Estrategia socialista y poder obrero – Una aportación al debate con el Movimiento Socialista (IV) Los comunistas y la cuestión del Partido

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Continuando con el debate con los compañeros del Movimiento Socialista (MS), en el siguiente artículo abordamos la cuestión de las tareas de los comunistas en la época actual y la relevancia y papel del Partido Comunista. [Para leer nuestro documento completo de debate con el Movimiento Socialista, descárgatelo aquí en PDF]


Para contrastar los diferentes puntos de vista, citaremos el artículo de los compañeros de Horitzó Socialista (HS) Crítica a la qüestió organitzativa: desviacions i potencialitats. También haremos referencia al artículo de HS Subjecte i estratègia socialista. Una primera aproximació.

La clase obrera y la conciencia socialista

Tal y como ya hemos afirmado en otros artículos, coincidimos plenamente con los compañeros de MS en el carácter revolucionario de la clase obrera, en su papel fundamental en la transformación de la sociedad.

Esta comprensión se debe al método materialista de plantear la cuestión, en analizar objetivamente al capitalismo y las clases que lo componen. De este estudio científico, Marx y Engels llegaron a la conclusión que la clase obrera, por su papel en la producción, debe liderar la lucha de todos los oprimidos para acabar con la sociedad de clases y así establecer el comunismo.

En cada época, lo que determina la aparición y el carácter de las clases sociales es la manera en cómo se producen y cómo se apropian los productos del trabajo social. Así, la identidad de intereses de las diferentes clases sociales está determinada por el papel que juegan en la producción social y la manera en que se apropian de los productos del trabajo social.

La identidad de intereses de la clase obrera se manifiesta en su absoluta dependencia de la clase capitalista para obtener sus medios de vida, independientemente del oficio u ocupación, y en su lucha constante contra esta misma clase capitalista por mantener y aumentar dichos medios de vida adquiridos con el salario recibido por su trabajo; es decir, en su lucha constante contra la clase capitalista por la plusvalía, por el valor incorporado durante el tiempo de trabajo excedente.

De esta manera, el capitalismo se revela como un sistema de explotación, opresión y robo. Y al mismo tiempo, la lucha de la clase obrera por mayores salarios y por la reducción de la jornada laboral encuentra su justificación histórica. Esta lucha por la posesión de la plusvalía, es el motor de la lucha de clases bajo el capitalismo, la justa lucha de la clase obrera por arrebatar a la clase capitalista todo el valor que los trabajadores crean con su trabajo. O, para decirlo de otra manera, la lucha de clases bajo el capitalismo es, en esencia, una lucha por la apropiación del trabajo excedente de la sociedad.

Aquí llegamos a la primera discrepancia con los compañeros. En el artículo Subjecte i estratègia socialista. Una primera aproximació, se afirma que:

“Derivar de las condiciones económicas del proletariado, como si se tratara de un mecanismo automático, el papel como sujeto revolucionario sería caer en una de las acusaciones que a menudo nos han hecho: el economicismo.”

Sin embargo, en su libro Miseria de la Filosofía, Marx, analizando la situación de Gran Bretaña en la década de los 40 del siglo XIX, señala:

“En principio, las condiciones económicas habían transformado la masa del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado en esta masa una situación común, intereses comunes. Así, esta masa viene a ser ya una clase frente al capital, pero todavía no para sí misma. En la lucha, de la cual hemos señalado algunas fases, esta masa se reúne, constituyéndose en clase para sí misma. Los intereses que defienden llegan a ser intereses de clase” (Marx, Miseria de la Filosofía, pág. 257. Ed. Júcar) (cursivas nuestras).

