superior. De lo que se trata es de saber quién era esta instancia superior y por qué decidió su liberación.. El secuestro de Luis Gerez fue un nuevo aviso a la clase obrera argentina sobre la impunidad con que siguen operando las bandas fascistas en el entorno del aparato del Estado. Como indicábamos en un artículo anterior, el secuestro de Gerez, como antes el de López, también fue un desafío lanzado a la política que sigue el actual gobierno en derechos humanos, y sobre todo busca impedir a cualquier costo los juicios iniciados contra algunos de los genocidas y asesinos del proceso militar.
Felizmente, a diferencia de lo sucedido con compañero Julio López, pudimos tener de vuelta con nosotros a Luis Gerez.
Mucho se está especulando sobre el secuestro de Gerez. Su aparición repentina en la noche del viernes 29 de diciembre, luego del discurso de Kirchner donde afirmaba que no cedería en su política en derechos humanos y se manifestaba contra cualquier medida de amnistía para los condenados por prácticas de terrorismo de Estado, conminando a los jueces a acelerar los juicios pendientes, hizo que muchos, particularmente desde la derecha, expresaran sus "dudas" sobre este secuestro, pese a todas las evidencias de tortura confirmadas incluso por el fiscal y el juez que investigan el caso. Por supuesto, la ultraderecha, con Patti a la cabeza, no perdió el tiempo declarando que fue una especie de "autosecuestro" montado por Kirchner. Para justificar todos estos argumentos estúpidos e interesados, esa gente se basa en la escasez de datos aportado por el gobierno sobre el caso, la parquedad de las declaraciones a la prensa del propio Gerez, y el hecho de que hasta el momento no hubo gente sospechada ni detenidos. Más adelante volveremos sobre esto.

Las "dudas" sobre el secuestro

Los argumentos de la derecha rezuman hipocresía y causan repugnancia. Al parecer, para dar fe de la autenticidad del secuestro Gerez éste tenía que haber aparecido muerto o continuar desaparecido. En el fondo, esta gente, que no duda de la autenticidad del secuestro, preferiría que se dejara en paz a los milicos y policías genocidas, y se sepultara la memoria y la lucha por la persecución y el castigo ejemplar a estos criminales.
Mientras que el secuestro y desaparición de López dejó al gobierno debilitado, la aparición con vida de Gerez, junto al discurso previo de Kirchner, ofreció la imagen de un gobierno que aparentemente supo manejar la situación. El objetivo de la derecha, por lo tanto, es tratar de minimizar todo lo que pueda esta imagen de fortaleza, arrojando dudas sobre el secuestro, utilizando las contradicciones y vacilaciones del gobierno antes enunciadas.
Algunos sectores de la izquierda, por su parte, plantean una especie de reproche al gobierno en el sentido de que Gerez (un activista político kirchnerista) fue liberado porque, a diferencia del caso de Julio López, Kirchner sí utilizó todos los medios a su alcance desde el primer momento para conseguirlo.
Sin embargo, esta crítica ofrece un costado muy débil. Si, como afirmamos desde la izquierda, el aparato del Estado es cómplice de los genocidas y no tenía una voluntad real en dar con López y sus secuestradores, y le hemos reprochado al gobierno el no poder controlar a este aparato del Estado, no sabemos por qué, en el caso de Gerez, este mismo aparato tenía que mostrar una actitud diferente que ante el secuestro de López, aunque el gobierno mostrara una actitud ofensiva desde el primer momento, denunciando la desaparición de Gerez como un secuestro.
Lo que es cierto es que tras la desaparición de López, el gobierno no tenía otra opción que salir a la ofensiva tras conocer la desaparición de Gerez, para no quedar desacreditado completamente.

