Venezuela: La economía nacional y el sabotaje de los capitalistas

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La guerra contra nuestro proceso revolucionario se sigue desarrollando a varios niveles o frentes. La recién finalizada Asamblea de la OEA es tan solo un episodio, una batalla en esta larga guerra y en donde las fuerzas del imperialismo han recibidounas cuantas derrotas, más no definitivas tal y como podemos apreciar en nuestro día a día.

El verdadero peligro que amenaza la revolución bolivariana

La guerra contra nuestro proceso revolucionario se sigue desarrollando a varios niveles o frentes. La recién finalizada Asamblea de la OEA es tan solo un episodio, una batalla en esta larga guerra y en donde las fuerzas del imperialismo han recibido unas cuantas derrotas, más no definitivas tal y como podemos apreciar en nuestro día a día.

Dentro de esos escenarios de guerra que el imperialismo y la burguesía nativa nos han impuesto tenemos hoy la continua campaña de agresiones desde el palacio de Nariño, con las acusaciones de ser retaguardia de la guerrilla colombiana y con la infiltración de paramilitares. Ahora también se empieza a decir con profusa difusión por los medios de comunicación, que Chávez está financiando a Evo Morales en Bolivia para desestabilizar el gobierno de dicho país.

Por un buen rato el gobierno del Tío Sam realizó toda una campaña para denunciar la política “armamentista” del gobierno de Chávez, por lo de la compra de 100.000 fusiles kalashnikov y unas fragatas para resguardar el mar territorial. Todo esto con el objetivo de justificar la aplicación de la “carta democrática” de la OEA.

Dentro del campo diplomático son múltiples los viajes de funcionarios del gobierno de Washington a países latinoamericanos para tratar de lograr un frente anti Chávez. Entre las últimas acciones del gobierno de Bush, está el recibimiento con carácter de alto funcionario de gobierno de María Corina Machado de SUMATE, cuando nunca ha querido recibir en las mismas condiciones ni siquiera al embajador de Venezuela. Con esta unción Bush le está enviando todo un mensaje a sus fuerzas en el país, vale decir empresarios y a políticos que lo secundan.

Todas estas acciones buscan debilitar las posiciones del gobierno venezolano en el plano internacional para facilitar una invasión cuando lo consideren pertinente y apuntalar a su desmoralizada y atomizada base social y organizaciones políticas que por todo lo que se puede prever se dirigen hacia otra, su más aplastante derrota electoral.

Estas batallas, que las podríamos agrupar en el plano de las políticas propagandísticas, han recibido respuesta por parte del gobierno y han quedado al descubierto sus intenciones.

Un segundo frente se desarrolla en el plano de la infiltración de paramilitares y de una cantidad considerable de agentes de la CIA y de otras agencias de inteligencia de diversos países imperialistas, que se desarrolla, teniendo como objetivo colocar hombres de su entera confianza para recabar la necesaria información y desarrollar toda su política desestabilizadora presente y futura.

Pero hay un frente de guerra que no recibe mucha publicidad como tal, siendo la respuesta aún débil para las necesidades. Ese frente es el económico y es en donde las fuerzas imperiales y de la burguesía vienen actuando coordinadamente y con bastante eficiencia. En este frente las fuerzas del empresariado cuentan además con muy buenos aliados dentro del propio gobierno y son aquellos que el propio Chávez ha denunciado como las fuerzas reformistas.

En este frente las fuerzas enemigas mantienen un despiadado ataque para sabotear la economía desde el sector de las inversiones, el del funcionamiento de las empresas, sobre todo las del Estado, y desde el sector del desarrollo de los planes económicos del propio gobierno.

En el plano de las inversiones las cifras aportadas por el propio Banco Central de Venezuela son elocuentes. Para el primer trimestre del año 1998, las inversiones directas en el país rondaron los 2.602 millones dólares, cuando para ese mismo período de este año 2005, las mismas alcanzan la cifra de 281 millones de dólares. Mas de 9 veces menos y debemos tomar en cuenta que la población ha seguido creciendo, así que la inversión por habitante es aún menor hoy, que la del año 1998.

El Producto Interno Bruto del país en el primer trimestre del año 1998 alcanzó 10,55 millones de dólares y para el primer trimestre de este año la cifra alcanzó los 10,61 millones de dólares, que si los dividimos por el número de habitantes, hoy producimos menos por habitante que en el año 1998.

