México: La lucha contra las drogas es una cuestión de clase

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El narcotráfico como la guerra o la bolsa de valores, es un negocio; un negocio necesita un mercado. Pero el narco es un mercado que no sólo deja considerables sumas de dinero, sino que sobre todo, gangrena a cada vez más sectores de la juventud proletaria.

Saúl tiene seis hermanos. Es parte de una familia obrera en la que el padre es tornero y la madre es ama de casa. Si tú le preguntas a la madre de Saúl “¿Señora, usted en qué trabaja?”, te va a responder: “No trabajo”. Y el caso es que se la pasa trabajando todo el día en la casa.

La familia de Saúl es una familia que hace 30 años vivía en una choza de láminas de asbesto en el terreno que les heredó el abuelo. Saúl tiene un lejano recuerdo, su hermano mayor iba los viernes —día de pago— a la fábrica donde trabajaba su padre, para que le diera “el chivo” de la semana y no se lo gastara en la cantina.

Con mucho esfuerzo, los hermanos construyeron una casa decente y en grados diferenciados pudieron superarse, unos estudiaron en la UNAM, otros en el Politécnico. Saúl no estudió licenciatura y es obrero como su padre, es un experto en máquinas herramientas, fabrica moldes para inyección de plástico, troqueles, y piezas de todo tipo para la industria manufacturera.

La escuela donde asistió Saúl no tiene laboratorios, equipamiento científico, no hay presupuesto para el desarrollo deportivo y los maestros están mal pagados, de forma que tienen que buscarse la vida con más de un empleo, lo cuál merma la calidad de la educación que recibió Saúl. Mucho del enorme potencial y talento de Saúl se quedó inhibido porque la sociedad lo señala como “inepto”, “flojo”, “incapaz”, etc., ya que no pudo continuar sus estudios. Así, en vez de haber logrado desarrollarse, Saúl vive pensando que es “pobre porque es tonto”, porque no estudió, eso lo llena de insatisfacción y rabia.

A pesar de ser un experto en lo que hace, Saúl gana muy poco dinero porque los patrones se quedan con una parte de su salario, es decir, los patrones se quedan con la plusvalía que produce la fuerza de trabajo de Saúl y entonces, Saúl vive una vida llena de limitaciones materiales, como millones en este planeta; no es nada fuera de lo común, más bien, Saúl representa una muestra muy clara de lo que viven millones de jóvenes y trabajadores.

La familia de Saúl vive las presiones del capitalismo, desempleo, empleo temporal, bajos salarios, condiciones de trabajo insalubres y riesgosas, varios de sus compañeros de trabajo se han accidentado, uno de ellos perdió la mano derecha en los rodillos de la extrusora. Saúl cambia de trabajo muy a menudo porque siempre le exigen cada vez más y en la práctica le pagan cada vez menos, no consigue un empleo donde le den planta para hacer antigüedad, donde le den seguro social, donde reciba vales de despensa, fondo de ahorro, gastos médicos mayores, no, no, no, todo eso es parte de un lejano pasado. Ahora sólo puede acceder a un empleo precario o irse de inmigrante a Estados Unidos, lo cuál no es nada sencillo. Por eso Saúl va de fábrica en fábrica, empleo en empleo y siempre es lo mismo, los patrones lo explotan lo más que pueden. Por eso, Saúl ha intentado resolver su situación económica en el comercio informal, incluso ha manejado taxi, pero todo es muy inestable. Ahora que se ha desatado la recesión económica en EUA y en el mundo, todo esto que Saúl tiene que pasar para sobrevivir, empeorará.

Los servicios de la colonia donde vive dejan mucho qué desear, el alumbrado es lúgubre e incompleto, la recolección de basura no es la suficiente eso se denota más en los días de tianguis ya que el mercado deja montañas de basura, el drenaje se desborda en la temporada de lluvias y muchas casas del barrio se llenan de aguas negras dejando a las familias sin muebles. El barrio donde vive Saúl no tiene instalaciones deportivas, no hay ludotecas, ni bibliotecas, museos o centros recreativos y artísticos. Saúl hubiese querido aprender a tocar guitarra y también natación, pero en su barrio no hay dónde, tenía que transportarse largas distancias y sobre todo, no pudo aprender a tocar guitarra y no aprendió a nadar porque tenía que pagar dinero para conseguirlo, dinero que no tenía ni él ni su familia.

