México: ¿Adónde va el PRD?

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El surgimiento del PRD en 1989 como resultado de las luchas contra el fraude electoral que impuso a Carlos Salinas en 1988, constituye el primero de una serie de acontecimientos que han permitido un cierto nivel organizativo contra el actual sistema. La lucha heroica que miles de sus militantes han dado y que ya ha representado más de 600 muertos, será recordada por la historia como muestra de un pueblo trabajador que a pesar de las adversidades no se rinde ante el enemigo que representan las fuerzas del régimen. ¿Adónde va el PRD?

Rescatar al PRD para los genuinos intereses de los trabajadores del campo y la ciudad

El surgimiento del PRD en 1989 como resultado de las luchas contra el fraude electoral que impuso a Carlos Salinas en 1988, constituye el primero de una serie de acontecimientos que han permitido un cierto nivel organizativo contra el actual sistema. La lucha heroica que miles de sus militantes han dado y que ya ha representado más de 600 muertos, será recordada por la historia como muestra de un pueblo trabajador que a pesar de las adversidades no se rinde ante el enemigo que representan las fuerzas del régimen.

A pesar de su dirección actual y su política objetiva de colaboración con el régimen, al no hacer una oposición seria, el PRD es el único partido de oposición, no por lo que es hoy sino por lo que será mañana, cuando la lucha de clases adquiera mayor magnitud. Aunque la vida interna apenas existe hoy, y la actividad externa se da más en una política de colaboración con la burguesía, a pesar de esto, el partido volverá a llenarse desde la base y barrerá a la burocracia, para dar paso en la dirección a luchadores sociales, sindicalistas de clase y jóvenes del movimiento estudiantil, renovándose el ambiente. Los militantes de base hacemos una férrea defensa del partido y llamamos a rescatarlo del control de la dirección reformista que ha adoptado posturas que lejos de dar la posibilidad de avanzar en la construcción de una auténtica alternativa, dan oxígeno al régimen, y por consecuencia, promueven la inexistencia de definiciones claras en los temas más importantes de la actual situación del país, generando confusión en el seno de la militancia. Y mostrando que en la cúpula del PRD existe un conflicto de intereses, y por tanto una crisis, que no es más que la expresión del inicio de un proceso de diferenciación más claro en los hechos, entre la izquierda y la derecha del partido, cosa que no había sucedido hasta ahora, donde muchas críticas se quedaban en el terreno de lo individual.

Sin embargo, a pesar de su dirección actual, las masas utilizarán al PRD, lo mismo que a los sindicatos, como una herramienta de lucha. Los procesos principales y grandes acontecimientos pasarán por el PRD, no se vislumbra ninguna otra alternativa política de masas además del PRD.

En un periodo donde los trabajadores no participan en grandes luchas, las presiones del capitalismo sobre las organizaciones obreras, y especialmente sobre sus capas superiores, se multiplica enormemente. Los dirigentes reformistas y el aparato de la socialdemocracia, y los sindicatos, liberados de la presión de la clase, consiguieron un nivel sin precedente de "independencia", es decir, dependencia de la burguesía y su ideología. A pesar de esto, las masas de determinados sectores del país buscan instintivamente orientarse hacia el PRD, básicamente porque es un instrumento creado por la lucha y por que se muestra, aunque le pese a la dirección, como la única alternativa de lucha con el actual sistema. Las masas no miran a organizaciones pequeñas sino a organizaciones nacionales que sean capaces de expresar su descontento en su conjunto. Esta es una cuestión fundamental para abordar la problemática del partido. La impaciencia siempre es mala consejera. Pensar que "el PRD está acabado, no hay nada que hacer ahí, se va a escindir, va a desaparecer, hay que formar otro partido" siempre ha sido totalmente incorrecto. Debemos ver los procesos a través de los ojos de las masas y no de los activistas que, dado su empirismo, suelen poner mucho énfasis en el papel de la dirección del partido, restando importancia al peso específico de las masas, que son quienes realmente determinan los procesos históricos. La degeneración de las organizaciones obreras de masas ha alcanzado niveles extremos. Pero ahora este proceso ha alcanzado sus límites. Este proceso se volverá en su contrario. En el próximo periodo se producirán acontecimientos importantes que sacudirán las organizaciones de masas.

En el número 109 de Militante (marzo-abril 2002) decíamos: "(…) Es claro que importantes sectores de los trabajadores sienten al PRD como su propio partido, una organización en la que han luchado arriesgando incluso su vida. No hay duda de que en los próximos años habrá una auténtica lucha interna en pos de rescatar al partido como un instrumento de transformación social". A poco más de un año vemos cómo esta perspectiva que trazamos, con toda claridad se cumple con el inicio de un proceso por el rescate del PRD. Ya empezamos a ver indicios en este sentido dentro del partido con la publicación del reciente Manifiesto crítico, que se sitúa a la izquierda de la actual dirección, titulado: "No renunciar al PRD: ¡Rescatarlo!” publicado el 5 de mayo de este año en La Jornada, y la convocatoria para una Convención Nacional en octubre, con una serie de reuniones preparatorias.

El PRD nació en 1989 sobre los hombros de los militantes de izquierda. En especial muchos provienen del antiguo Partido Comunista de México, que entregó el registro, el local central de Monterrey, 50 y la imprenta. Las figuras más destacadas provenían del PRI, no conviene olvidarlo, C. Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y el mismo Andrés Manuel López Obrador (AMLO). Pero a pesar de la autoridad que gozaban entre las masas (y una cosa diferente es autoridad entre los activistas y los sectores de la clase más avanzados y otra popularidad), existía una base movilizada en lucha. Los militantes del partido participaban y dirigían, -y entre ellos los marxistas-, y se encontraban al frente de las luchas del movimiento sindical, social, estudiantil, urbano popular. Para muchos el objetivo inmediato era derribar al PRI-Gobierno. Tradiciones de izquierda se mantenían en parte. El "cretinismo parlamentario" todavía no había corroído a muchos de sus dirigentes. No había "curules para todos". La militancia significaba sacrificio, entrega de tiempo y medios para realizar las actividades, solidaridad social, sin puestos inmediatos, y por eso costó muchas vidas. La mayoría de estos militantes del partido sigue al día de hoy luchando no por un puesto, sino por la transformación social. Quienes conforman la burocracia del partido y luchan por un puesto no son la mayoría de los 2 millones de afiliados al partido, sino una minoría privilegiada. La burocracia está en minoría y no le pertenece el partido. Una lucha decidida por la democracia interna, un programa de clase y un PRD combativo y no una mera herramienta electorera, les obligaría a salir del partido a todos los arribistas y oportunistas. No es cosa del pasado, hoy siguen muriendo muchos compañeros del partido en luchas sociales, en especial en los Estados más pobres del país, como Guerrero, Chiapas, Oaxaca.

