Brasil: Después de las elecciones, ¡preparar las próximas victorias! ¡Organizar y movilizar con independencia de clase!

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Editorial de la 24ª edición del periódico Tempo de Revolução.

La derrota de Bolsonaro es una victoria de la clase trabajadora y la juventud que abre una nueva situación política en el país. El odio popular al gobierno reaccionario ha superado el uso extensivo y descarado de la maquinaria estatal en la disputa electoral, las fake news y también la política de conciliación de clases de Lula y el PT.

En la primera vuelta, Lula tuvo 6 millones de votos más que Bolsonaro. En la segunda vuelta, esta diferencia se redujo a 2 millones de votos, la menor diferencia jamás vista en una segunda vuelta presidencial desde el final de la dictadura militar. Un gobierno que tiene la responsabilidad directa de casi 700.000 muertos en la pandemia, aislado internacionalmente, rechazado por la mayoría de la población, y que navega en medio de altas tasas de inflación y desempleo, podría haber sido derrotado con mayor contundencia en la primera vuelta, en lugar de obtener 58 millones de votos en la segunda y conseguir la elección de gobernadores y diputados identificados con el bolsonarismo.

La campaña de Lula sepultó cualquier reivindicación popular con las que había coqueteado al inicio. En la campaña de la segunda vuelta se ampliaron las alianzas con la burguesía. En lugar de la laicidad del Estado, Lula comenzó a citar a «Dios» todo el tiempo, tratando de parecer más religioso que Bolsonaro. Se posicionó personalmente en contra del aborto, sin explicar la necesidad de legalizar el derecho de las mujeres a abortar. Lanzó la «Carta al Brasil de Mañana» que, al igual que la «Carta al Pueblo Brasileño» de 2002, era un compromiso con el capital financiero para mantener la «responsabilidad fiscal», léase: pagar primero la deuda pública, aunque esto signifique recortar el presupuesto de cualquier área esencial. Sólo a partir de la recta final de la primera vuelta la campaña de Lula convocó mítines masivos. En general, lo que vimos fue una campaña centrada en internet, con ataques despolitizados al adversario, en lugar de una campaña que promoviera la organización y la movilización desde los comités de base, en los barrios y ciudades, en diálogo con las necesidades concretas del proletariado.

La alianza con la burguesía, lejos de ser la razón de la victoria, es más ampliamente la razón del retroceso de la conciencia de clase de parte del proletariado, propiciando el avance del bolsonarismo. En las elecciones, esta política conciliadora y la ausencia de un programa de ruptura con el capital es la razón por la que Bolsonaro y el bolsonarismo no han sido expulsados del poder con una derrota humillante, que les haría volver a la insignificancia política. Es cierto que Bolsonaro se nutre del conservadurismo que existe en varios estratos de la sociedad brasileña, pero una campaña audaz, con propuestas sociales de ruptura con el capital, con una retórica combativa y clasista, podría haber relegado a un segundo plano todo el debate religioso y moral que los conservadores pretendían imponer y habría echado por tierra la demagogia de Bolsonaro. Además, Bolsonaro utiliza demagógicamente un discurso contra el sistema, conectando con una parte de los votantes hartos de este sistema, es decir, hartos de la podredumbre de la democracia burguesa, y que no ven una opción antisistema visible en la izquierda. La candidatura de Lula, además, aliada con varios elementos de la vieja política, aparece más que la candidatura de Bolsonaro como representante del viejo sistema.

Bloqueos, la farsa de un golpe de estado

El domingo, tras confirmarse la derrota electoral de Bolsonaro, estallaron manifestaciones de alegría en todo el país. Lula, en su discurso tras la victoria, junto a sus aliados burgueses, declaró entonces que «gobernaría para 215 millones de brasileños, y no sólo para los que me votaron. No hay dos Brasiles. Somos un país, un pueblo, una gran nación”.

