Diálogo con un héroe anónimo de la revolución: el agente Fraile. Parte I

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Nosotros, los combatientes revolucionarios de la seguridad cubana, somos la antítesis de James Bond. No contamos con los presupuestos millonarios de la CIA ni de las otras agencias de espionaje. No recurrimos a técnicas sofisticadas ni contamos con recursos exagerados capaces de asombrar a la imaginación. Tampoco somos superhéroes. Somos hombres sencillos, movidos por férreas convicciones, por un amor entrañable a nuestra Patria y un respeto infinito a Fidel y al Partido.

Otro luchador contra el terrorismo imperialista en Miami

El 12 de septiembre de 2006 se cumple un año más del secuestro de Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar, René González Sehwerert, Fernando González Llort y Antonio Guerrero Rodríguez, combatientes internacionalistas cuya misión fue la de seguir los pasos de los terroristas de la gusanera de Miami para así evitar que se lleven a cabo las acciones criminales que desde territorio estadounidense planifican organizaciones como la FNCA, Comandos L, Cuba Independiente y Democrática, Alfa 66, Comandos F-4, Brigada 2506, etc. contra el pueblo cubano y sus líderes políticos.
Esta entrevista realizada a Percy Alvarado Godoy, el agente "Fraile" de la seguridad cubana que desbarató los planes terroristas del brazo armado de la FNCA dirigidos por Posada Carriles en el año 1994, con los cuales pretendían provocar la destrucción de diversas instalaciones turísticas y hospitalarias cubanas, y la muerte de cientos de personas, constituye un sencillo homenaje a los cinco revolucionarios que, en las entrañas del monstruo, hoy libran una nueva batalla contra el terror y la injusticia.
El día primero de mayo de 2006 acudí a la Plaza de la Revolución en La Habana,Cuba, al acto celebrado en homenaje a la clase trabajadora. Fidel, en un extenso discurso, denunció una vez más la complicidad del gobierno norteamericano con la mafia terrorista de Miami, a la vez que emplazó a las autoridades de ese país a que dijeran la verdad sobre la presencia de Posada Carriles en EE.UU.
No imaginaba entonces que más tarde, en casa de una linda persona, la camarada Celia Hart, tendría un encuentro muy especial con los familiares de los cinco luchadores contra el terrorismo perpetrado por los criminales que Fidel había denunciado en su discurso. La firmeza que irradian cada una de esas combatientes revolucionarias -madres, esposas, hijas- en medio del sufrimiento al que han sido sometidas por culpa del odio y la venganza del imperialismo y su injusto sistema judicial, demuestran la valentía, el amor y la dignidad del pueblo cubano.
En medio de este momento en el que confluían la alegría y la esperanza, la tristeza y la impaciencia, un hombre sencillo, amante de los tangos y los boleros cantaba para las personas reunidas en casa de Celia. En un momento pude acercarme a él y preguntarle su nombre: Percy me dijo, sin ninguna presunción. Inmediatamente recordé que a su imagen la había visto en fotografías publicadas en Internet. Se trataba de Percy Alvarado Godoy, combatiente de la seguridad cubana. Tuve la suerte de conocerlo personalmente, en su verdadera dimensión: la de un revolucionario dispuesto a entregar su vida en defensa de la Revolución y de Fidel.
Percy accedió a responder a las siguientes preguntas, cuyo propósito es conocer a un hombre que, a decir de Bertold Brecht, es de los imprescindibles.

