Un llamamiento a la discusión racional

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En los tres artículos que Luis Oviedo ha escrito en respuesta a mi artículo publicado el 7 de enero ha planteado una serie de temas muy importantes. Estas cuestiones merecen una consideración muy cuidadosa por parte de los marxistas de Gran Bretaña, Argentina e internacionalmente. Sin embargo, para clarificar las cuestiones planteadas y formar a los cuadros (que debería ser el objetivo de toda polémica) es necesario evitar el lenguaje acalorado, las distorsiones y los ataques personales que sólo sirven para desviar la atención de las cuestiones políticas. Esta forma de abordar la cuestión, en lugar de clarificar las cosas, sólo servirá para confundirlas.

Es mucho mejor tener un debate tranquilo y razonable, donde todas las diferencias políticas se planteen claramente. Cualquier que vea nuestra página web verá inmediatamente que este es nuestro método habitual. Deberíamos recordar a Luis Oviedo que cuando entablamos el primer diálogo con el PO (o intentamos hacerlo) nuestro tono fue bastante amistoso. Desgraciadamente, el tono adoptado por Luis Oviedo en sus últimos artículos no corresponde a un tono que se preste a un intercambio honesto de puntos de vista.

En el subtítulo de la introducción a mi artículo Sobre la consigna de la asamblea constituyente: ¿se puede aplicar en Argentina?, hay un apartado llamado Sobre las tácticas revolucionarias en Argentina: la necesidad del diálogo, donde podemos leer lo siguiente:

“Somos conscientes del papel que los trotskistas argentinos han jugado en el movimiento, y sobra decir que celebraremos su éxito como si fuera el nuestro.

El papel del PO en el proceso obviamente es un elemento significativo en la ecuación, y lo seguimos con gran interés. Estamos de acuerdo con muchos puntos del programa que defiende el PO. Sin embargo, creemos que debemos clarificar algunas cuestiones, en particular la consigna de la asamblea constituyente.

Evidentemente, es importante que no exageremos las diferencias y que eliminemos las malas interpretaciones”.

Todo el artículo estaba escrito en el mismo tono amistoso. Si hay alguna duda sobre esto, el lector sólo tiene que recurrir al artículo original.

Más tarde escribimos artículos sobre la consigna de la AC donde advertíamos que esta consigna podría tener consecuencias desastrosas para la revolución. Recibí varios correos electrónicos, todos ellos comentando favorablemente sobre el tono amistoso y compañero de mi crítica.

Nunca hemos llamado contrarrevolucionarios a los dirigentes del PO. Nunca hemos puesto en duda su sinceridad personal o su dedicación a la causa del socialismo. Consideramos que ellos han cometido un error, eso es todo. Todo el mundo tiene derecho a equivocarse. Pero una dirección marxista revolucionaria debe tener la suficiente confianza en sí misma para responder a las críticas con argumentos razonados y no con un torrente de insultos.

Decimos esto no porque estemos preocupados por estos insultos. El autor de este escrito ha pasado los últimos cuarenta y tres años luchando contra el capitalismo, el imperialismo y la reacción. Tengo experiencia personal en la lucha clandestina contra la dictadura de Franco en el Estado español, estaba en Chile en el período más duro de la reacción de Pinochet y en la URSS en el periodo del totalitarismo estalinista. Por lo tanto, no es probable que me moleste por unos cuantos insultos estúpidos. Pero como marxista, considero que es inmoral intentar evitar una discusión seria creando una cortina de humo de confusión. Nadie puede aprender nada con este tipo de “debate”.

Luis Oviedo es uno de los principales teóricos del PO. Sin embargo, su forma de abordar la discusión política sugiere que los dirigentes de PO temen la discusión de ideas. Parecen estar preocupados principalmente por el prestigio y mantener el sentido de infalibilidad de la dirección. Se han ofendido con nuestras críticas. Esta es una mala manera de abordar las cuestiones políticas. Cuando uno comete un error es necesario reconocerlo honestamente, analizarlo y corregirlo. Si la dirección no es honesta con sus errores, entonces maleducará a la militancia y preparará el camino para errores más grandes en el futuro.

Cuando escribí el artículo sobre Bolivia, dije que el contenido de la consigna de la AC era contrarrevolucionario. ¿Qué significaba esto? No que los defensores de esta consigna fueran en sí mismos contrarrevolucionarios (es posible que una persona honesta cometa errores) sino que la consigna de la Asamblea Constituyente en determinadas circunstancias puede ser utilizada como una cobertura para la contrarrevolución con forma democrática. En el caso de Bolivia, esta consigna ahora es apoyada por Evo Morales y por todos los políticos burgueses. Incluso el representante del Banco Mundia en Bolivia apoya esta consigna. Bolpress, el 13 de febrero de 2004, informa:

“Un estudio elaborado por el Banco Mundial señala que existe la posibilidad que el presidente, Carlos Mesa, no culmine su mandato constitucional fijado hasta el 2007, aunque destaca que su gran potencialidad radica en su agenda política que contempla la Asamblea Constituyente, el nuevo acuerdo del gas y la Ley de Hidrocarburos.”

Está claro para todos que las fuerzas de la contrarrevolución en Bolivia ahora están agrupándose alrededor de la consigna de la asamblea constituyente –claro para todos, excepto para los dirigentes del PO–.

¿Cómo respondieron los dirigentes del PO a una crítica política razonable? Luis Oviedo publicó un artículo titulado La política contrarrevolucionaria de Socialist Appeal. En lugar de respondernos políticamente, han lanzado un aluvión de insultos, planteando todo tipo de cuestión imaginable y algunas bastante inimaginables  . Pero no han respondido a ninguno de los puntos que nosotros hemos planteado.

¿Por qué el compañero Oviedo lanza un ataque tan furioso contra nosotros? ¿Por qué plantea la cuestión de Las Malvinas (donde demuestra que no comprende nuestra postura), Irlanda (que comprende mucho menos) y otros cientos de cuestiones? Sólo para crear una cortina de humo, para confundir la cuestión y evitar una discusión honesta de la política equivocada del PO con relación a la Asamblea Constituyente.

Estos ataques sin precedentes fueron publicados en la página web del PO tanto en inglés como en castellano. Por lo tanto era inevitable que respondiéramos, y que la respuesta fuera dura. Luis Oviedo ahora se queja de que se le llama mentiroso y falsificador. Pero él debería tener más cuidado cuando cita los escritos de sus oponentes. El compañero Oviedo realmente no tiene derecho a quejarse del tono de la respuesta que, en esas circunstancias, era muy contenida. En cualquier caso, creo que los militantes del PO que están interesados en la esencia de las diferencias políticas serán capaces de ignorar la forma y sabrán penetrar en el contenido.

Además de distorsionar sistemáticamente nuestra posición, se permite la libertad de utilizar los insultos más groseros posibles. Esa es siempre la forma con las almas sensibles. Se reservan el derecho a calumniar e insultar a todo aquel que no esté de acuerdo con ellos, mientras protestan en voz alta cuando aquellos a los que atacan se atreven a responder. Por nuestra parte no nos importan sus insultos. Al fin y al cabo, el Partido Bolchevique era “la escuela de los golpes duros”.

Notas preliminares

Hay que admitir una cosa: de los escritos de Luis Oviedo siempre se aprende algo nuevo. Del artículo al que respondí el pasado mes de diciembre aprendí que yo era un contrarrevolucionario. En sus últimos artículos, cuyo propósito es responder a mi respuesta, descubro que no sólo soy un contrarrevolucionario sino también un monárquico, un belicista, un colonialista y un imperialista. Además, parece que en mi tiempo libre tengo la costumbre de desfilar arriba y abajo por las calles de Londres, envuelto en una bandera británica gritando: “¡Argentinos fuera!” Estoy agradecido a Luis por aclararme esto ya que, sin leer sus artículos, nunca habría aprendido estas cosas sobre mí mismo.

