LA CONVENCIÓN, LA DUALIDAD DE PODERES Y LA TOMA DEL PODER

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El proceso prerrevolucionario que vive nuestro país, con una verdadera insurrección popular en Oaxaca, ha dejado claro como la luz del día el verdadero papel de las “sacrosantas” instituciones de la burguesía, todas, junto con los medios masivos de comunicación, se encuentran en la bancarrota política y moral más profunda desde los tiempos de Porfirio Diaz.

¡Luchemos por el socialismo!

Las instituciones al descubierto

El proceso prerrevolucionario que vive nuestro país, con una verdadera insurrección popular en Oaxaca, ha dejado claro como la luz del día el verdadero papel de las “sacrosantas” instituciones de la burguesía, todas, junto con los medios masivos de comunicación, se encuentran en la bancarrota política y moral más profunda desde los tiempos de Porfirio Diaz.

La cínica desición del Tribunal Electoral declarando presidente elcto a Calderón sólo ha sido la cereza en el pastel de la bancarrota total del régimen, el cinismo ha llegado al extremo de reconocer la intromisión ilegal de Fox y la cúpula empresarial (desechando al mismo tiempo el alud de evidencias del fraude) pero arguyendo que dichos delitos no fueron determinantes (porque, según ellos, fue nomás tantito) frente a una diferencia oficial entre Calderón y Andrés Manuel López Obrador de menos de 2 votos por casilla; se trata del equivalente del juez que dictamina frente a una mujer violada que no puede abortar porque no hay evidencias que el embarazo haya sido producto de la violación ya que el violador sólo la penetro con la puntita.

La descomposición sin precedentes del aparato del estado es uno de los sintomas más claros de que estamos en la puerta de un proceso abiertamente revolucionario, el elemento más importante, sin embargo, es la disposición de lucha de las masas y la voluntad de llevar esta lucha hasta el final, sólo hace falta que esa voluntad de lucha se encauce hacia la toma del poder por los trabajadores y la destrucción total del aparato de estado burgués; es por ello que el programa, la estrategia y la táctica que tome la Convención serán determinates para el futuro del movimiento, ya sea para abrir un proceso revolucionario con todas las condiciones para triunfar incluso de manera pacífica, o para alargar el proceso prerrevolucionario con el riesgo de desmoralizar y degastar gradualmente a las masas y perder la oportunidad, si bien dado el callejón sin salida del capitalismo el impasse se puede alargar un tiempo dando oportunidad al movimiento para cometer y corregir errores, el riesgo de cometerlos puede ser muy caro y se pagará de una manera u otra.

Decía Lenin que en momentos de revolución las masas generalmente se encuentran cien veces a la izquierda que su dirección; es claro que el ánimo de la masas está por declarar a AMLO Presidente, no se conformarán con declarar a un jefe de la resistencia o coordinador cuando de nada sirve formalizar una función que en los hechos AMLO y su grupo cercano ya lleva acabo y que no ha sido suficiente para “mandar al diablo a las instituciones”. Para mandarlas al diablo hay que sustituirlas y destruirlas por la vía de los hechos y la Convención debe y puede tener la fuerza para hacerlo, de otra manera tendremos un gobierno platónico, fantasma y la burguesía tendrá el gobierno verdadero; no se trata sólo de reconocimiento moral sino de quién dispone de las palancas reales del poder, de quién controla la banca, la tierra y la industria; de quién controla al estado y las herramientas represivas; en últimas instancia se trata de quién controla a la sociedad: los trabajadores o la burguesía. La lección que nos dejó la convención de Aguascalientes de 1914 es que el precio de que los ejercitos campesinos (que controlaban casi la totalidad del país) no tomaran el poder (expropiaron tierras, pero no tomaron el control de la industria y la banca y no liquidaron definitivamente al estado burgués representado en aquel momento por Carranza) y simplemente declararan presidente a Eulalio Gutiérrez (un personaje gris que en la primera oportunidad huyó llevandose bolsas repletas de dinero) se pagó muy caro con la matanza de cientos de miles de campesinos, la recomposición del estado burgués y la coorporativización del movimiento obrero y campesino mientras que los logros de la revolución y la reforma agraria sólo quedaron en el papel. No podemos tropezar dos veces con la misma piedra.

¿y para que queremos un pedazo de papel?