Saúl lleva una vida insatisfactoria. Las complejas relaciones intrafamiliares reflejan el caos de la sociedad. Su madre lo sobreprotege y el padre casi siempre está ausente; no sólo no hay comunicación intrafamiliar sino que hay elementos de violencia en varios niveles y grados. Cómo explicó Marx, el ser determina la conciencia, así que todo lo que Saúl vive, le lleva a ver el mundo de cierta manera y no está satisfecho con su presente y mucho menos con su futuro, el cuál está sumergido en una negra noche de incertidumbre.

De esto no culpable la familia de Saúl, es resultado directo de una sociedad que no sólo no desarrolla las fuerzas productivas sino que las destruye, es una sociedad capitalista que hace mucho tiempo tendría que haber pasado al museo de la historia de la humanidad, y sin embargo, en la medida que aún la clase obrera no toma el poder, el capitalismo aún persiste sólo a costa de llevar a la humanidad a la barbarie y destrucción: desempleo, enfermedad, empleos precarios, viviendas indignas con servicios deplorables, un sistema educativo orientado a proveer a los burgueses mano de obra barata, un sistema de salud reactivo y absolutamente insuficiente, la violencia social en México es superior a la de Irak o Afganistán, ya no hablemos del desarrollo espiritual, artístico, cultural, deportivo, intelectual, etc., de la población, que es totalmente inhóspito y orientado a reproducir el pensamiento dominante, orientado a sumergir a la población trabajadora en la ignorancia y sometimiento.

El narcotráfico en México

El jugoso negocio del narco en México arroja 10 mil millones de dólares anuales [1], aproximadamente el 5% del Producto Interno Bruto. El desarrollo del narcotráfico en México ha sido exponencial en el último periodo, es un síntoma claro de la bancarrota en todos sentidos del capitalismo en general y del mexicano en particular, es un reflejo de la decadencia de la burguesía mexicana, ahora más que nunca dependiente del imperialismo y supeditada a él. La corrupción es una expresión implícita del capitalismo, en esta época no puede haber capitalismo sin corrupción, muy lejos ha quedado la época en la que el capitalismo —como modo de producción— jugó un papel progresista para la humanidad, y aún en esa época, el capitalismo emergió sobre la sangre de millones de trabajadores y jóvenes. El arribo de Calderón a la presidencia por medio del fraude electoral, es un claro ejemplo de corrupción. Sin embargo estas damas y caballeros burgueses, elegantemente vestidos se llenan la boca de una supuesta campaña anticorrupción que en realidad está orientada a criminalizar a la juventud, con consignas abstractas y moralistas como “Dí no a las drogas” o “Si roba, ¡llámalo corrupto!”.

El desarrollo del narcotráfico es una respuesta de la burguesía ante el proceso de ascenso y fortalecimiento del movimiento obrero, del campesinado pobre, de los pobres urbanos y de la juventud en México. Son ostensibles los indicadores del inevitable choque de trenes entre las clases de este país, donde se está desarrollando cada vez con mayor claridad, un proceso de revolución y contrarrevolución. El hartazgo de las masas es cada vez mayor, la burguesía está intentando inyectar frágiles medidas keynesianas ante la recesión estadounidense, pero sólo conseguirá empeorar las cosas, la revolución socialista en México está en marcha. Está siendo un proceso que se extiende y extenderá por todo un periodo, por el papel de freno de las direcciones reformistas del PRD y los sindicatos, no así por la supuesta fortaleza de la burguesía y su Estado, todo lo contrario, Calderón podría caer en cuestión de horas o días, si hubiese una dirección revolucionaria dispuesta a ir hasta el final, la caída del régimen detonaría el proceso de construcción de una democracia obrera que colocaría la sociedad bajo control de los trabajadores.

