Un mundo en convulsión, la importancia de la autoorganización obrera y la construcción del partido revolucionario

En la última semana, en los Estados Unidos estallaron multitudinarias manifestaciones, en las que jóvenes, trabajadores, hombres y mujeres, de todas las razas protestaban por la muerte de George Floyd, que fue asesinado brutalmente por cuatro policías racistas, mientras se encontraba desarmado, esposado y en el suelo.

Las manifestaciones estadounidenses tienen mucho en común con el Octubre Rojo latinoamericano, donde los pueblos de Chile, Haití, Honduras y Ecuador salieron a luchar por mejores condiciones de vida y defender sus derechos.

Las similitudes en estas manifestaciones están en la violencia y la firmeza de los que luchan, muestran que los trabajadores ya no soportan más la explotación y opresión, muestran la rabia y el descontento de personas que no son respetadas durante décadas y que han llevado sobre sus espaldas el peso de un sistema en crisis, un sistema que está cayendo en caída libre y que castiga cada vez más a los trabajadores. Ya sea en Chile, en Estados Unidos o incluso en Irán o Irak, vemos que la furia es la misma, el asesinato de George Floyd demostró, que, a la hora de luchar, para la clase obrera no hay raza ni color y lo violento es el sistema que nos explota y oprime diariamente.

El grito de George Floyd se escuchó en todo Estados Unidos y también en el mundo “no puedo respirar” “a la mierda con Trump”, y se convirtió en una bandera, y un canal para todo el pueblo americano que ha sufrido desde el comienzo de la crisis del sistema, tras el estallido de 2008.

Y ahora la situación de la clase obrera en los Estados Unidos es extremadamente complicada, el número de personas desempleadas según el departamento de trabajo de EEUU es de 41 millones y también hay un 39% de trabajadores con bajos salarios, que ganan menos de USD49.000 al año, sin mencionar que la tasa de desempleo en abril fue del 14,7%, la más alta desde la gran depresión de los años ‘30.

También se observa que el mayor número de personas infectadas y muertas por el COVID-19 en los Estados Unidos son negros y latinos, personas que no tienen acceso a un seguro médico privado y que no pueden recurrir a la atención médica necesaria porque no pueden pagarla.

No sólo en Estados Unidos la policía mata y tortura, la realidad es la misma en Brasil donde la policía mató sólo en el año 2019, 17 veces más el número de negros que la policía Estadounidense mató en el mismo año, y también es la realidad aquí en Argentina donde en la provincia del Chaco, la policía atacó violentamente a una familia de la etnia Qom, los torturó y les tiró alcohol a los miembros de la familia, amenazándolos con prender fuego, con la el justificativo que el padre de la familia que estaba saliendo a trabajar violó la cuarentena.

En tiempos de extrema crisis económica del sistema capitalista, las demandas progresistas como el fin de la violencia policial o la extensión de la ayuda de emergencia o las luchas por mejores salarios y el pleno empleo deben tener un carácter revolucionario. 

Luchar contra el sistema capitalista es también defender la vida. Por eso es tan importante hablar de la lucha de los trabajadores argentinos en este momento de crisis sanitaria y de una nueva recesión mundial.

Dado que la Argentina sufre una de las tasas de desempleo más altas de la historia, según El Cronista, se espera que se pierdan 450.000 puestos de trabajo durante la pandemia, en, y en los cuatro rincones del país es posible encontrar ejemplos de empresas que despiden, no pagan los salarios y precarizan el trabajo.

Los despidos, suspensiones y adeudamiento de salarios son una realidad frecuente en Argentina, en el mes de abril, por ejemplo, los trabajadores de Bedtime, una fábrica de colchones ubicada en la localidad de Tigre en la provincia de Buenos aires, tomaron de la fábrica para exigir el pago de sus salarios atrasados desde hace meses, y este no es el único ejemplo de la lucha de los trabajadores.