Primera Parte: Aspectos de tu vida

1. Cuéntanos un poco acerca de tus orígenes, de tu familia.

Nací en el seno de una familia humilde, en Guatemala, el 18 de julio de 1949. Mis padres, directamente vinculados al proceso revolucionario que se desarrolló en mi Patria, inculcaron a todos mis hermanos un sólido antiimperialismo y un consecuente apego a la lucha del pueblo por su plena libertad.
Al ser destruida la Revolución guatemalteca en 1954, marché al exilio, a la Argentina, donde mi familia experimentó una mayor fortaleza ideológica y se definieron para siempre nuestros ideales de justicia. Exilio y pobreza, odio acérrimo a quienes destruyeron nuestro sueño redentor, fueron los patrones que marcaron mi infancia.
Luego vendría Cuba, en 1960, y la posibilidad de recuperar ese sueño cercenado. La Patria de Fidel nos acogió y aquí nos convertimos en constructores de la nueva y hermosa realidad, junto a los cubanos humildes y revolucionarios.
Padres e hijos nos hicimos milicianos. Cada uno combatió y dio lo mejor de sí a la Patria nueva que nos acogió solidaria en su seno. Aquí nos comprometimos a evitar que, como ocurrió en Guatemala, el crimen contrarrevolucionario triunfara.

2. La tarea que tú cumples implica dejar de lado cosas importantes e incluso alejarse de los seres queridos. ¿Cómo asumiste tú este compromiso vital para la Revolución Cubana y qué cambios se produjeron en tu relación con tus padres, amigos y otras personas?

Trabajar como combatiente anónimo de los órganos de seguridad cubanos representó para mí la valiosa oportunidad de reciprocar a Cuba, aunque fuera de manera modesta y secreta, su entrega solidaria a la causa de nuestros pueblos latinoamericanos. Mientras otros compañeros combatían al imperialismo en una trinchera abierta, a mí me correspondió hacerlo en silencio y en el más completo anonimato.
Si una vez pensé que era fácil, e incluso idílica, esta forma de combatir, la vida me demostró que me equivoqué: asumir un rol de desafecto a la Revolución, a las ideas de mis padres, significó un duro golpe para ellos y recibir de todos los que me conocieron el escarnio y el desprecio. Unos pocos compañeros conocían la verdad; el resto, la gran mayoría de mis amigos y compañeros, me vieron como un traidor y un oportunista, corrompido por las ideas de nuestros enconados enemigos.
Mis padres murieron, dolorosamente, pensándome traidor a sus ideas. No pudo la vida vindicarme ante ellos, sino después de muertos. Muchos años después que fallecieron, visité sus tumbas y, con lágrimas en los ojos, les conté toda la verdad. En ese momento duro y amargo, me acompañaron aquellos que me dirigieron en mis 22 largos años de combate silencioso. Ellos estaban orgullosos de mí y en este instante de pleno dolor, solo me satisfizo no haberle fallado a ellos y a Cuba, que era la mejor manera de honrar a mis padres y a mi propio pueblo latinoamericano.

3. ¿Cuáles son los antecedentes de tu formación política y revolucionaria? ¿Quiénes te motivaron? ¿Qué te impulsó a pensar y actuar como lo haces?

Si el duro exilio fue la cimiente de mi antiimperialismo y de mi entrega a la causa de los desposeídos, Cuba representó la escuela más hermosa y útil en las que se formaron mis convicciones como revolucionario y comunista.
Un rol descollante lo desempeñaron mis padres, ejemplos permanentes que marcaron para mí el derrotero de la justicia y la verdad. No puedo dejar de significar, sin embargo, que dos grandes hombres fueron mi fuente inspiradora y mis mejores maestros: Fidel y el Che.

4. ¿Qué es lo que, humanamente, en forma personal, te afectado más en tu vida?

Pocas cosas me han afectado, salvo la muerte de mis padres y de otros compañeros de combate. No niego, sin embargo, que sobre mí pesa el hecho de no haber podido entregar más de mí a la causa de Cuba y de nuestros pueblos.
Personalmente, me ha afectado el tener que haber abandonado mi trabajo anónimo por razones justificadas: la necesidad de Cuba de denunciar el terrorismo que se lleva a cabo desde Estados Unidos por parte de la mafia contrarrevolucionaria de Miami.
Me ha afectado también el destino de mis hermanos de lucha y de trinchera, los Cinco Héroes cubanos, quienes sufren injusta prisión en cárceles norteamericanas. Me duele que luego de haber combatido denodadamente al terrorismo, la intolerancia y el odio visceral de quienes se proclaman luchadores contra el terrorismo, les paguen su sacrificio con prisión y sadismo. Mi dolor, a pesar de todo, se ve recompensado por la solidez de sus convicciones, por su propio optimismo y su fe en la victoria.
Cuando pienso que me podría haber ocurrido la misma suerte que a ellos, pienso que no debe haber un solo minuto de mi vida que desperdicie si no lo empleo en la lucha por liberarlos.

