Portugal: a 30 años de la “revolución de los claveles”

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El 25 de abril se cumplieron 30 años del inicio de la revolución portuguesa (1974-75), más conocida como la “Revolución de los claveles”. Aunque en nuestro país este proceso revolucionario no es muy conocido, basta decir que la revolución portuguesa fue el intento de transformación socialista de la sociedad que más lejos llegó de todos los ocurridos en Europa Occidental tras la II Guerra Mundial. Este artículo está basado en un trabajo de Miguel Pérez publicado en el periódico marxista español, Eol, El Militante, en 1994.

Cuando los trabajadores portugueses tocaron el poder con las manos

El 25 de abril se cumplieron 30 años del inicio de la revolución portuguesa (1974-75), más conocida como la "Revolución de los claveles". Aunque en nuestro país este proceso revolucionario no es muy conocido, basta decir que la revolución portuguesa fue el intento de transformación socialista de la sociedad que más lejos llegó de todos los ocurridos en Europa Occidental tras la II Guerra Mundial.
En 1974, Portugal estaba gobernado por una dictadura militar, la más antigua de Europa, establecida desde 1926 por Oliveira Salazar. En la última etapa del régimen, las huelgas de los trabajadores, las protestas universitarias y la guerra colonial en África (Angola y Mozambique), que desangraba al país desde 1961, hacían presagiar un colapso, a pesar de los intentos de la burguesía portuguesa y el imperialismo por evitarlo.
El capitalismo portugués era el más atrasado de Europa. La agricultura empleaba a casi el 40% de la población, la guerra colonial se comía los recursos estatales y la industria se encontraba colapsada como consecuencia de la crisis económica del 73, teniendo como único factor competitivo los bajos salarios de los trabajadores.
En la base del ejército existía una situación de fermento. La guerra colonial era impopular en las masas. Los soldados y suboficiales que combatían en África estaban desmoralizados y despreciaban a los altos jefes militares que los condenaban a morir en una guerra de opresión colonial a la que no le veían ningún sentido. Muchos de los jóvenes oficiales y suboficiales, que provenían directamente de las universidades que estaban en fermento, y en contacto con las luchas revolucionarias de los pueblos coloniales a los que estaban combatiendo, giraron a la izquierda y organizaban círculos de discusión clandestinos.

El 25 de abril

Cuando el 25 de abril de 1974, los oficiales agrupados en el Movimiento de las Fueras Armadas (MFA), organización de mandos militares de baja graduación y de orientación antifascista, sacaron los tanques a la calle no sólo derribaron la dictadura más vieja de Europa, sino que también abrieron la caja de Pandora de las contradicciones gestadas en la sociedad portuguesa durante 48 años. El mismo día del golpe, millares de personas apoyaron en la calle la acción del MFA. Seis días después, un millón y medio de manifestantes en Lisboa y cuatro millones en el resto del país (de una población total de 8 millones) festejaron el 1º de Mayo.
La caída de la dictadura dio un gran impulso al movimiento obrero. La marea huelguística se extendió de norte a sur. Millones de obreros ingresaron a la lucha y la Intersindical (hoy CGTP), sindicato surgido de los sindicatos corporativos de la Dictadura, afilió rápidamente a más del 80% de los obreros portugueses. Los partidos obreros: el Partido Socialista (PS) y el Partido Comunista (PC) reclutaron decenas de miles de militantes.
De esta manera, la revolución portuguesa puso de manifiesto una ley histórica del movimiento obrero que se ha producido, y se seguirá produciendo, una y otra vez: cuando los trabajadores sienten la necesidad de expresarse políticamente lo hacen inevitablemente a través de sus partidos tradicionales.
La iniciativa revolucionaria había pasado en un instante de los cuarteles a la clase obrera, lo que aterrorizó enormemente a la burguesía portuguesa e internacional, y la llevó a intentar frenar a la clase obrera a toda costa.
En el plano político, se formó un gobierno provisional de "Frente Popular", con la presencia de los partidos obreros y burgueses. La burguesía quería utilizar la autoridad que los primeros tenían ante las masas para frenar su lucha revolucionaria. Lamentablemente, las direcciones de estos partidos no tenían un programa que fuera más allá de instaurar una democracia burguesa "avanzada" bajo los marcos del capitalismo.
Entre junio y septiembre de 1974 hubo diferentes intentos reaccionarios para frenar la lucha revolucionaria de los trabajadores, auspiciados por el nuevo presidente de la república, el general Spínola, que se disfrazaba de militar "demócrata". Pero todos ellos fracasaron por la acción revolucionaria de los trabajadores en las calles. Spínola tuvo que renunciar y un militar "izquierdista", Vasco Gonçalves, es nombrado primer ministro. Esto aumentó la confianza en sí misma de la clase obrera. Cientos de miles de trabajadores comenzaban a poner en cuestión la validez del capitalismo para solucionar sus problemas.
El punto álgido