Por otro lado la propuesta de una asamblea constituyente esta muy por debajo de las posibilidades reales del movimiento y, más aún, puede desviar la lucha hacía la redacción de un pedazo de papel en lugar de la toma del poder; porque la constitución más democrática y progresista del planeta y de la galaxia no sirve de mucho si no se tiene el gobierno y los recursos para llevarla a la práctica, si los medios productivos y el dinero están en manos de un grupo de oligarcas; sobre todo una costituyente presupone una nueva constitución dentro de los marcos del sistema capitalista, a este respecto la revolución mexicana también es muy aleccionadora pues a pesar de haber aprobado leyes que garantizaban tierra, trabajo digno, cultura, vivienda, etc., lo que fue alguna vez la constitución más avanzada de América Latina, la mayor parte del tiempo, no pasó de ser un poco más que un pedazo de papel, porque los medios necesarios para llevarla a la práctica estuvieron siempre en calidad de propiedad privada. La tragedia de nuestra revolución fue que nunca llegó a la expropiación conjunta de la tierra, la banca y la industria para ponerlas bajo control obrero.

Incluso en la revolución rusa la consigna de asambleas contituyente, una demanda estrictamente democrático burguesa, era producto de cientos de años de gobierno zarista y relaciones sociales feudales (es decir correspodía realmente a un paso adelante en la sociedad) pero siempre estuvo subordinada a demandas más importantes como ¨pan, paz y tierra¨ y, sobre todo, a la de ¨¡todo el poder a los soviets!¨; en nuestro contexto esa demanda no corresponde a una necesidad social (pues no vivimos bajo una monarquia feudal) y México es tan democrático como puede ser un país subdesarrollado en un contexto capitalista; más democracia en un contexto de crisis social significa chocar abiertamente con la clase dominante implicando demandas como la toma del poder por los trabajadores y la expropiación de las palancas productivas bajo control obrero, es decir, vincular las demandas básicas con demandas socialistas. La consigna de asamblea constituyente puede ser, incluso, una salida para la burguesía desviando la atención de la población de su verdadero enemigo, las funciones como agitrador y aglutinador que podrían servir de pretexto para convocar a una contituyente correponden a las demandas básicas, el frente único y a la msima convención.

¡Todo el poder a la convención revolucionaria y democrática!

¿Pero entonces que podemos hacer?. La convención, sin duda, creará un regimen de doble poder: llegaran delegados de todo el país, algunos representandose a sí mismos y su voluntad de cambio, pero otros serán representantes populares, vecinales, sindicales, de organizaciones campesinas, etc.; todos ellos representarán el germen de un nuevo estado, un estado obrero que, como todo parece indicar, declarará un presidente de la república; miemtras que, por otro lado, el estado burgués seguirá teniendo el control real del aparato gubernamental; pero una situación de doble poder no puede durar indefinidamente; el estado burgués no tolerará que se desafíe su dominación y si no se destruye ese, poder ese poder destruirá al movimiento tarde o temprano. Pero ¿cómo destruir y sustituir al inmenso estado burgués respaldado por los medios de comunicación, los cuerpos represivos, la iglesia y, fundamentalmente el control que ejercen de la economía?, esta es la cuestión frente a la que se detiene el pensamiento reformista y recula ante la enormidad de las tareas planteadas atemorizado y tratando de atemorizar a los demás: ¡no podemos provocar a la reacción!, ¡vayamos por la vía intitucional y legal¡, ¡la revolución sólo significa violencia y sufrimiento!, lamentos como este contituyen su última palabra y, sin embargo, no llegar hasta el final provoca sufrimiento, violencia y la liquidación del proceso revolucionario, monstruos como Pinochet son el producto directo de no llevar la revolución hasta el final.

La verdad es que el estado burgués en general es un gigante con pies de barro, esto es particularmente cierto respecto al estado mexicano que da muestras de senilidad terminal a cualquiera que tenga ojos para ver y cerebro para pensar y los trabajadores tenemos la clave para derribar a ese viejo decrépito. Por ello la revolución a la que convoca AMLO no puede quedarse en un terreno moral y subjetivo sino ser sólo la premisa para llevar la revolución de nuestras cabezas a la realidad.