5. ¿Cuál es la dificultad más grande que has tenido en tu tarea revolucionaria?

Haber tenido cerca de mí a asesinos como Luis Posada Carriles y Gaspar Jiménez Escobedo y tener que confabularme con ellos, aunque fuera solo en apariencia, para planificar atentados contra Cuba. Con ellos, y con sus socios terroristas de la Fundación Nacional Cubano Americana, planifiqué atentados con explosivos contra seres inocentes; participé en planes de atentado contra quien era para mí fuente de inspiración y respeto: Fidel. Tuve que ocultar de ellos mi odio y mi desprecio, y sólo me reconfortó el saber que, estando yo allí, garantizaba que todos sus planes estuvieran de antemano destinados al más rotundo fracaso.

6. Cómo te ve la gente hoy, tus amigos, tu entorno.

No puedo sustraerme al hecho de que la gente que me rodea, mi pueblo, me ve con admiración y respeto. Ello me obliga en cada acto cotidiano de mi vida a no fallarles, pues yo ya no me represento a mí mismo. Hoy Percy Alvarado representa a los miles de combatientes callados y anónimos que combaten a nuestros enemigos y el pueblo espera de mí que me mantenga como un ejemplo ante él.
Te confieso que no hay nada más difícil que despertar admiración y ser una figura pública. Ello ha puesto a prueba a mi persona y sé que esta delicada prueba solo se pasa teniendo la certeza que el heroísmo personal de uno es demasiado pequeño en comparación con el heroísmo colectivo de nuestros pueblos.

7. La propaganda del imperialismo y la contrarrevolución cubana señalan constantemente que personas como tú son espías asalariados del régimen castrista que los compra con dinero y lujos para que lleven a cabo sus actividades. ¿Qué dices tú de estas afirmaciones?

Nosotros, los combatientes revolucionarios de la seguridad cubana, somos la antítesis de James Bond. No contamos con los presupuestos millonarios de la CIA ni de las otras agencias de espionaje. No recurrimos a técnicas sofisticadas ni contamos con recursos exagerados capaces de asombrar a la imaginación. Tampoco somos superhéroes. Somos hombres sencillos, movidos por férreas convicciones, por un amor entrañable a nuestra Patria y un respeto infinito a Fidel y al Partido.
Nos mueve la solidaridad y la abnegación. No vemos desafío mayor que no sea el poder descubrir a tiempo un plan enemigo que pueda arrebatarle la vida a nuestros coterráneos y a cualquier inocente en el mundo.
La entrega a nuestra causa es tal, que jamás hemos recibido salarios millonarios, ni lujos, ni prebendas, a cambio de lo que hacemos. Casi siempre financiamos nuestra actividad con el fruto de nuestro trabajo personal y el dinero con el que nos premia el enemigo lo aportamos a las arcas de nuestro gobierno para que sean empleados en beneficio del pueblo.
En mi caso personal, me place no haberle pedido a Cuba nada material a cambio de lo que hice por ella, pues tengo la plena certeza de que ni mil agentes Fraile podrían pagarle a ella la deuda contraída por nosotros con su solidaridad hacia nuestros pueblos.
El motivo de mayor orgullo para nosotros es ser parte indisoluble del pueblo: el único y verdadero héroe en esta historia.

8. ¿Le han puesto precio a tu cabeza?

Mis enemigos, a la usanza de la mafia siciliana, no perdonan. Verme muerto sería para ellos un gusto que no pienso darles. No importa el precio que pretendan pagar por mi cabeza. Lo importante es que mientras menos me perdonen, significa que lo hecho por mí fue importante para nuestra causa.