La Revolución Argentina

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Con el colapso de la dictadura policiaco-militar y la llegada al poder de Perón/Cámpora, Argentina se ha convertido en un país clave en América Latina e incluso en el mundo.

En cierto sentido, refleja un proceso similar al de la dictadura de Primo de Rivera en España, la caída de la monarquía y la proclamación de la «república democrática». Esto abrió un período de revolución social en España que después de un turbulento período terminó con la insurrección fascista de Franco y la guerra civil.

Argentina ha entrado ahora en un período de agitación, el resultado en parte estará determinado por la comprensión de la situación, la política, estrategia y táctica de los marxistas en Argentina.

Los peronistas consiguieron casi el 50 por ciento de los votos en las elecciones, concedidos a regañadientes por la dictadura policiaco-militar. La aplastante mayoría de los trabajadores, sobre todo los jóvenes trabajadores, votaron a Cámpora como presidente y a la lista peronista.

¿Cómo puede ocurrir que el anterior dictador bonapartista tenga un nombre mágico (o en el lenguaje normal vernáculo, carisma) en contraste con la camarilla de dictadores al servicio de las fuerzas armadas? El secreto está en la historia del peronismo en Argentina. (El bonapartismo es una situación donde el «hombre fuerte» aunque representa a la clase dominante se sitúa por «encima de la sociedad» y se equilibra entre las dos clases antagónicas de trabajadores y capitalistas. Es el «dominio de la espada» en palabras de Marx o una clase especial de estado policiaco-militar).

Desde la recesión mundial de los años treinta Argentina ha, en general, tenido una sucesión de gobiernos militares. Perón fue un seguidor del golpe extremadamente reaccionario del general Uriburo, el 4 de septiembre de 1930, que tenía como inspiración la Italia fascista.

Estuvo asociado al golpe de los generales de 1943. Fue nombrado Ministro del Departamento de Trabajo y Bienestar Social. Él utilizó esto de manera inteligente para construir su poder personal y sus seguidores. Al día siguiente de su nombramiento todo un grupo de dirigentes sindicales y obreros fueron arrestados. Tenía sus propios seguidores que tomaron la dirección de los sindicatos. Declaró que él era amigo de los trabajadores y prometió salarios más altos, mejores condiciones laborales y seguridad social.

Demagogia

Comenzó a poner en movimiento la organización de los trabajadores no organizados. De 200.000 trabajadores organizados en los sindicatos, bajo el patrocinio de Perón cinco millones, la aplastante mayoría, se organizaron.

Hasta ese momento las huelgas se suprimían por la fuerza, los campesinos y trabajadores agrícolas no tenían derechos, ni siquiera derecho a voto en las elecciones. La lucha en el campo se encontraba con las ametralladoras. Perón les dio derechos.

Perón fue capaz de llevar a cabo esta demagogia social y en parte la cumplió porque Argentina se encontraba en una situación favorable debido a la Segunda Guerra Mundial y la enorme demanda y mercados de carne, trigo y otros productos agrícolas producidos en Argentina. Durante la guerra y especialmente en el período de la posguerra los precios eran altos.

Sobre esta base, durante un período temporal, fue posible otorgar reformas importantes. Basándose en el apoyo del «obrero y el ejército». Perón puedo «golpear» a los odiados imperialistas extranjeros, sobre todo a los «yankis».

Pero también denunciaba a los «falsos apóstoles que han ocupado los sindicatos para engañar a los trabajadores, traicionarlos o llevarlos al terreno de la política e ideología internacional». Declaró que «con la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social hemos iniciado la era de la política social argentina. La época de inestabilidad y desorden en la que estaban sumergidas las relaciones entre los empresarios y los trabajadores la hemos dejado atrás para siempre… Las empresas privadas garantizarán que se paguen los salarios y sigan las reglas sanas del bienestar humano, el estado reconocerá sus esfuerzos en nombre de la economía general…».

La política del departamento era la de «los principios más elevados de la colaboración social… Fomentando el nuevo capital privado…».