Si bien no había como no hay ahora una gran cantidad de comités de base activos, con reuniones regulares, debate y formación política, había más que ahora. Hoy sólo vemos activismo en época electoral, con las famosas brigadas del Sol. Es claro que el objetivo de la dirección desde 1989 hasta hoy ha sido desmovilizar a las bases de forma consciente: no comités de bases regulares y permanentes; no debate político en la base; participación personal y no participación organizada del partido en luchas sindicales o estudiantiles, o de plano no participación, como vimos en San Salvador Atenco o en la lucha de CNI Canal 40; o dejar la iniciativa en manos del PRI, lo que se dio en la lucha del SME contra la privatización eléctrica, en un mitin en Torre Caballito donde participó el priísta Barttlet pero nadie por el PRD habló; o de plano, política represiva, como la de Rosario Robles al frente del GDF contra la huelga universitaria de 99-2000. Esta política de desmovilización se ha dado bajo la excusa de la "autonomía" del partido y los sindicatos, en vez de colaborar entre ellos para dirigir la lucha reivindicativa y por la democracia sindical efectiva. Sólo cuando las bases han presionado, ante grandes acontecimientos mundiales o la cercanía de elecciones, los dirigentes, ahora Robles, se han visto obligados a convocar o a una tímida participación, como en las últimas manifestaciones contra la guerra imperialista en Irak, el 1º de mayo pasado o el movimiento campesino de inicios de año. Esto demuestra que los dirigentes del PRD, como sucede con todos los "reformistas" del mundo, son un obstáculo objetivo para los intereses de nuestra clase trabajadora. Pero lo fundamental a comprender es que no son un obstáculo absoluto, inamovible. En los inicios de los años 90, con la desorganización como bandera, la burocracia del partido no tenía apenas el control burocrático del PRD, como sucede en otros partidos socialdemócratas más viejos, como el SPD alemán. Pero hoy tampoco lo tiene. La reunión preparatoria hacia la Convención, realizada el 7 de junio, donde acudieron más de 200 luchadores sociales del partido, lo demuestra. Es un síntoma de lo que está por venir y de que los trabajadores no están dispuestos a dejarles el partido, que tanto les costó y en que cifran sus esperanzas a los burócratas, expriístas y empresarios sin dar la batalla por rescatarlo. El partido no les pertenece a los arribistas. Los dirigentes burocráticos del PRD no tienen ni pueden tener un control absoluto del partido. Más bien, se mueven entre presiones de clases distintas, la obrera y la burguesía. De ahí que veamos una política de zig zags, oportunista a derecha e izquierda. De eso se trata el populismo basado en pinceladas de reformismo.

Así, pasando a través de los grandes acontecimientos vividos, es como podemos entender con una perspectiva histórica la lucha por la recuperación de las tradiciones del movimiento obrero y estudiantil y del programa de clase, socialista, dentro del PRD.
Las duras huelgas de Tornell, Ford y Modelo, el proceso de surgimiento del PRD, el ascenso y consolidación del salinato aparentemente fuerte pero que engendró en su seno la descomposición del régimen y el inicio del fin de toda una era de gobiernos priistas, asistimos durante el salinato a una era dorada de concertacesiones, pactos sociales en los que Fidel Velásquez se daba el lujo de anunciar aumentos salariales del 0%, el auge de las privatizaciones y la inconmensurable concentración de riqueza en unos cuantos, aparejada a los duros años de represión y como ejemplo los cuantiosos compañeros perredistas asesinados que lucharon por construir un PRD combativo, como instrumento para transformar su realidad concreta.
El surgimiento del EZLN a la luz pública aquel inolvidable 1º de enero de 1994, los doce días de guerra y las enormes manifestaciones que detuvieron la guerra. El arranque del TLC como banderazo de salida para destruir a la economía nacional, empezando por la producción del campo. El profundizamiento de la crisis del PRI con los asesinatos de Colosio, Ruiz Massiew y el cardenal Pozadas. Las elecciones de 1994, la gira de Cárdenas por el país para apagar el fuego de la explosividad social, en vez de llamar a la lucha a un pueblo dispuesto a luchar.
La brutal crisis económica de 1995, con una devaluación superior al 100%, una crisis bancaria cuyas consecuencias seguimos viviendo hasta ahora con la carnicería del IPAB, cuyo monto, por cierto, es superior al presupuesto de la guerra de exterminio de Bush en Irak. El inolvidable 1º de mayo de 1995 que concentró a un millón de trabajadores en el zócalo de la ciudad de México, ya hacía un año antes que por última vez el movimiento obrero oficial marchaba dando gracias al presidente en turno, a partir de entonces, el 1º de mayo los presidentes han tenido que esconderse. El surgimiento del movimiento de deudores a la banca. El desmantelamiento del 70% de los contratos colectivos, el boom exportador como resultado de la devaluación y del incremento de la productividad de la mano de obra, el incremento del IVA, los ataques a la educación y a la salud, la cruenta, valiente y dolorosa lucha de Ruta-100, la lucha del SME contra la privatización del sector eléctrico. La Huelga de la UNAM, tan llena de experiencias y lecciones para toda una nueva capa de la juventud. La preparación de la derrota del 2000 por parte de la dirección del PRD, que permitió el ascenso del débil gobierno Fox.

Empresarios y expriístas contra trabajadores: lucha de clases al interior del PRD

El inicio del surgimiento de un proceso de diferenciación a lo interno, que no pone en peligro la unidad como falsamente plantea Robles, sino lucha por lograr la unidad del partido con nuestra clase. Lo que es "utópico" no es la lucha por el socialismo y un PRD socialista sino buscar conciliar los intereses de la burguesía y los trabajadores.

Los trabajadores somos muy sensibles a la cuestión de la unidad. Sabemos que en la unidad se encuentra nuestra fuerza como clase, si bien este principio general tiene alguna excepción. Unidad, sí pero basada en principios y programa de clase, independiente de la burguesía. La unidad de acción en la lucha, en el frente sindical y político, es básica para hacer frente al enemigo de clase y en el frente electoral para vencer una de sus armas, la abstención. Los marxistas no somos abstencionistas. El abstencionismo, igual que el apoliticismo, son ideas erróneas que corresponden al anarquismo. Desde los textos de los clásicos marxistas acerca del anarquismo hasta el documento "Marxismo y anarquismo" del socialista español y presidente de la Fundación Federico Engels, Juan Ignacio Ramos, podemos encontrar la refutación de los erróneos postulados anarquistas. Salvo la excepción, cuando la clase y su partido tienen la fuerza para tomar el poder y hacen innecesaria una votación, como sucedió en la Revolución Rusa, por lo general y mientras ésta precondición no está dada, la abstención favorece a los intereses de la burguesía, de la derecha.