Por el tono indignante de su respuesta temo que el compañero Oviedo se ha ofendido por algunas de las cosas que yo escribí. Lo siento mucho, me gustaría que fuésemos amigos y que nos comprendiéramos. Si mi artículo le ha producido alguna molestia, pido disculpas sin reserva. Espero que esto permitirá a Luis Oviedo dejar de protestar y responder a algunos de los puntos que yo he planteado.

Luis se queja reiteradamente de la longitud de mi respuesta, e incluso ha utilizado una función de su ordenador para contar el número de caracteres. Esto me recuerda al monarca austriaco que se quejaba de que la música de Mozart contenía demasiadas notas. Luis opina que mi respuesta tiene demasiadas palabras (y muchas, demasiadas, citas). No obstante, no se puede tratar seriamente de cuestiones complejas en unas cuantas frases, en las cuales el argumento racional es sustituido por distorsiones e insultos. ¡Este método realmente no es muy científico aunque al menos nunca es aburrido!

Los propios artículos de Luis no sufren de ninguno de estos defectos. Son cortos y van directamente al grano ¾ y el grano es demostrar que Alan Woods es un imperialista contrarrevolucionario y en general un hombre malo con quien toda persona respetable no debería tener nada que ver ¾ . Su texto no atestado con citas, ¿por qué molestarse en demostrar cosas que son tan evidentes? Es suficiente que estas afirmaciones sean hechas ex cathedra ¾ desde las páginas de Prensa Obrera ¾ . Esto les da aproximadamente el mismo peso que una excomunión pronunciada por el Papa de Roma. Y aquí acaba la cosa. Este parece ser el método habitual con el que los dirigentes del PO despachan las críticas, tanto fuera como dentro del partido.

Por nuestra parte, nos daría mucha pena dejar las cosas así y dañar una amistad tan prometedora. Los militantes del PO y de todos los demás partidos están interesados en ver un debate serio sobre las cuestiones tan importantes planteadas por el compañero Oviedo. Y es imposible un debate serio si alguna de las partes insiste en falsificar las ideas de los oponentes. Eso es lo que yo critiqué a Luis Oviedo en mi último artículo. Él se ha ofendido con la crítica, pero en lugar de rectificar, ha repetido las distorsiones y añadido unas cuantas más de regalo. Para establecer los hechos y eliminar algo de confusión, no tengo otra alternativa, muy a mi pesar, que responder ampliamente. Por mas INRI me veo en la obligación de añadir algunas citas más.

No sé por qué el compañero Oviedo se queja de esto. Una polémica seria necesariamente tiene cierta extensión. En primer lugar, es necesario citar con precisión y en detalle al oponente. También es necesario demostrar las posiciones clásicas del marxismo, y esto también requiere citas largas. Comprendo que este hábito mío no le agrada demasiado a Luis, él es un hombre ocupado y no tiene tiempo para proporcionar citas o datos que respalden sus argumentos. Espera que los militantes del PO confíen totalmente en su palabra. Pero creo que siempre es mejor demostrar lo que se está diciendo, aunque sea largo.

Por lo que escribe Luis, no sólo es evidente que no ha comprendido ni una sola palabra de lo que hemos escrito, ni siquiera ha leído los escritos que tan duramente critica. Así, pues, me permito darle a mi amigo Luis un buen consejo: si deseas comprender lo que estoy intentando decir, por favor, tómate la molestia de leer lo que escribo. ¡Esa es una excelente manera de mejorar tu comprensión!

El objetivo de una polémica entre marxistas, como he señalado, no es marcar puntos en un debate, sino elevar el nivel político de los cuadros. Esa es mi única intención al responder al compañero Luis. Así que una vez más, me temo que habrá “demasiadas notas” para su gusto. ¿Qué vamos a hacer? Me gustaría complacer a Oviedo pero también estoy obligado a prestar algo de atención a los hechos.

“Árabes y turcos”

En sus tres artículos Luis no ha clarificado ninguna de las cuestiones que he planteado, sino que sólo introduce nuevos elementos de confusión. No gastaré demasiado tiempo en tratar los numerosos argumentos secundarios planteados por el compañero Oviedo. Pero hay un detalle que no puedo omitir. El título del primer artículo de Luis es algo extraño: Un árabe que ha perdido su camino. En realidad, no soy árabe sino un galés de nacimiento y un internacionalista proletario por convicción. De ninguna manera he perdido mi camino, sino que permanezco firmemente en el terreno del marxismo revolucionario.

Se me hace difícil entender las referencias de Luis a los árabes y los turcos. Los árabes y los turcos que yo conozco son muy amables, hospitalarios y un pueblo culto, con una civilización y una literatura muy rica. Utilizar “árabe” y “turco” para ridiculizar, me parece revelar una mentalidad que en absoluto tiene que ver con el internacionalismo proletario. Si la intención es hacer un chiste, entonces es un chiste de muy mal gusto. En el mejor de los casos se puede decir que huele a estrechez nacional. Este no es el único ejemplo de esta parcialidad nacionalista, como podremos ver.

Evidentemente, la confusión sobre mi condición nacional procede de la frase que sirvió de prefacio a mi último artículo y que es un viejo proverbio árabe: “Los perros ladran, por lo tanto la caravana se mueve”. Luis Oviedo se queja de que este no es un proverbio árabe, sino que está tomado de las páginas de Don Quijote. ¡Evidentemente una persona que no distingue a Quijote de los árabes no es digna de confianza! En realidad estoy bastante familiarizado con la obra maestra de Cervantes que, por casualidad, he releído no hace mucho. La cita en la que está pensando mi amigo es (en castellano): “Ladran, luego cabalgamos”, que no es exactamente la misma cita que yo utilizo. La realidad es que Cervantes estaba parafraseando un proverbio árabe.

Cervantes conocía muy bien a los árabes y a los turcos, fue capturado en la batalla de Lepanto y durante algunos años sirvió en un galeote mandado por árabes. A pesar de esta experiencia, siempre tuvo un gran respeto por la cultura de estos pueblos. Incluso dicen que la historia del Quijote fue escrita por un árabe. Hasta ese momento, en realidad, los árabes tenían un mayor nivel cultural que los españoles cristianos, y su poesía, literatura y (¿cómo no?) sus proverbios, tuvieron una profunda influencia sobre la literatura española. Luis Oviedo no parece saber esto. Pero hay tantas cosas que no sabe que esto no tiene por qué sorprendernos.

También escribe que: “más que un árabe en una caravana, él [AW] es como un turco en la neblina”. Después de haber estado en varias ocasiones en Estambul, puedo asegurar a Luis Oviedo que allí no hay mucha neblina. Y, contrariamente a la creencia general, tampoco hay mucha niebla hoy en día en Londres (ya que Thatcher cerró la industria). La única niebla que hay es la que se encuentra en el cerebro de Luis. Haremos todo lo que podamos para ayudarle a despejarla.

Las tareas inmediatas de la revolución boliviana

El contenido de la primera parte de la trilogía de Oviedo es incluso más extraña que esto. Su artículo titulado Woods confirma a Prensa Obrera es simplemente una repetición de las anteriores acusaciones sobre nuestro supuesto servil “seguimiento de los dirigentes actuales”. Esta ridícula acusación ya fue respondida en detalle en mi artículo anterior y no creo que sea necesario añadir nada a lo que escribí en él. Sugiero que alguien que tenga en esta cuestión una duda razonable lea el material de nuestra página web. Rápidamente se convencerá de que esta acusación no tiene absolutamente ningún fundamento.

