COP28: la clase dominante se burla de la crisis climática

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La cumbre del COP28 estuvo llena de ironía desde el primer día, celebrada en los Emiratos Árabes Unidos, una economía clave de gas y petróleo ; y bajo la dirección del Sultan Al Jaber, quien es el jefe de la compañía de petróleo nacional, Adnoc. “¿Es esto broma?” te preguntas, en el medio del aire cada vez más contaminado. Esta situación está muy lejos de ser cómica, esto es lo mejor que la clase dominante puede ofrecer cuando se trata de combatir el cambio climático. 

Tras otro año récord de olas de calor, condiciones climáticas extremas e incendios forestales que han cobrado cientos de vidas, estamos en una carrera contra el reloj para prevenir aún más calentamiento global y adaptarse a condiciones cada vez más peligrosas para asegurar la seguridad de las personas. 

En lugar de mejorar las cosas, esta cumbre ha echado más leña al fuego. 

Conflicto de Intereses 

Adnoc es responsable de planes de expansión que representan la mayor violación de  las regulaciones cero neto del mundo, según The GuardianAlgunos investigadores han resaltado lo “ridículo” que es que el director ejecutivo Sultán Al Jaber sea el presidente de COP28, dado los “conflictos de interés” tan obvios. 

Para defender sus acciones, el Sultán Al Jaber ha dicho que ¡“no hay ciencia” que indique que los combustibles fósiles deben reducirse para restringir el calentamiento global! Añadió que “a no ser que queramos llevar al mundo de vuelta a las cavernas”, el reducir progresivamente el combustible fósil no va a permitir el desarrollo sostenible. 

Claramente, Al Jaber consideró la cumbre como una simple oportunidad de negocio. Documentos filtrados obtenidos por el Centre for Climate Reporting (CCR) y vistos por The Guardian, revelaron que, entre bastidores, Adnoc habló con 15 países con los que quiere trabajar para extraer sus recursos de petróleo y gas.

Así, mientras se hacen promesas vistosas, la empresa propuso mientras tanto ayudar a China a evaluar sus oportunidades de GNL (gas natural licuado); y en Mozambique, Canadá y Australia “está dispuesta” a ayudar a desarrollar reservas de petróleo y gas.

50 grandes empresas petroleras y gasísticas se “comprometieron” a reducir las emisiones, pero ni siquiera aceptaron dejar de perforar. Y empresas clave de la producción mundial de petróleo de grandes productores como China, Irak, Irán y Qatar ni siquiera se molestaron en añadir sus nombres a la promesa.

Promesas vacías y marcha atrás

El 11 de diciembre, el Financial Times informaba de que en el proyecto de acuerdo del  COP28 se había eliminado por completo cualquier mención a la eliminación progresiva de los combustibles fósiles. Esto ha causado tanta indignación que tuvieron que prorrogar la cumbre hasta el 13 de diciembre.

Al final, acordaron una “transición hacia el abandono” de los combustibles fósiles. Intentaron presentar esto como un acuerdo “histórico”, porque (escandalosamente), ¡ningún COP anterior mencionó jamás el abandono del petróleo y el gas! Sin embargo, los rocambolescos acontecimientos descritos anteriormente nos permiten tratar este “acuerdo” con una dosis industrial de escepticismo.

Un artículo de Bloomberg explica que la posibilidad de que estas promesas mínimas se hagan realidad depende de “los inversores, los consumidores y los gobiernos nacionales”. Señalan que antes se ignoraron las promesas anteriores y las emisiones siguieron aumentando.

Arabia Saudí también ejerció una fuerte presión contra la posibilidad de acordar una “eliminación gradual” de los combustibles fósiles, tal y como informa Bloomberg:

“Cuando el COP28 estaba en pleno apogeo, Bloomberg News preguntó al ministro de Energía del reino  si le parecería bien que se incluyera una reducción progresiva en el texto.

“‘Absolutamente no’, respondió.

“Más tarde, la Organización de Países Exportadores de Petróleo envió una carta a sus miembros pidiéndoles que presionaran contra cualquier texto que tuviera como objetivo los combustibles fósiles en lugar de las emisiones”.

