Ante los 250 despidos de PedidosYa en Uruguay: Unidad de los trabajadores para derrotar a los capitalistas

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La historia de la multinacional PedidosYa, es una de esas que tanto aman los ideólogos del emprendimiento y los abogados del capital, porque para estos constituye una comprobación de las maravillas del emprendimiento y los beneficios indiscutibles del régimen capitalista. En cambio, para sus trabajadoras y trabajadores, aquellos que han puesto la sangre, el sudor, las lágrimas y la vida en muchos casos, a fin de que sus dueños hayan podido acumular el capital que hoy poseen, la historia es otra muy distinta.

La idea de PedidosYa nació en 2009 -prácticamente por accidente-, a partir de un proyecto académico que desarrollaron dos de sus fundadores, Ariel Burschtin y Álvaro García, cuando aún eran estudiantes universitarios. Dos años después, en 2011, fue lanzada formalmente al mercado. Desde entonces, se ha convertido en una empresa extremadamente rentable para sus accionistas. En 2014, cuando la empresa ya se valoraba en US$500 millones, se fusionó con la multinacional alemana Delivery Hero, que pasó a ser dueña del 70% de las acciones y, desde 2017, cotiza en la bolsa de Frankfort. Hoy, la empresa está valorada en más de US$2.000 millones.

A pesar de que no existen datos precisos de acceso público sobre la empresa, según Esteban Gutiérrez, CEO de PedidosYa, en entrevista cedida a Forbes Argentina a principios de 2023, la empresa contaba entonces con más de 5.700 empleados directos y más 60.000 repartidores en 15 países de la región, de los cuales casi 1000 empleados son urugayos. En Uruguay es donde se encuentran aún las oficinas principales, aunque con el tiempo una parte de éstas y del personal han sido reubicados a la Argentina, debido al lucrativo mercado existente y a la mano de obra en permanente devaluación que ofrece el país, en el contexto de crisis y ajuste brutal que se vive actualmente.

Tercerizar para maximizar las ganancias y destruir la organización obrera

El pasado viernes 5 de enero, apenas a días de iniciado el 2024, los directivos de la empresa convocaron a todo el personal administrativo y operativo de Uruguay a una reunión virtual a eso de las 11 de la mañana. Las y los trabajadores no tenían idea de lo que se venía. En apenas 5 minutos, se les informó que a partir de ése momento estaban despedidos, y la semana siguiente les contactarían para pagarles la respectiva liquidación. Inmediatamente después, se bloqueó el acceso en las computadoras de todos los trabajadores despedidos al sistema de la empresa. En total, son 251 compañeras y compañeros que tenían entre siete y diez años de antigüedad. Este ha sido el despido masivo de mayor envergadura en el país desde el cierre de Casa Galicia.

Desde la empresa se arguyó que se procedía al cierre del call center con sede en Uruguay, como parte de “un cambio en su estrategia de atención al cliente”, para “garantizar la mejor experiencia a sus usuarios”. Por ello, decidieron avanzar en la tercerización de las labores del call center.

Pero más allá de este ejemplo de sofística patronal para justificar despidos y ataques a las condiciones de vida de la clase trabajadora, se trata, por un lado, del clásico afán capitalista de maximizar las ganancias desmejorando las condiciones de trabajo estrangulando el ingreso de las y los laburantes, y por el otro, de una ofensiva para desarmar y destruir a la organización sindical de la plantilla, que se ha venido desarrollando durante años, y que estaba dando pasos hacia la sindicalización de los repartidores.

En efecto, por ningún lado aparecen evidencias en la contabilidad, de que haya crisis en las finanzas de la empresa. El negocio marcha bien y los bolsillos de los accionistas son mimados todos los días con el caro fruto del sudor y esfuerzo de los repartidores y del resto de la plantilla.

El miércoles 17 de enero, Favio Riverón, de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios (Fuecys), comentó al diario La Mañana que PedidosYa “lo que está buscando es hacerse de una porción mayor de la ganancia. Acá no hay problemas financieros. Uno ve los balances anuales de las filiales en América o de la propia matriz [Delivery Hero] y las cifras de facturación son gigantescas”. Luego, sobre los ataques al sindicato, añadió: “Tenemos la sospecha de que en realidad con la tercerización se querían sacar la organización sindical de encima. Nos llamó mucho la atención que la empresa pasó un listado de trabajadores a Xtenso (la nueva contratista) para empezar a hacer los llamados y casualmente no mandaron los nombres de los afiliados”.

Por su parte, Camila Lara, la presidenta de UTP, el sindicato de trabajadores de PedidosYa, ha señalado que desde hace un año la empresa viene llevando adelante un proceso de tercerización y precarización progresiva. El sindicato les ha exigido discutir la cuestión de las tercerizaciones progresivas durante 2023, pero desde la empresa nunca se accedió a discutirlo, y luego han decidido lanzar este golpe contra las y los trabajadores en blanco a inicios de año.

DespidosYa más allá de Uruguay: la misma receta de explotación y los mismos ataques contra la clase trabajadora

El sistema de transporte urbano llamado “Uber” dio lugar a un neologismo que da cuenta del fenómeno de las nuevas relaciones laborales. La “Uberizacion” del trabajo que imponen las patronales mediante aplicaciones digitales se viene extendiendo con fuerza en nuestra región desde fines del año 2015 y en la práctica implica en el despojo de los derechos conquistados, por la clase, en el siglo anterior.

Es importante señalar que esta política de tercerización no es endémica del Uruguay.  En el caso de la Argentina, son bien conocidas las prácticas de PedidosYa.