Oviedo dice: “A pesar de la extensión de su ‘Respuesta”, plagada de largas citas, obviedades, insultos y expresiones descalificadores contra Oviedo y la dirección del PO, Woods oculta el hecho central: la COB defendió la ‘salida constitucional’ y el reemplazo de Sánchez de Lozada por su vicepresidente Mesa. Al igual que Morales y Quispe. Por eso denunciamos la posición de Woods de que la dirección de la COB jugó ‘un papel muy positivo’”.

No repetiremos aquí lo que dijimos en el último artículo, simplemente reiteraremos que no hay una palabra de verdad en la acusación de que nosotros apoyamos acríticamente a la dirección de la COB. Para subrayar este punto tenemos un par de citas de artículos recientes publicados en nuestra página web:

“Al final de la reunión de la COB, su secretario general hizo una visita al nuevo presidente. Pero en lugar de adoptar una postura de firmeza y exigir al gobierno el cumplimiento inmediato del pliego de reivindicaciones en un plazo de tiempo determinado y declarar su total desconfianza en el nuevo gobierno, Solares adoptó una política conciliadora”. (“Bolivia: primer balance de la insurrección. Faltó un partido revolucionario”. Jorge Martín. 20/10/2003).

“Esta posición es realmente escandalosa y no puede más que confundir y desorientar a las masas. Por suerte estas han tenido hasta el momento un instinto mucho más certero que el de sus dirigentes. ¿Cómo se puede esperar que Carlos Mesa cree fuentes de trabajo y bienestar para el pueblo? Eso sólo se puede conseguir con la abolición del capitalismo cosa que Mesa nunca va a llevar a cabo. No se trata de “buena fe”, sino más bien de la crisis del capitalismo boliviano que le obliga a mantener los privilegios de la clase dominante mediante ataques cada vez más salvajes contra el bienestar de obreros y campesinos”. (Ibíd., el subrayado es nuestro).

¿Dónde está el apoyo acrítico que según Oviedo nosotros damos a los dirigentes de la COB? Pero antes de decir algo más debemos ver qué postura están realmente defendiendo aquí y ahora los dirigentes de la COB. En su último artículo el compañero Jorge Martín escribe lo siguiente:

“Ya el 30 de diciembre, el directivo de la COB de El Alto, Roberto de La Cruz ‘cuestionó el incumplimiento del actual gobierno a las demandas del pueblo realizadas en octubre pasado y exigió el cierre del parlamento’. (Bolpress, 30/12/03). Así mismo, el máximo dirigente de la COB, Jaime Solares, dirigiéndose al Congreso Ordinario de la Central Obrera Departamental de Potosí, anunció una declaración de guerra al gobierno de Mesa. Ante los delegados allí reunidos el 14 de enero, Solares hizo un llamamiento a ‘huelgas, bloqueos y otras medidas que paralicen el aparato productivo del país para pelear contra el gobierno que sólo acata las recetas económicas de Estados Unidos’ y añadió que ‘la teoría de la revolución se pondrá en la práctica con el camino a la insurrección’. Según la misma cita recogida en Econoticiasbolivia.com el 15 de enero, Solares señaló ‘que la oligarquía debe caer para que el pueblo tome el poder’.

Todas estas tomas de decisión, que sin duda reflejan la presión y la creciente impaciencia de obreros y campesinos, fueron preparando las decisiones del ampliado nacional de la COB del jueves 22 de enero”. (Bolivia se encamina hacia una tercera insurrección. Jorge Martín. 29/1/2004).

“Está claro que aunque todavía existe cierta confusión en cuanto a la reivindicación de la Asamblea Constituyente, las organizaciones obreras claramente se oponen a esta maniobra de la burguesía, cuando plantean la Asamblea Popular como alternativa. Al mismo tiempo, el llamado a cerrar el parlamento tiene un carácter de clase y anticapitalista claro. Así Solares declaró que “la asamblea constituyente no va a resolver la crisis económica y social, en tanto se mantenga la actual estructura capitalista” y añadió que “el capitalismo en el mundo no puede mantenerse sin guerras, sin corrupción y sin mentiras, mientras que en Bolivia, este modelo ha destrozado la economía nacional”. Roberto de la Cruz por su parte dijo que: “el pueblo quiere un poder legislativo que exprese la verdadera democracia participativa y cerrar el actual parlamento burgués que no quiere hacer cambios estructurales y que defiende una democracia ficticia”. (Bolpress, 26/1/04)”. (Ibíd.,)

Dejemos a un lado de momento la cuestión de cuán lejos llegarán los dirigentes de la COB con su amenaza y hasta qué punto sus acciones se corresponderán con sus palabras, sólo diremos esto: que a pesar de determinados elementos de confusión, la posición defendida públicamente por los dirigentes de la COB es cien veces más correcta que la reivindicación del PO de la asamblea constituyente. Mientras tanto, toda tendencia debe definir inmediatamente su actitud hacia las tareas prácticas planteadas por la lucha de clases en Bolivia.

Debemos hacer una pregunta directa al compañero Luis. ¿Eres consciente de que la COB ha convocado una huelga general indefinida? Si no lo sabes te lo decimos nosotros. Además, te hacemos otra pregunta directa: ¿Qué postura tiene el PO con relación a esto? ¿Apoyáis o no la huelga general convocada por los dirigentes de la COB? ¿Consideráis o no que se trata de un acontecimiento positivo?

¡Luis Oviedo y los dirigentes del PO todavía están convencidos de que los dirigentes de la COB sólo convocan huelgas generales para traicionarlas! Para ellos no existe la posibilidad de que, en determinadas circunstancias, los dirigentes sindicales puedan ser empujados por la presión de las masas. Repiten mecánicamente tantas veces “los dirigentes siempre traicionan” que cuando los dirigentes realmente convocan una acción se quedan con la boca abierta. Es decir, no tienen la más mínima idea de cómo funciona el movimiento real de los trabajadores. Por lo tanto, nunca serán capaces de intervenir en él.

Pero las cosas van de mal en peor cuando el compañero Oviedo me acusa de apoyar no sólo a los dirigentes de la COB, sino también a Mesa: “Los dirigentes de la COB celebraron la asunción de Mesa como un ‘triunfo popular’ (Woods también lo celebra)…”. (Woods confirma a Prensa Obrera. Luis Oviedo. 29/1/2004).

¿Dónde y de qué forma hemos “celebrado” la llegada al poder del burgués Mesa? Luis Oviedo hace de nuevo una acusación escandalosa sin una sola evidencia o cita que lo demuestre. Cualquiera que lea nuestro artículo verá inmediatamente que es una mentira estúpida. Esto es lo que nosotros realmente decimos: “El derrocamiento de Lozada fue el primer gran éxito de la revolución boliviana. Pero es demasiado pronto para gritar victoria. Las tareas más importantes de la revolución no se han conseguido. Las batallas más importantes se producirán en el futuro (…)

Pero el ejército del proletariado no debe retirarse. La guerra no ha terminado. ¡Sólo acaba de comenzar! Para garantizar el cumplimiento de las demandas más apremiantes de las masas es necesario preparar otra huelga general, una huelga que ponga en el orden del día, no el derrocamiento del presidente, sino el derrocamiento de la corrupta y reaccionaria oligarquía boliviana que está bloqueando el camino al progreso”. (Bolivia: la clave de la revolución andina. Alan Woods y Jorge Martín. 6/11/2003).

