Por un 1º de mayo que ponga como tarea la autoorganización obrera

Este 1º de mayo encuentra a los trabajadores en una situación absolutamente inédita en la historia del capitalismo. La pandemia del COVID-19 y la profundización de la crisis de sobreproducción, que se traduce en un derrumbe de la economía, están acelerando los tiempos políticos. Esto sucede de manera sincronizada en todos y cada uno de los países del mundo.

La falsa dicotomía de la vida o el trabajo que intenta imponer la clase dominante a través de sus empresas, fábricas, corporaciones y políticos muestran el verdadero rostro de este sistema. Empresarios, banqueros y terratenientes empujan con despidos, recortes y suspensiones para levantar la cuarentena usándonos como carne de cañón para sostener sus ganancias mientras, por el otro lado, los distintos gobiernos no son capaces de asegurar la reproducción material de los trabajadores en aislamiento. Es decir, el Estado no es capaz de garantizar ni la cuarentena ni el sustento de todos para atravesarla.

Independientemente de las intenciones de quién gobierne lo que se prepara para los trabajadores del mundo es un mazazo porque ésta es la lógica que el capitalismo impone. La Organización Internacional del Trabajo anunció hace ya tres semanas que se esperan 195 millones de desocupados y estos son cálculos conservadores.

Millones de despidos, hambre, enfermedad y miseria es lo único que puede ofrecer el capitalismo.

En nuestro país son más de 1.200.000 los trabajadores afectados por despidos, suspensiones y rebajas salariales. La situación de los trabajadores informales es desesperante.

Los dirigentes del movimiento sindical están demostrando, en el mejor de los casos, ser incapaces de enfrentarse seriamente a esta situación cuando no ofician directamente y abiertamente como traidores.

Por un lado, la CGT entrega atados de pies y manos a los trabajadores acordando en la mesa del gobierno y los empresarios rebajas salariales, suspensiones y despidos. El pacto entre las cámaras empresariales, la CGT y el gobierno legaliza los recortes a los sueldos de las familias trabajadoras. La excusa de que aceptar recortes es mejor que aceptar despidos pone de relieve la postración de la burocracia sindical ante los patrones. Esto sucede porque esta dirigencia sindical no tiene otro objetivo que garantizar sus fabulosos negociados, basados en la corrupción, que han convertido a los principales dirigentes de la CGT y sus sindicatos en millonarios. Pero esto no es todo, ya que a la vez que juegan el papel de negociar a los trabajadores juegan, a su vez, el papel de aislar los conflictos para romper cualquier atisbo de lucha que surja de las fábricas o empresas. 

Las declaraciones de Hector Daer (FATSA) en favor de recortar salarios, el acuerdo de Gerardo Martínez (UOCRA) para garantizar los 1450 despidos en Techint, el acuerdo de Antonio Caló (UOM) para permitir bajas del 30%  en los sueldos, las maniobras en tándem con las patronales gráficas de Héctor Amichetti (FGB) para romper la cuarentena y aceptar recortes, son una muestra de lo reaccionario de estos dirigentes que se mantienen atornillados a sus puestos ahogando con violencia la democracia sindical.

Por otro lado, la dirigencia de la CTA se encuentra atada de pies y manos al Estado y se ha convertido, producto de su política de conciliación de clases, en un refrendador pasivo de las medidas que toma el gobierno nacional. La pérdida total de independencia política pone a esta Central de Trabajadores en un rol activo de aceptación de la crisis política que lleva a los trabajadores a perder poder adquisitivo día tras día. Un rol que ya venía jugando antes de la pandemia al punto que, uno de sus principales dirigentes, Hugo Yasky se mostró dispuesto a eliminar la cláusula gatillo de los acuerdos paritarios porque generaban “inercia inflacionaria”. La idea de que son nuestros sueldos los que provocan inflación y no los capitalistas y sus políticas es un insulto a la inteligencia de trabajadores. 