Pero no es posible borrar la división de clases en la sociedad. Hay una polarización en Brasil y en el mundo como resultado de la crisis internacional del capitalismo y la agudización de la lucha de clases. Sectores de la pequeña burguesía, azuzados por Bolsonaro, no estaban de acuerdo con que «no hay dos Brasiles» y comenzaron, ya en la noche del domingo, a bloquear carreteras, desconociendo el resultado de las elecciones y pidiendo la intervención militar. Pero estos bloqueos fueron realizados por grupúsculos y sólo fueron posibles gracias a la connivencia de la Policía Federal de Carreteras – PFR (la misma que intentó obstaculizar la votación del domingo en las regiones con mayoría de votos para el PT) y al apoyo de los empresarios bolsonaristas.

Estos bloqueos están disminuyendo, pero aún continúan hoy (2 de noviembre). El proletariado ha mostrado su descontento con estas acciones de los radicales de derecha de forma dispersa, pero con algunos ejemplos significativos. En un vídeo podemos ver a los trabajadores de un autobús maldiciendo a los «manifestantes» bolsonaristas como burgueses y holgazanes. En otro video, podemos ver a los residentes de un barrio proletario rompiendo los bloqueos, la misma acción se repite en videos con la participación de trabajadores de fábricas y astilleros. Los hinchas organizados de los equipos de fútbol Atlético Mineiro y Corinthians liberaron por la fuerza las carreteras bloqueadas para poder asistir a los partidos de sus equipos. Todo esto demuestra que un llamado de la dirección del PT, del PSOL, de la CUT o de cualquier gran organización proletaria a una acción de Frente Único habría barrido a esta chusma de reaccionarios en muy poco tiempo, como defendió ayer la Izquierda Marxista sobre la base del llamado de la dirección del MTST.

La declaración de Bolsonaro y la continuidad del Bolsonarismo

Bolsonaro guardó silencio durante casi 45 horas tras los resultados electorales. El retraso en pronunciarse se debió posiblemente al intento de negociar algún tipo de amnistía para evitar ser detenido con la pérdida de la inmunidad. Además, el prolongado silencio de Bolsonaro indica que tenía alguna esperanza de estar en condiciones de no reconocer el resultado electoral. Sin embargo, uno a uno, sus aliados han ido reconociendo la victoria de Lula-Alckmin desde el domingo, dejando a Bolsonaro cada vez más aislado. Sectores de la burguesía han comenzado a pronunciarse enfáticamente contra los bloqueos que, al fin y al cabo, perjudican sus negocios. El continuo silencio de Bolsonaro podría ser una prueba clara de que el presidente estaba alentando un golpe. Bolsonaro tuvo que hablar, aunque fuera durante 2 minutos y 3 segundos, en un discurso dudoso.

En la declaración de ayer Bolsonaro no dijo claramente que los bloqueos debían cesar, pero los condenó, calificándolos de «cercenamiento del ir y venir» y que esos eran los métodos de la «izquierda» que la derecha no podía adoptar. En un vídeo publicado esta noche en sus redes sociales, seguramente presionado por la burguesía, pide claramente el fin de los cortes de carretera. En la declaración de ayer dijo que las manifestaciones «son el resultado de la indignación y el sentimiento de injusticia de cómo se ha llevado a cabo el proceso electoral», y añadió que las manifestaciones pacíficas son bienvenidas. En otras palabras, insinúa que hubo irregularidades en el proceso electoral y anima a que las protestas continúen por otras vías. En su declaración no reconoció el resultado de las elecciones, sin embargo, a continuación habló el jefe de la Casa Civil, quien declaró que el presidente le había autorizado a iniciar el proceso de transición. Se trata por lo tanto, un reconocimiento de la derrota en la práctica.

Bolsonaro, en su breve discurso, busca mantener el ánimo de la derecha: «La derecha ha surgido verdaderamente en nuestro país. Nuestra sólida representación en el Congreso demuestra la fuerza de nuestros valores: Dios, la patria, la familia y la libertad», repitiendo así el eslogan basado en el utilizado por la Ação Integralista Brasileira, los fascistas brasileños de los años 30. Terminó su discurso diciendo: «es un honor ser el líder de millones de brasileños que, como yo, defienden las libertades económicas, religiosas y de opinión, la honestidad y los colores verde y amarillo de nuestra bandera».