¿Cuál fue nuestra actitud hacia Mesa? Luis Oviedo dice que celebramos su llegada al poder. De hecho, lo que celebramos fue el derrocamiento de Lozada por parte de las masas. Pero, ¿acaso “celebramos” la llegada de Mesa al poder, como el compañero Oviedo alega? Esto fue lo que escribimos:

“A pesar de este cambio cosmético, no existe diferencia real entre Mesa y Lozada. Es similar a una retirada táctica en la guerra. Como la primera línea de defensa ha sido barrida por las masas, Mesa ha tenido que retirarse a la segunda línea de defensa, dirigirse a las masas y prometer —sobre todo eso: promesas y más promesas — el sol, la luna y las estrellas, con una condición: que las masas abandonen las calles y regresen a casa, que se restaure la “normalidad”, que vuelvan a reinar la “ley y el orden”. Cuando el movimiento haya amainado, entonces la oligarquía podrá pasar a la ofensiva y dar marcha atrás en todas las concesiones”. (Ibíd.,)

¿No está claro? Nosotros dijimos que no existe una diferencia real entre Mesa y Lozada. Dijimos que, al empujar a Mesa al poder, la burguesía sólo estaba haciendo una retirada táctica y que Mesa representaba una segunda línea de defensa para la clase dominante. Advertimos a las masas de que no solucionaría nada y que debían preparar otra huelga general, no sólo para el derrocamiento de Mesa, sino para tomar el poder y transformar la sociedad. Luis considera todo esto como una celebración de Mesa, pero yo tengo muchas dudas de que el señor Mesa sea de la misma opinión.

Ya hemos explicado que el apoyo crítico a los dirigentes de la COB, cuando estos últimos estaban convocado una huelga general, realmente no significaba en absoluto un apoyo acrítico. Los marxistas bolivianos en todo momento deben mantener su independencia política y organizativa. Pero esta explicación no es suficiente para Oviedo. ¡Pide que gritemos desde los tejados que la COB es contrarrevolucionaria! Esto es lo que él escribe:

“A las masas hay que decirles la verdad. No mentirles como lo hace Woods. Se trata de algo tan elemental que no requiere citas ni de 1848 ni de 1932 [Luis, como ya sabemos, es alérgico a las citas]. El PO les dice a las masas: la política de la dirección de la COB fue contrarrevolucionaria”. (Woods confirma a Prensa Obrera. Luis Oviedo. 29/1/2004).

Así que la dirección del PO sugiere lo siguiente a los marxistas de Bolivia: Debéis poneros inmediatamente ante la clase obrera de Bolivia e informarla de que los dirigentes de la COB son contrarrevolucionarios. Debeis hacer esto precisamente en el momento en que estos mismos dirigentes están convocando una huelga general indefinida, con bloqueos de carreteras e incluso exigiendo la disolución del parlamento burgués y su sustitución por una asamblea popular.

La reunión nacional ampliada de la Confederación Sindical Boliviana (COB), celebrada en Cochabamba el 22 de enero, decidió convocar en veinte días una huelga general indefinida con bloqueos de carreteras si el gobierno Mesa no cumple las reivindicaciones de la insurrección de octubre y continua con sus anunciadas medidas de austeridad. La reunión de la COB “terminó con la decisión de tomar el poder con la disolución del parlamento”. (El Diario, 3/1/2004). Esta decisión supone el final de la tregua dada por los dirigentes obreros y campesinos al gobierno de Carlos Mesa, que llegó al poder después del derrocamiento de Sánchez de Lozada a través de una huelga general insurreccional en octubre del año pasado.

En una reunión celebrada en los locales de la Federación de Profesores Urbanos en La Paz y que duró más de diez horas, la COB declaró la “guerra contra el gobierno”. El sindicato de trabajadores decidió “declarar el estado nacional de emergencia en todo el país, para establecer y preparar una huelga indefinida con movilizaciones (que será llevada a cabo dentro de veinte días), para preparar las bases para definir la estrategia y las medidas para presionar al gobierno, y crear un frente político de lucha contra el gobierno”. (Econoticiasbolivia.com 23/1/2004). A las reivindicaciones ya planteadas al gobierno el pasado mes de octubre ahora añaden la “refundación de Comibol y el YPFB [las antiguas empresas mineras y petroleras propiedad del estado] bajo el control de los trabajadores”. (La Razón. 24/1/2004).

El compañero Oviedo nos recordará que son sólo palabras. Sí, por supuesto, son sólo palabras. Pero entonces nosotros deberíamos exigir que estas palabras inmediatamente se traduzcan en hechos. En lugar de hacer lo que se debería hacer, es decir, apoyar enérgicamente la reivindicación de la COB de una huelga general, bloqueos de carreteras, etc., y hacer todo lo que esté en su poder para llevar esto a efecto, ¡los dirigentes del PO recomiendan a sus seguidores en Bolivia que ataquen a los dirigentes de la COB y les acusen de contrarrevolucionarios!

La suma total de esta sabiduría se puede resumir en una sola frase: hay que denunciar constantemente a todas las demás tendencias como traidoras y contrarrevolucionarias, veinticuatro horas al día, siete días a la semana y cincuenta y dos semanas al año. Esta tarea se debe cumplir regularmente, gritándolo a los cuatro vientos. ¡Entonces se construirá el partido revolucionario de masas! Estos métodos no son nuevos. Son tan viejos como las montañas. Representan la suma total de la sabiduría de las sectas, como las ideas de los comunistas de izquierda que tan duramente criticó Lenin y, más todavía, tienen un parecido con la locura del Tercer Período de los estalinistas, que Trotsky condenó.

Estos métodos en cualquier país nos alejarían completamente de las masas. Nos condenaría a la impotencia y al aislamiento de la vanguardia proletaria. Pero para los dirigentes del PO se trata del pináculo de la política revolucionaria. Para estas personas los escritos de Lenin y Trotsky son como un libro cerrado con siete llaves. Ante estas personas uno sólo puede suspirar y encogerse de hombros. Como dice la Biblia: “un loco regresa a su locura igual que un perro regresa a su vómito”. (Proverbios, xxvi. Ii).

¿Cuál es el propósito de esta denuncia de la COB? Sólo apartar la atención de los lectores de la cuestión central, la consigna de la Asamblea Constituyente. Sobra decir que no aceptamos ninguna responsabilidad por la política y la conducta de los dirigentes de la COB. La tendencia marxista siempre debe mantener su línea política independiente. Nuestra postura con relación a las tareas de la revolución boliviana son bien conocidas. Defendemos la revolución socialista y el poder obrero. No hay nada ambiguo en esto. Desgraciadamente no se puede decir lo mismo de la posición del PO.

La idea de que los dirigentes sindicales reformistas nunca pueden expresar las aspiraciones de los trabajadores es puro formalismo. Las organizaciones de masas por su propia naturaleza están bajo la presión de las masas. Es verdad que las capas superiores expresan más fielmente la presión de la burguesía. Pero en una situación en que las masas están movilizándose para la lucha, los dirigentes (incluso los más burocráticos y más derechistas) sufren la presión de los trabajadores y comienzan a hacerse eco de sus reivindicaciones. Podrían situarse en semi-oposición al gobierno o, incluso, en completa oposición. Bolivia es un buen ejemplo de esta relación dialéctica entre la clase y la dirección.

La línea que ha defendido la dirección de la COB puede que no sea un programa acabado para la revolución socialista, pero al menos sí es un gran paso en la dirección correcta. La convocatoria de una huelga general indefinida y la sustitución del parlamento burgués por una asamblea popular es un buen punto de partida. Lo que hace falta es garantizar que las palabras de los dirigentes no se quedan en el papel, sino que se llevan inmediatamente a la práctica. Por lo tanto, la posición de los marxistas bolivianos debe ser la de un apoyo crítico. Debemos apoyar la huelga general con todas nuestras fuerzas, luchar por ampliar y profundizar el movimiento de masas contra el gobierno y darle una expresión organizada en la forma de comités de acción (soviets). ¡Exigimos hechos y no palabras!