¿Qué significa adquirir una conciencia de clase para sí misma? Significa la conciencia de pertenecer a una comunidad particular de la sociedad, con sus propios intereses sociales y sus propios objetivos históricos, fruto de su condición de trabajadores asalariados, de su posición como clase en el proceso económico. Las propias condiciones de trabajo crean así, necesariamente, las premisas para el proceso de toma de conciencia de los trabajadores. Estas consideraciones se aplican a todos los sectores y capas que forman la clase obrera, independientemente de que las condiciones particulares de trabajo hagan avanzar más rápidamente en su conciencia a determinadas capas antes que a otras. Es decir, la conciencia de la clase obrera fluye de su situación material, de la “producción de la vida material misma”. Nuevamente, esta es una posición materialista, que defiende que la conciencia es producto de las condiciones materiales, que las ideas son un reflejo más o menos correcto de la realidad que nos envuelve.

Ahora bien, coincidiendo con los compañeros, esta conciencia no es ni automática ni cae del cielo: es la expresión de la relación dialéctica entre la situación objetiva y el factor subjetivo, entre las condiciones materiales dadas y la lucha de clases viva. Así, desde el punto de vista del proletariado, coincidimos en la afirmación de que:

“Las clases sociales, como hemos mencionado antes, existen en una situación económica que, si bien contiene las condiciones de posibilidad, no supone de inmediato su manifestación como sujetos políticos, ya que esto requiere todo un proceso histórico de lucha de clases a través del que toman conciencia de sí mismas.” (Subjecte i estratègia socialista. Una primera aproximació, cursivas nuestras)

El proceso de formación de la conciencia de clase no se da solamente con la experiencia de los obreros en el marco de la estructura económica de la sociedad capitalista, sino también en la superestructura, a través de la experiencia de los obreros en sus organizaciones (sindicatos, partidos, asociaciones, etc), en las instituciones políticas burguesas (ayuntamientos, parlamentos, etc.) y, particularmente, con las grandes conmociones políticas y sociales: la represión del Estado burgués, las guerras, estallidos sociales, huelgas generales, revoluciones, etc.

Dicho esto, es importante añadir que la conciencia de las masas no es, generalmente, revolucionaria. Al contrario, tiende a ser conservadora porque la gente se aferra a las viejas ideas, a las tradiciones, a la comodidad de lo conocido. En su mayor parte, la gente solo quiere poder vivir en paz en condiciones decentes. ¿Quién puede culparlos? Nadie quiere grandes trastornos en sus vidas.

Además de este factor que actúa de freno relativo, la clase obrera, aun compartiendo intereses comunes a nivel internacional, también tiene componentes heterogéneos, como también apuntan los compañeros de MS. Comprender estas diferencias objetivas es vital para ver que la clase obrera desarrolla su conciencia de manera desigual, con capas a la cabeza y otras en la retaguardia, con avances y retrocesos de diferentes capas en diferentes acontecimientos y procesos. En la actual lucha revolucionaria en Irán, por ejemplo, son las mujeres, especialmente las estudiantes, que se encuentran a la cabeza del movimiento- han dado un salto adelante importantísimo, pasando de ser una capa doblemente oprimida, con un papel social reducido por la extrema opresión del régimen, a ser la punta de lanza de la lucha contra el capitalismo iraní.

El Partido Comunista

Por todo lo dicho más arriba, en una época “normal”, de estabilidad del sistema, es inevitable que sólo una capa minoritaria de trabajadores esté dispuesta a abrazar ideas revolucionarias o comunistas. Las amplias masas de la clase obrera necesita de más experiencias y de grandes acontecimientos para romper sus ilusiones en el sistema y en las ideas dominantes de la burguesía, así como su desconfianza hacia un cambio radical de la sociedad.

Es más, esto es admitido por los compañeros en el artículo Subjecte i estratègia socialista. Una primera aproximació cuando se afirma que una parte sustancial de los cuadros del movimiento debe ser reclutada entre “la clase media proletarizada”, ya que, según ellos, tiene un nivel cultural más avanzado que los obreros comunes. ¿Qué es esto sino la admisión de la existencia de sectores más avanzados, de vanguardia, y sectores más atrasados, y que el partido o movimiento debe construirse primero alrededor de una capa de cuadros, que constituye su esqueleto? Dicho lo cual, toda organización comunista debe esforzarse por reclutar entre los obreros avanzados y educar en un punto de vista proletario a los militantes procedentes de otros grupos y clases sociales.