El 11 de marzo de 1975 marca el momento clave en la revolución portuguesa. Ese día, los militares afectos a Spínola intentan un nuevo golpe de estado que se disolvió en pocas horas. Esta nueva ofensiva reaccionaria provocó la ira de los trabajadores. La clase obrera junto a los soldados tomó las armas e impuso controles y barricadas por todo el país en busca de los golpistas.
La enorme presión de la calle obligó al gobierno a tomar medidas drásticas para contener a la clase obrera. Hubo un proceso tan grande de nacionalizaciones que abarcó al 80% de la economía, incluida la banca y la industria pesada. Los grandes latifundios fueron colectivizados por la acción directa de los jornaleros del campo, especialmente en el sur del país.
En las elecciones para la Asamblea Constituyente de abril de 1975 el apoyo obtenido por los partidos obreros fue impresionante. Ganó el PS con el 38% de los votos, y el PC y los grupos a su izquierda consiguieron otro 20%.
El boicot de los capitalistas a la economía portuguesa hizo surgir el control obrero en las fábricas por medio de comités elegidos por los propios trabajadores. Frente a la descomposición acelerada del Estado burgués se responde con el "Poder Popular", organismos con similitudes a los "Soviets", en los barrios obreros donde se reparten viviendas, se crean centros culturales y deportivos, etc. En el mismo ejército desaparece la disciplina de la clase dominante y las órdenes de los mandos son discutidas y votadas en las asambleas de soldados. Aparece el SUV (Soldados Unidos Venceremos), sindicato de soldados creado para frenar los intentos contrarrevolucionarios en el ejército.
Fue el momento decisivo para extender la lucha. Las condiciones estaban dadas para el triunfo de la revolución socialista. La economía estaba en manos del Estado y se estaban dando pasos en la construcción de organismos de democracia obrera en las fábricas, los barrios y los cuarteles. Pero estos organismos no se desarrollaron completamente a causa de la falta de una dirección revolucionaria que centralizase, propusiera las consignas y un programa auténticamente socialista a estos elementos de democracia obrera. Lo que hubo en Portugal fue una situación de doble poder; entre un embrión de poder obrero y un Estado burgués enormemente debilitado. Por aquellos días, el principal órgano del capital financiero británico, The Times, publicó un editorial que se titulaba: "El capitalismo ha muerto en Portugal".
Sin embargo, la política de los dirigentes obreros fue nefasta. Los del PC, el partido más estructurado y organizado, abrazaban la teoría antimarxista y reformista de las dos etapas: primero luchar por la "democracia", después por el socialismo. Esto les llevó a plantear alianzas con una inexistente burguesía "de izquierda" y a frenar al movimiento obrero con el objetivo de "consolidar la democracia".
El PS por su parte, durante un tiempo, despertó esperanzas en la clase obrera con sus consignas más a la izquierda que el PC. Pero rápidamente, el ala derecha del partido encabezada por Mario Soares, a costa de provocar crisis, grietas y escisiones en el PS, hizo girar al partido hacia la socialdemocracia reformista.

