Serbia y Kosovo: el polvorín balcánico puede estallar de nuevo

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Después de quince años de conflictos y cientos de miles de muertos, heridos y refugiados, la cuestión nacional en los Balcanes sigue sin resolverse. Ahora es evidente lo alejada que estaba de la realidad la idea de que una multitud de estados nacionales burgueses “limpios” podría resolver esta cuestión histórica. Después de la euforia inicial con los nuevos territorios independientes, las clases dominantes están descubriendo ahora que el desarrollo en líneas capitalistas es imposible sin pisar a algu a alguno de sus vecinos.
Parte

Después de quince años de conflictos y cientos de miles de muertos, heridos y refugiados, la cuestión nacional en los Balcanes sigue sin resolver. Ahora es evidente lo alejada que estaba de la realidad la idea de que una multitud de estados nacionales burgueses "limpios" podría resolver esta cuestión histórica. Después de la euforia inicial con los nuevos territorios independientes, las clases dominantes están descubriendo ahora que el desarrollo en líneas capitalistas es imposible sin pisar a alguno de sus vecinos.

La situación actual guarda parecidos notables con la atmósfera de principios del siglo XX. Las contradicciones creadas por el sistema capitalista en aquella época llevaron a varias guerras balcánicas, seguidas por la Primera Guerra Mundial y un intento de controlar la situación con la formación de la Yugoslavia burguesa bajo la corona serbia.

La Segunda Guerra Mundial de nuevo desató un nivel sin precedentes de matanzas, limpieza étnica que sólo llegaron a su fin después de una revolución social encabezada por un movimiento partisano multiétnico. Podemos afirmar con franqueza que bajo el capitalismo los Balcanes no han conocido la paz sino sólo conflictos. El período actual se adapta perfectamente a esta descripción.

Serbia representa la cuestión central y más importante en el puzle balcánico. Sin acceso al mar y rodeada de estados más pequeños con considerables poblaciones serbias, la clase dominante serbia históricamente ha tenido grandes ambiciones y ha intentado dominar los desparramados mini-estados balcánicos, y situarlos bajo su poder militar después de la retirada de las potencias imperiales (Turquía y Austro-Hungría).

Hoy, Serbia sigue siendo el país más grande de la antigua Yugoslavia y una potencia local. Incluso con la purga de la población serbia en los años noventa, de los territorios que históricamente han habitado en la región Krajina de Croacia, aún son una parte constituyente de la República Srpska, en Bosnia y Herzegovina controlada por los imperialistas, y la mitad de la población de la recientemente independiente Montenegro. Kosovo está habitado por unos 150.000 serbios y otros 200.000 que viven como refugiados dentro de la propia Serbia.

La relativa estabilidad, a pesar de la precariedad étnica creada en los nuevos (semi) estados balcánicos, se consiguió a finales del siglo pasado gracias a la interferencia de las potencias imperialistas que consiguieron un compromiso entre cada uno de los distintos intereses de la región y bajo un fuerte dominio estadounidense.

Hoy, con Rusia de regreso a la escena política mundial, con la UE intentado aplicar su propia política exterior independiente de su aliado atlántico y con EEUU acelerando su política militarista, de nuevo hay rumores y tensiones. Los Balcanes se caldean a un ritmo vertiginoso sin ni siquiera tener una oportunidad de enfriarse.

Dentro de Serbia

El PIB de Serbia ha crecido una media del 6,8 por ciento estos últimos tres años, después de un período de lenta recuperación tras lo bombardeos de la OTAN y el cambio de régimen. Algunas fuentes gubernamentales ahora se refieren al país como un "tigre balcánico" para describir este fenómeno.

Las generaciones más viejas, sin embargo, pueden explicar lo diferente que es este nuevo crecimiento capitalista con el experimentado después de la Segunda Guerra Mundial con una economía planificada. Mientras que esta última consiguió un nivel de desarrollo sin precedentes en todas las esferas de la vida, el nuevo crecimiento se basa en desmantelar y liquidar todo lo creado en el período de economía planificada. Además, los efectos del crecimiento tienen una concentración geográfica y social limitada y a una minúscula capa privilegiada de la población.

No importa que coalición haya estado en el gobierno desde Milosevic, una cosa si ha permanecido inalterable en Serbia desde 2000. El poder económico sigue en manos de un grupo de economistas del "G17 Plus", un think-tank (grupo de investigación) que se creó bajo Milosevic y que evolucionó hasta convertirse en un partido político encabezado por "expertos" económicos que sacrifican sus puestos bien pagados en las multinacionales para trabajar por un salario de burócrata estatal y "ayudar" a su país.

Su líder y además Ministro de Economía y Desarrollo Regional en el actual gobierno serbio, es Mladjan Dinkic, recientemente premiado como el Ministro de Economía más prestigioso del Año por la revista Euromoney. Al explicar esta decisión la revista dice que Dinkic ha dirigido "las más espeluznantes tácticas de terapia de choque" en el sector financiero simplemente quitando las licencias de funcionamiento a 25 bancos nacionales y despidiendo a sus empleados, así ha limpiado el camino para que los bancos extranjeros entren en el mercado. ¡Este movimiento da una idea de la filosofía económica de Dinkic!

En los últimos dos años se ha seguido un modelo de crecimiento estrictamente "neoliberal". El gobierno está orgulloso de que Serbia, junto con Bulgaria, tenga el impuesto sobre los beneficios más bajos de Europa, sólo un 10 por ciento. Después de la saturación de los mercados europeos del este, las multinacionales ahora consiguen grandes beneficios. En 2006 la inversión directa extranjera alcanzó la cifra récord de 4.387 millones de dólares, casi la mitad de la inversión extranjera total conseguida los cinco años anteriores.