Sin embargo, durante un período, Perón llevó a cabo reformas radicales: aumento general de los salarios, paga de Navidad, jornada laboral de 8 horas diarias, vacaciones pagas y seguro de accidente; los trabajadores agrícolas recibieron también la jornada de 8 horas, períodos de descanso, las necesidades mínimas de alimentación, salario mínimo, vacaciones pagas, vivienda decente, escuelas, cuidado médico gratuito, derecho a organizarse y derechos civiles.

La reelección

El 1 de mayo de 1944, el día internacional de las manifestaciones por el día del trabajo y renovación de la fe en el socialismo, Perón, usurpando el día, organizó un gran mitin. Una vez más declaró de manera demagógica: «Cada día mil trabajadores llegan a la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, trabajadores de cada uno de los sectores de la actividad productiva, delegaciones que nos traen sus problemas, sus esperanzas y aspiraciones. En este clásico día del trabajo prometo que esta confianza no será defraudada».

Se declaró enemigo de la oligarquía, de los intereses del terrateniente, del «estanciero» y del imperialismo yanqui. «El trabajo y el ejército» eran las fuerzas con las que se enfrentaría a estos enemigos.

Más tarde fue destituido por sus dictadores pero a los pocos días fue de nuevo puesto en su cargo debido a manifestaciones de masas. El fracaso a la hora de afrontar y explicar el peronismo como un fenómeno bonapartista provocó una escisión dentro del Partido Socialista y el Partido Comunista. La federación sindical controlada por los comunistas se disolvió voluntariamente y se unió a la federación peronista, lo mismo ocurrió con los sindicatos controlados por el PS y los militantes juveniles se pasaron «en banda» al campo peronista.

En 1949 Perón fue reelegido, pero el clima económico estaba cambiando y en 1953 Perón, abandonando su oposición verbal contra el imperialismo estadounidense, declaró que Argentina necesitaba la «colaboración de los imperialistas y capitalistas o el desarrollo debería ser pospuesto indefinidamente». Anunció concesiones petroleras a la Standard Oil Company de California. Se aprobó una nueva ley que incluía términos favorables para los inversores extranjeros. Hubo huelgas de protesta entre algunos sectores de los trabajadores.

Los oficiales del ejército que odiaban la demagogia social de Perón y que consideraban que era peligroso debido a su efecto en los trabajadores, se aprovecharon de las dificultades económicas y la desilusión con Perón para organizar otro golpe de estado y echarlo del poder en 1955.

Perón, a pesar de toda su demagogia, no hizo nada para privar a la oligarquía de su poder nacionalizando la tierra. Sus palabras contra el imperialismo no iban acompañadas de hechos. Incluso compensó en exceso al capitalismo británico cuando compró los ferrocarriles y a otros intereses creados; según los expertos la compensación fue «generosa», aunque Perón hablara de «expropiación».

Perón se basó en los capitalistas industriales nativos en proceso de desarrollo y en la clase obrera, aunque en realidad reflejaba los intereses de los primeros. Ayudó al desarrollo de la industria a expensas de la oligarquía terrateniente estableciendo un monopolio estatal relacionado con la compra de grano y carne, después vendía los productos a un precio mayor en el mercado mundial. Había una enorme cantidad de sobornos y corrupción. No se llevó a cabo ninguna revolución agraria ni acción real contra el imperialismo. Estas fuerzas, combinadas con la casta militar lo echaron del poder.

Pero la crisis económica provocada por la debilidad del capitalismo argentino, un país subdesarrollado bajo la suela del imperialismo, el latifundismo y los capitalistas, minó el poder de sus sucesores. Las condiciones de las masas empeoraron. Cientos de miles y millones abandonaron el campo para irse a las ciudades donde vivían en medio de un hambre y pobreza terribles.

Buenos Aires, con una población de 7 millones de personas, tenía tres millones viviendo en las «villas» de las afueras de la ciudad. Eran «suburbios» con «casas» fabricadas con bidones de estaño y otros materiales, sin agua, alcantarillado ni electricidad, calles sin pavimentar, escuelas ni hospitales, simbólicamente, tenían sólo comisarías de policía.