Si partimos del hecho de que las inversiones del capital privado nacional y extranjero apenas alcanza el 10%, y aún menos, de la inversión global que se realiza en el País, nos podemos dar cuenta de que los empresarios no están invirtiendo ni siquiera para reponer el capital fijo y que su aporte en la generación de empleos es nulo por cuanto además de pobres, la mayor parte de esas inversiones la están realizando en el campo del petróleo, donde las inversiones son altas pero poco generadoras de puestos de trabajo.

Las inversiones del Estado han sido altas, poniendo a circular una gran masa de dinero, parte del cual en forma de becas salariales para los integrantes de las misiones, lo que ha sido básico para el crecimiento económico reflejado en las cifras de los organismos económicos. Ahora, como los empresarios prácticamente no han invertido y no quieren reactivar sus empresas, el aumento de la demanda ha tenido que ser cubierto con importaciones, las cuales, en bienes, han aumentado un 72% con respecto al primer trimestre de 1999 y un 54%, respecto al primer trimestre de 2004, las cuales saltaron de 3.187 a 4.969 millones de dólares. De todas estas importaciones las petroleras ocuparon en el año 2005 apenas 334 y las no petroleras 4.635.

En otra línea de acción, que golpea directa e inmediatamente a los sectores asalariados, está la de los aumentos de precios los cuales de acuerdo a informes del Banco Central de Venezuela, el promedio de aumento de precios de los productos controlados aumentó en el mes de mayo de 2005 un 1.1%, pero los alimentos son los que más contribuyeron con un aumento del 5.6% y equipamiento para el hogar un 4.8%.

Otro de los frentes es el del sabotaje económico dentro del propio gobierno el cual el propio Chávez denunció en un Aló Presidente, que había provocado, en la industria petrolera, una baja en la producción de 100.000 barriles diarios. Son las leyes del capitalismo y el sabotaje objetivo de los reformistas dentro del gobierno lo que explica que a pesar de que se han aumentado las inversiones para construir viviendas, cada vez se construyen menos. Las cifras son elocuentes, pues mientras en 1999 se invirtieron 459 miles de millones de bolívares para construir un total de 31.000 viviendas, en el 2003 se invirtieron 1,4 billones de bolívares, para construir un total de 4.668 vivienda. Tres veces más inversión para construir casi 7 veces menos.

Chávez denunciaba como uno de los factores para esta situación, a los precios especulativos del cemento, y siendo cierto, se trata una problemática más profunda y para resolverla tenemos que avanzar hacia el control de las palancas fundamentales de la economía.

La guerra económica, que hace de nuestro crecimiento económico, un crecimiento débil, distorsionado, tiene que ser enfrentada con mayor energía que la propagandística y la diplomática. Tenemos que discutir en cada centro de trabajo, estudio y donde vivimos como sacar del gobierno a los reformistas que sabotean las medidas positivas del gobierno, que torpedean e impiden nuestra participación en la toma de decisiones. Tenemos que reactivar las patrullas y las UBEs y convertirlas en centros de discusión democrática y motor de las movilizaciones que tenemos que desarrollar para hacer realidad las palabras del presidente Chávez de crear una economía al servicio del hombre y no de las cuentas de los grandes empresarios. Movilizarnos y luchar por derrotar de una vez por todas el sabotaje económico que vienen desarrollando los contrarrevolucionarios y que es el mayor peligro que hoy corre nuestra revolución. Que ellos con su política de desinversión, fuga de capitales y sabotaje provoquen a mediano plazo una situación económica intolerable para el pueblo.

Movilizarnos para expropiar a los empresarios golpistas y sacar del gobierno a los reformistas que vestidos con franela y boina roja frenan el proceso revolucionario, es una necesidad de primer orden.

Por el rescate de las industrias básicas y su puesta en funcionamiento bajo control obrero.

Por la nacionalización del sistema bancario bajo control obrero y social.

Por el no pago de la deuda externa y sus intereses.

Por la nacionalización de los empresas monopólicas de alimentos, vestido y calzado y su puesta en funcionamiento bajo control obrero.

Por la nacionalización del comercio exterior e interno, de todos los bienes y servicios.

Por el fortalecimiento de las UBEs como organismos motores de la participación y lucha por la revolución socialista.