Bolivia: débil triunfo de la derecha en Beni y ocasión perdida para el MAS

0
5

papeletabeniLos primeros resultados en boca de urna de las elecciones departamentales en el Beni dan a la derecha la victoria en la primera vuelta. De confirmarse estos datos, el MAS consolidaría su presencia en el departamento amazónico pero se vería nuevamente derrotado, sobre todo por efecto de un siempre más elevado nivel de abstencionismo, como ya ocurrido en las elecciones judiciales.

El mensaje del abstencionismo

Antes que los resultados oficiales empezaran a confirmarla, el gobierno ya había reconocido la derrota. Diputados y ministros del oficialismo han destacado el elemento más positivo de estos comicios, es decir el hecho sw que el MAS se confirmaría como partido de mayoría relativa en el Beni, el único que le haga frente a la derecha. De hecho, de confirmarse los primeros conteos rápidos, el MAS confirmaría su caudal electoral en franco crecimiento desde 2002, e incluso podría incrementarlo levemente de unos 2 mil votos en relación a los 60 mil que obtuvo en 2010.

Por otro lado la derecha triunfa, pero en realidad perdería votos. Si en 2010 los votos de Primero el Beni y el MNR sumaban poco más de 82 mil votos, hoy Primero el Beni, presentándose como un frente antimasista de casi todos los partidos de derecha (UN, MNR, VERDES etc.), ganaría con aproximadamente 75 mil votos. Como ha correctamente declarado el vicepresidente, esta derrota electoral en realidad confirma el desgaste de la oposición y el fortalecimiento del MAS en el departamento amazónico.

Y es justamente por este mismo motivo que los primeros análisis que atribuyen la derrota a un supuesto carácter “conservador” del Beni no convencen ni son útiles para extraer lecciones de estos comicios. ¿Cómo y con qué efectos se combatió este supuesto conservadurismo? El dato más relevante del domingo ha sido nuevamente el elevadísimo ausentismo electoral, que habría pasado en términos absolutos de 25 mil a aproximadamente 60 mil electores y en porcentaje del 13 al 30 por ciento, en comparación al 2010.

Este ausentismo electoral –en un país en que el voto no es solo un derecho sino también una obligación– es una señal política que invita a una más seria reflexión autocritica tanto sobre las estrategias políticas que se utilizaron en el Beni como sobre la situación general del proceso. De hecho los porcentaje de abstencionismo en el Beni no representan un caso aislado, más bien confirman la tendencia a la desafección hacia el proceso de la cual ya tuvimos pruebas en las elecciones judiciales o en los comicios de Quillacollo y Sucre.

¿Un departamento conservador?

Alrededor de 60 mil electores que renuncian al voto son la demostración que las estructuras gamonales y clientelares del poder político que darían al Beni un carácter conservador son algo relativo. Lo más conservador que hay en el Beni son las condiciones de vida de sus habitantes, que no han cambiado estructuralmente. Las perspectivas de desarrollo del Beni, que el gobierno asigna principalmente a la integración de este departamento con el occidente del país por la realización de la carretera San Ignacio de Moxos – Villa Tunari, evidentemente no convencen porque se entiende que estas fortalecerán el poder gamonal local y el latifundio que avanza sobre los conflictos entre colonizadores e indígenas.

La repetida candidatura de Jessica Jordan, sostenida con todo el aparato mediático público y la entrega de proyectos (en algunos casos muy relevantes como los del programa “Mi agua”), evidentemente ha sido recibida sin el necesario entusiasmo porque no expresaba las luchas sociales y las contradicciones del departamento, sino ha sido vista como una operación de marketing político hacia la clase media. Incluso en las mismas filas del MAS y las organizaciones sociales del Beni ha habido críticas que han obligado al presidente Evo Morales a reunirse con todos los sectores del partido para alinearlos en la última semana de campaña.

Las contradicciones del Beni

Beni es uno de los departamentos más grandes y menos poblado de Bolivia con medio millón de habitantes. Paradójicamente, en la tierra que fue la cuna de la importante civilización precolombina conocida como la Cultura Hidráulica de las Lomas, solo un 1% de la población rural tenía acceso al agua hasta 2011. La incidencia de la pobreza es entre las más elevadas de Bolivia (un 40% en 2007) y hay todavía 44 mil habitantes por establecimiento hospitalario, la relación más elevada del país junto a La Paz.

Con más de 3 millones de cabezas de ganado, el Beni es el principal departamento ganadero de Bolivia y un 54% de su tierra con uso productivo es destinada a esta actividad. Aproximadamente un 90% de los ingresos de la actividad ganadera es acaparrado por un 30% de grandes productores y empresas del sector, mientras el restante 70% de pequeños y medianos productores se reparten un 10% de los ingresos. En su último libro polémico (Geopolítica de la Amazonia) el Vicepresidente insistía en describir como de subordinación la relación entre los ganaderos benianos y el monopolio de la industria cárnica cruceña con el fin de defender el cuestionado proyecto caminero que integraría el Beni al occidente. Las elecciones han demostrado –si era necesario– que esta relación es más bien una alianza entre diferentes sectores del latifundismo.

