Este último tiempo, hemos podido observar en diferentes partes del mundo una creciente ola de repudio contra las políticas destructivas del capitalismo; ni siquiera algunos de los países más imperialistas, como Francia, Alemania o EE.UU. pueden camuflar la deficiencia de este sistema parasitario que no hace más que alimentarse de forma descarada de la clase obrera.
Bajo este clima imposible de ignorar, es la juventud, bañada del más puro espíritu revolucionario, quienes dan cátedra a las generaciones adormecidas haciendo eco de su joven voz e incentivando cada lucha y reclamo; pero cada sorbo de libertad que adquirimos al manifestarnos y comunicarnos de manera colectiva, viene acompañado de un fuerte cachetazo de represión y violencia del otro lado, demostrando otra vez el papel del Estado como destacamentos especiales de hombres armados en defensa del sistema de la propiedad privada.
El pasado 15 de octubre tuvo lugar la 5ta Marcha Federal Universitaria, la cual cabe destacar, contó con la movilización de casi todas las provincias del país. De manera oportuna, la marcha coincidió con la sesión parlamentaria de la Cámara de Diputados y, de esa manera, cuatro reclamos principales fueron puestos sobre la mesa, o sobre la calle mejor dicho: el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, La prórroga de la Ley de Emergencia en Discapacidad, una solución a los problemas de endeudamientos de familias (especialmente jóvenes), y el rechazo total al DNU 70/23.
Varios sectores llamaron a la movilización como el FITU, varios sindicatos de la CGT, el MTS, ATE, la Cámpora y más. Miles y miles de personas se reunieron alrededor del Congreso de la Nación; estudiantes universitarios y secundarios acompañados de profesores y trabajadores expresaron su frustración mediante discursos, carteles, gritos, banderas, grafitis y canciones.
Pasadas las 16hs, cuando la concentración de gente fue muchísimo mayor un grupo de personas encapuchadas, a las que más tarde otros manifestantes habrían señalado de infiltrados, comenzaron a causar disturbios frente a las barricadas policiales que rodeaban el Congreso. Ante esto las fuerzas policiales, lejos de detenerlos en ese mismo momento al ser un grupo reducido, comenzaron a lanzar gases lacrimógenos de manera indiscriminada a las multitudes pacíficas, logrando desarticular la manifestación y encender el fuego en el resto de manifestantes que hasta ese momento se habían mantenido pacíficos. La Policía de la Ciudad, la Policía Federal, Prefectura y Gendarmería desplegaron balas de goma, camiones hidrantes, gases lacrimógenos y granadas de gas de fabricación militar, ¡Pero nuestros jóvenes también pusieron el pecho y no se dejaron amedrentar! Incluso con el escenario rodeado de gas, con las gargantas y los ojos al rojo vivo, trataron de terminar el discurso final que tenían preparado.
La marcha terminó con más de 500 heridos, más de 20 detenidos, entre ellos dos menores de edad y en el Congreso simplemente no hubo cuórum. Fue algo predecible lo sucedido tanto dentro como fuera del recinto parlamentario sabiendo los trucos engañosos y teatreros de aquellos que defienden los intereses de las élites capitalistas, sin embargo no podemos permitirnos caer en sus provocaciones. “La revolución no se hace, se organiza.” Indicó Lenin en su libro ¿Qué hacer? de 1902. Tanto en aquella época como en la actualidad, es una realidad que la bronca debe estar organizada para poder pegar duro y certero.
Las manifestaciones no solo sirven para visibilizar nuestro enojo, deben servir para organizarnos en asambleas en cada facultad, escuela y lugar de trabajo donde podamos decidir democráticamente cómo seguir la lucha, formar comités de lucha y establecer coordinadoras entre los distintos sectores, con delegados elegidos y revocables por sus bases. Estos espacios permiten unir los reclamos, superar el aislamiento de cada conflicto y avanzar hacia una organización independiente de la clase trabajadora. En el desarrollo de la lucha, pueden sentar las bases para construir verdaderos organismos de poder obrero. Debemos usar esta experiencia para exigir a la CGT y las CTA a que convoquen un paro general y que se movilicen para defender a las marchas frente a la represión. Pero no podemos quedarnos esperando a que sus dirigentes tomen la iniciativa, además necesitamos métodos de seguridad que reduzcan las probabilidades de filtraciones en las movilizaciones como comités de autodefensa organizados democráticamente desde las bases, para prevenir infiltraciones policiales y proteger a los manifestantes frente a la represión. La experiencia de la Posta de Salud y Cuidados demuestra la importancia de la organización colectiva para garantizar nuestro derecho a la protesta.
Sabemos que las direcciones están más preocupadas por mantener sus acuerdos políticos y contener las luchas que por llevarlas hasta el final pero los ejemplos recientes de Italia y España demuestran que la presión de los trabajadores y jóvenes movilizados puede obligar incluso a las direcciones sindicales más conciliadoras a convocar huelgas que no estaban dispuestas a impulsar. Por eso, es fundamental unir las luchas, incorporar a la juventud estudiantil y fortalecer la organización de los trabajadores para avanzar hacia la huelga general.
Recuerden, la lucha no se reduce al Congreso ¡Está acá! y sería un error fatal pensar que todo se acabará con Milei fuera de la presidencia o “tranzando” con las Instituciones del orden capitalista; la única manera de lograr una verdadera liberación será con una dirigencia obrera revolucionaria ¡Obrera y nada más! Por eso animamos a cada persona que esté leyendo esto a acercarse para poder analizar cómo construir esas armas tan indispensables para nuestra lucha colectiva y cómo poder construirnos a nosotros mismos como cuadros revolucionarios para poder usar estas herramientas.
¡No permitamos que aplaquen nuestras voces!
¡No al DNU 70/23!
¡La única dirigencia aceptable será la del proletariado!
¡Organicemos la bronca, luchemos contra el sistema!