Siguiendo con el mismo argumento, pensamos que los compañeros de MS caen en una contradicción al establecer el objetivo de los comunistas en:

“El objetivo general de una organización revolucionaria es crear las condiciones de posibilidad para la toma del poder político por parte del proletariado como forma de supresión de la sociedad de clases y, por tanto, de superación de la dominación burguesa. Esto es, el objetivo es convertirse en una fuerza hegemónica.” (Ibidem, cursivas nuestras).

Partiendo del análisis histórico del movimiento obrero y de las condiciones objetivas de nuestra clase, vemos que en épocas estables sólo una pequeña capa de la población llega a conclusiones revolucionarias por avanzado. A la vez, vemos que son los acontecimientos, por encima de todo, los que cambian la conciencia de las masas. En este sentido, las guerras y las revoluciones son los eventos que martillean con más fuerza y profundidad su conciencia.

Seamos claros: la organización revolucionaria no crea las condiciones para la toma del poder; son las contradicciones insolubles del capitalismo las que generan las condiciones que obligan a millones a rebelarse. Estas contradicciones generan sufrimiento, miseria, rabia, frustración, muerte, etc que se acumulan durante un período, hasta que, aparentemente de repente, miles o incluso millones de trabajadores y jóvenes, apáticos un día, salen a luchar a las calles y sus puestos de trabajo al día siguiente- las maravillosas luchas por todo el mundo en los últimos años, como en Ecuador, Kazajistán, Sudán, etc, demuestran esto. La conciencia de ayer, que estaba rezagada con respecto a los acontecimientos, se pone al día con la realidad de manera abrupta.

Precisamente por todo esto, nuestro modelo a seguir es el partido Bolchevique. Lenin defendió la necesidad de una organización revolucionaria de cuadros probada teórica y prácticamente, que reuniera toda la lucha política contra el sistema capitalista. Esta concepción, desde el punto de vista de unificar todas las luchas bajo la misma bandera, coincide con la posición de MS cuando dicen que “el Partido no es una mera coordinación de frentes, sino una articulación global del proletariado bajo una misma estrategia y dirección política determinada.” En esto, nuevamente, estamos de acuerdo. Sin embargo, los compañeros discrepan con el concepto bolchevique sobre el papel de los comunistas en la lucha de clases. Así, en el artículo Crítica a la qüestió organitzativa: desviacions i potencialitats, dicen (citamos extensamente):

“La primera desviación que parte de esta separación entre teoría y práctica concibe la teoría socialista como un conjunto de principios, afirmaciones y premisas existentes en el mundo de las ideas y que la tarea teórica de las comunistas es “buscarla”, es decir, definir el socialismo a priori y hacerlo nacer a posteriori. Fruto de esta concepción, se entiende la vanguardia como ese sector que habría accedido a estas ideas y que debe organizar la clase sin su participación consciente. Por este motivo, entendemos por vanguardismo aquella desviación bajo la cual no existe una posible incorporación de las masas a la organización, ya que ésta no está concebida para cumplir la función de mediación previamente definida, sino que se trata de una minoría con una conciencia desarrollada, pero que limita su papel en el estudio teórico y con una incidencia en los espacios de masas muy limitada. Por tanto, la raíz del vanguardismo es la errónea percepción del concepto de vanguardia y de la consecuente desvinculación entre las masas y la organización revolucionaria. Para garantizar esta vinculación necesaria, es necesario que la vanguardia se conforme en paralelo con el desarrollo de la conciencia de clase de las masas proletarias, puesto que en última instancia es la vanguardia del proletariado, no un agente externo a la misma clase. El vanguardismo cae en el menosprecio del papel de las masas proletarias como sujeto activo en la transformación de sus propias condiciones y acaba reduciendo el socialismo a una obra “de ingeniería social” donde se crea esquemáticamente un mundo más justo hecho con escuadra y cartabón cuyas masas sólo deben ser convencidas de la bondad y buena intención de éste ante la barbarie del capitalismo.”