La situación económica, a pesar del desarrollo industrial, había decaído espantosamente, el 87 por ciento de las exportaciones todavía eran productos agrícolas. En 1962 el cultivo de las llanuras argentinas cayó un 27 por ciento. La producción rural por habitante descendió un 40 por ciento. En 1940 las exportaciones de trigo eran el 36 por ciento de las exportaciones mundiales. En 1955 sólo eran el 15 por ciento.

Con Frondizi, el presidente «radical» que siguió a Perón después de las elecciones, el consumo de huevos, carne, pan, leche y papa descendió un tercio; muchos hospitales y escuelas cerraron. Las obras públicas se redujeron en 2.000 millones de pesos. Los precios de los boletos de ferrocarril aumentaron un 150 por ciento, 100.000 trabajadores ferroviarios fueron despedidos; la tarifa de la electricidad para los consumidores aumentó un 50 por ciento. Esto provocó muchas huelgas duras.

La inflación redujo los salarios reales un 50 por ciento mientras que los salarios nominales no pudieron subir más de un 15 por ciento.

La industria

El desarrollo industrial de Argentina, que recibió un gran impulso en las dos guerras mundiales, se expresaba en la producción de acero que alcanzó el millón y medio de toneladas en 1970, con una producción proyectada de 5,5 millones en 1975. En 1970 se producían 220.817 automóviles, 2.000 vagones de tren y 3.000 locomotoras eléctricas con el 25 por ciento de los componentes importados, vagones de metro, productos químicos, cuero y 5 millones de toneladas de cemento. Los astilleros producían barcos de 40.000 tn.

Según las mismas fuentes ahora hay 3,7 millones de afiliados sindicales, que con sus esposas y familiares, constituyen la gran mayoría de la población argentina. 360.000 personas están oficialmente en paro, aunque las villas miserias indican que hay muchas más.

El costo de vida, con la inflación, ha subido a pasos agigantados. La inflación oficial fue el año pasado del 80 por ciento. Naturalmente, comparada esta situación con los primeros años de gobierno peronista, y con la renovada demagogia social y antiimperialista de Perón, ha hecho que las masas hayan buscado a los peronistas como una manera de aliviar su angustiosa situación.

Una camarilla de las fuerzas armadas ha sustituido a otra en una sucesión rápida, mientras que los niveles y condiciones de las masas se han deteriorado. Desde el 30 de junio de 1969, fecha del recambio militar, se han sucedido los decretos de «estado de excepción». Durante 1971 y 1972 el estado de sitio fue permanente. A pesar de los estados de sitio y de excepción, ha habido toda una serie de estallidos en Buenos Aires, Córdoba, Tucumán y otras ciudades y provincias. También ha habido varias huelgas generales. En algunas zonas prácticamente han llegado a una insurrección con barricadas en las calles.

A pesar de las acciones contra los locales de los sindicatos peronistas esto simplemente ha añadido más furia a los trabajadores. En la provincia de Mendoza el 4 de abril de 1972 se declaró el estado de excepción después de 24 horas de huelga general contra el aumento del precio de la electricidad. En la manifestación posterior hubo un muerto y 69 heridos en la lucha contra la policía. Se quemaron 147 automóviles y se rompieron los cristales de 200 tiendas. El 8 de abril se prohibieron todas las manifestaciones pero se suspendió la suba de la electricidad.

En junio de 1972 hubo una huelga general de 24 horas en Tucumán. Se enviaron tanques y tropas para disolver a los estudiantes y acabar con las barricadas en las calles. El 28 de junio de 1972 hubo manifestaciones en Buenos Aires, Bahía Blanca, Tucumán, La Plata y Mendoza, que fueron reprimidas por las tropas y la policía.

Los manifestantes el 3 de julio tomaron el ayuntamiento y la emisora de radio de Malargüe. El ejército intervino. El 9 de julio en la ciudad de General Roca (provincia de Río Negro) la población impidió por la fuerza un desfile militar. El 18 de julio la ciudad fue puesta bajo control militar.

En una zona, el 3 de diciembre de 1972, hubo una lucha con las «formaciones especiales» de las Juventudes Peronistas. El resultado fue: 1 muerto, 30 heridos, incluidos 14 policías.