Ahora, un sector de los empresarios y banqueros está mirando hacia el PRD con el fin de que les proteja de la competencia exterior y les saque de sus problemas. Es muy clara la postura de Sánchez Navarro, magnate del Grupo Modelo acerca de AMLO: “ … No es un político de escritorio. Le gusta estar cerca de la gente… Me gusta su franqueza… su visión moderna de los problemas políticos, pero también me inquieta lo izquierdizante de su pensamiento, aunque esto último puede limarlo con la realidad”. (Proceso 1224 Abril 16/2000). Están impulsando a Andrés Manuel López Obrador para la candidatura de 2006, pero el impulso central y mayoritario viene de millones de oprimidos. La condición que los empresarios intentan imponerle es que se aleje del PRD, se sitúe en forma bonapartista por encima del partido, de ahí que plantee que retiren un spot publicitario donde pide el voto para el PRD el 6 de julio, pero que fue grabado en 1997 cuando era presidente del partido, lo que ha provocado una fricción con Robles y la dirigencia nacional del PRD, le piden a AMLO que "domestique" a la base del PRD y nada de "radicalismos". A continuación, después de haber hecho el trabajo sucio y los dirigentes perredistas estén desprestigiados, intentarán preparar estos empresarios el camino para la vuelta de un nuevo gobierno burgués más reaccionario incluso que el de Salinas, Zedillo o Fox y que posiblemente tendría las manos libres para un ataque más brutal contra los trabajadores. Venezuela, en el último gobierno de Carlos Andrés Pérez o Argentina bajo Menem son una advertencia de lo que nos espera si las tendencias derechistas del partido logran imponer su criterio.

La idea de ese sector "nacionalista" de empresarios es utilizar y desprestigiar al PRD -no inmediatamente y mientras piensen que pueden usarlo-, los ojos de los trabajadores y jóvenes, a través de corromper a sus dirigentes, con el objetivo de desmovilizar por la vía del desánimo a la militancia obrera y juvenil, extender los prejuicios anarquistas anti-partido. Los capitalistas intentan utilizar para esta tarea a algunos dirigentes perredistas. Los amachuchos, de Amalia García y Jesús Ortega, no les sirvieron. Las bases obreras y populares se inconformaron y tomaron del cuello a Rosario Robles, que en ese entonces era colaboradora estrecha de Cárdenas, (quién sigue gozando de un apoyo de masas al interior y fuera del PRD, por su vinculación a la imagen de reformas progresistas de su padre, Lázaro Cárdenas), para ponerla al frente del partido y exigirle una política y un giro hacia la izquierda. Como no ha cumplido sino que ha seguido la entrada de oportunistas y expriístas, las bases vuelven a la lucha interna convocando a la Convención. Se da el inicio de un proceso de diferenciación interno, con la constitución de un Frente convocante a la Convención de octubre, que se sitúa a la izquierda de la actual dirección del PRD. Esto es más que en lo que en el pasado hemos visto. De ahí la reacción histérica de la burocracia conciliadora. Rosario Robles amenaza diciendo que "estamos en la recta final de la campaña; quienes en este partido no entiendan que es momento de la unidad y de cerrar filas no tienen nada que hacer aquí". (La Jornada/09/06/03). Es la típica declaración propia del autoritarismo burocrático, que como suele suceder, sólo está reflejando debilidad, si no nos dejamos impresionar por el tono de la declaración.

Los capitalistas pretenden ahora que AMLO juegue el papel de Felipe González en la llamada "transición democrática" española, y les sirva para sus fines, hacer el trabajo sucio de atacar el nivel de vida de los trabajadores, política antiobrera apagando las luchas y las reivindicaciones por la democracia sindical, con el derecho a sindicalización libre de charrismo, como hemos vistos en la lucha atacada por el GDF de los trabajadores de la DGRT o los bomberos, Inmujer o INVI del GDF; "reestructurar" empresas haciendo recaer la crisis sobre las espaldas de los trabajadores; contrarreformas como la eléctrica y PEMEX. Por estas razones, para impedir estos planes de nuestros enemigos de clase, es fundamental participar dentro del PRD y fertilizar con las ideas del marxismo la izquierda socialista del PRD, construyendo las Juventudes Socialistas del PRD (JSPRD), y la fracción sindical.

Para su fin de ganar a la llamada “clase media” y hacerse gratos a la burguesía, adaptándose a este sistema explotador (y convirtiéndose en sus lugartenientes) los burócratas necesitan seguir excluyendo a los militantes con raíces de clase, nivel político y experiencia que los cuestiona críticamente. No lo conseguirán. No es casual que el Manifiesto del 5 de mayo, con todas las críticas compañeras que los marxistas le hacemos a sus ilusiones "democráticas", en el Estado burgués, esté plagado de firmas de fundadores del PRD, muchos de los cuales son veteranos luchadores sociales, sindicalistas por décadas. Y ahora necesitan excluir a todo lo que huela a "cardenismo", a la corriente cardenista, de la cual se han alejado los dirigentes que formaron parte de ella como AMLO o la misma Robles, y se puede decir que tiene más base y cuadros medios que grandes figuras.

Así, ahora todo lo que huela a izquierdismo o "radical" esta siendo excluido por el aparato burocrático, incluido el propio Cárdenas y la corriente cardenista, por su imagen ligada a la expropiación petrolera y la defensa de la electricidad, o lo que huela a militantes y luchadores de izquierda que se mantienen fieles a sus tradiciones y quieren recuperarlas en el partido, en especial provenientes del antiguo PCM y de la ACNR, y de la Asamblea de Barrios. Hoy es exclusión pero si no luchamos por derrotar estos ataques burocráticos y antidemocráticos al interior del partido mañana pueden ser cacería de brujas y expulsiones. De hecho, los granaderos del GDF reprimieron a una manifestación de Asamblea de Barrios, de la que son fundadores algunos de los firmantes del Manifiesto del 5 de mayo.

La "esperanza" no debe suponer un "cambio" a la derecha sino un giro del partido decidido hacia la izquierda. Hay que pasar del populismo y las pinceladas de reformismo, a un programa de clase, socialista y dejar de vincularse, adaptarse, cada día más al poder económico y financiero de la burguesía nacional y el capital trasnacional. Hay que vincularse, y ésta es la única unidad de futuro, con la clase trabajadora y la juventud, sus organizaciones sindicales, vecinales y sociales.

Los trabajadores, campesinos pobres y jóvenes que militan en el partido no quieren ninguna alianza con los representantes de los grandes capitalistas y banqueros que los explotan. La unidad debe ser con la clase trabajadora, basada en un programa de lucha que defienda sus intereses. La izquierda del partido ha de organizarse sobre la base de ideas y programa de clase y no a personalismo y la lucha por puestos, para evitar reproducir los vicios burocráticos. Por eso, los dirigentes "críticos" que impulsan el Manifiesto y la Convención, tienen que empezar por un programa socialista capaz de ofrecer una alternativa seria a la política seudo reformista de la actual dirección y elaborar un programa serio de acción, como la única manera de conseguir la unidad real, no burocráticamente, sino empezando por la base, la unidad de acción de los militantes trabajadores de la ciudad y el campo y jóvenes, de las organizaciones sindicales de clase, estudiantiles, del Movimiento Urbano Popular democrático y no clientelar, en las fábricas, en las calles, en los centros de estudio, en las colonias obreras. Se trata de organizar y extender la lucha para golpear juntos el mismo día y a la misma hora, pasando de la teoría a la acción.