El discurso de Kirchner y la liberación de Gerez

La realidad es que la aparición de Gerez no fue el resultado de una mejor o más rápida intervención del aparato del Estado: policías, jueces y fiscales, por indicación del gobierno. La aparición repentina de Gerez no se debió a un audaz golpe policial ni a las pesquisas inteligentes de ningún juez o fiscal. La información difundida sobre que Gerez fue liberado porque la policía estaba a punto de caer sobre sus secuestradores se contradice con el hecho de que aún no pudieron dar con el galpón donde permaneció secuestrado durante las 48 horas de su cautiverio, ni tampoco con sus posibles secuestradores.
Lo que está claro es que Gerez fue liberado voluntariamente por sus secuestradores, obedeciendo órdenes de alguna instancia superior. De lo que se trata es de saber quién era esta instancia superior y por qué decidió su liberación.
Sólo un análisis marxista, que parta de las contradicciones que se dan entre las clases sociales que conforman la sociedad, y desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera, puede ayudarnos a comprender lo sucedido.
Es claro que el secuestro de Gerez obedeció a los mismos objetivos que el de López. Hacer desaparecer testigos incómodos en los juicios a los genocidas, hacer entrar en pánico a los testigos que tienen que declarar en los mismos, y forzar un cambio en la política en derechos humanos del gobierno que culmine en la amnistía de los ya condenados y poner fin a la continuidad de los juicios pendientes. Estas bestias asesinas, se limitaron a continuar con las prácticas de secuestro y desapariciones que practicaron durante la dictadura militar.
El desenlace que los secuestradores destinaban a Gerez era el mismo que a López, su desaparición indefinida hasta forzar al gobierno de Kirchner a un acuerdo favorable a los genocidas, con la posibilidad cierta de su asesinato y su desaparición física. Aquellos que afirman que los secuestros de Gerez y López no tenían relación, porque obedecían a móviles distintos, carecen de cualquier prueba en ese sentido, y tratan de confundir las cosas. Si el secuestro de Gerez hubiera tenido como objetivo darle un susto o una simple advertencia, su secuestro no hubiera durado más que unas horas luego de haber sido golpeado y torturado ¿Qué sentido tendría retenerlo durante 48 horas para luego dejarlo ir, exponiéndose a ser detectados y detenidos?