La mayor parte de la inversión se consiguió a través de las privatizaciones y las adquisiciones de empresas del sector bancario, telecomunicaciones, alcohol, tabaco y energía. Los países con más intereses en la economía serbia son Austria, Alemania, Grecia y Eslovenia. El monopolio energético estatal, la industria del gas y el petróleo, la aerolínea JAT, están entre los últimos activos se espera privatizar en el futuro. El proceso está entrando en su fase final, el plan es vender todas las empresas estatales que quedan el próximo año.

Se mantiene un buen "clima de inversión" mediante una política monetaria relajada. La inflación es mantiene en el 6,6 por ciento. Los impuestos y las contribuciones a la seguridad social para los potenciales inversores están entre las más bajas de Europa del Este y Central, el crecimiento de los salarios reales está bajo un control estricto con aumentos planificados que sólo equivalen a la inflación, a pesar de las positivas cifras de crecimiento. El gasto público se cubrió totalmente en 2006 y el presupuesto estatal terminó con plusvalía. Al mismo tiempo, el 10 por ciento de la población vive por debajo de la línea de pobreza con ayudas sociales mínimas. El acceso al cuidado social es mucho más difícil, la edad de jubilación se ha prolongado y se tiene que pagar en las escuelas. La tasa oficial de desempleo está en el 20.8 por ciento. La privatización comenzó a ganar impulso en 2002, desde ese momento hasta ahora se han despido a 350.000 trabajadores.

El sector más afectado por la reestructuración económica es la clase obrera tradicional empleada en el sector productivo a través de las grandes empresas estatales. Los nuevos empleos que se han creado han sido sobre todo en pequeñas empresas del sector servicios, finanzas y telecomunicaciones. La apertura de nuevos centros de trabajo creó 60.000 nuevos empleos en estos últimos cuatro años, no ha compensado los empleos destruidos.

Muchas antiguas ciudades industriales ahora se han convertido en ciudades fantasma. El crecimiento se ha concentrado sobre todo en Belgrado y unas cuantas zonas del norte, con buena infraestructura y posición geográfica. El desempleo en el sudeste es más de tres veces superior al de Belgrado. Los niveles de pobreza en el sur están en el 23 por ciento, mientras que en la capital es de aproximadamente el 4 por ciento.

El mes pasado estalló una epidemia de ictericia en la ciudad sureña de Nis. 700 personas fueron afectadas por el virus provocado por las pobres condiciones de vida y el agua poco potable.

La clase obrera en transición

A pesar de los ataques neoliberales sin precedentes, parece que no ha habido una respuesta organizada de las masas. Hemos presenciado la estabilización de las estructuras gobernantes, las cifras de huelgas son las más bajas en años y no hay articulación política para la mayoría de los "perdedores" de la transición al capitalismo. ¿Cómo se puede explicar esta situación?

La vieja clase obrera yugoslava está en proceso de disolución. La actual oleada de privatizaciones llega después de una década turbulenta de caos económico, sanciones de guerra internacionales, que ya habían atomizado y desorientado a la clase obrera. No hay presencia sindical en el sector privado. Las nuevas generaciones de trabajadores están en pequeñas empresas, privadas y con no más de 50 trabajadores, separadas una de otra y sin ninguna de las tradiciones de organización del pasado, bajo una disciplina estricta a manos de los pequeños capitalistas nacionales formados durante los años de la guerra. Los trabajadores más veteranos, los que consiguieron mantener sus puestos de trabajo en las empresas reestructuradas, sufren la presión del ejército de desempleados que hay debajo de ellos. Puede que no estén satisfechos con su situación, pero es mejor que estar en la calle.

El resto elaboró distintas formas de supervivencia durante los años noventa, como el mercado negro y el sector informal. Serbia está experimentando una tendencia a la desurbanización, un sector de la clase obrera está regresando al campo. El régimen titoísta abandonó muy pronto la colectivización forzosa, esto dejó muchas pequeñas parcelas privadas de tierra que durante la última década han servido de válvula de seguridad. Esta estructura de propiedad está cambiando rápidamente y ahora los terratenientes capitalistas están comprando tierra fértil, así que la economía se está reorientando de la industria a la agricultura y exportación de materias primas.

Existe un mercado similar en las ciudades donde también cambian rápidamente los patrones de vida. Durante los años noventa, en busca del dinero rápido, el régimen de Milosevic permitió a los trabajadores comprar los apartamentos estatales, lo que llevó a una situación donde muchos consiguieron tener su propia vivienda. Este hecho, junto con la entrada de los bancos extranjeros y líneas de crédito, prepararon el camino para un boom de la propiedad. Los precios de los apartamentos en Belgrado pasaron de 1.000 a 25.000 euros el metro cuadrado en las zonas más de moda. Se dio un proceso en Belgrado donde las familias vendían sus apartamentos en las zonas más céntricas y se trasladaban a los suburbios.

El mercado financiero, virgen durante los años de la guerra, ha ofrecido grandes oportunidades a las empresas bancarias extranjeras, como la austriaca Raiffeisen, que ha conseguido jugosos beneficios y ofrece créditos al consumo al público. A diferencia de Croacia o Hungría, el endeudamiento de la población serbio ha sido relativamente bajo gracias al aislamiento. En los últimos dos años se ha concedido créditos por valor de 2.500 millones de euros a 874.885 clientes. El acceso al crédito fácil ha significado una ayuda a corto plazo para muchas familias y también representa una bomba de relojería dispuesta a explotar. Parece como si el dinero inyectado en la economía desapareciera como si se tratara de vapor. No se ha restablecido la producción, el crecimiento de las exportaciones es modesto mientras que el déficit comercial aumenta. La deuda total serbia actualmente está en 22.000 millones de dólares sube rápidamente.