Es positivo que la dirección del PRD, debido sin duda a la presión desde la base, haya planteado ninguna alianza con el PAN o PRI o el PVEM; que tomara la decisión de no avalar el escandaloso intento de cobrar las liquidaciones por parte de algunos legisladores del partido y amenazara con expulsarlos si lo hacían, o plantee que hay que dar un giro hacia la izquierda en la campaña electoral, dejando atrás las abstracciones y hablando los candidatos más de los problemas de vivienda, empleo, salud educación y las propuestas alternativas concretas que defiende el partido. Algunos de estos puntos de llevarse a la práctica significarían un paso adelante como son: el 8% del PIB para educación pública; creación de un seguro de desempleo; un seguro social gratuito universal; derecho de voto para todos los mexicanos en el extranjero; liquidación del "charrismo" sindical; una economía orientada hacia la producción y no hacia la especulación.
Bajo el capitalismo no pueden darse reformas importantes duraderas, lo cual no significa ni mucho menos que no apoyemos la lucha reivindicativa por reformas democráticas mínimas. Al contrario. Los socialistas debemos luchar con todas nuestras fuerzas por cualquier reivindicación, cualquier reforma, por mínima que sea, que represente un paso a delante en la lucha de la clase trabajadora de la ciudad y el campo contra el gran capital. Sin embargo, en este periodo, cualquier lucha seria por reformas, necesariamente chocará con los intereses de clase de la burguesía, y por tanto planteará la cuestión central: el problema del poder.
Sin un programa claramente basado en la nacionalización sin indemnización, bajo control obrero, de los bancos, latifundios, monopolios, grandes empresas y trasnacionales no se puede actuar de forma diferente. En el caso probable de llegar el PRD al gobierno en 2006, independientemente de quién fuera el candidato, se estaría bajo las mismas presiones por parte del capital. Una política ambigua y poco clara siempre conduce al desastre, por muy buenas intenciones que se tengan, como demuestra el caso de Salvador Allende, en Chile, con una postura mucho más a la izquierda que los actuales dirigentes del PRD.
El que no haya ahora alianzas del PRD con el binomio PAN-PRI es claramente una victoria de la presión de los trabajadores y los jóvenes al interior del PRD, y del programa socialista que los marxistas agrupados en torno a Militante hemos defendido tenazmente en el partido desde su fundación, y en todas las manifestaciones, centros de trabajo y de estudio, sindicatos, MUP. Es un paso adelante, hacia la izquierda, hacia recuperar la idea fundacional del movimiento socialista en todo el mundo de ninguna alianza ni confianza en la burguesía.

La influencia de las ideas del marxismo en el PRD

Ahora podemos ver la influencia de las ideas del marxismo al interior del PRD, fruto del trabajo tenaz y paciente que por años hemos desarrollado los marxistas, de tomar posiciones y de una actitud crítica compañera y nada sectaria, lo que nos ha ganado una autoridad y simpatía en los mejores elementos del partido y grupos con un pasado de lucha social. A través de los puntos programáticos citados anteriormente y ya incluidos en el programa del partido, defendidos también por la corriente del Movimiento de Bases Insurgentes, en el último Congreso Nacional y aprobadas, o en un reciente documento de la corriente Movimiento de Izquierda Social (Misol), "Pronunciamiento", presentado ante la reunión del 7 de junio, donde además de sus ilusiones nacionalistas y "demócratas", en la democracia burguesa formal, podemos ver la influencia de las ideas y el programa del marxismo. Baste citar los puntos 7, 8, 9 y 10, que podríamos suscribir sin problemas pues recogen postulados de nuestro programa:

7 “Luchar por un Salario Mínimo Constitucional de 200 pesos diarios, que es el costo de la canasta básica actual para una familia de cuatro integrantes, apoyar la democracia sindical y constitución de sindicatos democráticos y solidarios. Impulsar el seguro de desempleo, la reducción de la jornada de trabajo a 6 horas diarias por cinco días, impulso a la seguridad social universal y gratuita, impulso a la creación de cooperativas y empresas sociales que promuevan la economía social solidaria, conforme lo marca el artículo 25 constitucional y siendo deber del Estado apoyarlas. Así como impulsar un 8% del PIB para la educación pública, asegurando que sea gratuita, laica, pública y de calidad.

8 “El Partido de la Revolución Democrática representa una esperanza para millones de trabajadores y jóvenes. Para consolidarlo como una alternativa de clase es necesario luchar por la democracia interna, por un programa que vincule las necesidades inmediatas con la transformación de la sociedad y una estrategia basada en la movilización y la lucha social. No podemos olvidar que la crisis orgánica del sistema capitalista conduce a la sociedad a la barbarie. Argentina, Afganistán o Irak son ejemplos elocuentes.

9 “Poner las bases para la democracia interna. Todos los cargos, tanto de candidatos como de funcionarios del partido, deben ser elegidos de manera directa por la base, la cual, por medio de formas democráticas, pueda tener la atribución de destituir a aquel miembro del partido que no cumpla con sus compromisos. El representante popular o funcionario del PRD debe rendir informes por escrito de su gestión a la instancia de la que emana su puesto, ya sea Comité Distrital si es diputado, Consejo Estatal si es senador, así como asistir periódicamente a los Comités de Base del partido. Todos los candidatos deben tener una militancia de base probada durante un tiempo razonable al momento de su selección, para lograr combatir el arribismo, el oportunismo y la corrupción. Se debe acabar con el negocio que para muchos representa ocupar un puesto de elección popular o un cargo dentro de la burocracia del partido. Los ingresos de diputados y senadores deben pasar directamente al partido, bajo control democrático, y éste debe definir para cada representante un salario no mayor al de un trabajador medio. Es claro que con 12 o 15 mil pesos mensuales se puede vivir dignamente.

10 “Constituir nuestro instituto de Formación Política ideológica de izquierda para capacitar a nivel nacional a cuadros prioritariamente jóvenes y a toda la militancia, para construir una ideología para los integrantes del partido y erradicar los vicios y la anarquía, que hace pensar a los dirigentes y representantes que lo que hacen según su libre albedrío es lo correcto. En este mismo instituto impulsar seminarios de actualización internacional acerca de las luchas, movilizaciones y procesos políticos más relevantes que se dan en todo el mundo, y en particular en América Latina, y los hechos políticos, en la era de la globalización, de los partidos, movimientos y sindicatos de izquierda en todo el planeta”.