Frente único, huelga general y democracia obrera

La primer tarea es que los sectores organizados de las masas populares (sindicatos, organizaciones vecinales, populares, redes ciudadanas, comités en defensa del voto, etc.) envien delegados votados democraticamente y revocables en todo momento para dar a la convención un inequivoco contenido de clase, ello crearía el germen de un poder popular donde estén representantes de comités populares locales coordinados a nivel nacional por medio de la convención que tendría el potencial de movilizar de arriba a abajo a todo el país; este organismo, así como los comites locales que deben reunirse semana a semana, debe ser convocado de manera regular para discutir democraticamente las tareas pedientes. La tarea inmediata de la convención será la formación de un frente único de trabajadores, campesinos, sindicatos, PRD, PT, EZLN para la lucha por demandas inmediatas cuyo punto de partida pueden ser los 5 puntos pero que deben enriquecerse con las demandas más básicas de todos los movimientos sociales del país. Con un frente único así tendríamos el potencial de tomar por asalto el cielo y la siguiente tarea sería convertir ese potencial en realidad. La tarea siguiente sería la convocatoria a una huelga general indefinida o por lo menos de 24 horas para hechar abajo el golpe de estado y evitar que el golpista Calderón tome juramento el 1 de diciembre; y frente a los previsibles ataques de los grupos de choque y de élite en preparación (ya hay noticias claras de que los grupos facistas se están preparando) el movimiento tendría que seguir el ejemplo de la heróica lucha oaxaqueña y crear comités de defensa, desarmar a la reacción y armar a los organismos democráticos de defensa del movimiento.

Con medidas organizadas, decididas y enérgicas por parte del movimiento, el 70% de las bases del ejercito que votaron por el PRD tenderían a pasarse del lado del pueblo, en la medida en que las bases del ejército perciban que el movimiento tiene perspectivas claras de triunfo venecerán el miedo a desobedecer órdenes que vayan en contra del pueblo y cruzarán las barricadas; por eso es que la convención debe hacer un enérgico llamado a las bases del ejército, que finalmente son el pueblo uniformado, a que conformen comités democráticos ellos mismos y se unan a sus hermanos, madres y padres que luchan de este lado, con las armas en la mano.

Una huelga general generaría histeria en las filas de la burguesía y no es para menos porque, a diferencias de las marchas y los plantones, se trata de la extracción misma de la plusvalía, razón de ser, alfa y omega del sistema capitalista; una previsible reacción de despidos y cierres de fábrica para boicotear el movimiento (como lo hacen los empresarios frente a la revolución en Oaxaca). Pero frente a ello los trabajadorees podríamos tomar las fábricas bajo control obrero y exigir su nacionalización (expropiación sin indemnización) cuando sentemos a AMLO en la silla presidencial (como lo han hecho nuestros hermanos venezolanos frente a los cierres reaccionarios de fábricas). Esto sería el comienzo de una serie de tomas de fábricas y nacionalizaciones que deberán incluir las palancas fundamentales de la economía (refroma agraria, nacionalización de la banca, las principales industrias y los medios de comunicación) rompiendo la espina dorsal del sistema capitalista en nuestro país, llevando la democracia hasta sus últimas consecuencias: hasta el control mismo de la sociedad por parte de las masas trabajadoras y la expropiación de los expropiadores verdaderos, amos del pelele Calderón, con ello desarmaríamos a la burguesía para siempre.

Para que todo esto pueda ser factible es indispensable que la Convención no se conforme con votar las iniciativas que vengan de la direción (así se trate del mismo AMLO) sino que debe exigir para sí misma el derecho real de presentar, proponer, discutir y decidir iniciativas, demandas y necesidades que provengan de las necesidades mismas de los trrabajadores del campo y la ciudad, la Convención si quiere triunfar debe volverse un verdadero organo democrático en donde los representantes de las mayorías (representantes populares) tengan un mayor peso como corresponde a su representación; en donde todo el mundo pueda asistir, discutir y organizarse pero que se trate de una verdadera organización de delegados, es decir, de representantes sociales; porque se corre el riesgo de que si todo mundo es delegado, en realidad nadie es delegado y que al final las desiciones las tome la burocracia del PRD, parte de la cual no tiene muy claras sus verdaderas lealtades (sobre todo hablamos de los burocratas provenientes del salinismo y los oportunistas sin principios).

La Convención será un punto de inflexión muy importante. Hacemos un llamado a todos los luchadores sociales a que en ella defendamos un programa socialista y llevemos las demandas del movimiento hacia adelante por medio de una huelga general para la toma del poder, haciedo realidad esa máxima de la democracia radical: la soberanía radica en el pueblo; convirtamos en realidad esa idea de AMLO de: ¡Al diablo con las instituciones!.