El gobierno intenta conseguir el apoyo público para el proceso de privatización concediendo cierto porcentaje de las acciones de las viejas empresas a los trabajadores, un esquema de privatización con algo similar a los bonos. El programa social para los despedidos en el proceso de reestructuración también consiste en cantidades de dinero según los años trabajados. Los que se van voluntariamente de sus empleos también tienen incentivos, en forma de compensaciones monetarias. Todo debe funcionar y a los trabajadores se les promete las migajas de la mesa si no obstruyen el proceso.

La táctica oficial del gobierno para combatir el desempleo es animar a los trabajadores a que utilicen su dinero para crear pequeñas empresas. Las historias sobre trabajadores afortunados de las empresas privatizadas que compran nuevas casas y automóviles después de vender sus acciones aparecen por todas partes. Recientemente, la mayoría de las discusiones sindicales se han centrado en la cuestión de qué porcentaje deberían recibir los trabajadores del número total de acciones que se ponen a la venta. Se ha anunciado una nueva privatización por bonos hace unos días, mediante este plan todos los ciudadanos recibirán su parte en acciones. Estas tácticas manipuladoras han puesto a los trabajadores en una situación muy difícil, contribuyendo al deterioro de la conciencia de clase y la solidaridad.

La antigua fábrica yugoslava de automóviles, Crvena Zastava, en la ciudad de Kragujevac, es un buen ejemplo de esta situación. En agosto de este año, el gobierno decidió liquidar el programa social creado por los trabajadores de Zastava después del bombardeo de la fábrica por la OTAN en 1999, gracias a ese plan se consiguió preservar sus empleos y nivel mínimo salarial incluso aunque no hubiera trabajo. En este programa todavía quedaban 4.400 trabajadores, se les ha ofrecido una compensación de 250 euros por cada año trabajado en la fábrica a cambio de rescindir sus contratos. El sindicato rechazó la oferta, las familias y los trabajadores de los alrededores de Kragujevac se unieron a las protestas para solidarizarse, en pocos días la ciudad estaba preparada para resistir. El gobierno dio la orden de que al día siguiente el que no pasase por el registro estaría despedido sin ningún tipo de compensación. Al día siguiente, todo el país presenció las escenas humillantes de de personas en las colas, empujándose para conseguir entrar antes de que cerraran la puerta de la oficina del registro.

El orgullo que en determinado momento se sintió ante la situación única en el mundo, donde los trabajadores "poseían" sus propias fábricas bajo la "autogestión" del titoísmo, ha desaparecido. Por supuesto, pocas personas tienen ilusión en la posibilidad de empezar de nuevo con pequeñas empresas gracias al dinero que reciben. Pero ante la alternativa de mantener la "propiedad" de viejas fábricas que llevan años sin funcionar o recibir unos cuantos miles de euros después de una década de miseria, no es difícil la elección. Las únicas empresas que han comenzado de nuevo a producir son las privatizadas. El sentimiento es que no existe alternativa. No es poco habitual que incluso después de la experiencia de una turbia privatización, los trabajadores ocupen la fábrica y exijan una nueva privatización, pero en esta ocasión "justa". Hasta ese nivel ha llegado el proceso.

Después se encuentran los que están en el fondo, los que no tienen nada que ofrecer al mercado, los que no tienen posesión alguna que vender, no tienen tierra, apartamentos, empleos que abandonar por lo que ser recompensados: los trabajadores o parados en constante amenaza con caer en la pobreza y que son los olvidados.

Esta situación ha dado lugar a un fenómeno relativamente nuevo que son una serie de huelgas de hambre. Hoy la forma más común de huelga en Serbia es con los trabajadores encerrándose en la fábrica e iniciando una huelga de hambre para exigir hablar con las autoridades. Estas no son tácticas de una huelga ofensiva en una lucha de clases caldeada, sino actos desesperados de personas intentando llamar la atención sobre sí mismos.

Los suicidios han aumentado. Uno de los que apareció en los medios de comunicación el pasado mes de abril fue Dragica Simic, una trabajadora metalúrgica de 50 años de edad. Después de escuchar las noticias de su despido y el de otros 190 compañeros debido a un "exceso de mano de obra", intentó desesperadamente hablar con el empresario. Éste se negó a escucharla, a la mañana siguiente, los compañeros la encontraron ahorcada dentro de la fábrica. Unos años antes, Dragica había sido condecorada como uno de los mejores trabajadores de la ciudad, ¡el diploma estaba al lado de su cadáver!

La dura experiencia de los últimos quince años y la desmoralización general, han llevado al escepticismo respecto a cualquier tipo de acción política, al cuestionamiento de los motivos que hay detrás de los llamamientos a organizarse, a una falta de confianza en las perspectivas de la acción colectiva. Los trabajadores buscan soluciones individuales como la mejor forma de poder alimentar a sus familias. La "solidaridad" es una palabra que apenas se escucha hoy en Serbia. Es la guerra de todos contra todos, la cara desnuda del capitalismo donde sólo consigue sobrevivir el más fuerte.