En Rosario los trabajadores de las empresas de reparto como «Pedidos ya», «Rappi» y «Glovo» se han estado organizando para exigir mejores condiciones de trabajo y también para exigir la regularización de sus contratos de trabajo, también en Rosario los choferes de colectivos estuvieron en un paro por casi 20 días exigiendo el pago del salario del mes de abril que estaba atrasado. También en la ciudad de Córdoba hubo manifestaciones multitudinarias de trabajadores de la salud, que salieron a las calles con el lema «Ni héroes, ni asesinos, somos médicos».

Vivimos en un momento de cambio de conciencia, un momento en el que la gente se da cuenta de que el sistema capitalista no trae nada bueno. Por eso es tan importante hablar de autoorganización obrera, los trabajadores en varias partes del mundo están dispuestos a luchar y defender sus derechos.

La izquierda debe estar al lado de estos trabajadores dispuestos a luchar, debe construir un programa de lucha centrado en las necesidades de los miles de trabajadores que hoy no sólo luchan por defender sus empleos, sino también por defender sus vidas.

 Por eso se necesita una izquierda combativa, capaz de llevar a cabo las tareas de la vanguardia de la clase obrera. Más que levantar banderas y consignas como «abajo el estado fascista de Bolsonaro» y hacer manifestaciones sólo movilizando al aparato y poniendo en riesgo la vida de los militantes o sacar fotos en frente del obelisco.

El sustituismo es una práctica política que pretende suplantar a la acción consciente de la clase trabajadora por parte de un pequeño grupo de dirigentes. En este caso lo que se busca es tener un impacto mediático para posicionarse electoralmente, lo que es una muestra más de la desviación electoral de estos dirigentes.

Esta desviación electoral, producto de haber diluido el programa revolucionario, quedo claramente expresada en la “jornada de lucha” del 16 de junio impulsada por “Plenario del Sindicalismo Combativo” que no conto con ninguna instancia de deliberación real con la clase que es sustituida por activistas.

Las banderas en las “jornadas de lucha” que dan cuenta de la presencia de fábricas en las que los obreros de las mismas no están enterados de que están siendo “representados” expresan el mismo problema. Es un ejemplo rotundo de esto la actitud del Partido Obrero oficial, que forma parte de la comisión interna, en ocasión de una movilización al puente Pueyrredón en solidaridad con los trabajadores del frigorífico El Penta concurrieron a la misma con una amplia bandera de «los gráficos de Morvillo» sin que los trabajadores de la fábrica gráfica estuvieran al tanto de la actividad, sin que se haya discutido en asamblea la necesidad de organizarse y participar de la misma.

Estar con los trabajadores de las fábricas ocupadas, paros y huelgas. Promover asambleas y organizarlos en torno a un plan de lucha. La lucha económica tiene que transformarse en una lucha política, una lucha por la emancipación de toda la clase, que aumente la conciencia de los trabajadores y les enseñe sobre qué base es mejor organizarse.

Hay que desarrollar un programa de lucha que firme las bases teóricas y prácticas para la construcción de un partido de izquierda verdaderamente revolucionario, que vincule las reivindicaciones transitorias de las masas, como las reivindicaciones de pago de salarios o de seguridad laboral, con las necesidades de la revolución socialista.

La vida política de una organización revolucionaria no debe girar alrededor de las actividades parlamentarias. El Parlamento no debe ser entendido como un fin, es tan solo un medio para la propaganda revolucionaria.  Debe ser usado para defender las políticas y derechos conquistados por la lucha y la movilización de los de abajo, la clase obrera y la juventud en su lucha muchas veces logran imponer al parlamento leyes que favorecen a los explorados. Por último, también debe ser visto como una tribuna de denuncias de las injusticias cometidas por el Estado de los capitalistas, los atropellos de los empresarios y los políticos que concilian intereses que son antagónicos e irreconciliables.

Por último, los dirigentes reformistas y traidores que son conciliadores de clase deben ser removidos de las filas de los partidos de izquierda, o si no deben ser convencidos de las ideas y tareas necesarias para desarrollar la lucha de la clase obrera.  Si deben tomar las mejores lecciones de la lucha de clases, para construir finalmente un partido revolucionario capaz de organizar la vanguardia de la clase obrera y dirigir a las masas hacia el Socialismo.