Estos ejemplos se podrían multiplicar indefinidamente. Para describirlos todos tendríamos que dedicar páginas enteras del periódico. La creciente oleada revolucionaria, que el régimen de los generales no podía controlar, cada vez era mayor. En mayo de 1971 para conservar el tipo de cambio de divisas (el valor del peso frente al dólar) se prohibió la matanza de ganado durante dos semanas al mes, excepto para la exportación. Todo esto en un país donde la carne de vaca era algo básico y el consumo doméstico anteriormente era de 100 kilos per cápita al año. En agosto de 1971 se prohibió totalmente el consumo doméstico de carne de vaca. La inflación se fue comiendo el nivel de vida de la población. En 1959 fue del 100 por ciento. En 1955 la tasa de cambio era 18 pesos por dólar, en 1967 eran 350 pesos. La introducción del peso llamado M$N (moneda nacional) no ayudó. En pocos meses de 4 o 5 pesos por dólar se pasó a 10 y así sucesivamente.

La federación sindical peronista, el 5 de julio de 1972, advirtió que con la dictadura, si no se «respetaba la voluntad de la población, habría una revolución violenta».

Los militares bloquearon la cuenta bancaria de la federación sindical. El 14 de septiembre de 1972 José Rucci, secretario general de la CGT (Confederación General de los Trabajadores), en nombre del sindicato anunció un plan social y económico, proponiendo la nacionalización de la banca, las empresas de seguros, el comercio exterior, la reforma agraria, limitación de las empresas extranjeras y la participación de los trabajadores en las empresas privadas y públicas.

Este programa radical fue seguido por huelgas generales de 24 horas en octubre de 1972. El fermento en el país se podía ver en que una cuarta parte de los sacerdotes defendían un programa (vagamente) revolucionario. En medio del extendido odio general y la frustración del régimen, sin la influencia de una organización o tradición marxista fuertes, siguiendo el ejemplo de China y Cuba surgieron 5 grupos guerrilleros.

Sus actividades se sumaron a la confusión general. Sin una perspectiva real, incluso aunque uno se denominara «trotskista», sus actividades no tenían nada en común con la idea marxista de que la «emancipación de la clase obrera es tarea de los propios trabajadores».

Demostraron una gran audacia y consiguieron golpes espectaculares. El secuestro de ricos empresarios extranjeros para pedir un rescate enriqueció a estos grupos pero en realidad no supuso ningún paso adelante para la revolución. Actuaban como bienintencionados filántropos, como Robín Hood modernos, exigiendo comida para distribuirla entre los pobres. «Actuaban por los trabajadores» exigiendo la readmisión de los despedidos y aumentos salariales.

De esta manera no demostraban a los trabajadores su poder ni los ayudaban a organizar o dirigir su poderoso potencial. Lejos de desarrollar la conciencia socialista de los trabajadores, en la medida que no tenían ningún efecto, la retrasaban.

Sin embargo, con la presión de los trabajadores y el descontento general de las masas, el ambiente de la revolución se dejaba sentir en el aire, la Junta se dividió. El general Lanusse llegó al poder y anunció elecciones en marzo de 1973. Intentado aferrarse al poder anunció que las fuerzas armadas insistirían en estar representadas en el gabinete que surgiera de las elecciones.

Pero con el resultado de las elecciones, con la insurrección de las masas, los generales y almirantes no fueron capaces de mantener esto. No podían ni siquiera mantener su prohibición de una amnistía general a los prisioneros políticos.

Incapacidad

Después de las elecciones los manifestantes amenazaron con destruir las cárceles. Los prisioneros políticos fueron rápidamente liberados por Cámpora, a pesar de las amenazas de los generales, el uso de la policía y las tropas provocó la muerte de un manifestante y aumentó el ambiente de furia.

Cámpora legalizó el Partido Comunista, que en un «frente» se calculaba que había recibido un 3 por ciento de los votos en las elecciones, anunció libertad para todas las tendencias políticas. El programa de los peronistas del FREJULI, el frente peronista que se presentó a las elecciones, indica que serán tan incapaces como los generales de solucionar los problemas de Argentina. Rechaza el «dogmático socialismo internacional» y plantea un «socialismo popular nacional y cristiano» sin propuestas precisas en cuestiones como la nacionalización.