La nueva infraestructura que se está construyendo tiene poco que ver con el beneficio general de la población y todo con los intereses de los inversores extranjeros. Se construyen autopistas para el comercio internacional y al mismo tiempo muchos barrios todavía no tienen pavimentadas las calles, los centros urbanos se han convertido en zonas exclusivas de negocios de acero y cristal mientras que los barrios obreros tienen aún destrozada la infraestructura heredada de los años setenta. No se están poniendo ninguna base sólida para un posible crecimiento duradero en el futuro. La naturaleza del capital que entra en el país es mayoritariamente especulativa y parasitaria. ¿Qué ocurrirá cuando no haya nada que vender? Esta pregunta por ahora nadie se la hace por ahora.

La población pasa por la paradoja del boom económico en el que pueden participar sólo superficialmente y a corto plazo. Resulta obvio que el crecimiento económico no produce automáticamente mejores niveles de vida en general. Durante años, la línea oficial fue que todos debían hacer sacrificios para atraer capital extranjero e inversión, y que con ello llegaría todo lo demás. Obviamente, para la mayoría no ha sido así.

El actual crecimiento económico no se basa en el continuo desarrollo de la infraestructura de las fuerzas productivas, construida durante décadas de economía planificada, que permita la emancipación general de la sociedad sino que, todo lo contrario, se basó en la destrucción anárquica de esas bases, la transferencia de capital fuera del país y una inversión nueva limitada a sectores privilegiados y monopolios, una situación que es una vaca lechera para los capitalistas extranjeros. Si el crecimiento continúa al ritmo actual, Serbia tardará al menos otros siete años en alcanzar el nivel del PIB que tenía antes de la introducción del capitalismo en 1991.

Escenario político

Sin embargo, existe una capa de la población que parece estar beneficiándose de la transición. La llegada de capital extranjero crea nuevas costumbres. Parecen estar omnipresentes las personas que trabajan en empresas hasta altas horas de la noche en torres de cristal. Las ilusiones en el capitalismo probablemente son más elevadas entre la juventud. Los jóvenes con estudios que hablan idiomas extranjeros y que encuentran con más facilidad que antes empleo. Las empresas extranjeras encuentran personal muy cualificado dispuesto a trabajar largas horas por unos cuantos cientos de euros y la perspectiva de avanzar en sus carreras.

Las tasas de la universidad pública han aumentado de manera significativa en los últimos años, puede que ahora estén en más de 2.000 euros anuales, por no mencionar los libros y los gastos de vida. Estos costes no se los pueden permitir los que reciben salarios más bajos en el sector servicios como cajeros o guardias de seguridad. Otros, con suficiente dinero para estudiar, ven las tasas de estudios como un coste que están dispuestos a pagar para conseguir acceder a los escalones superiores del empleo.

Esta "prometedora" capa social está a la ofensiva. Encuentra expresión política en el Partido Democrático Liberal (PDL), una escisión del principal partido reformista, el Partido Democrático (PD) del asesinado primer ministro Zoran Djindjic. El PDL hizo una campaña electoral agresiva acusando al PD de llegar a acuerdos con los nacionalistas y elementos del antiguo régimen que no quieren que Serbia entre en la UE. Consiguieron entrar al parlamento atrayendo a muchos votantes desencantados y jóvenes de los centros urbanos.

Aparte de esto, no ha habido cambios significativos en el escenario político serbio en los últimos años. La característica más notable es la inexistencia de una fuerza política organizada de izquierdas. Los perdedores de la transición no tienen a quien votar. El PD ha establecido contactos con la socialdemocracia europea, pero sigue siendo un partido de centro con una orientación clara antiobrera. El Partido Radical Serbio ha conseguido explotar este vacío durante un tiempo, con sus mensajes populistas y anti-reforma, hasta que se convirtió en la fuerza más grande del país y comenzaron a ser más cautos. Ahora están estancados y explotarán como un globo en el momento en que lleguen al gobierno. Su único objetivo es amortiguar el descontento interno y jugar el papel de amenaza ultra-nacionalista para la clase dominante serbia en sus negociaciones con occidente.

En ausencia de un movimiento desde abajo, los partidos políticos constantemente hacen coaliciones por arriba mientras la esencia del régimen permanece igual. El PD actualmente gobierna en coalición con el G17-Plus y el primer ministro es Vojislav Kostunica, del conservador Partido Democrático de Serbia. Después de años de batallas por los puestos antes de que comenzara el proceso de privatización, todo el mundo parece haber encontrado su lugar y está dispuesto a compartir el pastel.

En esta atmósfera general, la ofensiva ideológica de la derecha tan amenazadora en los años noventa ahora se ha convertido en norma. La Iglesia Ortodoxa ocupa un lugar importante en los medios de comunicación y en el Estado. Se la ha permitido entrar en las escuelas y en las fuerzas armadas. Lo lejos que se ha llegado se puede ver en que se le ha devuelto sus posesiones en Belgrado a la familia real y sus miembros son destacadas figuras públicas.

La historia del movimiento partisano y la Segunda Guerra Mundial se ha reescrito totalmente. A diferencia de Zagreb, donde un sector de la clase dominante intenta incorporar el movimiento partisano en la ideología de una Croacia capitalista e independiente, la clase dominante serbia ha elegido borrar completamente este capítulo de los libros de historia y basarse en el legado de la burguesía serbia anterior a la guerra.

Los nombres asociados con el comunismo y los partisanos se han eliminado de todas las instituciones y calles, se han construido nuevos monumentos con nuevos símbolos y se ha puesto un nuevo himno. Se ha preparado el terreno ideológicamente para un futuro turbulento donde la clase dominante serbia intentará imponerse como un socio imperialista en la región, como ocurrió después de la Primera Guerra Mundial, cuando fue recompensada con el dominio sobre la vieja burguesía yugoslava y sacrificó a una cuarta parte de su población.