Los dirigentes de la COB al convocar la huelga y el bloqueo están actuando bajo la presión de la clase obrera y la base del sindicato. Pero a su vez, convocando la huelga, los dirigentes de la COB han dado un impulso al movimiento. Esto provocará una nueva radicalización de las masas que, a su vez, empujará aún más a los dirigentes en la dirección que ellas desean ir. Sólo los sectarios más obtusos son los que no consiguen ver esto. Pero el movimiento sólo puede triunfar en la medida que despierta a las capas más amplias de la clase obrera y campesinos pobres.

No es necesario tener ilusiones en la dirección de la COB para apoyar la huelga. No sabemos hasta donde van a llegar los dirigentes de la COB porque ni ello mismos lo saben. Es bastante posible que, en el momento de la verdad, se asusten y se retiren. Debemos estar preparados para eso, por supuesto. En cualquier caso, el éxito de la huelga general como de cualquier otra huelga dependerá del grado en que la dirección del movimiento venga desde abajo. Por lo tanto, la consigna apropiada para Bolivia en las condiciones actuales es la de los soviets (aunque deberíamos utilizar una palabra que comprendan los trabajadores bolivianos). Pedimos a los trabajadores bolivianos que apoyen la huelga general, mientras desarrollan y extienden sus comités de acción, vinculándolos a nivel local, regional y nacional.

En condiciones favorables este movimiento puede llevar a la clase obrera a tomar el poder. Pero la condición más importante para la victoria es la creación de un partido marxista. La revolución boliviana se enfrentará a enemigos poderosos, dentro y fuera de sus fronteras. La clase obrera en Bolivia puede llegar al poder pero no podrá consolidar ese poder a menos que la revolución se extienda a los países vecinos.

La presencia de una dirección marxista, que sabe lo que quiere y cómo conseguirlo, tiene una importancia fundamental, sobre todo para dar a la revolución una perspectiva internacionalista. Las condiciones para la revolución están madurando en varios países, empezando por Perú. Un llamamiento militante a los trabajadores de Perú, Chile y el resto de América Latina tendría un efecto inmediato. Los imperialistas y sus aliados se encontrarán luchando en muchos frentes. Esa es la única forma de derrotar al imperialismo, extendiendo la revolución por toda América Latina. Por eso, la estrechez nacional es impermisible para los revolucionarios de América Latina. Lo que puede garantizar la victoria no es el nacionalismo sino el internacionalismo proletario.

¿Dónde se encuentran los cuadros para este partido marxista? No caerán del cielo ni en Bolivia ni en ningún otro país. Las fuerzas para este partido sólo pueden venir de las organizaciones de masas del proletariado que existen en Bolivia ¾ eso significa la COB ¾ . Por lo tanto, debemos tener una actitud correcta hacia esta organización. Las denuncias sectarias estridentes son completamente contraproducentes. Nuestro consejo a los marxistas bolivianos es el mismo que dio Lenin en 1917 a los bolcheviques en los soviets: ¡explicar pacientemente!

Desgraciadamente, la postura de los dirigentes del PO con relación a la revolución boliviana está equivocada de principio a fin. Combina en igual medida elementos de ultraizquierdismo y oportunismo. Por un lado, ataques histéricos contra los dirigentes de la COB en un momento en que estos últimos están convocando una huelga general, por otro lado, la consigna reformista burguesa inútil de la Asamblea Constituyente. Por este camino no puede haber ningún avance. Si los marxistas bolivianos aceptan estos métodos destruirán el partido incluso antes de su comienzo.

Una vez más, la Asamblea Constituyente

Como hemos explicado muchas veces, la consigna de la Asamblea Constituyente es apropiada para una sociedad atrasada semifeudal con un gran campesinado o un régimen dictatorial. La Rusia zarista cumplía todas estas condiciones. Pero la situación de Argentina (o Bolivia) tiene muy poco en común con la de Rusia hace cien años.

Una de las principales razones por la cual los bolcheviques insistían en las reivindicaciones democrático burguesas era para ganar al campesinado. Pero en Argentina no existe campesinado. Lo que hace falta no es la división de las grandes haciendas entre los campesinos, sino la nacionalización de las grandes granjas capitalistas y su transformación directa en colectivas, como parte de una economía planificada y nacionalizada. En otras palabras, el carácter objetivo de la próxima revolución en Argentina es socialista, no democrático burgués, y debe llevar al poder al proletariado argentino.

Para cubrirse las espaldas Luis Oviedo intenta cualificar la reivindicación de una asamblea constituyente añadiendo la frase “con poder”. ¿Qué significa esto? No podemos imaginar que el PO defienda una asamblea constituyente sin poder. Esto no tiene sentido, como todas las demás calificaciones que ha introducido, como son “soberana” e “independiente” (¿de quién?). La realidad es que la consigna de la asamblea constituyente es una consigna democrático burguesa que se contrapone al poder obrero. Y los juegos malabares con palabras no van a cambiar esto.

En Bolivia la posición es aún más clara. La lógica de la situación está llevando a los trabajadores al poder. En esta situación ¿cuál es el deber de los marxistas? Nuestro deber es poner ante los trabajadores la perspectiva de la toma del poder. El movimiento hacia una nueva huelga general plantea la cuestión de los comités de acción (soviets), no como propaganda abstracta sino como una necesidad inmediata y urgente.

El PO ataqca a los dirigentes de la COB de una forma completamente irresponsable y ligera, justo cuando están convocando la huelga general. Esta es una estupidez y sólo sirve para desacreditar a los trotskistas. Por otra parte, somos muy conscientes de que hay muchos peligros mortales en la situación actual. Una huelga general indefinida (a diferencia de una huelga general de 24 horas) plantea la cuestión del poder, pero no puede resolverla. Plantea la cuestión: “¿quién es el amo de la casa?” Paraliza las fuerzas productivas y no permite que funcione la sociedad capitalista. Pero la sociedad no puede continuar indefinidamente en un estado de parálisis. Hay que solucionar ¾ de una forma u otra ¾ la lucha por el poder.

En una huelga general de este carácter la sociedad se divide entre dos poderes antagónicos. Uno de los dos debe prevalecer. Los dirigentes de la COB han convocado una huelga general indefinida, planteando la sustitución del parlamento burgués por una Asamblea Popular. Esto equivale a la llamada a una insurrección. Pero ésta no se puede quedar en el aire. La clave de la situación está en los comités obreros. Deben unirlos y oponerlos al viejo estado como una alternativa de poder. Todo depende de esto.

Plantear en esta situación la reivindicación de la asamblea constituyente es una política totalmente falta que hace el juego a la burguesía y puede hacer naufragar la revolución. En un momento en que la cuestión del poder obrero está implícita en toda la situación, es una desviación, por eso los políticos reformistas y burgueses están todos unidos alrededor de la misma reivindicación.

Una consigna que en determinadas condiciones puede jugar un papel progresista en el aglutinamiento de las masas atrasadas bajo la bandera de la revolución, en otras condiciones puede convertirse en el punto que aglutine a las fuerzas de la reacción. No ver esto es hacer el juego a la contrarrevolución. A propósito, la contrarrevolución puede llevarse a cabo bajo la bandera de la democracia y esto ha ocurrido ya muchas veces en la historia.

