Capitalismo Horror Show

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A lo largo de la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, independientes de su propia voluntad, mantienen relaciones de producción que se corresponden con determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se eleva una superestructura jurídica y política, y a la que corresponden determinadas formas de la conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona, en general, el proceso social, político y espiritual de la vida. (Carlos Marx, Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política)

La desaparición forzada de Facundo Castro, un joven de barrio, por parte del Estado vuelve a sacar (¡una vez más!) a la superficie la podredumbre del andamiaje político e institucional sobre el que descansan las relaciones de producción capitalistas en su fase de crisis orgánica y descomposición.

El intento de encubrimiento y la búsqueda permanente por entorpecer la investigación por parte de la policía, políticos, fiscales y jueces que hostigan al entorno de Facundo son una expresión clara y concreta de esta podredumbre del capitalismo y la burguesía, expresándose en lo social, político y espiritual de la vida.

Así fue que en estos días pudimos ver la conducta del subcomisario bonaerense Pablo Reguillon que amenazó a Luciano Peretto abogado de la familia; la actitud de la casta judicial, como la Jueza Federal Gabriela Marrón o el Fiscal Santiago Ulpiano Martínez, que intentan garantizar impunidad legal; junto con el sector más rancio del régimen político como el Ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, que fue denunciado por la familia de Facundo como “encubridor o incompetente”; acompañado por los operadores mediáticos como el caso de German Sasso, uno de los responsable de La Brújula 24 de Bahía Blanca. Les faltó decir que hay un barrio de Gualeguaychú en donde todos se parecen a Facundo Castro.

92 personas han sido asesinadas por el aparato represivo estatal solo desde el inicio de la cuarentena el 20 de marzo, datos a los que podemos acceder por el trabajo independiente de las organizaciones antirrepresivas ya que el Estado cuenta con mecanismos para que las estadísticas siempre figuren por debajo de lo que padecemos día a día en nuestros barrios, calles y ciudades.

La implementación de políticas represivas, por parte del aparato estatal, busca establecer a través de una disciplina violenta el respeto al orden y la autoridad mediante el gatillo fácil, las torturas y las detenciones arbitrarias para de esta manera ejercer control social contra un sector de gran potencial revolucionario como es la juventud. No es casual que jóvenes de la clase trabajadora, representen casi el 90% del total de casos registrados.

Facundo Castro participaba en “Jóvenes con Memoria de Villarino”. Su mama así lo recuerda: “Participó en la elaboración del primer libro sobre desaparecidos en el distrito y viajó a Chapadmalal a un encuentro provincial. Le interesaba mucho ese tema y la violencia institucional” y agrego “Con los chicos, habían hecho una canchita a la que iban policías a hostigarlos. Paraban el patrullero y les decían: ‘ustedes son chorros, son drogones’ y les pegaban sopapos y patadas en el culo.”

A su vez la violencia estatal tiene otra faceta que, si bien tiene la misma finalidad que la represión en los barrios, se expresa en políticas de represión directa a la organización y la protesta social. Un ejemplo reciente lo vimos el sábado 1º de agosto cuando la policía de la Ciudad, que dirige Horacio Rodríguez Larreta, detuvo arbitrariamente a 13 personas que caminaban de regreso de un acto en homenaje a Santiago Maldonado, montando luego junto a Clarín una burda operación política que pretendía asociar a los manifestantes con “anarquistas violentos.”

La persecución y prisión de Sebastián Romero luego de haber sido grabado tirando fuegos de artificio de venta libre con una rama, junto a cientos de miles de personas, en el marco de la fuerte represión desatada por distintas fuerzas represivas, en las movilizaciones de diciembre de 2017 contra la reforma jubilatoria impulsada por Mauricio Macri y Cambiemos, es otro ejemplo reciente entre cientos y cientos de este tipo de violencia estatal.

Aún se mantiene la impunidad sobre la desaparición y muerte de Santiago Maldonado, a tres años de su asesinato por parte de la Gendarmería Nacional en el marco de un operativo de despeje de la ruta nacional 40, en la provincia de Chubut comandado por el exjefe de Gabinete de Patricia Bullrich, Pablo Nocetti.

Hasta el día de hoy, la principal responsable por la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado, la ex Ministra de Seguridad Patricia Bullrich sigue gozando de total impunidad a pesar del cambio de gobierno.

Violencia social y violencia estatal: El capitalismo en su laberinto

Si bien la violencia estatal es una constante ya que el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase sobre otra y esta dominación en el capitalismo se impone a través de destacamentos especiales de hombres armados, la misma tiende a exacerbarse cuando las contradicciones de clase comienzan a agudizarse y es esto lo que explica el aumento de la violencia de las fuerzas represivas que mencionamos más arriba. Algo que ya venía advirtiendo la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) quien alertó por el aumento de la violencia policial y los casos de gatillo fácil en la cuarentena.

El aumento de la violencia estatal está directamente relacionado con el retroceso en las condiciones de vida en los barrios obreros y populares. El control social se mantiene con gobernabilidad, pero también a los tiros y palazos.

El total de afectados por algún tipo de ataque a sus condiciones de vida desde el inicio de la cuarentena hasta el día 16 de agosto es de 5.507.972 trabajadores, según el Observatorio Despidos durante la Pandemia.