Por su parte, los dirigentes de la CGT disidentes con su dirección como Hugo Moyano (SICHOCA) y demás dirigentes de la Multisectorial 21F junto con Sergio Palazzo (AB), que si bien acompañó y garantizó la cuarentena en los bancos ayudando a proteger la salud de los bancarios, juegan también el papel de correa de transmisión de las políticas gubernamentales al interior de los sindicatos ya que se encuentran alineados al Frente de Todos.

Han sido los trabajadores de base de estos sindicatos los que se han visto poniéndole el hombro a la crisis, como  las maestras y maestros atendiendo los comedores para los chicos, los compañeros que acompañan la lucha contra los despidos en el frigorífico El Penta de Buenos Aires, los trabajadores bancarios prestando servicio para garantizar el cobro de jubilaciones y ayudas sociales, los trabajadores de la salud precarizados que están en la primera línea de batalla contra la pandemia o los obreros gráficos de Madygraf que reconvirtieron su producción para fabricar mascarillas y alcohol en gel.

La situación política que se abre en el país y el mundo requiere una sacudida radical de los sindicatos existentes. Estos deben ser transformados a través de un proceso abiertamente democrático que comience con las organizaciones de primer y segundo grado como las juntas internas y los cuerpos de delegados, empujando por elegir verdaderos representantes de los trabajadores que reflejen las necesidades actuales. Se necesita un plan de acción de la clase trabajadora que defienda los intereses del conjunto de nuestra clase sin subordinarse ni a los patrones ni al Estado dando un paso delante de la lucha sindical hacia la lucha política.

El capitalismo se dirige a una catástrofe económica y social dejando en evidencia el fracaso abismal de la economía de mercado. La vida de millones de trabajadores está en peligro.

Debemos tomar en nuestras manos nuestro propio destino. Necesitamos un gobierno obrero donde la economía planificada bajo control y gestión democrática de los trabajadores sea orientada a resolver las urgentes necesidades del momento y no para salvar las ganancias de unos pocos como hacen todos los gobiernos. Debemos romper con la lógica de que sólo los capitalistas pueden gobernar ¡Justamente son ellos los que nos están arrastrando a la barbarie!

Los trabajadores del mundo estamos atravesados por las mismas problemáticas, más allá de las particularidades locales, el retroceso de nuestras condiciones de vida. Esto no podría ser de otra manera ya que el capitalismo es un sistema mundial. De las diferentes economías y mercados nacionales surge un conjunto indivisible e interdependiente: el mercado mundial.

El 1º de mayo es en todo el mundo un día de unidad de las y los trabajadores que en un inmenso frente único barren toda diferencia mezclándose como un solo ejército y lo que necesitamos es la creación de un Estado Mayor, nuestro propio Partido de Trabajadores. 

Justamente este es el camino para combatir el peligro al que se enfrenta hoy la humanidad. A un sistema mundial debemos oponerle una lucha mundial de los trabajadores, el internacionalismo y la cooperación obrera son el camino.

El capitalismo no va más. La única manera de acabar con la anarquía del sistema capitalista es que la clase obrera tome el poder en sus propias manos expropiando los bancos y grandes corporaciones, para orientar la economía sobre bases socialistas. Es decir, en beneficio de todos y no de unos pocos ricachones.

Si algo ha dejado en claro para millones la pandemia es que somos los trabajadores los únicos que creamos la riqueza en este mundo. Somos nosotros los que creamos el mundo con nuestras manos. 

Nos encontramos atravesando momentos dramáticos, la vieja normalidad se ha ido para no volver. La dicotomía Socialismo o barbarie capitalista es cada vez más sentida en la cabeza, los músculos y los nervios de la clase obrera. 

Sólo podemos confiar en nuestras propias fuerzas y organización. La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos o no será. 

El viejo grito de guerra de la clase obrera mundial vuelve a nosotros como una necesidad de vida o muerte: ¡Trabajadores del mundo únanse!