Los acontecimientos han confirmado todo lo que escribimos en el pasado sobre esta consigna. Evo Morales en Bolivia, a quien el PO ataca tan violentamente, ahora está defendiendo una asamblea constituyente popular, precisamente el mismo término que utiliza Oviedo. La sección boliviana del PO defiende lo mismo. El PO dice que Morales es un traidor, pero él está utilizando su consigna. ¿No está suficientemente claro?

El PO intenta justificar el uso de esta consigna calificándola de transicional. Una consigna transicional se supone que actúa como un puente entre la conciencia actual de las masas y la revolución socialista. Pero en el contexto de la situación actual tanto en Argentina como en Bolivia esta consigna no es un puente hacia la revolución socialista sino una barrera que bloquea el camino a ella. Por eso la burguesía y los políticos reformistas en Bolivia la han abrazado tan entusiastamente. Pronosticamos que cuando mañana la burguesía argentina se encuentre amenazada con su derrocamiento, actuará de la misma forma.

La dirección del PO ha caído en una masa de contradicciones porque no ha pensado sus planteamientos hasta sus últimas consecuencias. El hecho de que todos los políticos burgueses en Bolivia hayan aceptado la consigna de la AC es prueba suficiente de su contenido reaccionario. ¡Incluso el representante del Banco Mundial en Bolivia la acepta! Realmente ha llegado el momento de volverlo a considerar. Ahora están claros los peligros implícitos en esta consigna. Es el momento de cambiar de rumbo y admitir lo que todos pueden ver: la consigna de la AC es la consigna, no de la dictadura del proletariado, sino de la contrarrevolución en su forma democrática, algo que también ocurrió en Rusia.

La consigna de la Asamblea Constituyente en 1917

Los dirigentes del PO imaginan que, defendiendo la consigna de la asamblea constituyente en Argentina y Bolivia, están siguiendo fielmente la línea del Partido Bolchevique en 1917. Pero no es así. Dadas las condiciones concretas de la Rusia zarista, las reivindicaciones democráticas jugaron un papel importante y por esa razón la consigna de la asamblea constituyente estaba incluida en el programa del POSDR junto con otras reivindicaciones democrático burguesas. Sin embargo, en 1917 esta consigna ya había perdido su utilidad. Jugó un papel subordinado y finalmente contrarrevolucionario.

En 1917 la dirección bolchevique estaba dividida entre leninistas, que defendían el poder obrero, y los conciliadores (Kámenev, Zinoviev y Stalin) que, en la práctica, habían abandonado la posición de la revolución socialista en favor de la democracia burguesa vulgar. Sólo después de una lucha despiadada, que comenzó en la conferencia de abril, se consiguió derrotar a los conciliadores. ¿Cuál era la consigna defendida por los que apoyaban al gobierno provisional para atacar a los leninistas? La consigna de la asamblea constituyente.

En La historia de la Revolución Rusa, Trotsky describe la escena de la conferencia de abril donde Lenin se enfrentó a Stalin y Kámenev, que habían abandonado la perspectiva del poder obrero en favor del programa de la democracia burguesa vulgar. Fueron estos últimos, y no Lenin, los que insistieron en la consigna de la asamblea constituyente, que fue defendida por la burguesía para desviar la revolución hacia canales seguros. A las reivindicaciones de los trabajadores y campesinos de paz, pan y tierra, ellos respondieron: “¡esperad a la asamblea constituyente!” En la conferencia de abril Lenin atacó contundentemente a los conciliadores acusándoles de malgastar el tiempo y perder la oportunidad de tomar el poder:

“El 4 de abril, Lenin se presenta en la conferencia bolchevique. Su discurso, encaminado a comentar las ‘tesis’, equivale, dentro de las tareas prácticas de la conferencia, a la esponja húmeda del maestro que borra todo lo escrito en el encerado por el alumno sin preparación. ‘¿Por qué no se ha tomado el poder?’, pregunta Lenin. Poco antes, Stieklov había explicado confusamente, en la asamblea del soviet, las causas de la abstención: el carácter burgués de la revolución, la ‘primera etapa’, la guerra, etc., ‘Esto es absurdo’ ¾ declara Lenin ¾ . ‘La única razón es que el proletariado no es lo bastante consciente todavía ni está suficientemente organizado. Hay que reconocerlo. La fuerza material reside en manos del proletariado; pero la burguesía ha resultado ser más consciente y estar mejor preparada. Es un hecho monstruoso, pero hay que reconocerlo franca y abiertamente y decir al pueblo que si no ha tomado el poder, ha sido por su desorganización y la falta en él de una conciencia clara’.

Lenin sacó el problema de la madriguera de falso objetivismo en que se atrincheraban los elementos del partido que habían capitulado políticamente, para situarla en el terreno subjetivo. El proletariado no había tomado el poder en febrero, porque el partido de los bolcheviques no estuvo a la altura de su misión objetiva y no pudo impedir que los conciliadores expropiaran políticamente a las masas del pueblo en provecho de la burguesía”. (León Trotsky. Historia de la Revolución Rusa, p. 320. En la edición inglesa).

Los conciliadores intentaron ocultarse detrás de la consigna de la asamblea constituyente que contrapusieron a la dictadura del proletariado, pero Lenin ridiculizó esta postura, como podemos ver en el siguiente pasaje:

“Todavía el día anterior, el abogado Krassikov decía, en tono desafiante: ‘Si entendemos que ha llegado el momento de implantar la dictadura del proletariado, hay que plantear la cuestión así. La fuerza física, en el sentido de la toma del poder, está indudablemente con nosotros’. Al llegar aquí, el presidente quitó la palabra a Krassikov, alegando que se estaban discutiendo objetivos prácticos y que el problema de la dictadura no figuraba en el orden del día. Pero Lenin estimaba que el único problema verdaderamente práctico que se planteaba era precisamente el de preparar la dictadura del proletariado. ‘La característica del momento actual en Rusia ¾ decía en sus ‘tesis’ ¾ consiste en el tránsito de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado de la organización y la claridad de conciencia necesarias a la segunda, que deberá entregar el poder al proletariado y a los campesinos pobres’.

La conferencia bolchevique, siguiendo las huellas de la Pravda, circunscribía los objetivos de la revolución a las transformaciones democráticas que habrían de realizarse por medio de la asamblea constituyente. Lenin, por el contrario, declaraba: ‘La realidad viva y la revolución relegan la asamblea constituyente a segundo término… La dictadura del proletariado existe, pero no se sabe qué hacer con ella’”. (Ibíd., pp. 320-1. El subrayado es nuestro).

El hecho es que en 1917 la consigna de la asamblea constituyente no jugó un papel central en la propaganda de los bolcheviques. La reivindicación central era: Todo el poder a los soviets, es decir, la consigna del poder obrero. La burguesía y los conciliadores constantemente se ocultaban detrás de la consigna de la asamblea constituyente, apelando a las masas a que esperasen hasta su convocatoria. Para desenmascararles, los bolcheviques decían a las masas: que los soviets tomen el poder, esa es la única garantía de que se convoque una asamblea constituyente. La realidad es que la asamblea constituyente jugó un papel completamente secundario en el proceso que llevó a octubre, como Trotsky explica en más de una ocasión. Un ejemplo es el siguiente pasaje:

“Ningún partido había retirado todavía la consigna de la asamblea constituyente, y esto incluía a los bolcheviques. Pero casi imperceptiblemente en el transcurso de los acontecimientos de la revolución esta consigna democrática, que durante una década y media había teñido con su color la lucha heroica de las masas, había comenzado a palidecer y apagarse, de alguna manera había encallado, se había convertido en un cascarón vacío, se había vaciado de contenido, era más una tradición que una perspectiva. No había nada misterioso en este proceso. El desarrollo de la revolución había llegado al punto de una batalla directa por el poder entre dos clases sociales, la burguesía y el proletariado. Una asamblea constituyente no servía ni a una ni a otra. La pequeña burguesía urbana y rural podía jugar sólo un papel auxiliar y secundario en este conflicto. En cualquier caso era incapaz de tomar por sí sola el poder. Si en los meses precedentes había demostrado algo, era precisamente esto. Sin embargo, en una asamblea constituyente la pequeña burguesía todavía podía ganar ¾ y realmente lo consiguió ¾ la mayoría. ¿Pero con qué objetivo? Al final no sabía que hacer con ella. Esto revela la bancarrota de la democracia formal en una crisis histórica profunda. Revela la fuerza de la tradición, que incluso en víspera de la última batalla ninguno de los campos había renunciado al nombre de la asamblea constituyente. La realidad era que la burguesía reclamaba la asamblea constituyente a Kornilov mientras que los bolcheviques lo hacían al Congreso de los Soviets”. (Ibíd., pp. 937-8).