Proyectaba el restablecimiento del Instituto de comercio (IAPI) que con Perón había controlado todas las exportaciones. Se haría cargo de las «industrias estratégicas», no especificaba cuáles, y de las que utilizan «poder monopolista».

Prometieron un salario mínimo vinculado al costo de vida. Atacaban al imperialismo y denunciaban a la Organización de Estados Americanos como un «puerto de penetración imperialista».

El 8 de agosto de 1972 Perón había declarado que Argentina necesitaba un «gran líder», es decir él mismo, para «restaurar su papel histórico en la lucha por la segunda independencia de América Latina». Planteó un programa que incluía «cambios en la política económica y social incluido el nombramiento de un gabinete económico formado por representantes de los empresarios y los trabajadores, una definición clara del poder del ejército….», dijo que «Perú era el modelo más cercano a seguir por Argentina, Cuba y Chile estaban demasiado a la izquierda y Brasil demasiado a la derecha».

El «Frente de Liberación Justicialista» peronista, el 7 de diciembre de 1972 adoptó un programa que «garantizaba la propiedad y la iniciativa privada en la medida que cumplieran una función social y una política de cambio monetario adecuada imponiendo normas para la participación del capital extranjero, el crédito y la tecnología… La tierra… al servicio del hombre que la trabaja y la hace productiva, mientras que se evita la excesiva concentración y fragmentación».

Programas que difícilmente asustaba a los capitalistas, terratenientes y sus herramientas, los líderes de las fuerzas armadas. Programas que no harán avanzar la revolución en Argentina. No resolverán el problema de la inflación, ni el crecimiento económico ni la lucha contra el imperialismo.

El camino intermedio entre socialismo y capitalismo nunca ha existido ni existirá. O el gobierno refleja los intereses de los trabajadores en cuyo caso debe expropiar a los capitalistas, o debe reflejar los intereses de los capitalistas y atacar a los trabajadores. En un período de crisis económica e inflación no hay margen de maniobra para cambios fundamentales sobre bases capitalistas.

Gestos

Es verdad que para calmar a los trabajadores el gobierno de Cámpora ha decretado «la nacionalización de varios bancos que habían sido adquiridos total o parcialmente por inversores extranjeros en los últimos años». Pero gestos como estos y los ataques verbales al imperialismo, aunque aparentemente las tranquilicen, no pacificarán a las masas durante mucho tiempo.

El Financial Times el 29 de junio publicaba lo siguiente: «A los banqueros y empresarios extranjeros asustados, el Banco Central les ha asegurado que las medidas anunciadas no serán tan malas como parecen. ‘No somos xenófobos ni nos dedicamos simplemente a destruir el sistema’, estas son las palabras que ha pronunciado esta semana Alfredo Gómez Morales, presidente del Banco Central… Planteó los argumentos de por qué ‘Argentina debería ser aún un lugar atractivo para los inversores extranjeros´».

Tres millones de personas dieron la bienvenida a Perón cuando regresó a la Argentina. Pero su vuelta fue un fiasco porque hombres armados de la derecha peronista, supuestamente a sueldo de los burócratas sindicales, atacaron al ala de izquierda de la Juventud Peronista y a los representantes de las guerrillas peronistas. De esta manera se veía el método de Perón de equilibrarse entre las clases y el inevitable abismo que se está abriendo entre los dos sectores.

El ala de izquierda, sobre todo la juventud, quiere el socialismo y represalias drásticas contra el imperialismo, las grandes empresas y los dirigentes militares. El ala de derecha representa al capitalismo argentino.

El acto funambulista de Perón de maniobrar entre estas fuerzas y dar bandazos, primero a un lado y después a otro, no puede funcionar. Se está balanceando por encima de un fuego incontrolable. Finalmente la cuerda se quemará. El mito del peronismo se evaporará ante la luz fría de la realidad.

Las masas quieren que se atiendan sus modestas necesidades cotidianas. No quieren que sigan deteriorándose. Después de un período de meses, quizá semanas, habrá nuevas manifestaciones y huelgas, cuando las masas vean que sólo las alimentan con promesas vacías. Con el capitalismo, la inflación descontrolada continuará empeorando los niveles de vida.

