La liberación de Ingrid Betancourt y las FARC

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El pasado 2 de julio se conoció la liberación de Ingrid Betancourt y un grupo de rehenes que estaban en manos de las FARC. Según el gobierno colombiano, un grupo de militares del ejército se infiltró en la guerrilla y en un traslado en helicóptero de los rehenes, lo desviaron de su ruta hacia un lugar controlado por el ejército. Las propias FARC admitieron en un comunicado que fueron traicionadas por los guardianes que custodiaban a los rehenes.

Esto fue un enorme golpe propagandístico para el gobierno colombiano. La liberación de los rehenes no ha sido ninguna operación humanitaria. ¿Desde cuándo el gobierno de Uribe se ha mostrado «humanitario» con los trabajadores y campesinos colombianos?. Nunca. Los rehenes han sido siempre un peón que Uribe y el imperialismo han estado siempre dispuestos a sacrificar en defensa de sus intereses.

El buen deseo de ayudar a los rehenes y a sus familias condujo a Chávez a intentar mediar en el caso de los rehenes.  Repetidas veces ese proceso fue saboteado por el gobierno de Uribe. Ni la burguesía colombiana ni el imperialismo podían aceptar que Chávez apareciera como el salvador de los rehenes. Ello aumentaría la simpatía hacia la revolución venezolana en Colombia, algo que aterroriza a la oligarquía. Por ello recurrieron a todas las maniobras posibles para sabotear la liberación, al punto de asesinar al número 2 de las FARC, Raúl Reyes, violando el espacio territorial ecuatoriano. Esto es una muestra una vez más que los capitalistas, que son personas plenamente conscientes de sus intereses, no se paran ante nada para defenderlos, incluido cualquier «derecho humano» y el «derecho internacional» o la «legalidad vigente».
La «buena voluntad» en política revolucionaria no conduce a otra cosa que a ser cacheteado y pisoteado por el enemigo de clase. Esto  incluye a la rehén Ingrid Betancourt quien, en una muestra de la generosidad hacia las gestiones de Chávez, lo primero que hizo fue felicitar a Uribe, y no mostrar ninguna gratitud ni a Chávez ni a Correa por sus gestiones. Ingrid Betancourt es una representante de la burguesía colombiana, una oligarca y, como se vio con su liberación, puede estar en tal o cual punto secundario desacuerdo con Uribe pero lo fundamental es lo que les une, sobre todo en los momentos importantes cuando millones de personas oían sus primeras palabras.

Fracaso histórico de los métodos del guerrillerismo

Esta liberación es un jalón más en el proceso de descomposición de las FARC. El Estado colombiano lleva meses golpeando una y otra vez a la dirección de la guerrilla, asesinando a sus dirigentes, y la misma es incapaz de responder. La liberación de Betancourt es una muestra del nivel de infiltración en sus filas. Los marxistas nos somos pacifistas. La burguesía y el imperialismo están armados hasta los dientes. Así, los trabajadores y los campesinos tanto en Colombia como en Venezuela deben armarse también para defenderse de las agresiones de la clase dominante. Pero lo que demuestran estos reveses de las FARC es el fracaso histórico de los métodos del guerrillerismo en América Latina. Es decir, la idea de que un grupo de hombres armados, más o menos grande, desde el campo puede destruir el Estado burgués. La experiencia de las FARC y el guerrillerismo en todo el continente demuestran lo contrario. La salida para muchos revolucionarios no está en abandonar la lucha o desmovilizarse, al contrario. Para el marxismo la clase obrera es la clave para paralizar y destruir el Estado burgués y construir el socialismo. La tarea en Colombia es organizar al proletariado en las ciudades para luchar por la paz de la única manera posible, luchando contra el capitalismo, a través de la expropiación de los capitalistas. Y eso es sólo posible con un alzamiento revolucionario en las ciudades encabezado por la clase obrera, secundado por el campo. El eje de la lucha está en las ciudades. Será a través de esa lucha y esos objetivos que la clase obrera encontrará los medios de autodefensa necesarios para enfrentar la represión y vencer la resistencia de la oligarquía.

Organizar a la clase trabajadora, a esta tarea deberían dedicarse los militantes revolucionarios tanto los que están es la FARC como fuera de ella.