A pesar de la derrota electoral y el aislamiento, es seguro que ni Bolsonaro ni tampoco el bolsonarismo dejarán la escena política . En cada oportunidad que se les presente, convocarán actos contra el gobierno. Los cortes de carretera y los actos que están realizando hoy frente a los edificios militares a favor de una intervención militar son una muestra de ello.

El gobierno de Lula, la lucha proletaria y las tareas de los revolucionarios

La Esquerda Marxista ha analizado en varios documentos y resoluciones que la clase obrera no fue derrotada, sino que estaba bloqueada y en estado de bloqueo por la política de la dirección del aparato. La victoria de la candidatura de Lula es una victoria ganada por la clase trabajadora y la juventud, que se han manifestado masivamente en los últimos años contra el gobierno y que sólo no lograron la caída del gobierno en las calles por la línea de la dirección de canalizar el odio popular hacia la vía institucional, electoral.

En el episodio de los bloqueos de carreteras hemos visto destellos de la voluntad de la clase para actuar, a pesar de todos los llamamientos de la dirección a la paz, el amor, la unidad y la confianza en las instituciones burguesas. La tarea de los marxistas en este momento es luchar por el frente único del proletariado y explicar la situación actual y las perspectivas, destacando la responsabilidad de las direcciones, organizando a los militantes que lleguen a comprender la necesidad de la organización independiente del proletariado en la lucha por el derrocamiento del régimen de propiedad privada de los medios de producción, basando esta lucha en la teoría marxista.

El gobierno de Lula, lo sabemos, será un gobierno de Unión Nacional, un gobierno de un partido obrero con la mayoría de la burguesía. El nombramiento de Geraldo Alckmin como coordinador de la transición muestra quién controlará el gobierno: la burguesía. Sabemos que sólo rompiendo con la burguesía se pueden satisfacer las demandas de la clase obrera y de la juventud.

El llamado «centrão» e incluso el presidente del PL (partido de Bolsonaro) ya están abiertos a «conversaciones» y «negociaciones» sobre el próximo presupuesto. Todos sabemos lo que esto significa: por cuánto venderán su apoyo. Al fin y al cabo, «a rey muerto, rey puesto» y la inmensa mayoría de los diputados del podrido Congreso Nacional anteponen sus esquemas y privilegios.

Sin embargo, los trabajadores, en la situación actual, han salido victoriosos. Y exigirán esta victoria. Exigirán que se cumplan sus reivindicaciones, la devolución de los derechos arrebatados, utilizando sus métodos de lucha: huelgas, manifestaciones y ocupaciones. Cabe recordar que de la campaña y la victoria de Lula en 2002, surgió el Movimiento de Fábricas Ocupadas en Joinville que, por cierto, la Esquerda Marxista celebra ahora con la campaña de los 20 años de ocupación de las fábricas Cipla e Interfibra, tema de la nueva edición de la revista teórica «América Socialista – Em Defesa do Marxismo» y con la actividad conmemorativa que realizaremos el 3 de diciembre en Joinville, con transmisión online.

En el próximo periodo tendremos la intensificación de la lucha de clases con un gobierno de unidad nacional comprometido con los intereses de la burguesía, una extrema derecha que buscará en todo momento desestabilizar este gobierno para volver al poder, y la clase obrera y la juventud dispuestas a luchar por el empleo, los derechos y mejores condiciones de vida. Debemos prepararnos, organizarnos para esta situación, para estos combates. Debemos fortalecer la organización revolucionaria, debemos redoblar nuestros esfuerzos para construir la Esquerda Marxista, la sección brasileña de la Corriente Marxista Internacional.

¡Por un gobierno de los trabajadores, sin patrones ni generales! ¡Viva el socialismo internacional!

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