Estos son algunos puntos del programa defendido por los marxistas reflejado por primera vez en la historia del PRD en un documento de una corriente con cierta importancia en el partido. Se debe a varios factores que no conviene perder de vista pues son un norte para no caer en el sectarismo: un trabajo de explicación paciente desde 1989, combatiendo la impaciencia y el estudiantilísimo; nuestra posición no sectaria respecto al PRD; el lugar, simpatía y prestigio de seriedad, entre los activistas y militantes organizados del movimiento obrero que se ha ganado nuestro periódico y volantes, fruto del esfuerzo de todos nuestros compañeros a lo largo del tiempo de no dejar de acudir con todo el material a todas las marchas y luchas importantes. No es nada fácil mantenerse durante 13 años, y estas cosas nunca pueden deberse al azar. Son las ideas y métodos correctos las que hacen, forman, a los cuadros. Nuestra orientación decidida al movimiento obrero, dando una batalla ideológica de clase combatiendo la propaganda burguesa interesada, cuya proclama sigue siendo que "el movimiento obrero ha muerto, ya no existe", lo que no es nuevo y data del mismo 1989, con la caída del Muro de Berlín, la caída de la revolución sandinista en 1990. La emancipación de la clase obrera, como Marx proclamó, deber ser obra de sí misma y de nadie más. Debemos seguir dando una fuerte batalla ideológica contra las ideas y prejuicios de clases ajenas que pugnan por penetrar en el movimiento obrero. Y contra quienes se creen o son influenciados por sus análisis, transmitidos, consciente o inconscientemente, con el objetivo de generar prejuicios, confusión, desánimo, y lo decisivo, perplejidad y pasividad, en especial entre la juventud y los trabajadores, que son la fuerza decisiva del futuro. Los marxistas proclamamos: El PRD es propiedad de los trabajadores y la juventud y no de ninguna casta burocrática. Y daremos la lucha a su interior para rescatarlo en las mejores tradiciones de lucha y organización del movimiento obrero.

El movimiento socialista internacional nació basado en este principio de clase de ninguna confianza o alianza con la burguesía. La postura del socialista español Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista Obrero Español, no admitía dudas: " Pierden el tiempo los que, sin hacerse cargo de la absoluta incompatibilidad que hay entre los intereses patronales o burgueses y los intereses de la clase obrera se esfuerzan por unir ambos elementos con programas híbridos que ni a unos ni a otros pueden satisfacer". "En cosa que está tan clara no caben confusiones: o con los unos o con los otros; o con la burguesía defendiendo su existencia y privilegios, o con el proletariado, proclamando abiertamente su exaltación al poder, para que efectúe, sin indemnización alguna a los detentadores de la riqueza, la socialización de todos los medios productivos".

La dirección bajo Rosario Robles no ha rectificado suficientemente el giro derechista de su antecesora Amalia García. A todas horas habla de "abrir el partido", de "modernizarlo", de "reformarlo tras el 6 de julio". La cuestión es a quién. Como se vio en San Luis Potosí, no sólo a expriístas, antiguos colaboradores íntimos de personajes como Carlos Salinas, como Manuel Camacho Solís, sino a priístas que no dejaron ese partido, desplazando a Salvador Nava Castillo, lo que provocó la ruptura de Cárdenas con Robles, tras una bronca monumental en sus oficinas. Piensan que el problema es el régimen de gobierno y no el sistema social. En última medida se trata de capitalismo o socialismo, explotación o liberación de clase, no de democracia en abstracto o dictadura.

Los hechos son que ya ha propuesto al CEN, siendo aprobado, que un 30% de los candidatos no sean miembros del partido, lo que eufemísticamente llaman "externos". La justificación dada por el vocero, Juan Guerra Ochoa es un monumento al cinismo: "Se trató de que las candidaturas no fueran un botín de los afiliados al partido, sino que el partido fuera el instrumento de impulso para quienes buscan el respaldo de la ciudadanía". ¿Botín de los afiliados? Así que para el CEN actual los militantes que pagan cuotas, dan apoyo en tiempo, actividades y medios, que llevan años luchando por el partido no tienen más derechos, totalmente legítimos, que el último arribista incorporado en busca de chamba. Pero no sólo eso, sino que en las elecciones a San Luis Potosí desplazan a Salvador Nava para meter un candidato que sigue teniendo la credencial de miembro del PRI en activo. Estos no miembros del PRD, ni cortos ni perezosos, ya han declarado que no están obligados a seguir los principios programas, y ni los estatutos del partido. Es un camino abierto al arribismo, el oportunismo, y mañana el abandono del grupo parlamentario y el transfuguismo en cuanto encuentren una mejor oferta de chamba política. Si la propia Robles recordara más de sus años de dirigente sindical y menos de las calles de San Ángel, debería saber que la fuerza no está en ningún empresario, por muy rico que sea, sino en la clase trabajadora. El poder real no reside en nadie más. Los dirigentes del PRD no deberían olvidar esta lección que da la historia del movimiento obrero. Si lo hacen, más temprano o más tarde serán rebasados. Por cierto, ahí están los abucheos a Lula por no aplicar una clara política en defensa de los trabajadores. Esto, y de cara a 2006, puede afectar la intención de presentarse como candidato a la presidencia de Cárdenas, igual que la reciente victoria de Lula lo animó a presentarse o por lo menos a no descartarse, como era su idea anterior.

El giro a la derecha de estos dirigentes y su llamado a ganar el voto de las "clases medias" (una amarga metáfora en un país con 75 millones de pobres, las tres cuartas partes de la población), busca prepararse para ser gobierno en 2006.

También es un error pensar que el PRD es un juguete en manos de la "oligarquía" o de un puñado de empresarios. De nuevo, se olvida que la base obrera y juvenil ante los acontecimientos decisivos se manifiesta. La realidad es que la oligarquía no se fía del PRD porque tiene una base social con intereses de clase contrapuestos a los suyos. Y esto va más allá de que ahora no participen activamente en grupos de base, pues de forma "deliberada", como correctamente proclama el Manifiesto, se dio por parte de la dirección burocrática medidas para la desmovilización consciente de las bases.

Rosario Robles está en una posición débil. De ahí que tuviera que aceptar a regañadientes que si no se obtenían el doble de curules en las elecciones del 6 de julio dimitiría de la presidencia del partido. Esta presión desde las bases ha obligado a que para intentar ganar un 27% de los votos (las encuestas por ahora conceden una subida del 18% al 23% en intención de voto por el PRD) haya declarado a La Jornada el mismo vocero Juan Guerra que el PRD “dará un viraje en las campañas a diputados federales, quienes presentarán sus propuestas enfocadas a la posición del partido respecto a situación económica nacional, generación de empleo, salud, educación y conservación de los energéticos por parte del Estado" (LJ/11/06/03). Empiezan a concretar más las cosas que interesan a nuestra clase y no la abstracción de luchar por la "esperanza". De hecho se han visto obligados a sacar cintillos en la prensa hablando de la lucha por puntos concretos del programa como un 8% del PIB para educación. Es la influencia de las ideas que los marxistas hemos defendido con tenacidad y paciencia, (con la "explicación paciente" a la que siempre se refería Lenin cuando le preguntaban como se construyó el partido más revolucionario que ha existido), al interior del partido. El pesimismo y el derrotismo de quienes piensan que no se puede hacer nada en el interior del PRD no está guiado por un análisis dialéctico del proceso sino por la desesperación, que siempre es mala consejera y tienta a caminar no sólo por delante de los acontecimientos sino también por delante de nuestra clase lo que es un error que han pagado antes muchas organizaciones, que hoy no existen o han quedado reducidas a grupúsculos aislados de las masas, como el PRT.