Y así, el lenguaje final se diluyó para reflejar estas ‘preocupaciones’.

Los científicos del clima han declarado en repetidas ocasiones lo “esencial” que es dejar de explotar más reservas de combustibles fósiles lo antes posible. Que no se pueden quemar con seguridad sin dañar catastróficamente el medio ambiente. Y, sin embargo, cuando Riad levanta el más mínimo gruñido, se sale con la suya.

¿Adaptación?

El COP28 no ha sido más que una cortina de humo. No es de extrañar que la clase dirigente anteponga sus intereses económicos nacionales a la lucha contra el cambio climático. Especialmente en una época de crisis mundial y de contracción de los mercados, sus prioridades son alcanzar acuerdos comerciales rentables.

No es de extrañar que muchos funcionarios y activistas de países vulnerables al cambio climático aboguen por la “adaptación”, ya que se ha convertido en algo extremadamente urgente. Sin que se vislumbre el fin de la quema de combustibles fósiles, las naciones africanas en particular necesitan desesperadamente más fondos para aumentar su resistencia frente al aumento de las temperaturas, las sequías y las tormentas.

Pero tampoco en este aspecto se han visto compromisos serios en la cumbre.

The Independent habló con Teresa Anderson, responsable mundial de justicia climática en ActionAid International, quien calificó la situación de “increíblemente frustrante” y añadió:

“Las negociaciones no han alcanzado la urgencia ni el ritmo ni el tipo de compromisos ambiciosos que necesitamos ver. El problema es que el dinero de la adaptación no ofrece a los financiadores un retorno de la inversión [énfasis nuestro]”.

¿No resume esto la lógica miope del capitalismo?

Tras décadas de recortes y austeridad, los capitalistas no van a invertir dinero en infraestructuras que sencillamente no son rentables. No hay planificación a largo plazo, ya que se centran únicamente en las cuestiones a corto plazo de proteger sus propios mercados y beneficios.

Sin embargo, como están dando patadas a la lata por el camino, exacerbando estos problemas, sólo están haciendo que la adaptación en el futuro sea extraordinariamente cara.

Una farsa

Sin duda, la COP28 ha contribuido a desenmascarar a la clase dominante a gran escala. Pero todas las COP anteriores han demostrado ser completamente inútiles.

No se ha hecho nada para detener el cambio climático con urgencia, y no deberíamos hacernos ilusiones de que la clase dirigente hará lo necesario.

La cuestión central es que lo único que nos frena es el régimen de propiedad privada y el afán de lucro. Poseemos las soluciones tecnológicas para armonizar nuestra economía con la naturaleza, pero esto no puede lograrse bajo el sistema capitalista, con todas sus trabas.

Esto pone de manifiesto la cuestión de clase fundamental: no se puede planificar lo que no se controla, y no se puede controlar lo que no se posee.

Sólo cuando la clase trabajadora se haga con el control de las palancas básicas de la economía, como los grandes bancos, las industrias y los grandes monopolios, podremos planificar la economía en interés de la mayoría de la sociedad, en lugar de maximizar los beneficios de unos pocos.

Este nivel de planificación y control es necesario para invertir en infraestructuras que permitan adaptarse a los impactos del cambio climático, así como para sentar las bases de fuentes de energía alternativas basadas en la energía solar, eólica e hidráulica.

Por supuesto, esto es sólo el principio. Pero si eliminamos el lucro privado capitalista de la ecuación, sobre la base de un auténtico control y gestión por parte de los trabajadores, podremos liberar el potencial de todo el ingenio y la experiencia de la humanidad.

Esto es por lo que estamos luchando. El COP28 de este año ha puesto de manifiesto la arrogancia de la clase dominante. Se ríen en nuestra cara mientras hacen tratos lucrativos, y a nosotros nos hacen vivir con las consecuencias.

No nos vamos a quedar de brazos cruzados, y tú tampoco deberías hacerlo. Tenemos que luchar urgentemente por una sociedad sana, democráticamente planificada y comunista, y tomar el destino en nuestras manos.