El Beni es origen del 39% del ganado destinado a la industria cárnica, sin embargo solo el 11% es faenado en ese departamento. En Santa Cruz en cambio se faena el 55% del ganado consumido a nivel nacional y, de este, el 40% proviene del Beni, donde es comprado para ser engordado y faenado en Santa Cruz. Esto es efecto de una especialización económica que no se revierte con una autopista. Mientras en Santa Cruz las inversiones, nacionales y extranjeras, han creado una industria cárnica que se basa en pasto cultivado para el engorde y en mataderos frigoríficos modernos, en el Beni la gran extensión del departamento, la baja densidad poblacional y la concentración de tierra, permiten todavía un aprovechamiento extensivo de la misma.

De las más de 1,3 millones de hectáreas de tierra destinada a la ganadería en el Beni, solo 52 mil son pasto cultivado para el engorde del ganado, y 1,28 millones son ganadería en sabana. La existencia de una industria cárnica en Santa Cruz no es un freno al desarrollo de la ganadería beniana, sino lo que le permite ser una ganadería gamonal, basada en la explotación de trabajadores temporales y en grandes concentraciones de tierra aprovechadas con mínimas inversiones.

La concentración de la tierra en pocas manos ha sido legalizada con la no retroactividad del artículo de la Constitución Política del Estado. Inevitablemente esto ha repercutido en divisiones entre el movimiento indígena y los colonos. Estos últimos llegan con escasos recursos que los obligan a técnicas invasivas de producción, como el chaqueo. El latifundio, principalmente sojero, que en cambio avanza desde la provincia Guarayos de Santa Cruz, representa una fuente de recursos para los indígenas ya que les permite alquilar tierras a un precio promedio de 80 dólares por hectárea por campaña. Esta es la base de conflictos latentes por la tierra y la explicación del “misterio” de la disponibilidad de los indígenas de tierras bajas a aliarse con la derecha terrateniente.

¡Por un giro a la izquierda!

Estas elecciones podían haberse ganado, pero sólo a condición de dar un giro a la izquierda proponiendo candidaturas y un programa que encontrasen las expectativas de las masas benianas en el terreno de las contradicciones principales del departamento. Esto es lo que los trabajadores y campesinos benianos reclaman. En un pronunciamiento de 2006 –titulado “el Beni quiere cambios” y firmado por diferentes organizaciones sociales entre las cuales están las centrales indígenas, la COD y la CSUTCB del Beni y varios sindicatos de base– se leía, entre otras cosas:

En el Beni SÍ EXISTEN grandes extensiones de tierras improductivas, una alta concentración de la tierra en pocas manos… al mismo tiempo, la gran mayoría de familias y comunidades campesinas carecen de tierra suficiente, y sobreviven en condiciones de pobreza. Por eso estamos de acuerdo en que se recupere el espíritu original de la Ley INRA que es el de redistribuir la tierra… [y] la consolidación de las TCOs, no solo como propiedad colectiva de los pueblos, sino con el derecho a la autogestión y desarrollo Estamos igualmente de acuerdo en los cambios que garanticen una mayor transparencia y participación en el ejercicio del poder, y el manejo de la inversión pública. Por ello nos parece saludable y necesario el fortalecimiento de los sistemas de fiscalización y control social de las Prefecturas departamentales, y la revocatoria democrática del mandato de cualquier autoridad electa”.

Estas pocas líneas condensan la única estrategia posible y efectiva para la conquista política del Oriente y de los departamentos supuestamente “conservadores”. Lo que aquí se reclama son medidas audaces de liquidación del latifundio y de democracia directa, obrera, contra la corrupción, burocratización y despilfarro. Los discursos sobre la integración del Beni al Estado (¿cuál Estado?), las estrategias de dividir –incorporándola– a la derecha produciendo sólo divisiones en las filas del MAS y de su base social, la postergación de las demandas sociales, las tan celebradas, por parte de Jordan, alianzas con un sector ganadero que ha dado la espalda. Todo esto sirve sólo para enfriar entusiasmos y debilitar las voces de cambio en el departamento.

En los comicios del Beni se confirman una serie de tendencias. La primera demuestra que el MAS sigue representando a los ojos de sectores relativamente mayoritario de las masas la única alternativa posible a la derecha, a pesar de los escándalos que han involucrado al partido en el último periodo. El escaso 3% obtenido por la lista patrocinada por la CIDOB que en la vigilia de los comicios ya anunciaba una alianza con la derecha en una hipotética segunda vuelta, es una ulterior demostración no sólo de la degeneración de esta dirigencia indígena, sino también de la extrema polarización política en el país y del hecho de que entre el MAS y la derecha no existe espacio: quien quiera colocarse ahí acaba inevitablemente por ser atraído hacia uno de los dos principales polos.

La consolidación del creciente ausentismo electoral es evidente demostración de una tesis constitutiva nuestra. La liquidación del capitalismo, la nacionalización bajo control obrero y campesino de las principales palancas de la economía no son objetivos de largo alcance sino el único medio a través del cual el proceso puede afirmarse. En las actuales condiciones las masas no deben ser conquistadas por el socialismo, sino con el socialismo, antes que el proceso genere desafección y se hunda en la inevitable (dentro de un aparato estatal burgués) secuela de escándalos. Los resultados de las elecciones en el Beni y la coyuntura nacional son enésima prueba de todo aquello.