Los peligros del sectarismo: arrogancia, desesperación, impaciencia y escepticismo

A diferencia de la paciencia histórica de los trabajadores, los sectarios, caracterizados a los ojos de las masas por su impaciencia, siembran confusión al meter en el mismo saco a la dirección y las bases, olvidan que la posición social de clase de los trabajadores les obliga a luchar antes o después, porque serán atacados para mantener los beneficios de la burguesía y porque a diferencia de la pequeña burguesía, no cuentan con salidas personales por mínimas que sean, como un negocio o una carrera profesional. Este es el fondo del discurso de quienes no confían es en la clase obrera.

Los marxistas planteamos que la clase obrera tiene potencial para transformar la sociedad y entonces la pregunta es: ¿Si tiene potencial como clase para transformar la sociedad, acaso no lo puede tener para transformar el partido que ven como suyo porque lo han construido con su esfuerzo y sangre? En todo caso pretender responder a esta cuestión sin dar la lucha en la práctica es puro escolasticismo, ajeno a todo análisis dialéctico, no tiene nada que ver con el marxismo y con lo escrito por los clásicos. Este análisis fundamental, que nos diferencia de los sectarios y anarquistas, análisis clave para el marxismo lo podemos encontrar desde Marx, cuando plantea en las páginas del Manifiesto Comunista que los comunistas no forman un partido aparte de donde se expresan los trabajadores, hasta los escritos de Trotsky, donde plantea la táctica del entrismo para trabajar en la izquierda del Partido Socialista Francés, en los años 30, o en el Independent Labour Party británico, entre otros. Este es un libro cerrado con siete llaves para esos dirigentes sectarios ultra izquierdistas que marchan siempre corriendo por delante de la clase y no acompañándola, con lo cuál no la pueden -en la vida- ganar a las ideas del marxismo, que mezclan a partes iguales la verborrea "revolucionaria" con el oportunismo en la práctica. Buena parte del problema es que para construir organizaciones de clase debes basarte en la clase obrera. Pero ellos buscan atajos: En los años 60, y tras 1968, el conocido como "estudiantilísimo", basarse en los estudiantes y alejarse progresivamente de los trabajadores. Así, aunque pudieron construir organizaciones incluso con 10 mil miembros o más, como sucedió con el PRT en México o la LCR mandelista en el Estado español, pero con una composición social donde los trabajadores no eran mayoritarios, toda suerte de prejuicios y rumbos aventureros se manifestaron. Resultado: hoy prácticamente no existen, tras haber sufrido innumerables escisiones, reducidos más a un club de amigos y a discusiones y actividad propias de "revolucionarios" de café. En tanto, las organizaciones tradicionales de la clase, llámense, y por seguir con el ejemplo anterior, PSOE o Izquierda Unida, y así será en el caso del PRD en nuestro país mientras no exista una alternativa de masas a la izquierda, se mantienen a pesar de sus dirigentes. Se debe a que se basan en cierta forma en la clase obrera y de que muchos trabajadores en ocasiones aunque puedan votar con "asco en el corazón", pero lo que saben y nunca harán los más avanzados es votar a la derecha o abstenerse para beneficio de la reacción.

Tampoco el PRD está en "descomposición", como incluso plantea en una idea equivocada el Manifiesto crítico del 5 de mayo, ni vamos a asistir a una escisión de masas en los próximos años, algo que haría feliz a la burguesía y sus dos partidos. La burguesía necesita un PRD debilitado. De ahí su campaña permanente para desacreditarlo. No han tenido mucho éxito dado los niveles de 85% de popularidad de AMLO en el gobierno del DF, y de 50% de popularidad a nivel nacional. Aquí vemos que cuando los dirigentes seudo reformistas ponen en práctica algunos de los puntos democráticos básicos a favor de las mayorías oprimidas éstas responden dando todo su apoyo y blindando, en este caso a AMLO, contra las críticas y ataques de la burguesía. Cada vez que lo confrontan aumenta la popularidad de AMLO y sube el voto obrero hacia el PRD. No es un detalle menor.

En una encuesta de GEA-ISA para CNI Canal 40, el PRD doblaría sus diputados de 45 a 91, pasando la representación proporcional de un 10 a un 18%, en este próximo 6 de julio. Otras encuestas dan un 23% de intención de voto al PRD. Y, de acuerdo a algunos estudios, si ahora fuera 2006, es decir, una elección presidencial, AMLO superaría por 10 puntos al rival más cercano, que sería Marta Sahagún, y por 17 puntos a Roberto Madrazo. Esto explica por qué sube el voto del PRD. Los sectarios no saben contestar a esta cuestión, no pueden contestarla. Se quedan callados. Y acaban, como siempre suelen hacer, mostrando su desconfianza en el poder y potencial revolucionario de la clase, echándole la culpa al atraso de las masas cuando los que están atrasados en verdad son ellos y con muy bajo nivel político.

¿Por qué los trabajadores votan cada vez más por el PRD?. Porque ven en el DF un gobierno honesto, que no se roba su dinero como sucedió con el priísmo en décadas, baste ver la administración de Oscar Espinosa Villarreal; El GDF da 660 pesos mensuales de apoyo a adultos mayores y no es lo mismo tenerlos en el bolsillo que no tenerlos, construye infraestructura y con ello genera empleo tras más de 20 años de no invertir ni en cambiar el pavimento de las calles, recupera el Centro Histórico.