A estas conclusiones están llegando sectores avanzados de la clase obrera y la juventud, que impidieron, por ejemplo, el desafuero de López Obrador, dicho evento es, por un lado, un gran indicador de la debilidad del régimen burgués que llegó a la presidencia producto del fraude, y por otro lado, es un indicador de la fortaleza y enorme capacidad de la clase trabajadora de este país. Hay varios ejemplos más de la revolucionaria agitación social, como el caso del movimiento del IMSS, el de los mineros con luchas heroicas con triunfos parciales, o los maestros primero en la insurrección revolucionaria de Oaxaca y ahora los puntos álgidos en varias partes de país, en especial, los maestros de Morelos, ahora entramos a una etapa decisiva en cuanto al petróleo se refiere, etcétera. Y lo más trascendental está por venir.

Es esta y ninguna otra, la razón del crecimiento desbocado del narcotráfico en México, que todos los días ensangrienta las páginas de los diarios. Hipócritamente Calderón simula combatir al narcotráfico a fin de “justificar” que halla más presupuesto para la Seguridad nacional, quitándoselo a la educación, a la salud, etc. Esto ha tenido efecto incluso en las instituciones policiales como la Agencia Federal de Investigación (AFI) a cuyos miembros —en un evento inusitado en México—, vimos marchar por sus derechos laborales. El estado es en última instancia, un cuerpo de hombres armados en defensa de la clase dominante y si en el seno de los cuerpos policiales hay fermento social, es una muestra clara del grado de degeneración que está alcanzando el régimen burgués.

Asistimos a la crisis orgánica del sistema capitalista. En medio de este caos, se desarrollan fenómenos que atrapan y hacen uso de las necesidades físicas y morales de millones de jóvenes y trabajadores. El narcotráfico es un ejemplo muy claro. Para nadie es ajeno que el narco está penetrado en el cuerpo vivo del degenerado estado capitalista: jueces, generales, empresarios, políticos, periodistas, todos ellos parte de una fina red de corrupción, una mafia que se protege a sí misma, una mafia que ha salido de control y ha desatado una guerra en toda la regla que alcanza ya a más de 5 mil muertos.

Las drogas, una cuestión de clase

El narcotráfico como la guerra o la bolsa de valores, es un negocio; un negocio necesita un mercado. Pero el narco es un mercado que no sólo deja considerables sumas de dinero, sino que sobre todo, gangrena a cada vez más sectores de la juventud proletaria. Se combinan variables de todo tipo pero fundamentalmente las que se derivan de las condiciones materiales de existencia, para que un joven proletario como Saúl caiga en la drogadicción o el alcoholismo, tratando de encontrar un escape que en realidad sólo empeoran las cosas y lo hunde más y más. Ciertamente la drogadicción alcanza sectores de a la juventud burguesa, pero dichos sectores no son de nuestro interés, porque en última instancia, la drogadicción y el alcoholismo son una cuestión de clase y por tanto, deben ser tratados como tal. No caben aquí explicaciones morales bizantinas (por ejemplo, sobre la “libertad individual” de cada quién a decidir), que sólo desenfocan el punto nodal de la cuestión, la drogadicción es una construcción social que se guía por intereses de clase. ¿A quién beneficia que Saúl sea un drogadicto? La “libertad individual” de Saúl para consumir drogas, está tremendamente condicionada por su entorno.

Así, tácitamente, draconianamente, el narcotráfico es un negocio que aspira a que el potencial revolucionario de la juventud y de la clase obrera se sumerja en la estupidez y la lumpenización. El estado burgués prefiere a un joven más o menos atado a las drogas que a un joven consciente de su realidad.

Esto explica que Calderón, palabras más — palabras menos, recientemente se haya pronunciado por la “legalización” del consumo de drogas no exactamente sobre el consumo de marihuana, pero sí haciendo más tolerable legalmente la portación de ciertas cantidades de droga. Por su parte el presidente de la Asamblea Legislativa del DF, Víctor Hugo Círigo, diputado por el PRD, presentó este mes de octubre de 2008, una iniciativa de ley para legalizar el consumo, la venta y la producción de la mariguana en la Ciudad de México, donde por primera vez se promueve la apertura de establecimientos para la venta hasta de cinco gramos por persona de esta droga, lo que equivale a unos tres cigarros. Esto no es una cuestión marginal ni una ocurrencia inocente. Círigo está haciendo el juego a Calderón, ya que la iniciativa es de origen federal. Calderón está usando a Círigo para medir la reacción de los distintos sectores de la sociedad.

