BOLIVIA: Nacionalización y Reforma Agraria

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El decreto de nacionalización de los hidrocarburos anunciado por Morales el 1° mayo levantó una marea de entusiasmo y expectativas en el pueblo boliviano, de pavor e histeria en los grandes centros del poder imperialista.

La lucha revolucionaria en una nueva etapa

El decreto de nacionalización de los hidrocarburos anunciado por Morales el 1° mayo levantó una marea de entusiasmo y expectativas en el pueblo boliviano, de pavor e histeria en los grandes centros del poder imperialista.
Según anunció Morales "el Estado toma el control y la dirección de la producción, transporte, refino, almacenaje, distribución, comercialización, e industrialización de los hidrocarburos en el país". Ahora las empresas deben entregar su producción a YPFB, encargada de comercializar los hidrocarburos y de su exportación. El Estado aspira a retener el 82% de las utilidades que hoy se embolsan las petroleras, recuperando ingresos por 350-400 millones de dólares. También dispone "nacionalizar" el 51% de las acciones de las empresas privatizadas, estableciendo un plazo de 180 días para las empresas se adecuen a las nuevas normativas.
La repercusión de la medida dejó en claro quién es quién en política interna y externa. La clase dominante boliviana se debate entre el pánico y la resistencia. Lula, "defendiendo" los intereses de Petrobrás y de la burguesía de San Pablo, desarrolló una típica y arrogante actitud imperialista, como si Bolivia fuese el "patio trasero" de la burguesía brasilera.

Profundizar la nacionalización

Pero el decreto no establece la confiscación ni la expropiación de las empresas capitalistas, mucho menos el control obrero para gestionar democrática y colectivamente los recursos. Y no deja afuera del todo la posibilidad de "indemnización". Establece un nuevo régimen tributario que, considerando la situación anterior, es un paso adelante. Incluso, el 82% del Estado será para el caso de las firmas que extraen "más de 100 millones de pies cúbicos diarios de gas natural". Seguramente, Petrobrás y Repsol después de refunfuñar, se quedarán en Bolivia; pero, ahora, en calidad de contratistas de YPFB y no como "concesionarios".
Un elemento importante es cómo entienden las masas la "nacionalización". Fue tal el entusiasmo y la presión de los trabajadores que, acto seguido, las versiones sobre la nacionalización de los ferrocarriles y el anuncio de la reforma agraria – la eventual "expropiación" de las tierras improductivas que tiene en sus manos la oligarquía oriental, el 87% de la tierra está en manos del 7% de los propietarios- estimulan la "imaginación" de las masas y son una señal de alarma para los intereses del capital en el país. El empresariado de la "media luna" -la zona más rica – ya ha señalado su "resistencia" ante las medidas.
Es necesario apoyar este tipo de medidas del gobierno, que son un paso adelante, señalando la necesidad de que la nacionalización no debe ser a medias sino total, que debe llevarse a cabo bajo el control democrático de los trabajadores que deben formar organismos de base para garantizar la nacionalización contra el sabotaje de las petroleras y custodiar los recursos naturales del pueblo.
Por sí sola, y manteniéndose el resto de la económica en manos privadas, la nacionalización aportará más recursos al Estado, que podrán ser reinvertidos para paliar la agobiante situación de las masas, pero no solucionará los problemas de fondo que determinan que el 63% de la población esté sumergida en la pobreza, que el 40% de la población no tenga servicio de aguas ni electricidad y que el 40% sobreviva en condiciones de extremo hacinamiento. Sin la nacionalización bajo control obrero de la banca, las grandes empresas y la tierra, la clase dominante podrá seguir expoliando al pueblo boliviano.

¿Qué hay detrás de la histeria burguesa e imperialista?

La política es economía concentrada. Al afectar las ganancias de los pulpos petroleros internacionales, la burguesía sabe que este tipo de medidas pueden desenroscar toda una serie de procesos que hoy están bajo tierra. Puede ser la piedra de toque para la lucha de masas por la nacionalización no sólo en Bolivia, también en América Latina, y el mundo.
El efecto se ve duplicado por tratarse de un país como Bolivia y de la clase obrera boliviana, inserto en la crisis del capital en su eslabón más débil, América Latina.
La consigna de la nacionalización de los hidrocarburos fue una de las amalgamas que cohesionó a la fuerza obrera y campesina en las insurrecciones de octubre 2003 y mayo-junio 2005. El entusiasmo y la presión de los trabajadores y campesinos pueden llevar más allá de lo "permisible" al gobierno Morales. La burguesía teme que Morales sea incapaz de contener las aspiraciones de los oprimidos. Aunque Morales hasta ahora pudo controlar la actividad y movilización de las masas -ayudado por la desorientación y aislamiento de la COB- otorgando mejoras y reformas, esta política no será eterna.
Las presiones contrapuestas de las clases hará que el gobierno MAS zigzaguee. No olvidemos -¡y la clase dominante no lo olvida!- que en la insurrección de mayo-junio del 2005, las consignas que llevaba adelante el movimiento partieron de la nacionalización y llevaron al reclamo por un gobierno obrero y campesino.