La clase dominante interviene por miedo a la reacción popular

Desde la Corriente Socialista El Militante afirmamos que la liberación y aparición con vida de Luis Gerez ha estado vinculada a una intervención directa de los sectores decisivos de la clase dominante, en la burguesía argentina y el imperialismo, ante sus agentes más confiables dentro del aparato del Estado para que obligaran a los secuestradores de Gerez (vinculados indudablemente a este mismo aparato de estado) a que lo liberaran inmediatamente.
Las tendencias bonapartistas del aparato del Estado argentino son de larga data. Desde 1930 la intervención directa del ejército y la policía en los asuntos políticos del país fueron una constante. La burguesía argentina, por la herencia del pasado oligárquico-terrateniente que le dio origen, siempre se mostró particularmente reaccionaria ante las demandas democráticas y populares de la pequeñaburguesía y, fundamentalmente, de una clase obrera en creciente aumento y con un carácter muy combativo. A falta de una base social de masas suficiente debió recurrir periódicamente al ejército para que pusiera "orden" en la sociedad, dada su incapacidad manifiesta para hacerlo ella misma por métodos "democráticos".
Esta debilidad social y política de la clase dominante argentina, permitió al aparato del Estado mantener una relativa independencia, maniobrando entre los diferentes sectores de la clase dominante, y aunque siempre acompañó a los capitalistas y los terratenientes en el aplastamiento de la clase obrera cuando ésta desafiaba el dominio de la burguesía, adquirió intereses y privilegios propios.
Aunque los vínculos entre la clase dominante y el aparato del Estado son claros, por la extracción social, nivel de vida y educación de sus cuadros dirigentes en el ejército, la policía y el aparato judicial, no siempre el accionar de este último se corresponde con las necesidades, la oportunidad e intereses que demanda la burguesía en cada momento.
Es verdad que la burguesía argentina no comparte en absoluto la política en derechos humanos del gobierno de Kirchner. Le parece innecesaria y peligrosa porque considera que tiende a desprestigiar y a sembrar la desconfianza en el aparato del Estado al que necesita intacto y con la autoridad moral suficiente, al menos sobre las capas más atrasadas políticamente de la sociedad, para poderlo utilizar con la máxima eficacia contra los intentos emancipadores de la clase obrera a futuro. Pese a esto, la clase dominante carece, por ahora, de un recambio político a Kirchner que goce del suficiente respaldo popular. A corto plazo, está condenada a seguir entendiéndose con Kirchner y está obligada a sostenerlo.
Por su parte, el aparato del Estado no sólo teme y odia esta política sino que sobre decenas, y acaso cientos, de sus miembros se cierne la posibilidad de comparecer como acusados en los juicios y ser condenados a prisión efectiva. De ahí que los sectores más cobardes y desesperados se revuelvan como una bestia herida. Estos sectores, dentro y alrededor del aparato del Estado, son los que están detrás de los secuestros de López y Gerez.
El secuestro y desaparición de López fue el primer desafío directo a la política en derechos humanos del gobierno de Kirchner y a las aspiraciones de la clase trabajadora y demás capas populares por saldar cuentas con los genocidas del pasado.
El secuestro de López, si bien no suscitó ninguna repugnancia moral en la burguesía argentina, sí fue visto con gran inquietud por el miedo a la reacción que el mismo pudiera provocar en los trabajadores y demás capas populares.
Es claro que los sectores más inteligentes de la burguesía eran perfectamente conscientes de que un nuevo secuestro elevaría la tensión social a niveles insoportables. La memoria popular de lo que significó la dictadura militar y el desprestigio de las fuerzas represivas ante las masas trabajadoras perviven con fuerza. La burguesía era consciente de que si estas tramas negras del aparato del Estado continuaban con esta senda se podría llegar muy lejos, lo que finalmente podría provocar una reacción de masas en sentido contrario a sus intereses.
Más allá de las limitaciones, vacilaciones y cobardía mostradas por Kirchner en el caso López, el secuestro y la desaparición impune de un nuevo testigo lo llevaba a una situación imposible de sostener. La posibilidad de que Kirchner diera un giro de 180º en su política en derechos humanos era muy improbable, le habría quitado toda su credibilidad ante la población que lo apoya y hubiera provocado su suicidio político.
Además, una actitud tibia del gobierno en el caso Gerez podría haber propiciado puntos de ruptura con toda una serie de organismos de derechos humanos que fueron cooptados a la política oficial, junto a una buena parte de la base militante del kirchnerismo, procedente del setentismo, la JP y otros movimientos desprendidos del peronismo por izquierda en años anteriores. De ahí el duro discurso de Kirchner contra los secuestradores de Gerez, pese a que nunca apeló a la movilización popular para conseguir su libertad ni prevenir futuros secuestros.

El papel de la clase obrera

Desde la Corriente Socialista El Militante dijimos desde el primer momento que una intervención de la clase obrera por medio de la Huelga General era la única manera de conseguir la aparición con vida y libertad de López y Gerez. Sólo por medio de la movilización masiva y contundente de los trabajadores y demás capas populares se podría crear la presión suficiente sobre la burguesía para obligar a sus agentes en el aparato del Estado a poner orden en sus filas y liberar a los compañeros secuestrados.
La resolución del caso Gerez ha confirmado indirectamente esta perspectiva. Es cierto que esta resolución se dio sin una intervención directa de la clase obrera, carente además de una dirección sindical o política que le señalara las tareas a emprender. Pero la estupefacción e impotencia inicial manifestadas por los trabajadores, la juventud y demás capas populares habrían conducido, tarde o temprano, dada la bronca acumulada ante tanta impunidad, a un estallido social de alcances incalculables. Fue el miedo a este escenario el que obligó a intervenir a los sectores decisivos de la clase dominante y sus agentes en el aparato del Estado para forzar la liberación de Gerez.
Hay quien se lamenta de que Kirchner actuara con lentitud y cobardía ante la desaparición de López. Pero su impotencia ante el caso López (hasta la fecha no pudo mostrar una sola pista sobre López y sus captores) es la impotencia de enfrentar a las mafias del aparato del Estado utilizando a este mismo aparato de Estado. Sólo los cretinos pueden pensar que con simples medios policiales o judiciales se pueden enfrentar estos casos. La experiencia ha demostrado que sólo la intervención directa y masiva de la clase obrera y demás sectores populares, o el miedo a la misma, es lo que puede ofrecer una salida favorable a nuestros intereses.
Lo que sí debemos lamentar es la completa indiferencia mostrada por los dirigentes de la CGT que no movieron un dedo ni hicieron una sola declaración para exigir la aparición inmediata con vida de López. Si la CGT, y la CTA, hubieran convocado una huelga general en los primeros días que siguieron a la desaparición de López, las posibilidades de que éste hubiera sido liberado habrían sido muchas, mientras que hoy, a punto de cumplirse 4 meses de su desaparición, la posibilidades de que López aparezca libre con vida son cada vez menores y, lamentablemente, debemos reconocer que lo más probable es que haya sido asesinado cobardemente hace semanas.
En este sentido, queda en el terreno de las hipótesis que Kirchner conociera de antemano o no la liberación inminente de Gerez, y que ésta fuera la causa de su comparecencia previa en cadena nacional. Pero esto no cambia el fondo del asunto ni la mecánica real que condujo a la liberación de Gerez. Seguramente el gobierno conoce más de lo que declara públicamente. Probablemente, el gobierno actuara de común acuerdo con estos sectores de la burguesía y del aparato del Estado interesados en la liberación de Gerez y ante algunas resistencias encontradas entre los organizadores del secuestro, el discurso de Kirchner fuera la señal pactada para forzar este resultado; e incluso es probable que la liberación de Gerez se diera a cambio de garantías de inmunidad para sus captores.
Puede ser que toda la confusión, circunspección, ambigüedades y evasivas que rodean las declaraciones del gobierno, de los allegados a Gerez, y de los fiscales y jueces del caso, obedezcan a todo esto.

