Bolivia frente a la trampa de la Asamblea Constituyente y las “autonomías”

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El alza de combustibles dispuestos a fin de año por el gobierno Mesa, encendió nuevamente la lucha de masas. En el Alto, la ciudad más combativa de Bolivia, las Fejuves organizaciones gremiales y de campesinos entablaron una huelga indefinida a partir del lunes 12 enero contra el “gasolinazo” y por expulsión de Aguas del Illimani. Bastaron tres días de huelga general para que el gobierno de Mesa cediera, parcialmente, a las demandas populares.

La revolución obrera y campesina es la alternativa

El alza de combustibles dispuestos a fin de año por el gobierno Mesa, encendió nuevamente la lucha de masas. En el Alto, la ciudad más combativa de Bolivia, las Fejuves organizaciones gremiales y de campesinos entablaron una huelga indefinida a partir del lunes 12 enero contra el “gasolinazo” y por expulsión de Aguas del Illimani. Bastaron tres días de huelga general para que el gobierno de Mesa cediera, parcialmente, a las demandas populares. Una movilización de 50 mil obreros y campesinos alteños marchó a La Paz festejando el resultado de la presión popular: al gobierno Mesa no lo quedó otra opción que rescindir el contrato de Aguas de Illimani, subsidiaria de la francesa Lyonnaise des Eaux, pero el “gasolinazo” y la propiedad de los hidrocarburos se mantienen intactos.

Al mismo tiempo, la patronal de Santa Cruz, la zona más rica del país con el 27% del PBI y el 52% de las exportaciones, con inmensos recursos de petróleo y gas, se subió al caballo de la lucha de las masas “oponiéndose” al alza en los combustibles y pidiendo la renuncia de Mesa, pero dirigiendo la lucha hacia su propio interés de clase: la “autonomía” de Santa Cruz, que en su boca no tiene nada que ver a lo que entienden históricamente las masas por “autonomía”, una mejora sensible tanto material como espiritual de los sectores oprimidos. Buscan adormecer y dividir a los trabajadores, embolsarse fabulosos beneficios, mantener en sus manos las riquezas de esta privilegiada región.

El plan cruceño significa la desmembración del país. En su lugar no sobrevendría la emancipación de los pueblos originarios ni su autodeterminación, sino la sujeción de las masas a un aparato represivo “autónomo” que mantendría en la miseria ignominiosa a los trabajadores. La “autonomía” de Santa Cruz es su traspaso directo a la orbita directa del imperialismo. El problema de la autonomía no radica en sí misma, sino en quién será la clase económica y socialmente dominante el “día después”, a dónde irán los frutos del trabajo social, quién se enriquece con la exportación del petróleo, quiénes tendrán la propiedad de la tierra.

Consecuencia de la división en la clase dominante, Mesa tuvo que ceder la elección de prefecto en las regiones. Ahora, la reacción cruceña presiona para que antes de la Asamblea Constituyente dispuesta para agosto, exista un referendo sobre “autonomías”, porque “Carlos Dabdoub, vocero del comité cívico, acaba de anticipar que en una Asamblea Constituyente como la programada para este año, el bloque favorable a las autonomías departamentales apenas sumaría 60 bancas de las 200 convocadas”(La Época, 20/2)

La consigna de la Asamblea Constituyente -como insistimos desde el inicio del proceso revolucionario- resultó ser totalmente inocua para la clase dominante, e incluso reaccionaria. La burguesía, como clase, se abraza a ella para encauzar y desviar la lucha de las masas. Ninguna Constitución “democrática” puede resolver los problemas acuciantes de obreros y campesinos, que se derivan del hecho incuestionable que tanto los recursos como la riqueza producida se encuentra en las manos de una minoría parasitaria. Y ninguna clase dominante firmará por voluntad su certificado de defunción. En este marco, por más adjetivos que se le endosen a la futura Asamblea Constituyente, representa un retroceso en la lucha de clases y en las tareas políticas de la vanguardia.

Las diferencias entre obreros o campesinos cruceños, collas y aymaras son artificialmente impulsadas por el imperialismo, los terratenientes y los empresarios, para poder seguir manteniendo la explotación y sus ganancias. Temen a la unidad de los explotados; la diferencia fundamental es entre explotadores y explotados, allí radica la base del sistema capitalista, y ninguna Asamblea Constituyente ni la redacción de una nueva Constitución podrán solucionar los problemas de las masas.

La única alternativa es la revolución obrera y campesina, el control y participación de las masas en asambleas obreras y populares, que expropie a la burguesía y ponga todos los recursos del país al servicio de la mayoría.