No es la primera vez que se habla del asunto de la “legalización” de las drogas en los medios, de hecho Fox, en mayo del 2006 presentó una iniciativa al respecto de la que luego se retractó; sin embargo indica el objetivo de la clase dominante, por eso ahora Calderón arremete de nuevo y Círigo servilmente ocupa su posición como presidente de la Asamblea Legislativa del DF para tirar el anzuelo. Círigo debe ser revocado inmediatamente de su diputación y debe ser expulsado del PRD, la dirección del partido debe convocar a una asamblea democrática en donde se argumente a favor y en contra, pero la propuesta de los marxistas del PRD es que se le expulse irremediablemente.

Los datos

Por barata y fácil de conseguir, la mariguana es la droga que más se consume entre los jóvenes del Distrito Federal, seguida por la cocaína en menor porcentaje y pastillas psicotrópicas. Según datos de 1999, “el 5% de la población urbana de 12 a 65 años de edad había consumido drogas ilegales alguna vez en su vida, de los cuales 11% son hombres, y cerca del 1%, mujeres (…) La droga consumida con mayor frecuencia es la mariguana (5%) seguida por la cocaína (1.4%), mientras que el consumo de inhalables, alucinógenos y heroína se notifica menor al 1%. Las variaciones regionales nos muestran un perfil de consumo muy vinculado al nivel de desarrollo económico y cultural. Las regiones norte y centro rebasan la media nacional (5.3%), mientras que la región sur sólo registra el consumo en 2.7% de la población urbana. Los centros urbanos que notificaron un mayor consumo de drogas ilegales son Tijuana (15%), Ciudad Juárez (9%), Guadalajara (7.5%) y la Ciudad de México (7.3%). En estas cuatro ciudades, los hombres consumen más drogas que las mujeres, aunque ello se hace más evidente en la zona norte: Tijuana (28 vs. 4%), Ciudad Juárez (17 vs. 3%), Guadalajara (15 vs. 1%) y la Ciudad de México (15 vs. 1%). De 1988 a 1998, la tendencia del consumo de drogas en el país ha ido en aumento (3 a 5.3%); en particular, en la región norte se ha incrementado de 4 a 6%, y en el centro, de 3.6 a 6%. Asimismo, tanto en hombres como en mujeres se ha podido observar dicho aumento (de 7 a 11% y de 0.7 a 0.9%, respectivamente).

“Sin lugar a dudas el consumo de drogas ilegales se concentra en los jóvenes de nuestro país, y los resultados así lo indican. De 1976 a 1977, el consumo de mariguana ascendió de 2 a 55%; el de la cocaína, de 0.5 a 4%, y el uso de inhalables, de 0.1 a 4%. Los resultados por grupos de edad, sexo y regiones sólo confirman las tendencias, y resalta el inicio del consumo a edades menores de 13 años de edad. Destaca también el hallazgo de un mayor consumo de drogas entre los jóvenes de 12 a 17 años que no son estudiantes y que no viven con su familia.” [2]

Ya en 2006 aproximadamente un millón 200 mil mexicanos eran consumidores de cocaína. De 1996 a 2006 el consumo de drogas en México creció a una tasa mayor de 20 por ciento anual [3]. Y en septiembre de 2008, la Quinta Encuesta Nacional de Adicciones 2008, arrojó el dato de que “del 2002 al 2008 el número de adictos crónicos pasó de 158 mil a 307 mil, y que la edad de inicio es de 12 años. (…) En ese mismo periodo el número de personas que probaron alguna vez droga subió de 3.5 millones a 4.5 millones, lo que representa 28.9% más con relación a 2002. (…) Los adolescentes entre 12 y 17 años de edad tienen 68 veces más probabilidad de usar marihuana que quienes ya son mayores de edad, es decir de los 18 a los 34 años, y quienes tienen más de 35 años sólo tienen 19 veces la probabilidad de usar esta droga[4].