Prepara el terreno para una nueva posición beligerante de la elite dominante serbia en la cuestión de Kosovo. También prepara para el futuro una explosión tremenda de la lucha de clases en Serbia. Han conseguido controlar la lucha de clases. Pero un sector de la población sufre de manera terrible mientras que otro recoge los beneficios materiales del capitalismo. Existe una enorme polarización social y la riqueza se distribuye de una manera totalmente desigual.

Sin embargo, si miramos la situación en Eslovenia también vemos el futuro de Serbia. Con el desarrollo capitalista ha llegado el fortalecimiento de la clase obrera y con ello la lucha de clases. La huelga actual en la fábrica Ford de San Petersburgo, después de 12 años de casi total silencio de la clase obrera rusa, también es una prueba de lo que es capaz. En muchos aspectos, la situación en Serbia se parece a la de Rusia hasta hace poco. La lucha de clases ha regresado a Rusia, y también lo hará en Serbia, cuando los trabajadores vuelvan a descubrir las gloriosas tradiciones de su pasado. Por ahora, la situación se parece a las ascuas de un fuego que se apaga, pero volverá como un fuego de venganza en el futuro.

II Parte

La atmósfera en las calles de Belgrado ha cambiado de modo significativo en los últimos meses. Después de fundirse en la actitud general de despolitización y apatía, el inicio de las larguísimas negociaciones, el delirio de los medios de comunicación y el apoyo de Rusia, han vuelto a poner a Kosovo en el punto de atención. Existe un sentimiento general de inquietud y circulan multitud de rumores.

La dura postura del gobierno serbio con respecto a Kosovo pilló a muchos por sorpresa. Era ingenuo pensar que los políticos post-Milosevic se comportarían de una manera diferente cuando se trata de los "intereses nacionales". Después de todo, cuando estaban en la "oposición democrática", la mayoría de ellos nunca criticaron a Milosevic por su política nacional en las antiguas repúblicas. Su "oposición" estaba relacionada con su reticencia a privatizar la economía tan rápidamente como les habría gustado a los imperialistas.

La clase dominante serbia está cansada de "comportarse adecuadamente" durante estos siete años y de sufrir los ataques del imperialismo. Desde que las grandes potencias decidieron no mantener intacta la antigua Yugoslavia en las fronteras que Tito había creado como entidad geo-política, la clase dominante serbia perdió su papel histórico y se convirtió en un obstáculo en la región. Su situación actual de estado humillado entra en oposición con su potencial objetivo y ambiciones.

Como si no hubiera sido suficiente la pérdida de Macedonia, Krajina en Croacia y Bosnia durante los años noventa, Belgrado fue recompensada con el derrocamiento de Milosevic y la apertura de su economía, con la pérdida de Montenegro y ahora Kosovo. La clase dominante serbia está cumpliendo con sus "deberes" internacionales y lo único que quiere a cambio es volver al menos a jugar parte del antiguo papel que tenía en la región. Como si se tratara de un niño mayor ignorado por los padres ocupados en sus hermanos más pequeños, Belgrado ahora se gira hacia Rusia en busca de ese "afecto".

Influencia rusa

El fracaso de las interminables conversaciones sobre el estatus final de Kosovo es culpa de la incapacidad de Belgrado y Pristina de llegar a algún tipo de acuerdo. Pero Belgrado no está en posición de negociar sobre nada de no ser por Rusia y la clase dominante kosovar no existe frente al ejército serbio si no fuera por EEUU y las tropas allí presentes.

Iniciaron un proceso de negociación con las grandes potencias y creían que con eso bastaría. Desde el 11 de septiembre los imperialistas tienen bastantes dificultades para actuar como una "comunidad internacional". EEUU ahora presionar para conseguir a cualquier precio la independencia. La UE sigue la línea norteamericana, les gustaría utilizar un Kosovo independiente como pretexto para tomar más iniciativas en su política exterior de seguridad común. Sin embargo, tienen dificultades con miembros como España, Rumania y Eslovaquia, todas con minorías en sus territorios, y Grecia que tiene sus propios intereses en la región. Rusia, por otro lado, se opone enérgicamente a la independencia de Kosovo.

Hace unos meses, tanto la prensa occidental como serbia, estaba convencida de que la postura de Putin sobre Kosovo sólo era otra baza y que en determinado momento llegarían a algún acuerdo. Pero no ha ocurrido eso. Los rusos han ido más allá de la simple negociación, que fue el modus operandi de Yeltsin en los años noventa.

Moscú está en una situación similar a la de Serbia en muchos aspectos. Desde la caída del "telón de acero", a pesar de la integración de Rusia en la "comunidad internacional", EEUU ha mantenido básicamente una política de expansión militar y ha rodeado a Rusia. La entrada de Georgia y Ucrania, la instalación del sistema de defensa de misiles en Europa del Este, está mucho más cerca de lo que le gustaría a Moscú. Rusia habla ahora o calla para siempre.