En mayo de 2018, ante el intento de organización de un conjunto de repartidores para enfrentar cálculos errados en los pagos por parte de la empresa en Argentina, que implicaban recortes concretos en los pagos a los repartidores, hubo una serie de despidos para atacar a las y los compañeros que se habían organizado.

Apenas meses después, como parte de una ofensiva contra la organización obrera y para quitarle mercado a competidores como Rappi y Glovo, que mayoritariamente contratan en negro sus trabajadores, iniciaron una oleada salvaje de despidos masivos, para salir de cientos de repartidores en blanco, es decir, repartidores que tenían contratos formales con beneficios por ley. Así, en diciembre de 2018 despidieron a 300, otros 300 en enero de 2019, la misma cantidad en febrero, y en marzo, 450 despedidos. Un ataque brutal a la masa laburante de la empresa, para derrotar los avances organizativos y precarizar el trabajo lo más posible, a fin de maximizar las ganancias. Prácticamente todos los despidos fueron sin causas legales (sin sanciones, sin amonestaciones ni apertura de los procedimientos correspondientes) y sin preaviso, así como los que han tenido lugar en Uruguay a principios de enero.

Justo antes de los despidos de febrero de 2019, la empresa había llevado a cabo el llamado Delivery Fest, una campaña de mercadeo durante un fin de semana del mes, en el que ofrece enormes descuentos – de hasta un 70% – en los precios de sus productos. Como consecuencia los pedidos se disparan y los repartidores deben sobre explotarse para cumplir con el trabajo. A fin de convencer a los repartidores de laburar como animales durante aquel fin de semana, la empresa les prometió un voucher como contrapartida por trabajar el doble o el triple de su jornada habitual. El lunes, como premio, sólo recibieron los correspondientes telegramas de despido.

Pero esta realidad, con sus grados y particularidades, no es ajena ni al Uruguay ni a la Argentina, sino a todos los países donde PedidosYa opera. No en vano, a finales de mayo de 2022, los repartidores de la empresa en Panamá llevaron a cabo una huelga con un petitorio de reivindicaciones entre las que estaban contempladas un aumento del ingreso, dotación de equipo y materiales de trabajo, seguro contra accidentes, en otras.

Amasar grandes fortunas a costa de la precarización, la sangre y la vida de las y los repartidores

Además de esta política de despidos y ataques, tanto DespidosYa, como el conjunto de empresas de delivery, promueven una precarización extrema de las condiciones de laburo: son las y los chabones los que ponen la nafta, los que deben reparar sus motocicletas si se dañan, comprar los repuestos, pagar por el internet que consumen en sus teléfonos para fines de atender los pedidos debidamente, etc. Además, en tanto trabajadores en negro, no cuentan con ingreso mínimo, ni seguridad social, o seguro contra accidentes. Todo esto genera un ambiente laboral en el que los repartidores se sobreexplotan y ponen sus vidas en riesgo en las calles para poder cumplir con los objetivos y levantar un nivel de ingreso que les permita -al menos en cierto grado y con muchas carencias- subsistir.

En Uruguay, fallecieron, en 2018, 215 repartidores en accidentes de tránsito. En el primer semestre de 2019 habían fallecido 90. Muchos de ellos no contaban con cascos apropiados. Si bien existe una cierta responsabilidad en el trabajador, se trata de la misma situación a la que son empujados tantos laburantes en el mundo: trabajar en condiciones arriesgadas o padecer hambre, poner la vida en riesgo o hundirse en la pobreza. Más allá de las responsabilidades individuales, el problema es el propio sistema capitalista. Más aún en una empresa en la que el trabajador debe encargase de prácticamente todos los costos de producción. Por ejemplo, muchos repartidores se contagiaron de COVID por verse obligados a laburar durante la pandemia.

Perspectivas para la lucha en Uruguay

Se trata de que la piedra que levantamos con tanto esfuerzo cuesta arriba no caiga de manera reiterada. Tanto la movilización como la lucha son necesarias, pero debemos ser claros: por más que tengamos una genuina voluntad de lucha, si no proyectamos una perspectiva de poder, siempre la piedra que elevamos cuesta arriba nos volverá, y reiteradamente retornaremos a comenzar una y otra vez.

Los y las compañeras de PedidosYa deben levantar la asamblea como instancia de definición de las medidas a seguir. Sin embargo, la lucha por mejores condiciones de trabajo y salario debe vincularse con la idea central de expropiar a los capitalistas y transformar la sociedad. Sabemos además que solos y solas como trabajadoras de una rama de servicios, podemos enfrentar a nuestros propios patrones, pero no podemos doblegar a las grandes patronales que controlan la economía del país y avanzan sobre nuestras condiciones de vida de la mano del gobierno. La lucha sindical debe ser combinada con la lucha política.

La UNIDAD del movimiento obrero organizado es necesaria para la lucha como el agua a la vida. Debemos coordinar una lucha de conjunto. Se vienen momentos extremadamente difíciles y los capitalistas en Uruguay, como en cualquier país de Latino América o el mundo, están multiplicando la ofensiva contra los laburantes. La lucha por echar abajo la nefasta reforma laboral de LaCalle Pou este año mediante el plebiscito, y por sacar a la derecha del gobierno en las elecciones, serán pasos adelante, pero quedarse solo allí seria a la larga arar en el mar. La lucha debe ser para echar abajo el régimen capitalista en su conjunto de forma definitiva.

Los Comunistas de la Corriente Socialista Militante CMI damos todo nuestro apoyo a los trabajadores y trabajadoras de PedidosYa. La lucha es contra el capitalismo y sus esbirros y plumíferos. Solo organizando la sociedad sobre bases Socialistas, dónde las palancas fundamentales de la economía estén en bajo control de los trabajadores, podremos definitivamente vivir una vida plena y digna.

Manos en la obra.