Lo primero que hay que decir es que la teoría marxista es una ciencia basada en el estudio objetivo de las leyes de la naturaleza y la sociedad humana. A partir de estos estudios se derivan unos principios básicos inquebrantables, algunos de los cuales compartimos con los compañeros: la dictadura del proletariado, entendida como un régimen de democracia obrera que posibilita la emancipación de todos los oprimidos, la independencia política de la clase obrera, etc.

Como toda ciencia, el marxismo requiere un estudio profundo de todos los aspectos, empezando por la filosofía. Por este motivo, que requiere tiempo y esfuerzo, combinado con las condiciones objetivas de nuestra clase y su heterogeneidad, que ya hemos explicado, sólo una minoría de la misma accede a estas ideas y se organiza con ellas como guía en una época de estabilidad capitalista. Así, no es que los marxistas no quieran o deseen construir una organización de masas, sino que son las condiciones objetivas impuestas que dificultan esta tarea. Sin embargo, esto está cambiando, y a saltos. El mismo desarrollo de MS es un síntoma de la radicalización de amplias capas de la juventud y la clase obrera. En otras palabras, la decadencia senil del capitalismo y los cambios abruptos de la conciencia de millones de personas están creando las condiciones objetivas para el desarrollo en el próximo período de organizaciones revolucionarias de masas. Plantearemos esta cuestión en más detalle después.

Para nosotros, el principal error en el análisis citado arriba es la falta de relación dialéctica que se establece entre las masas y la vanguardia. En primer lugar, y como ya hemos planteado, no son las organizaciones revolucionarias quienes hacen la revolución, sino las amplias masas. Ahora bien, toda la historia revolucionaria internacional ha mostrado que no todas las capas de la clase obrera llegan al mismo tiempo a conclusiones revolucionarias y comunistas, ni siquiera al comienzo de una revolución. Incluso allí donde el partido comunista es hegemónico en la clase obrera, al inicio del proceso revolucionario, sigue organizando solo a una parte de ésta. De ahí que sea un error pretender asemejar el partido a la clase, e incorporar al mismo toda la heterogeneidad que ésta arrastra del período anterior. El partido, además de practicar la mayor democracia interna posible, debe ser homogéneo en sus principios, programa, métodos y objetivos, que expresan los intereses objetivos históricos del proletariado. Si no fuera así, quedaría paralizado por controversias y disputas en el momento decisivo que deberían haberse resuelto en la anterior etapa prerrevolucionaria. Lo importante es constatar la hegemonía del partido en la clase obrera, y es a partir de ahí cuando la principal tarea de la organización revolucionaria, del Partido Comunista, será dirigir a las masas en su lucha. La relación es parecida a la de la cabeza con el cuerpo, el uno depende del otro, pero es el cerebro quien dirige al cuerpo.

Pero no nos perdamos en palabras, vayamos a los hechos históricos mismos. Durante muchos años, el Partido bolchevique agrupó solamente a una minoría de varios miles de luchadores obreros y jóvenes comprometidos. Esto fue así particularmente en un Estado policíaco-militar como era la Rusia zarista, que impedía la formación de partidos proletarios y sindicatos libres. Así, a comienzos de la revolución Rusa en febrero de 1917, el Partido bolchevique no contaba con más de 8.000 miembros; sin embargo, en octubre de 1917 el partido ya disponía de más de 200.000 militantes. Se había convertido en partido de masas en un país con una clase obrera de 10 millones; esto es, uno de cada 50 obreros rusos estaba organizado con los bolcheviques, lo cual es una proporción estimable, y además lo consiguieron en muy poco tiempo, aunque su influencia real era mucho mayor, estimada en millones de obreros y campesinos, a través de la mayoría democrática que había conseguido en los soviets. Así pues, ¿es un partido con 200.000 miembros de masas o de vanguardia? Nuestra respuesta es concreta: ambas cosas al mismo tiempo.