Pero los trabajadores tampoco debemos cerrar los ojos ante la política del GDF hacia su empelados; los trabajadores no votamos por una política en la cual miles desempleados de las diferentes dependencias del GDF han sido sometidos al trabajo eventual y sin ningún tipo de prestación social o derechos sindicales. Ya varios de estos trabajadores que han levantado la cabeza para exigir sus derechos han sido despedidos, eso no debemos tolerarlo y debemos exigir a López Obrador que termine cualquier tipo de persecución, a la vez de la reinstalación inmediata sin ningún tipo de condición para los despedidos, al mismo tiempo que reconozca -con hechos- los derechos de estos trabajadores otorgándoles base junto con todas las prestaciones a que tiene derecho.
También en el caso de los trabajadores sindicalizados, la política del GDF ha sido incorrecta, escudado en el discurso de que se trata de maniobras oportunistas de los dirigentes charros, López Obrador ha puesto todo tipo de trabas para atender las peticiones encaminadas a dignificar las condiciones de trabajo y de vida de los empleados. Los charros se ponen al frente de un movimiento cuando la presión desde abajo no les deja otro camino, pero también es cierto que aprovechan cada oportunidad para tratar de sacarle algún provecho personal o partidista (los charros están afiliados al PRI) y golpear al gobierno del PRD. Pero eso no tiene que ver con la legitimas demandas de los trabajadores sindicalizados del GDF. López Obrador debe ser capaz de distinguir entre una y otra cosa; en todo caso la política que debe desarrollar, y a la cual todos los trabajadores estaríamos dispuestos a apoyar, es la de romper con los charros y no frenar las diferentes expresiones de los trabajadores orientadas a luchar por democratizar al sindicato del GDF y del Metro. Todo ello acompañado de una convocatoria hacia las masas para luchar para obligar al gobierno del PAN a orientar más presupuesto para la administración capitalina, de tal forma que esté en mejores condiciones de atender sus diferentes programas de infraestructura y beneficio social y al mismo tiempo pueda dar una solución favorable a las necesidades laborales de los trabajadores eventuales y sindicalizados del GDF.

Esa es la política que se debe seguir, pues de mantener la misma dirección tarde o temprano empujará al gobierno de López Obrador a una confrontación aun no vista con los trabajadores de su administración, viéndose beneficiados de ello la burguesía y sus partidos, el PAN y el PRI.

La cuestión electoral, el voto y las consignas

Los socialistas del PRD consideramos que las elecciones deben servir para reactivar los comités de base y crear nuevos, extendiendo la organización de forma permanente y no sólo en época electoral , así como llevar un debate, no sólo en los comités de base y comités de apoyo a los candidatos perredistas sino en las fábricas, centros de trabajo, de estudio, en las colonias, en la calle en general, donde democráticamente decidamos cuál es el programa que refleja nuestras necesidades, qué debe contener y cómo vamos a llevarlo a la práctica.

Es con la organización y movilización de la mayoría de la sociedad, trabajadores y juventud, que ganarán más confianza en el partido y participarán en la medida que haya un programa que sientan como suyo, que refleje y dé una alternativa a sus necesidades y problemas, con una actitud combativa y organizada diaria, con la organización y movilización activa de militantes y simpatizantes, como se logrará avanzar contra el gobierno de Fox, el PAN, el PRI y contra el sistema capitalista, dando una alternativa de masas, a la vez que se construye el partido como una organización de masas nacional cada vez más fuerte. El partido debe ser el propulsor de las luchas en los diferentes sectores y no solamente en el terreno electoral, armado con un programa socialista.

La idea central que defendemos es la imposibilidad de solucionar ni un solo problema fundamental de la clase trabajadora dentro de los límites del sistema capitalista, más en una época de crisis capitalista.

Otra idea central, para no confundir a los trabajadores y las masas, es que PAN y PRI son lo mismo, un análisis de los marxistas que vemos recogido ahora en la propaganda electoral del PRD, las dos caras de la moneda de la dictadura del capital burgués, sus partidos representativos. Pero el PRD no es lo mismo que el PAN o el PRI, pues las bases del primero son trabajadores en su mayoría, lo más avanzado políticamente de la clase, y pequeña burguesía progresista. Su política no es la misma. Hasta hoy, no dan una ayuda de 660 pesos a los adultos mayores; no realizan obras de infraestructura y modernización relevantes, tras veinte años de no cambiar ni el pavimento de las calles, por citar algunas cuestiones. El domingo 8 de junio acudieron 55 mil personas, toda una manifestación, a ver y pisar el distribuidor vial de San Antonio. El PAN, por su carácter de clase es imposible que nunca tenga una base mayoritariamente obrera. Está formado por un sector de la gran burguesía nacional pro
-estadounidense y clase media. El PRI agrupa a una parte del campesinado depauperado, vía clientelismo, y lo más atrasado de la clase y lumpemproletariado y a un sector de la clase media y empresarios nacionalistas, estos últimos empiezan a transitar oportunistamente hacia el PRD, como se ha analizado con anterioridad. Este clientelismo y los restos de control charro de sindicatos explican que el PRI no se pueda dar por muerto o no se haya desgajado tras la debacle de 1997 en el DF y de 2000 a nivel federal.

La apatía en el voto, en la actividad política y en la lucha organizada sólo favorece a la derecha. En toda elección, mientras la clase obrera no esté en posición de tomar el poder, es básico cerrar el paso a la derecha. En 2000 la burguesía consideró gastado y con más contras que pros al PRI, tras el colapso financiero de 1995 y la descomposición interna que les llevó a asesinar a Colosio para sustituirlo por Zedillo, y también asesinar a Ruiz Massieu, y buscó sustituirlo con el PAN. No querían hacerlo pero el empuje de las masas les obligó y lanzaron toda su propaganda para evitar que el PRD llegara al poder. Millones de trabajadores y jóvenes hicieron en 2000 la experiencia que su voto servía para derribar al corrupto, neoliberal y antiobrero PRI del gobierno. Y esta lección sobre el voto no se olvida fácilmente. No fue una elección más sino una elección (y lección), y un momento histórico que pasará a los libros de texto. La falta de una alternativa y una política diferenciada por parte de los dirigentes del PRD posibilitó que la jugada les saliera bien. Ahora, en 2006, si está más gastado el PAN, y sin duda lo estará tras años de estancamiento económico con mayor desempleo y pobreza donde hasta el sueldo de los profesionistas cae, pudieran pensar en intentar volver a poner al PRI. Pero esta vez la burguesía está dividida. Un sector de empresarios "nacionalistas" está por la labor de impulsar a López Obrador a la presidencia montados en su popularidad. Pretenden que sea el Felipe González de la mal llamada "transición democrática mexicana", como ellos mismos se han encargado de declarar cínicamente. Antonio Del Valle declaró a El Independiente: "Sería una bendición que Andrés Manuel López Obrador llegara a la presidencia de la República en 2006, siempre y cuando actúe como Felipe González, el expresidente español socialista que le dio la vuelta a la página del franquismo". "Gobernar es como tocar el violín, se toma con la izquierda y se ejecuta con la derecha". (06/06/03) Antes, buscan que se distancie del PRD, para no sufrir las presiones de la base, lo mismo que los empresarios pro-transnacionales hicieron en su momento con Fox en relación al PAN, generando el engendro corrupto de "Amigos de Fox". La corrupción es inherente al sistema capitalista. Como sucedió con Lula en Brasil (que no fue puesto en el gobierno por un pacto entre la burguesía dando a entender que la voluntad del poderoso burgués es lo único que cuenta y que si así lo dispone no hay nada que hacer, esto sería no entender el significado del concepto lucha de clases), donde los trabajadores lo pusieron en el poder para exigirle que aplique un programa en su beneficio y si no igual que lo pusieron lo derribarán, como ya vimos en Ecuador. En nuestro país lo más probable es que los trabajadores agarren a los dirigentes del PRD del cuello, y en particular a AMLO, y los obliguen a ponerse al frente del gobierno federal. Ahora que huelen cercano el poder los burócratas del PRD igual que hay una feroz lucha por las curules, delegaciones y otros cargos de representación popular, se ha abierto la veda para las candidaturas a la presidencia del gobierno. La pelea está entre AMLO y Cárdenas. Los demás no tienen posibilidad y como hombres prudentes esperarán su turno para 2012.