Además, Moscú ya ha demostrado una vez más que se toma en serio la cuestión de Kosovo. Algunos podrían recordar el incidente en el aeropuerto de Pistrina en 1999. Al mismo tiempo del acuerdo de paz entre Belgrado y la OTAN en 1999, Milosevic por detrás llegó a un acuerdo con los rusos. Las tropas rusas tomaron el aeropuerto después de la retirada de las tropas serbias e impidieron que el comandante de la OTAN, Michael Jackson, entrase en las instalaciones. Fue un incidente serio con intercambio de disparos entre las tropas rusas y las de la OTAN. Moscú exigía su propio control de un sector de Kosovo. Yeltsin finalmente se echó atrás y aceptó que el contingente ruso estuviese bajo el control de la OTAN. Este movimiento enfureció a los generales rusos y a Milosevic.

Toda la zona del sur de los Balcanes se ha convertido en un centro de intereses geopolíticos frente a la creciente importancia de los suministros de gas y petróleo. El regreso de Rusia a la escena internacional se ha basado en su política energética y ahora intenta evitar la construcción del oleoducto Nabucco que quieren construir Washington y Europa. Esta aventura conjunta ambiciosa de Royal Dutch Shell, Bechtel y General Electric, circunvalaría Rusia y sería una alternativa para el mercado europeo desde Oriente Medio y el Caspio, a través de Turquía y el sur de Europa, atravesando exclusivamente países miembros de la OTAN.

Un Kosovo independiente y la gigantesca base militar estadounidense, Bond Steel, construida en su territorio, es visto por muchos como parte de este plan. Rusia ha respondido con los planes de un oleoducto, South Stream, que rodearía Ucrania y Bielorrusia, llegaría a Hungría pasando por debajo del Mar Negro, pasaría por Bulgaria y atravesaría Serbia y Croacia. La rusa Lukoil ha invertido más de 1.500 millones de euros en Rumania, Bulgaria, Macedonia y Serbia. En la reciente cumbre energética del este y el sur de Europa celebrada en Zagreb, Putin fue bastante claro sobre la intención de acaparar el monopolio del petróleo serbio y croata.

En mayo, los medios de comunicación pro-occidentales serbios y el Partido Democrático, provocaron mucho ruido con la declaración hecha por el líder del Partido Radical Serbio, Tosmilav Nikolic, en el parlamento respondiendo a la acusación de que los radicales intentaban convertir Serbia en una provincia rusa. Nikolic respondió que veía más a Serbia como una provincia rusa que como una colonia europea. Estas declaraciones fueron interpretadas como un ataque a la soberanía del país a las oscuras fuerzas del pasado, intentando detener la modernización de Serbia. Unos meses después, el líder del Partido Democrático y presidente serbio, Boris Tadic, tuvo que decir a la prensa checa las consecuencias potenciales que tendría la ruptura de Kosovo:

"En el caso de que los países de la UE apoyen la independencia de Kosovo, tendremos muchos problemas con la integración europea. La consecuencia final será Serbia como un país aislado o un escenario en el que tendremos muchas mejores relaciones con otros países del mundo".

Leon Kojen, miembro del equipo negociador serbio, dijo recientemente que en la medida que Occidente tiene el sentimiento de que el camino hacia la integración euro-atlántica pasa por llegar a un acuerdo con Serbia, entonces considerarán un Kosovo independiente como la solución óptima. El ministro de exteriores serbio amenaza con romper lazos diplomáticos con cualquier país que reconozca la independencia de la provincia. En reuniones recientes de altos funcionarios serbios con representantes del monopolio del gas ruso Gazprom, es una prueba clara de que el rumbo tomado hasta ahora puede cambiar fácilmente, y que las partes más jugosas de la privatización serbio pueden ser ofrecidas a Rusia. Hasta donde están dispuestos a llegar en Belgrado con este flirteo Moscú, esa es otra cosa.

La UE, obviamente, se toma en serio las señales. Hace unos días prometió mil millones de euros de ayuda a Serbia durante los próximos cinco años, además de la perspectiva de firmar un acuerdo de Estabilización y Asociación que abriría la puerta a más financiación de la UE.

La clase dominante serbia está dividida en esta cuestión. Una parte es partidaria de Rusia mientras que la otra juega la carta de Kosovo, las dos intenta jugar una partida de póker geopolítico, en las mejores tradiciones de Milosevic. Esta posición ya está dando resultados. El problema es que si tú juegas, el faroleo constante al final te obligará a apostar todo en determinado momento. Sólo hay que preguntar al antiguo gobierno de Milosevic.

"Kosovo independiente"

Parece evidente que Kosovo en el futuro jugará en la región el papel de Chipre. Las negociaciones están en punto muerto, las potencias imperialistas son incapaces de llegar a un acuerdo y Belgrado no quiere renunciar a sus pretensiones sobre el territorio. Probablemente Pristina proclamará la independencia seguida por el reconocimiento bilateral de Washington y la mayoría de la UE, pero sin una resolución del Consejo de Seguridad y con la continua oposición de Moscú y sus aliados.

Un Kosovo independiente se convertirá en una fuente constante de inestabilidad y un chivo expiatorio para azuzar el nacionalismo serbio cuando sea necesario. Sin embargo, debemos ser claros sobre lo que queremos decir cuando utilizamos el término "Kosovo independiente". La soberanía completa y un territorio independiente no están en la mente de nadie, ni siquiera de la camarilla dominante de Pristina.

Lo que ofrece el actual "plan Ahtisaari" al pueblo de Kosovo es una "independencia supervisada" con control extranjero encarnado en el Representante Civil Internacional, que también actuaría como el representante especial de la UE, con poderes políticos similares a los del Alto Representante en Bosnia y Herzegovina. En realidad, es un estatus de protectorado con limitada soberanía política y la presencia de tropas extranjeras en el territorio. Estamos ante otro estado satélite imperialista en la región, una minúscula provincia de la antigua Yugoslavia, con una base militar norteamericana de 360.000 metros cuadros sobre su territorio.