Nuestras tareas

¿Habrán conseguido estos sectores de la burguesía y del aparato del Estado disciplinar a estos sectores implicados en los secuestros de López y Gerez, a cambio de garantizarles impunidad por estos actos? ¿Significa eso que estarían descartados nuevos secuestros de testigos comprometidos en juicios a los genocidas? ¿Se estaría preparando un pacto de alto nivel para ablandar las penas de los genocidas que sean declarados culpables? ¿Confiarán estos sectores en que un futuro gobierno de la derecha prepare medidas de amnistía o rebaja de penas? Desde luego, sería muy aventurado y prematuro afirmar todo esto de manera tajante. Debemos esperar a que los hechos hablen por sí mismos.
Lo que sí depende de nosotros, de los activistas de izquierda, luchadores populares y los sectores más conscientes de la clase trabajadora y demás sectores populares, es sacar todas las conclusiones de la experiencia pasada.
La única garantía que puede preservar la integridad física de los compañeros testigos en los juicios a los genocidas, de saber toda la verdad sobre el destino del compañero Julio López y rescatarlo, si aún permanece con vida, de las garras de sus captores, y de dar avances decisivos en la lucha contra la impunidad y en el completo desmantelamiento del aparato represivo, es avanzar en nuestro grado de organización y de lucha. Habría que formar comités de control y vigilancia que velen por la seguridad e integridad física de aquellos compañeros que están personados como testigos en los juicios contra los genocidas. Estos comités también deberían fijarse el objetivo de identificar, y denunciar a todos los represores y cómplices de la dictadura militar de cada lugar, sean activos o no en las fuerzas represivas, difundiendo públicamente sus nombres, apellido y domicilio y, donde sea posible, escracharlos frente a sus viviendas y lugares de trabajo.
En el fondo, el debate que debemos darnos es cómo avanzar en nuestra inserción en la clase obrera y sus organizaciones, comenzando por los sindicatos, superando el obstáculo de sus direcciones burocráticas y conciliadoras con el enemigo de clase, para arrastrarla de una manera activa y dirigente a la lucha contra la impunidad, contra las prácticas de terrorismo de Estado y por la defensa de los derechos democráticos.
Pero esta lucha está indisolublemente vinculada a la lucha contra el capitalismo, por una sociedad socialista sin explotadores ni explotados, donde no sólo el conjunto de la riqueza social esté bajo el control democrático de los trabajadores y demás capas populares, sino que también el actual Estado burgués, corroído por la podredumbre y la impunidad al servicio de los ricos y poderosos, sea desmantelado completamente y sustituido por un Estado obrero que responda a los intereses de los trabajadores y demás sectores populares oprimidos.