La lucha de los repartidores: ¡Trabajadores del mundo, uníos!

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El 1ero de julio, varias ciudades de Brasil, Argentina, Chile, Costa Rica, México, Guatemala y Ecuador, fueron sorprendidas con la huelga de los repartidores y trabajadores de las aplicaciones conocidas como «Ifood», «Pedidos ya», «Rappi», «Glovo» y «Uber eats». Es la primera huelga organizada por los trabajadores de esta categoría, que protestaron en unidad internacional para exigir mejores condiciones de trabajo y derechos laborales, ya que la mayoría de las empresas de reparto no ofrecen convenio colectivo alguno y derechos básicos a los trabajadores.

En esta modalidad laboral, que intensifica la explotación, los trabajadores no tienen ningún vínculo con la empresa para la que trabajan, no están sindicalizados y son totalmente responsables de su propio trabajo y en las condiciones en que llevan el trabajo, y si sufren algún accidente laboral la empresa no se responsabiliza. Los accidentes de tránsito resultan moneda corriente ya que muchos repartidores hacen las entregas en bicicleta o motos y muchas ciudades no tienen carriles para bicicletas y lugares para circular con seguridad.

Es el conocido lema «sé tu propio jefe», un discurso relacionado con el « emprendedurismo» que es promovido por empresarios y capitalistas como una innovación en las relaciones laborales, pero que en la práctica significa una precariedad laboral extrema, que convierte a los trabajadores explotados en «colaboradores» y los hace trabajar hasta el agotamiento para recaudar el mínimo para subsistir trabajando más de 12 horas diarias y arriesgando sus vidas.

Los repartidores están permanentemente en riesgo de sufrir accidentes de tránsito y ahora con la pandemia de COVID-19, también se suma el riesgo de enfermarse, ya que durante el trabajo no tienen acceso a baños para lavarse las manos, y las empresas para las que trabajan no ofrecen alcohol en gel o máscaras y ningún otro tipo de apoyo para la protección de estos trabajadores.

Además, en el Brasil, una investigación realizada por la Red de Estudio y Seguimiento de la Reforma Laboral (Remir trabalho) reveló que el 60,3% de los trabajadores de entrega de aplicaciones informaron que sus horas de trabajo se habían ampliado y sus salarios se habían reducido durante la pandemia. Los trabajadores de aplicaciones se organizaron para pedir mejores condiciones de laborales, mayor transparencia en las formas de pago adoptadas por las plataformas, aumento del valor mínimo por cada entrega, el fin del sistema de puntuaciones, de bloqueos y exclusiones indebidas.

Los repartidores son los verdaderos generadores de la riqueza de estas empresas, ya que sin ellos las entregas no se realizan, y esta huelga vino a demostrar la capacidad de organización de la clase obrera, incluso precarizada y que los de abajo no son sólo números.

En Buenos Aires, la mayoría de los que trabajan para estas aplicaciones son inmigrantes venezolanos, que, por falta de los documentos necesarios para lograr la residencia definitiva para su estancia en el país, y sin disponer del mínimo dinero necesario para su supervivencia, alimentación y vivienda, terminan optando por trabajar en las aplicaciones de entrega. Se estima que 6 de cada 10 repartidores en Buenos Aires son venezolanos, las aplicaciones sólo requieren un certificado de residencia precaria que facilita el acceso de los extranjeros a este tipo de trabajo, y su condición de inmigrantes entorpece el camino a lograr las condiciones necesarias para vivir con dignidad.

La huelga de los repartidores es otro ejemplo de la autoorganización de los trabajadores que vemos en Argentina y en otros lugares de América Latina, y debe ser reconocida como un acto de la clase obrera, porque por más que los empresarios se nieguen a llamar trabajadores a sus «colaboradores», eso es lo que ellos son. Y su lucha es válida ya que todos los trabajadores deben tener derecho a las condiciones básicas como: seguro contra robo, seguro de accidentes y seguro de vida, sueldo básico y que por arriba del mismo se le sumen las comisiones por viaje, ayuda alimentaria y licencia médica remunerada para los trabajadores infectados por COVID-19. Además, se les debe conceder un aumento del valor por kilómetro recorrido y un aumento del valor mínimo por entrega ya que muchos trabajadores no pueden ganar ni siquiera el mínimo para vivir y alimentarse por un día.

Nosotros, desde la Corriente Socialista Militante – CMI, nos solidarizamos con la lucha de los repartidores y los apoyamos en sus reivindicaciones, en un contexto internacional de pandemia, de profunda crisis económica y extrema precarización de las condiciones de vida, cada lucha de los trabajadores, ya sea por el pago de los salarios o por mejores condiciones de trabajo, debe ser defendida y vista como un ejemplo para los demás trabajadores. El momento es aquí y ahora, la clase obrera en sus diversos sectores ya no puede soportar tanta explotación y la huelga de los repartidores es un ejemplo más de cómo la clase está dispuesta a levantarse y luchar.

Los trabajadores repartidores como un faro iluminan al conjunto de los trabajadores al mostrar cual es la tarea para frenar el desastre al cual nos está arrastrando este sistema hecho para unos pocos. La solidaridad internacional y la coordinación de los trabajadores a nivel internacional para llevar adelante una huelga general es un enorme paso adelante. Los capitalistas, los patrones y los gobiernos que nos trasladan sus ajustes se organizan y coordinan a nivel internacional, nosotros también.

Los trabajadores del mundo estamos atravesados por las mismas problemáticas, más allá de las particularidades locales, el retroceso de nuestras condiciones de vida. Esto no podría ser de otra manera ya que el capitalismo es un sistema mundial. De las diferentes economías y mercados nacionales surge un conjunto indivisible e interdependiente: el mercado mundial. Golpeemos como un solo puño.

Pero también es verdad que cada lucha emprendida por cualquier sector de la clase obrera y la juventud, choca con el estado capitalista en sus diferentes estamentos, la justicia, las fuerzas del “orden”, los políticos oportunistas del gran capital y la propiedad privada de los medios de producción. En cada pelea que lleven adelante los compañeros y compañeras repartidores deben elevar su lucha con el conjunto de los trabajadores y trabajadoras de las diferentes industrias y servicios, ligar cada reivindicación a una organización más elevada en el camino de construir nuestro Partido de Trabajadores y poder así forjar el camino de una nueva legalidad que satisfaga de manera definitiva las demandas y banderas de pleno trabajo, educación y salud.

¡Por una huelga mundial de trabajadoras y trabajadores contra el ajuste!

¡Pan, salud y trabajo!

¡Socialismo o barbarie!