Perón y Cámpora no tienen una varita mágica para eliminarla. Su «socialismo cristiano» sin sentido no puede darles el control de las palancas reales del poder económico. La «propiedad privada» significa que las causas de la inflación, ahora mundial en los países capitalistas, continuarán su rumbo y el resultado será: más aumentos de precios en Argentina.

El equilibrio y el enfrentamiento de la izquierda y la derecha peronistas, podrían funcionar cuando se dan concesiones a ambas sobre la base de la riqueza creada por la clase obrera, y con un mercado mundial favorable. Lo conseguido con los precios más altos de la carne y el trigo se lo comerán los precios aún más altos de los productos de consumo y capital industrial importado por Argentina.

Además habrá que añadir la impaciencia de las 300 familias de la oligarquía aristocrática terrateniente, la irritación y la presión de los capitalistas argentinos. Al mismo tiempo, los trabajadores tienen confianza porque ellos fueron los responsables de la rendición de la Junta militar. Están mirando a Perón, por el momento, para que haga milagros. Pero no los puede satisfacer.

Revolución

Todas las clases se sentirán traicionadas. En esta atmósfera el apoyo a Perón puede desaparecer rápidamente y las clases comenzar a polarizarse dentro y fuera del movimiento peronista. La casta militar levantará de nuevo la cabeza basándose en la desilusión de las masas.

Estallarán nuevos enfrentamientos y huelgas. Esto a su vez tendrá su efecto en el movimiento de masas del peronismo, sobre todo en los sindicatos y la juventud. Esta es la clave de la revolución, cuyo primer acto ya se ha desarrollado.

Los marxistas argentinos deberían participar activamente en el sector decisivo de la sociedad argentina. El destino de los enfrentamientos de los próximos años se puede decidir por la dirección que tome la juventud revolucionaria del movimiento de Perón.

Si, como ocurrió en la revolución española, fueran traicionados por el Partido «Comunista», cuando desesperados miren en su dirección, podría resultar fatal para la revolución. Por eso los marxistas argentinos deben formar parte del movimiento de masas de los jóvenes trabajadores del movimiento peronista. Éstos girarán hacia el marxismo si les mostramos el camino.

Los sindicatos y la juventud peronistas son el embrión de la revolución. El camino a las masas sindicales pasa por la juventud peronista.

Los capitalistas después de mover las cuerdas del peronismo cambiarán de nuevo hacia los generales. Argentina está en un período de enorme lucha de clases y tormentas sociales.

La lucha de clases tendrá períodos de intensa lucha y otros de calma, con grandes huelgas y manifestaciones, pasará un período de meses y años hasta llegar a su conclusión. Al final podría haber una guerra civil como en España.

Argentina es clave para los acontecimientos en Chile, Uruguay, Brasil, México, en realidad para todos los países de América Latina. Puede tener grandes repercusiones en España y el resto del mundo.

Socialismo

En América Latina está comenzando un nuevo período de revoluciones, como demuestran los acontecimientos de Uruguay, Chile y Argentina. El destino de toda América Latina se puede decidir si la juventud peronista adoptara un programa marxista.

El desarrollo de la revolución merece un estudio serio por parte de los trabajadores militantes en todas partes. Los acontecimientos en Argentina son importantes también por las lecciones que enseñarán. Un éxito de la revolución socialista en Argentina -llevando a una democracia obrera- provocará la revolución socialista en toda América Latina. Sería un golpe para el capitalismo y despertaría la conciencia de los trabajadores de EEUU como clase y también hacia el socialismo.

Pero la lucha contra el imperialismo y el capitalismo sólo puede llevarla hasta el final la clase obrera. La primera no se puede luchar triunfalmente sin haber derrocado a la segunda.

Sólo tomando en poder en sus manos y expropiando al imperialismo, a la oligarquía y a los capitalistas argentinos nativos, los trabajadores argentinos podrán preparar el camino para conseguir unas condiciones y niveles de vida decentes, a través del poder obrero y el socialismo.