Reproduzco todo el pasaje para que no quede ninguna duda de lo que se está diciendo. Trotsky explica muy claramente algo que Lenin ya había pronosticado en la conferencia de abril, es decir, que la consigna de la asamblea constituyente jugaría un papel totalmente subordinado en la revolución. Las palabras que él utiliza son claras y sin ambigüedades: “Había comenzado a palidecer y apagarse, de alguna manera había encallado, se había convertido en un cascarón vacío, se había vaciado de contenido, era más una tradición que una perspectiva”.

Debemos recordar que la Rusia zarista era un país atrasado, semifeudal y semicolonial con un régimen autocrático. En este país la defensa de las reivindicaciones democrático burguesas ¾ incluida la asamblea constituyente ¾ era muy importante. Pero en el transcurso de la revolución esa reivindicación particular perdió todo su significado revolucionario y se convirtió en un obstáculo. No es casualidad que Kámenev y Zinoviev utilizaran esta reivindicación cuando intentaron oponerse en noviembre a la toma del poder. Y, como ya sabemos, al final, los bolcheviques disolvieron la asamblea constituyente y gobernaron a través de los soviets.

Hay una explicación muy simple a todo esto. Trotsky explicó ya en 1904 que, aunque las tareas objetivas de la revolución rusa tenían un carácter democrático burgués, no podrían ser cumplidas por la burguesía rusa. Sólo la clase obrera, aliada con el campesinado pobre, podría llevar a cabo las tareas democrático burguesas, una vez que estos hubieran tomado el poder. Pero cuando el proletariado tome el poder no se detendrá en las tareas democrático burguesas, sino que inmediatamente comenzará las tareas socialistas. Aquí reside la naturaleza “permanente” de la revolución.

Más de ochenta años después, el PO (y otros grupos) insisten en defender en Argentina la consigna que Lenin y Trotsky ya consideraban que “había comenzado a palidecer y apagarse, de alguna manera había encallado, se había convertido en un cascarón vacío, se había vaciado de contenido, era más una tradición que una perspectiva”, incluso antes de la Revolución de Octubre. Peor aún, asignan a esta consigna inapropiada el papel central en toda su propaganda y agitación, algo que nunca hicieron los bolcheviques. Si no existían las bases para esta consigna en la Rusia de 1917, mucho menos existen en la Argentina actual. Argentina, como ya hemos dicho muchas veces, es un país capitalista relativamente desarrollado donde la clase obrera constituye la mayoría decisiva de la sociedad. Por eso el carácter de la revolución argentina es socialista, no democrático burgués, y todas los consignas deben tener en cuenta esto.

La dictadura del proletariado

Luis Oviedo acepta lo que es obvio, es decir, que la consigna de la AC no es socialista sino una reivindicación democrático burguesa. En Bolivia esta consigna no es complementaria a la perspectiva del poder obrero, sino que está en directa contradicción con él. Puedes tener parlamentarismo burgués (incluso “con poder”) o un estado obrero: pero no puedes tener las dos cosas.

Mientras teóricamente defienden la revolución socialista, la insistencia de los dirigentes del PO en la asamblea constituyente realmente señala en dirección contraria. No quieren admitir esto y por eso contraatacan diciendo que nosotros no defendemos el poder obrero. Las palabras del compañero Oviedo implican (aunque sin duda lo negará) aproximadamente lo siguiente: “Bien, si el PO no defiende la revolución socialista, entonces tampoco lo hace Socialist Appeal”.

Cualquiera que se tome la molestia de leer nuestros artículos sobre Bolivia sabrá que hemos defendido consistentemente la perspectiva del poder obrero y hemos demostrado cómo se puede conseguir:

“Ninguna confianza en el gobierno de Mesa. Mantener la movilización. Fortalecer la organización democrática de obreros y campesinos. Organizar la autodefensa obrera y popular. Por una asamblea nacional de delegados elegidos y revocables que se plantee la toma del poder. Por una Bolivia Socialista en el marco de una Federación Socialista de América Latina”. (Bolivia: primer balance de la insurrección. Jorge Martín. 20/10/2003).

Desesperado, Luis intenta decir que no apoyamos la dictadura del proletario. Afirma que la expresión “dictadura del proletariado” no aparece en ninguna parte de mis escritos. Si mi buen amigo supiera manejar la función “buscar” tan bien como la de “contar palabras” en su ordenador, hubiera descubierto que he tratado de este tema muchas veces.

Luis Oviedo sigue diciendo que en nuestra página web no se puede encontrar ninguna mención a la dictadura del proletariado. El compañero Oviedo está tan ocupado intentando “desacreditarnos” que ni siguiera hace los deberes adecuadamente. En mi artículo: Sobre la consigna de la asamblea constituyente: ¿Es aplicable a Argentina? (11/2/2002) hay un subtítulo que se llama: La dictadura del proletariado donde se puede leer lo siguiente:

“Si la asamblea constituyente significa, en otras palabras, que concentra todo el poder en sus manos para aplastar la resistencia de los banqueros y los capitalistas, entonces estamos hablando de algo más serio que un parlamento democrático burgués, hablamos de una dictadura revolucionaria de la clase obrera que se pone al frente de la nación para llevar adelante la expropiación del latifundismo y el capitalismo. Y lo más probable es los compañeros del PO quieran decir esto. Pero entonces deben dejarlo absolutamente claro.

Si esta interpretación es correcta, entonces no estamos hablando de una asamblea constituyente, sino de la dictadura del proletariado. Como la palabra “dictadura”, después de Hitler, Stalin y la Junta argentina, adquirió ciertas connotaciones que no tienen nada que ver con la concepción original de Marx y Lenin, para quienes la “dictadura del proletariado” equivalía a un régimen de democracia obrera, no podemos esperar que los compañeros argentinos utilicen esta expresión en su propaganda. Si lo hicieran sólo sería una excusa que permitiría a los contrarrevolucionarios distorsionar y desacreditar nuestros argumentos”.

Cualquiera que lea esto verá claramente que no hemos renunciado a la “dictadura del proletariado”. Simplemente explicamos la idea del poder obrero (que es lo que significa la consigna) en un lenguaje que los trabajadores puedan comprender, ya que siempre debemos explicar las ideas del marxismo de forma que puedan encontrar eco entre la clase obrera. ¿Es tan difícil de comprender?

Cuando Marx planteó primero la idea de la dictadura del proletariado, tenía en mente una analogía histórica muy definida: la república romana que en tiempos de guerra daba poderes extraordinarios al líder militar (el “dictator”). Sin embargo, esta era una situación temporal que no duraba más de un año. En ningún momento Marx apoyó la idea de un régimen totalitario, que es lo que imaginan hoy la mayoría de las personas cuando oyen la palabra “dictadura”.