Sólo el socialismo podrá eliminar al narcotráfico

El momento histórico en que se presenta esta iniciativa de Calderón replicada por Círigo, es de fermento revolucionario. Sólo bajo la lógica de los intereses de clase se puede entender que se pretenda “legalizar” el consumo de drogas, para intentar mermar el potencial revolucionario de la juventud y en ese sentido es una propuesta absolutamente reaccionaria. Bajo el capitalismo, por más que se “combata” al narcotráfico, éste reaparecerá con mayor intensidad, es como un monstruo de mil cabezas, cada vez que le cortas una aparecen por lo menos dos.

Llegado un momento, es posible que lleguen a un acuerdo puntuado tras el reparto del mercado entre los cárteles más poderosos, desapareciendo los más débiles, en sincronía con los grupos de poder económicos y políticos. Este escenario de guerra no prevalecerá por siempre, transitarán por fases de “respeto” a los límites del mercado para, tras un proceso de acumulación de riqueza, se recompondrán nuevamente los cárteles dando lugar a un nuevo periodo de guerra. Pero, bajo el capitalismo, este procese será ascendente ganando cada vez mayor terreno.

Sólo bajo el socialismo se podrá eliminar al narcotráfico, porque el estado en extinción (o “semi-estado”, como lo llamó Engels) el estado basado en la democracia obrera, es decir, con el pueblo en armas y la economía planificada centralmente, desarrollará las fuerzas productivas y podrá erigirse como un poder enormemente superior a cualquier fuerza de la reacción capitalista. La juventud no tendrá necesidad de las drogas porque luchará por construir una sociedad sin clases, en la que todas las miserias del capitalismo desaparecerán por siempre.

Entre tanto, no podemos ni debemos esperar de brazos cruzados a que la clase obrera, dirigida por un partido genuinamente revolucionario, construya el socialismo. Eso a un joven atrapado en las drogas le puede parecer algo muy lejano. Miles de jóvenes viven una vida de sufrimiento y desesperación, la droga es sólo un reflejo de su desorden interior que tiene origen en la sociedad. Vencer las drogas no es sólo un esfuerzo individual basado en la voluntad, no. Para vencer el desorden interno que lleva al consumo de drogas o al alcoholismo, es necesario resolver el caos externo, el caos social, es decir la barbarie capitalista. Es necesario hacer algo urgente. Es claro que no podemos esperar nada favorable del régimen burgués. Es necesario crear organización revolucionaria en el seno de los barrios, las fábricas, las escuelas. Es necesario impulsar estas ideas en el seno de la juventud del PRD, en el seno de nuestros sindicatos. Pero sin duda, existe una alternativa revolucionaria para los jóvenes, y esa se llama CLEP — CEDEP, la mayor y más importante organización juvenil revolucionaria en México, que lucha en las escuelas, las fábricas y los barrios por una alternativa revolucionaria a la barbarie capitalista, llevando a la práctica un Programa de transición, que busca resolver cuestiones inmediatas ligándolo a la necesaria transformación socialista de la sociedad.

 ¡La lucha contra las drogas es una cuestión de clase!
 ¡No a la legalización de las drogas!
 ¡Por la expulsión de Víctor Círigo del PRD!
 ¡Únete al CLEP CEDEP para luchar por la mejorar la educación y calidad de vida de la juventud!
¡Sólo el socialismo eliminará al narcotráfico! 

21 de Octubre de 2008


 [1] http://www.adnmundo.com/contenidos/politica/mexico-narcotrafico-mueve-10000-millones-dolares-anualmente-pi-040908.html
 [2] http://www.scielosp.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0036-36341999000300014
 [3] http://www.jornada.unam.mx/2006/01/19/054n2soc.php
 [4] http://eleconomista.com.mx/politica/2008/09/18/1790/aumenta-50-cifra-de-adictos-cronicos-en-mexico/