Según datos que fueron presentados por Unicef Argentina actualmente una de cada cuatro familias tuvo que dejar de comprar ciertos alimentos durante la cuarentena y el 10 % de la población infantil asiste a comedores para poder alimentarse. A su vez, señaló que los niveles de pobreza infantil, que en mayo fueron de 58.6 %, pasarán en diciembre a 62.9%.

El aumento de los precios de la canasta básica también provocó que el 48% de los menores de seis años cambiara su forma de alimentarse.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) la inflación de julio fue del 1,9%. De esta manera, los precios acumularon una suba del 15,8% en lo que va de 2020 y un incremento del 42,4% respecto a julio de 2019. Alimentos y bebidas aumentaron un 1.3% y Prendas de vestir y calzados 3.3%.

Vemos entonces como estos datos van de la mano con el aumento de la violencia social y estatal.

Mas allá de las políticas que pueda tomar el gobierno, lo que se termina imponiendo es la crisis del capitalismo argentino como parte de la crisis mundial capitalista. Vemos acá de una manera muy nítida los límites de clase del Frente de Todos y como esta limitación en última instancia termina empujando a amplios sectores de la población a la desgracia, devaluando la vida humana.

La pesada herencia que recibió el Gobierno no fue únicamente la herencia que Mauricio Macri y los Gobernadores dejaron en 2019. La pesada herencia es el propio capitalismo ya que desde el inicio de la crisis capitalista mundial en 2008, el país vivió 5 recesiones y a partir del 2011, el nivel de actividad ha permanecido con una tendencia de estancamiento y descenso. La violencia social y la violencia estatal están en las entrañas mismo del capitalismo y ese es un laberinto del cual el reformismo no puede salir.

¡Hay que terminar con el capitalismo!

El capitalismo es horror sin fin. En el contexto de una crisis económica de proporciones inéditas esto es mil veces más cierto.

El capitalismo horror show es retroceso en nuestras condiciones de vida, ataques al salario, inflación, gatillo fácil, violencia. No podemos esperar otra cosa. Economistas de todas las tendencias ideológicas coinciden en la profundidad de esta crisis e incluso hablan de una «economía de guerra» a nivel global.

La economía de Estados Unidos, la más grande del mundo registró una contracción anualizada en el segundo trimestre del año del 32,9%. No hay precedentes en la historia reciente de una contracción tan severa. China acumula una contracción del 1.6% respecto a los 6 primeros meses de 2019. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) proyecta una caída del 9,1% del PIB de América Latina en 2020. El FMI señala que este año con una caída de 9,9%, Argentina estará entre los 6 países más afectados por la debacle mundial en la que crisis económica y pandemia avanzan entrelazadas.

Esto solo puede significar más violencia social, más violencia estatal. Administrar al capitalismo implica administrar su crisis.

Las trabajadoras y trabajadores necesitamos partir de las experiencias históricas de autoorganización, como las asambleas populares del 2001, para dar un paso adelante. Necesitamos la autoorganización obrera en las fábricas para recuperar los sindicatos, dar pelea contra la miseria capitalista y poner un límite a los atropellos de las patronales a través de los métodos de lucha tradicionales de la clase obrera como la asamblea de base y la huelga; la autoorganización vecinal que se exprese en la formación de comités electos de vecinas y vecinos del barrio que, de manera democrática e independiente de los partidos y el Estado, organicen la lucha común de toda la barriada ante la pandemia y la crisis económica, exigiendo al Gobierno recursos para atender las urgencias sanitarias y alimentarias, discutiendo la necesidad de poner en pie comités de autodefensa ante el gatillo fácil, la militarización de los barrios y ante el narcotráfico.

Estos graves problemas no pueden ser resueltos sobre la base del sistema actual y sus instituciones. No hay solución dentro de los marcos de la democracia parlamentaria burguesa diseñada para sostener inalterables las relaciones de producción capitalista, junto con su justicia y sus partidos dependientes del poder económico que junto a sus fuerzas represivas terminan siendo los garantes la propiedad privada de los medios de producción.

El partido que necesitamos es aquel pueda hacer avanzar a la clase trabajadora hacia la toma del poder para construir otra legalidad. Las trabajadoras y trabajadores junto a los demás sectores explotados tenemos la capacidad y el poder de parar la economía y organizarla sobre una planificación que destierre la anarquía del mercado capitalista. Solo al cambiar la base económica es posible transformar la inmensa superestructura que se levanta sobre ella.

El Socialismo es la única salida al laberinto de la violencia de clase de los capitalistas. Necesitamos una Revolución.

¡JUICIO Y CASTIGO A TODAS Y TODOS LOS RESPONSABLES MATERIALES, INTELECTUALES Y POLÍTICOS DE LA DESAPARICIÓN DE FACUNDO CASTRO!

¡JUICIO Y CASTIGO A LOS RESPONSABLES MATERIALES, INTELECTUALES Y POLÍTICOS DE LA DESAPARICIÓN y MUERTE DE SANTIAGO MALDONADO Y LUCIANO ARRUGA! ¡BASTA DE IMPUNIDAD POR EL CRIMEN DE RAFAEL NAHUEL!

¿DONDE ESTA JULIO LOPEZ?