El partido bolchevique fue tan decisivo durante la revolución de 1917 precisamente porque se había formado durante el período anterior bajo las premisas que Lenin defendía: la necesidad de una dirección revolucionaria, de cuadros curtidos en la lucha y armados con el marxismo. Las conclusiones de Lenin no tienen nada que ver con la arrogancia o desprecio hacía las masas, sino del análisis que se deriva de la sociedad capitalista. La tarea histórica de la clase obrera es acabar de una vez por todas con la división de la sociedad en clases. Esta es su misión porque por primera vez en la historia, es una clase desposeída de medios de producción la que puede y debe tomar el poder en sus manos. Concretamente, esta tarea se traduce en la vital necesidad de la clase obrera de tener un programa y estrategia concretos, acabados y capaces de establecer el poder obrero. Así, el papel de la dirección revolucionaria, de los cuadros profesionalmente preparados e instruidos por una larga práctica, se convierte en un factor decisivo para la victoria en los acontecimientos de intensa lucha de clases donde la cuestión del poder está en el orden del día.

Nuevamente, aquí creemos que los compañeros se contradicen con su postura más arriba citada cuando a la vez afirman que una de las tareas de los comunistas es vincular las luchas parciales con un proyecto totalizante contra el sistema en su conjunto. Nos preguntamos, ¿acaso no es eso dirigir? Nosotros apoyamos esta posición, por las mismas razones de que es el capitalismo, la división de la sociedad en clases, la fuente de todos los males que sufren las masas.

En este sentido, Lenin dice, en el ¿Qué hacer? (entendiendo socialdemocracia como los comunistas):

“La socialdemocracia dirige la lucha de la clase obrera no sólo para obtener condiciones ventajosas de venta de fuerza de trabajo, sino para que sea destruido el régimen social que obliga a los desposeídos a venderse a los ricos”. (¿Qué hacer?, Pág. 60 Ed. Progreso, Moscú 1981. Cursiva nuestra)

Este debe ser, en nuestra opinión, el papel de una organización revolucionaria: formular conscientemente lo que los trabajadores llegan a comprender de manera semiconsciente, confusa, contradictoria, etc. La tarea política consiste en, partiendo de las condiciones objetivas y el estado de la conciencia de nuestra clase, siempre apuntar hacía la necesidad de acabar con el sistema capitalista, fuente de todos los males. En una palabra: dirigir.

Sin embargo, creemos que la postura teórica de los compañeros de MS es la opuesta. En nuestra opinión, si llevamos las ideas de los compañeros a su conclusión, defienden la necesidad de suplir la organización revolucionaria por la clase en su totalidad, eliminando así la diferencia entre vanguardia y clase, entre dirección y masas. Citamos, del artículo Crítica a la qüestió organitzativa: desviacions i potencialitats:

“En este sentido, la organización revolucionaria no es sólo una estructura organizativa, sino que es el mismo proletariado constituyéndose a sí mismo como sujeto revolucionario” (cursivas nuestras)

Las tareas de los comunistas hoy

El estudio del marxismo nos enseña la relación dialéctica entre lo general y lo concreto. De esta manera, desde la CMI defendemos la vital importancia del Partido Comunista en la lucha por derrocar el capitalismo. Ahora bien, las tareas concretas fluyen de la situación material dada en cada momento. Lenin, en el ¿Qué hacer?, está planteando las tareas inmediatas de los comunistas en esos momentos históricos concretos en Rusia: la creación de una organización revolucionaria de carácter profesional mediante un periódico nacional de toda Rusia. Así, dice:

Si no existe una organización fuerte, iniciada en la lucha política en cualquier circunstancia y cualquier período, no se puede ni hablar de un plan de actividad sistemático, basado en principios firmes y aplicado rigurosamente, único plan que merece el nombre de táctica.” (¿Qué hacer?, Pág. 50 Ed. Progreso, Moscú 1981. Cursivas nuestras)