El 25 de noviembre

Tras el fracaso del 11 de marzo, la burguesía pasó a combatir en otros frentes. Desató un boicot económico descomunal: desinversiones, fuga de capitales, etc. Se disparó el aumento de los precios, la balanza del comercio exterior se vino abajo, la moneda nacional (el escudo) cayó en picada. Se trataba de obtener una base social amplia para la reacción.
En octubre de 1975, la reacción convoca manifestaciones contra la "anarquía". Son respondidas por 800.000 obreros y jóvenes dando vivas a las Revolución Socialista. Los batallones pesados de la clase obrera portuguesa (astilleros, siderurgia, construcción) salen a la lucha y cercan el edificio del Congreso durante 48 horas. Finalmente, el gobierno tiene que ceder y dar aumentos de sueldo del 45% para calmar los ánimos. En este contexto de radicalización es cuando se produce el intento de golpe de estado izquierdista del 25 de noviembre. Al calor de la lucha, las unidades más izquierdistas del ejército (los paracaidistas) salen a la calle y toman los puntos neurálgicos de Lisboa. Pero esta acción aventurera es tomada al margen de la clase obrera, y el movimiento queda aislado. Sólo apoyan el golpe los trabajadores de los astilleros, y fracasa.
El desconcierto y la confusión que produce el fracaso del golpe "izquierdista" es aprovechado por la burguesía para pasar a la ofensiva, contando para ello con la actitud pasiva de los dirigentes de las organizaciones obreras y con el apoyo activo de los elementos reformistas proburgueses en el interior de las mismas. La ausencia de una tendencia de masas genuinamente marxista en el seno de los grandes partidos de la clase obrera que pudiera haber disputado la dirección a los dirigentes reformistas les facilitó su labor de descarrilar la revolución. A partir de este momento se da un punto de inflexión en el proceso revolucionario. El SUV es disuelto y los mandos más izquierdistas son apartados y algunos encarcelados. Comienza la desaparición paulatina del control obrero en las fábricas, en la tierra y en los barrios.
Tras el 25 de noviembre se da un proceso contrarrevolucionario bajo una forma "democrática" que restaura el control de la sociedad por parte del Estado burgués.
Todo el final de la década del setenta es un período de enormes convulsiones: empeoramiento de la situación económica, crisis continua de los gobiernos, etc. que hace que surja la "opción presidencialista" del General Eanes (elegido Presidente de la república en junio de 1976 gracias al apoyo del PS). Era un nuevo giro bonapartista que se planteó la burguesía para continuar liquidando las conquistas revolucionarias.
A pesar de todo, la pérdida de las "conquistas de abril" recién se concretó con la llegada al poder del gobierno de derecha de Cavaco Silva y su Partido Socialdemócrata (PSD) a mediados de los años 80. En 1989, y nuevamente con el apoyo del PS, se reforma la Constitución portuguesa del 76 -en donde todavía figuraba el objetivo de instaurar el socialismo en el país- y se dan pasos definitivos a las privatizaciones, recortes sociales, los ataques a las haciendas colectivizadas, etc.

Un nuevo período

30 años después, nuevos procesos y luchas de la clase trabajadora apuntan en el horizonte debido a la crisis orgánica del capitalismo que, en Portugal, se manifiesta con mucha mayor virulencia. Las políticas reformistas que no cuestionan el sistema se limitan a administrar la crisis del capitalismo sin dar satisfacción a las inquietudes y necesidades de los trabajadores. En esta nueva época, la clase obrera y la juventud portuguesa cuentan con un arma a su favor: las lecciones de la derrota del proceso revolucionario del 74/75. Ponerlas en práctica es la tarea esencial que tienen los activistas y los sectores más avanzados en este nuevo período convulsivo que agita al sistema capitalista en Portugal y en todo el mundo.