Además, Kosovo tampoco escapará del control serbio. En un intento de convencer a Belgrado, el plan Ahtisaari descentraliza totalmente Kosovo, ofreciendo a Serbia influir a través de la minoría serbia del norte de la provincia, donde Pristina no tiene una autoridad efectiva. Incluso si no fuera así, un Kosovo empobrecido seguiría de facto dependiendo del poderío económico de Belgrado. Rodeado por una Serbia siete veces más grande que sería su principal red de comunicaciones hacia occidente, Kosovo sería un objetivo fácil. Aproximadamente el 70 por ciento de las mercancías de Kosovo proceden de Serbia y también depende del suministro eléctrico. Belgrado ya ha dejado claro que impondrá sanciones económicas y hará la vida lo más complicada posible a la provincia si ésta se atreve a declarar la independencia.

¡Como si ya no fuera dura la vida para la población local! Aproximadamente el 37 por ciento de los kosovares viven en la pobreza y un 15 por ciento en la extrema pobreza. El desempleo es del 40-50 por ciento. El PIB per cápita es el más bajo de Europa, aproximadamente 1.200 euros. El presupuesto depende de la ayuda internacional (34 por ciento) y de las remesas de los albaneses que trabajan en el extranjero (20 por ciento). El déficit comercial exterior crece, el valor de las exportaciones en 2006 fue de 78 millones de euros, frente a los 1.300 millones de las importaciones. En Pristina son habituales los cortes de electricidad. La producción industrial no se ha renovado y la población se ha beneficiado muy poco de los 3.000 millones de euros que han entrado en la provincia en concepto de ayuda exterior desde 1999. Se extienden las acusaciones de corrupción contra la misión de la ONU y los contratistas internacionales que hacen negocios en la provincia. Según el boletín de la ONU de octubre de 2006, sólo el 30 por ciento de los kosovares tiene fe en la actual administración de la ONU. Al mismo tiempo, la elite política local se un arquetipo de la mafiosa clase dominante creada por las guerras en la antigua Yugoslavia. El dirigente más pobre de los partidos políticos que se presentaron en las elecciones tenía una riqueza personal de 250.000 euros, el más rico se calculaba que tenía 420 millones.

No es de extrañar que más de la mitad de los ciudadanos de Kosovo decidiera no votar en las elecciones de noviembre. La participación pasó del 80 por ciento de las elecciones celebradas después de la guerra a sólo el 43 por ciento. Todos los candidatos defendían la independencia de Serbia, finalmente ganó Hashim "el serpiente" Tachi, líder del antiguo ELK (Ejército de Liberación de Kosovo) patrocinado por la CIA. Estos hipócritas desataron una campaña histérica nacionalista contra Belgrado, mientras que al mismo tiempo, de manera consciente, empujan a Kosovo en dirección a convertirse en una semi-colonia del imperialismo mundial.

Los kosovares empiezan a ser conscientes de la trampa en la que les están metiendo estos políticos. La independencia sobre bases capitalistas no frece una perspectiva concreta de aumento de los niveles de vida en este territorio subdesarrollado, no ofrece ningún final real a la influencia de la burguesía serbia. Debido a esta solución a medio camino, están obligados a pagar un precio elevado por convertirse en títeres imperialistas dependientes de la buena voluntad y los acuerdos con las grandes potencias.

La situación social dentro de Kosovo es insoportable, mientras, los programas de los partidos políticos no se corresponden con las reivindicaciones de las masas. La extensión del desánimo ha llevado a la organización activista llamada "Autodeterminación" (¡VETEVENDOSJE!) al frente de la lucha. Encabezada por un antiguo dirigente estudiantil, Albin Kurti, este grupo existe la independencia incondicional y se niega a negociar con Serbia, al mismo tiempo mantiene una retórica antiimperialista, mezclada con la anticorrupción y demandas sociales.

La verdadera naturaleza de la administración extranjera se reveló en febrero de este año, cuando las fuerzas de la ONU mataron a dos manifestantes en una protesta organizada por Kurti, que pronto fue arrestado. En su apelación en el juicio, Kurti, correctamente, señaló que el plan Ahtisaari sólo provocaría nuevos conflictos y aumento del crimen en Kosovo. Desgraciadamente, lo que Kurti no dijo es que un Kosovo independiente dentro de unos Balcanes capitalistas es un sueño imposible con o sin la presencia de fuerzas internacionales.

La "autodeterminación"

Los llamamientos a la "autodeterminación" en el caso de Kosovo deben situarse en el contexto histórico actual. La autodeterminación no es una reivindicación abstracta fuera del espacio y el tiempo, debe ser considerada de acuerdo con su contribución concreta al avance de la lucha de clases. La ruptura de la Yugoslavia de Tito está relacionada con la reintroducción de las relaciones sociales capitalistas en la región, y el fortalecimiento de las fuerzas políticas pro-capitalistas en cada república.

Como ilustra el caso de Serbia, esta situación ha mutilado a la clase obrera, que todavía no se ha recuperado de esta derrota histórica. No hay razón para que no sea diferente en el caso de Kosovo. Solo, aislado de todas partes, con una economía destrozada y la bota imperialista en su suelo, la oportunidad para el desarrollo de un movimiento social exitoso está lejos a corto plazo. La declaración de independencia simplemente ofrecería a la clase dominante local más margen de respiro para continuar con el saqueo y la privatización, y fortalecerá la posición del imperialismo en la región.