De igual forma, debemos preguntarnos, ¿cuál es la característica principal de nuestra época? Por un lado, la enorme decadencia objetiva del capitalismo, que está llevando a la sociedad cada vez más hacia la barbarie; por otro, la inexistencia del factor subjetivo, del Partido revolucionario, que pueda elevar el nivel de conciencia de las masas y dirigir a nuestra clase a la victoria final- esto es tanto más evidente con la experiencia reciente en todo un seguido de países, dónde las masas han demostrado su enorme potencial y capacidad de sacrificio sin conseguir su emancipación del capital. Pero el desarrollo del partido revolucionario, nuevamente, está conectado a las condiciones materiales. Las fuerzas marxistas han estado aisladas de las masas durante un largo período de auge del capitalismo mundial y dominación del estalinismo. Compartimos una de las conclusiones a la que llega el MS:

“Este análisis nos muestra que una de nuestras limitaciones es el estado actual de nuestras fuerzas militantes, que necesitan experimentar un crecimiento inmediato para llevar a cabo los objetivos que como movimiento nos marcamos.” (Subjecte i estratègia socialista. Una primera aproximació, cursivas nuestras)

Así pues, partiendo de las condiciones concretas dadas, desde la CMI pensamos que la tarea inmediata que tenemos los comunistas, al igual que Lenin y los bolcheviques durante el final del siglo XIX y principios del XX, es construir la organización revolucionaria de cuadros marxistas. Esto debe hacerse con una orientación sistemática hacia las capas de la población más abiertas a las ideas del comunismo, a decir, la juventud y la juventud obrera, tal y como dicen también los compañeros de MS.

Igualmente importante, como ya hemos planteado, es la educación teórica de los comunistas. Por lo que concierne a la actividad práctica, dadas la limitada fuerza de las fuerzas comunistas, es, en palabras de Lenin:

“El contenido capital de las actividades de organización de nuestro partido, el centro de gravedad de estas actividades debe consistir en una labor que es posible y necesaria tanto durante el período de la explosión más violenta, como durante el periodo de la calma más completa, a saber: en una labor de agitación política unificada en toda Rusia, que arroje luz sobre todos los aspectos de la vida y que se dirija a las grandes masas”  (¿Qué hacer?, Pág. 187 Ed. Progreso, Moscú 1981. Cursivas nuestras)

Esta actividad dirigida a las masas allí dónde se encuentren tiene por objetivo incrementar las filas de la organización y ganar influencia y autoridad dentro del movimiento obrero y juvenil. El objetivo, compartido con MS, es desarrollar tanto como sea posible una organización revolucionaria de masas, arraigada en el movimiento obrero. Sin embargo, a diferencia de lo que plantea el MS, para nosotros el partido comunista de masas no debe ser proclamando en el proceso revolucionario mismo sino antes, con la mayor base de masas posible, porque el proceso revolucionario necesariamente es corto (de semanas, meses, unos pocos años) y no hay tiempo para grandes experimentaciones. No se puede mantener la tensión revolucionaria mucho más tiempo que ese, si no la oportunidad se pierde y la reacción puede tomar la iniciativa y cundir la vacilación en la clase obrera, que sufre las dislocaciones de la inestabilidad social, crisis, desempleo, y debe vivir cada día, trabajar y cobrar un salario del enemigo de clase. Por una organización de masas entendemos una fuerza compuesta al menos por cientos de miles de militantes, capaz de dirigir al grueso de la clase, y donde la organización ya tendría una base extensa en los sindicatos, soviets, en la calle, etc.

Es por eso que, aun compartiendo la necesidad de crecer como organización comunista, discrepamos con los compañeros en las tareas, ya que ellos apuntan a la cuestión práctica como punto de partida:

“La construcción de una organización revolucionaria y del socialismo implica ubicarse en los elementos concretos de la realidad social para poder impulsar apuestas políticas capaces de superar el estado actual de cosas. La cuestión de la estrategia y la táctica sólo tiene sentido si existe una posibilidad real de ponerlas en práctica a través de una organización revolucionaria.” (Crítica a la qüestió organitzativa: desviacions i potencialitats. Cursivas nuestras)

Si bien simpatizamos con la razón de fondo que plantean, luchar ya de manera práctica contra el sistema, en los términos planteados por ellos y dentro de su encaje estratégico, la conclusión que derivan para la época actual no es la construcción del Partido Comunista, sino de organizaciones de lucha que disputen la hegemonía capitalista mediante el control del proceso social y de producción. Ya nos hemos posicionado sobre esta cuestión aquí (Ver artículo II de esta serie: Los comunistas y la toma del poder).