¿De donde saca Marx la idea de la dictadura del proletariado? La sacó de la Comuna de París, del estado ¾ o para ser más correctos semi-estado ¾ establecido por la clase obrera de París en 1871, cuando se levantó contra la dictadura de Luis Bonaparte. Este fue, aparte del primer estado soviético en Rusia, la forma de gobierno más democrática de la historia. Estaba basado en las elecciones libres (y no se trataba de elegir a un solo partido estatal, sino que en la Comuna había muchos grupos y partidos representados), el derecho a revocación, limitación de los salarios de los funcionarios y la sustitución del ejército permanente por el pueblo en armas. ¡Lo más alejado que se puede imaginar de un régimen totalitario!

Hoy, más de un siglo después de que Marx planteara por primera vez la idea de la dictadura del proletariado, las cosas han cambiado mucho. Después de la experiencia de Hitler, Mussolini y Stalin, cuando la gente oye la palabra dictadura, inmediatamente piensan en campos de concentración y policía secreta. Esta es una gran ayuda para los enemigos del socialismo que siempre dicen que el comunismo equivale a la esclavitud totalitaria. En Argentina, donde todavía está fresca en la memoria la experiencia de la Junta, cualquier partido que alocadamente se le ocurra agitar por una dictadura de cualquier tipo, inmediatamente conseguirá que se alejen de él muchas personas. La gente diría: “la ‘democracia’ actual es bastante mala, pero lo otro sería mucho peor. ¡No queremos otra dictadura, gracias!”

Mientras protestan airadamente sobre nuestro supuesto abandono de la dictadura del proletariado, los dirigentes del PO comprenden esto perfectamente. Luis Oviedo no debe tener una gran opinión de la inteligencia de sus lectores. Espera que ellos no se den cuenta de que el propio PO ha modificado la forma en que presenta la dictadura del proletariado. En este artículo él dice lo siguiente:

“El PO nunca dejó de desarrollar su política en base a la estrategia del gobierno obrero (para nosotros, la denominación popular de la dictadura del proletariado) aún cuando levantara la consigna de la Asamblea Popular Constituyente… y especialmente cuando levantaba esta consigna, una consigna de transición y no ‘etapista’. Woods, en cambio, es un caso único en el mundo: se opone, al mismo tiempo, a la consigna de la Asamblea Constituyente y a la dictadura del proletariado”. (Asamblea Constituyente y dictadura del proletariado. Luis Oviedo. Prensa Obrera. 29/1/2004).

¿De verás? Nuestro amigo Luis admite que incluso los dirigentes r-r-r-revolucionarios del PO necesitan “una forma popular de expresar” la dictadura del proletariado. Como se puede ver en realidad no defienden la dictadura del proletariado sino un gobierno obrero. Por decir la verdad, un gobierno obrero no necesariamente significa la dictadura del proletariado, aunque en algunas circunstancias podría ser así. Pero pasemos esto por alto. Por el momento, nos limitaremos a felicitar a los compañeros del PO por su buen sentido común a la hora de evitar una complicación innecesaria y elegir una consigna alternativa perfectamente aceptable que pueda tener un verdadero eco entre las masas.

Por todo el mundo los ultraizquierdistas hacen el payaso, repitiendo como papagayos las frases que han aprendido de memoria de Marx, Lenin y Trotsky, sin comprender lo que significan. Por su parte, los dirigentes del PO utilizan un gobierno obrero en lugar de dictadura del proletariado. En principio podemos aceptar lo que dice Luis: la consigna de un gobierno obrero puede servir como una consigna transicional que implica el poder obrero, aunque no es así en todos los casos. Para ser absolutamente precisos, que un gobierno obrero signifique lo mismo que la dictadura del proletariado, depende de la naturaleza y composición del gobierno.

Luis Oviedo sabe perfectamente que la tendencia marxista internacional a la que pertenezco ha defendido consistentemente el poder obrero (la “dictadura del proletariado”) y todos los intentos de negar esto se volverán contra sus autores. Oviedo continúa: “En Bolivia, dice, ‘lo que hace falta es una democracia de trabajadores que conduzca al socialismo’”. Después procede a cambiar y distorsionar su significado:

“Es decir que es partidario, no de la ‘dictadura’, sino de la democracia, como la LCR. Además, es partidario de una democracia de ‘trabajadores’, no obrera, o sea de la versión frentepopulista de la dictadura democrática de obreros y campesinos que denuncia El Programa de Transición”. (Ibíd.,)

Este método es completamente deshonesto. Intenta presentarnos como defensores de la democracia burguesa, “como la LCR”. Este método tiene un nombre: se llama amalgama. Este método fue frecuentemente utilizado por los estalinistas contra Trotsky, pero no tiene precedentes que sea utilizado por trotskistas.

De pasada cita Los trabajadores bolivianos tuvieron el poder al alcance de la mano (http://argentina.elmilitante.org) de la página web de nuestros compañeros argentinos diciendo que yo lo escribí, cuando en realidad está citando un panfleto publicado por nuestros compañeros argentinos. Pero eso no es lo más importante. Eso sólo demuestra que lo ha hecho con tanta prisa, que ni siquiera ha comprobado lo que estaba citando. Incluso así, cita sólo frases aisladas, distorsionándolas de paso. En ese panfleto leemos lo siguiente:

“Para que se logren realmente las reivindicaciones de las masas (fin de la miseria y de la explotación de los trabajadores y campesinos, nacionalización de los recursos naturales, reparto viable de la tierra productiva, respeto a los derechos de los pueblos originarios, castigo a los responsables materiales y políticos de los asesinatos, es decir la solución a las urgentes necesidades sociales) hace falta que el poder pase a los trabajadores (obreros, mineros y campesinos) a través de sus organismos de poder. Es decir hace falta una democracia de trabajadores que conduzca al socialismo. Con ese objetivo es urgente la formación de un partido marxista revolucionario, a partir, por ejemplo, de los obreros más avanzados de la COB que ya están sacando conclusiones similares a las señaladas”.

¿No son estas líneas absolutamente claras? ¿No está claro que nuestros compañeros están defendiendo un gobierno obrero en Bolivia, basado en los órganos de poder de las masas, es decir, los soviets? ¿No está igualmente claro que Luis Oviedo ha citado deliberadamente una frase aislada (“democracia de los trabajadores”), la ha sacado de contexto para intentar distorsionar su significado y demostrar lo contrario de lo que queremos decir? Nosotros decimos que los trabajadores deben tomar el poder, aliados con los campesinos pobres. Cómo se puede interpretar una democracia obrera a partir del significado de “democracia” en el sentido burgués, o frente popular, sólo lo puede explicar un genio como el compañero Oviedo.

La dictadura del proletariado significa democracia obrera. Debemos plantear la cuestión de una forma más concreta. En la democracia burguesa a los trabajadores se les permite decir, más o menos, lo que quieren, ir a la huelga, manifestarse y votar en las elecciones, pero en realidad todas las decisiones importantes las toman los grandes bancos y monopolios. Así que una democracia burguesa es sólo otra forma de expresar la dictadura de la burguesía.

En una democracia obrera la situación se vuelve en su contrario. La clase obrera gobierna a través de los soviets, mientras que a los antiguos propietarios se les usurpa el poder económico y político. Eso es la dictadura del proletariado. En otras palabras, las expresiones “dictadura del proletariado” y “democracia obrera” significan exactamente lo mismo y se pueden utilizar indistintamente. Pero debido a las connotaciones negativas que tiene la palabra “dictadura”, que no tenían nada que ver con lo que defendían Marx y Lenin, es preferible utilizar una alternativa, como hace el PO, según la admisión del propio