Los marxistas dentro de Serbia, en primer lugar, deben elevar su voz contra la burguesía doméstica que tiene apresado este territorio. Sin embargo, al mismo tiempo, tenemos la responsabilidad de no ayudar a fomentar las ilusiones, extendidas por el imperialismo y sus matones en Pristina, y que dicen que un Kosovo independiente traería la libertad para los albaneses. Como marxistas defendemos el derecho de autodeterminación de Kosovo, pero las masas finalmente tienen que darse cuenta de que la clase dominante kosovar es incapaz de cumplir su promesa.

La independencia de Kosovo no resolverá la cuestión nacional albana, sino que complicará aún mucho más los conflictos nacionales en los Balcanes. ¿Los marxistas deberían defender el derecho de autodeterminación para los serbios de Kosovo la mañana siguiente de que se reconozca la independencia de Kosovo?

Las negociaciones sobre la situación de Kosovo han provocado una de las mayores crisis en Bosnia y Herzegovina desde el final de la guerra en 1995. La dirección serbio bosnia también toca el claxon del "derecho de autodeterminación" cada vez siente que su autonomía es mermada por la tendencia a la centralización impuesta por la UE dentro del país. La reunificación potencial de la República Srpska con Serbia, en la que insiste Belgrado como compensación mínima por la pérdida de Kosovo, arrastraría a Croacia al torbellino y dejaría a los bosnios musulmanes colgados en medio de la nada. Un Kosovo independiente también cuestionaría la situación de la población de habla albanesa en Macedonia. Después está la minoría albanesa del Valle de Preservo en el sur de Serbia, que ya protagonizó un levantamiento en 2001, eco de la guerra en Kosovo y la crisis en Macedonia. La lista continúa y continúa….

La situación a la que se enfrentan ahora no es nueva. Como ya hemos explicado, en muchos aspectos, la región ha regresado al año 1913. Afortunadamente, los Balcanes tienen una rica tradición socialista en la que podemos basarnos. Tenemos el privilegio de aprender cómo los socialistas trataron estas mismas cuestiones hace casi cien años. La resolución aprobada por el primer Congreso Socialdemócrata Balcánico, celebrado en Belgrado en enero de 1910, dice lo siguiente:

"Bajo la tutela forzosa y la preponderante influencia de la diplomacia europea, el instrumento de expansión política del capitalismo europeo, se han creado relaciones territoriales y nacionales sobre el pasado histórico del sudeste de Europa, y especialmente en la península Balcánica, que dificultan el desarrollo cultural y económico de los pueblos, y se oponen enérgica e intensamente a sus intereses y necesidades. De esta contradicción parten todas las crisis, perturbaciones y acontecimientos que sirven como pretexto para que la diplomacia europea y sus agentes monárquicos-reaccionarios en los Balcanes mantengan su política de interferencia, tutela, conquista y reacción… Todas las fuerzas progresistas de la nación deben luchar para liberarse del particularismo y la insularidad… las fronteras que con frecuencia dividen pueblos que hablan la misma lengua, que tienen la misma nacionalidad y cultura, o regiones que son económica y políticamente interdependientes…. Reconociendo la necesidad y legitimidad de las aspiraciones de las naciones del sudeste de Europa, el primer Congreso Socialdemócrata de los Balcanes adopta la posición de que éstas sólo se podrán conseguir combinando sus fuerzas como un todo, eliminando las fronteras trazadas de manera artificial y permitiéndoles vivir juntos con plena reciprocidad y en una defensa unidad contra el peligro común". (El subrayado es mío).

Estas ideas más tarde cristalizaron en la idea de una Federación Socialista Balcánica como la única respuesta posible a la diversidad étnica y atraso económico de la región. Hoy, esta consigna es aplicable más que nunca. Aquellos que pretenden que es demasiado abstracta e idealista, sólo podemos hacer referencia a las experiencias de estos últimos quince años, lo que ha traído la insistencia en el derecho de autodeterminación sobre bases capitalistas. El mayor idealista es el que cree que la cuestión nacional en los Balcanes se puede resolver siguiendo por ese camino.

La efectividad y la corrección de nuestra alternativa depende primeramente de un factor, y ese es el regreso de la clase obrera regional a la arena política. Si miramos la situación en Serbia y Kosovo queda claro que la clase obrera serbia de intentar llenar el vacío político dentro del país construyendo su propia organización política independiente, con una postura internacionalista con relación a Kosovo, esta postura tendría eco dentro de la provincia. En una situación de aislamiento y desesperanza esta idea sería aceptada entusiastamente. Lo mismo se aplica a todas las antiguas repúblicas yugoslavas.

Como dijimos anteriormente, el reciente movimiento en Eslovenia nos demuestra el camino. Los medios de comunicación en la región prefieren ignorar estos acontecimientos, no ocurre así con algún pequeño incidente de algunos de los países vecinos que puedan contribuir a las llamas chovinistas. En una manifestación de fuerza, 70.000 sindicalistas y estudiantes llenaron las calles de Ljubljana, entre ellos trabajadores y jóvenes de distintas nacionalidades de las antiguas repúblicas, todos reunidos bajo un solo color por la defensa de sus reivindicaciones sociales.

Cuando veamos escenas similares en las calles de Belgrado, Pristina, Skoplje, Zagreb o Sarajevo, miraremos atrás, hacia estas dificultades actuales, con una sonrisa en la cara porque sabremos que la lucha de clases en los Balcanes regresó. Estamos seguros de que a partir de ese momento, no se malgastará nada de tiempo en ajustar cuentas pendientes.