Volviendo a la cuestión concreta, en los años de 1919-1923, las tareas inmediatas de los comunistas eran completamente diferentes. Había un fermento revolucionario por toda Europa, y la toma del poder estaba al orden del día. En Rusia, los bolcheviques habían marcado el camino a seguir, y la Internacional estaba formada por partidos comunistas de masas en todo un seguido de países: Alemania, Francia, Italia, etc. En estas condiciones, los comunistas debían prepararse para la toma del poder, y tenían la responsabilidad no sólo de intervenir en la lucha de clases, sino también de generar esos combates. En pocas palabras, estaban en una posición de dirigir a amplias masas de la clase obrera y los oprimidos a la guerra entre las clases con el objetivo de tomar el poder.

En los escritos de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista, todos los que fueron celebrados en vida de Lenin, vemos como las tareas prácticas se derivan del desarrollo de perspectivas desde el punto de vista del marxismo. Fluyendo de estas perspectivas se desarrollaba la táctica concreta a aplicar, tomando en cuenta la situación de la lucha de clases, el fermento revolucionario, la fuerza de la socialdemocracia, y las propias fuerzas. Este es el método a seguir, que se basa en la filosofía marxista, la dialéctica materialista.

Así pues, la tarea actual de los comunistas consiste en prepararse para la revolución socialista desarrollando a la organización para que, una vez las masas se muevan de manera decisiva contra el sistema, con saltos hacia delante en su conciencia, pueda dirigir correctamente a la clase obrera en su tarea histórica.

Este desarrollo pasa por priorizar urgentemente el crecimiento de la organización y la defensa sin cuartel del marxismo. Como ya hemos explicado, este crecimiento debe ir conectado a la participación dentro del movimiento obrero y estudiantil, para vincular y elevar las demandas parciales, inmediatas, a la necesidad de acabar con el capitalismo en su conjunto.

Por encima de todo, es absolutamente necesario construir una organización internacional que defienda el programa del marxismo revolucionario de manera concreta por todo el mundo. Sólo con la intervención decisiva del Partido Comunista en cada revolución nacional que se desarrolle en el próximo período, y la Internacional Comunista como organización que dirija y concentre el esfuerzo de la clase obrera mundial para derrocar el sistema capitalista global, será posible acabar con la barbarie del capitalismo mediante la emancipación revolucionaria de todos los oprimidos.

Conclusiones

Planteamos nuestra crítica a los compañeros del MS a algunas de sus posiciones, de manera constructiva y con un gran respeto por la valentía y determinación con que se han lanzado a la lucha y a construir su movimiento. Podemos tener algunas diferencias, que no vamos a ocultar ni a minimizar, pero hemos aprendido de la historia de la lucha comunista, sobre todo de los primeros cuatros congresos de la Internacional Comunista, celebrados en vida de Lenin –donde todo el mundo podía expresar su opinión y sus diferencias, antes de la degeneración estalinista de la Internacional– que no hay ningún problema en tener diferencias, siempre que se aborden de manera fraternal, sin tergiversar los puntos de vista de la otra parte, y con el objetivo de elevar el nivel de la discusión y el nivel político de los compañeros. Al final, será la vida y serán los hechos quienes dirán qué partes hay que corregir y cuáles no.

Entre tanto, seguiremos atentamente el desarrollo y los avances del Movimiento Socialista, al que le deseamos el mayor de los éxitos y con el que esperamos colaborar, no solo en un fructífero intercambio de ideas, sino en un trabajo común allá donde coincidamos.