Los trabajadores queremos ver en 2006 al PRD en el gobierno, pero no en un gobierno de coalición no declarado con arribistas, oportunistas expriístas como Camacho Solís o priístas en activo como sucedió en San Luis Potosí, sino en un gobierno compuesto por los representantes de la clase trabajadora que lleve adelante un programa en beneficio de nuestra clase. Las elecciones son un termómetro del ambiente social en un momento dado. No es suficiente con votar es necesario luchar y organizarse con los marxistas para la transformación socialista de la sociedad, dentro y fuera del PRD.

El gobierno Fox es débil e inestable. La "base sólida" del PAN lograda en las pasadas elecciones, donde por primera vez traspasaron su techo natural de clase en el voto, un 20%, se está disolviendo rápidamente al no cumplir ninguna promesa de campaña, ni en "15 minutos", ni "hoy, hoy", ni "ya, ya". Sería histórico derribar en 2006, en dos elecciones consecutivas, uno tras otro, a los dos partidos de la burguesía. No hay que infravalorar esto como un componente positivo para dar confianza a nuestra clase en sus propias fuerzas y ahondar la decisión de tomar el destino en sus propias manos.

Una victoria del PRD en 2006 abriría paso al necesario proceso de pérdida de ilusiones de millones de trabajadores y jóvenes en los dirigentes reformistas o seudo reformistas. Sus limitaciones, que obedecerían a su aceptación y no ruptura del sistema capitalista, quedarían evidenciadas a los ojos de millones. Sería la mejor escuela para demostrar que la única alternativa para asegurar permanentemente la defensa de los intereses de los trabajadores pasa por acabar con el capitalismo y construir una democracia obrera.

El Manifiesto, el rescate y la izquierda del partido

En la crítica al PRD muchos por mirar demasiado arriba, a los dirigentes, no ven abajo, pierden de vista a los trabajadores y jóvenes que lo han construido, que han dejado su sangre y que no permitirán sin lucha que les sea arrebatado. Sólo así puede explicarse el llamado a la Convención de octubre para "rescatar" el PRD, hecho a través del Manifiesto del 5 de mayo, y la primera reunión de debate y coordinación del 7 de junio. Pretende evitar que el PRD se convierta en un nuevo PRI. En sí, por su base social esto no es posible, aún cuando el sector más de derecha tuviera la dirección, cosa que hoy no ocurre, los trabajadores no dejarían de verlo como su partido y presionar. Los días en que los trabajadores veían al PRI como su partido, en los años 30 y 40, con la expropiación petrolera, han pasado a la historia, y debido a que entonces no existía un partido de izquierda y tal vacío era ocupado por el PRI populista y reformista, recubierto con el prestigio de la bandera de la Revolución Mexicana. La burguesía utiliza esta idea también para desanimar a los trabajadores. Y es obvio que los trabajadores nunca han visto al PAN como su partido, en todas sus décadas de existencia, por antagonismo de clase.

La vida, y la vida política lógicamente también, es movimiento. Y el movimiento significa cambio. En los inicios años 30 en el Estado español el PSOE estaba en manos del ala derecha. Francisco Largo Caballero, entonces secretario general de la Unión General de Trabajadores (UGT) fue secretario de Estado de la dictadura de Primo de Rivera. Tras la depresión económica de 1929 y la revolución de 1931, que proclamó La República, las masas estaban fuertes, en ascenso. La burguesía se preparaba para el golpe de Estado que daría en 1934 y, con Franco en julio de 1936, en el contexto del fascismo en Italia y la subida al poder de Hitler en 1933, mientras la clase obrera hacía la experiencia de que la revolución era la única forma de frenar los planes dictatoriales de la reacción. Así, en 1933, el mismo Largo Caballero que se situaba a la derecha empezó a girar a la izquierda junto con el partido, por la presión de las bases obreras del PSOE. En la revolución española de 1936-39 se le conocería como el "Lenin español" y defendió la "bolchevización" del Partido Socialista, comenzando por las Juventudes Socialistas.

Como el teórico marxista británico Ted Grant ha señalado desde los años 30, siguiendo las enseñanzas de León Trotsky, y junto a Alan Woods a partir de los años 60, es una ley histórica que los trabajadores intentan transformar no una sino diez y más veces sus organizaciones tradicionales antes de crear una nueva. ¿Cuál es la razón? Cualquier trabajador consciente sabe que construir y consolidar una organización de masas cuesta no años, sino décadas. Es una árdua tarea contra todas las presiones del capitalismo, cuesta sacrificio empezando por el poco tiempo libre de que se dispone, dinero para que la causa viva y avance, y en muchas ocasiones, sangre de compañeros de partido asesinados por la represión de la reacción. No podemos olvidar que el PRD, como no lo hacemos todos los que lo hemos construido y millones de trabajadores y jóvenes que cifran sus esperanzas en él, que van más de 600 muertos. Si el partido, y al decir esto nos referimos a los trabajadores y estudiantes, jóvenes y viejos que en él y con él luchan y no a la casta burocrática, no representara todavía un peligro para la dominación capitalista no se hubieran producido esos asesinatos. En esta cifra esta marcado el miedo que la burguesía tiene a que un día el PRD se convierte en un partido revolucionario de masas, con una dirección marxista, con un programa socialista, de clase, independiente de la burguesía, lleno de trabajadores y jóvenes, con democracia interna, combativo, presente en todas las luchas sindicales, campesinas, estudiantiles, populares y con presencia en todas las fábricas, centros de trabajo y de estudio, colonias, con miles y miles de comités de base. En suma, que recupere las mejores tradiciones del movimiento obrero y marxista de todo el mundo en su historia. Es la composición social y la lucha de clases al interior del partido la que decidirá la cuestión. Y la última palabra no está dicha. Es tarea de los marxistas luchar por reanudar el hilo histórico.

Sólo así, el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (bolchevique) en tiempos de Lenin y Trotsky será superado como el partido más revolucionario que ha existido en la historia del movimiento obrero.

Hoy el PRD se encuentra casi vacío de trabajadores militando activamente y cada día más lleno de expriístas, priístas e inclusive empresarios. Esto da un margen de maniobra a la política burocrática de la dirección que hasta ahora no había encontrado una resistencia organizada con un componente de izquierda.

El miedo de la burocracia es a un partido lleno de trabajadores y jóvenes y con comités de base funcionando, que les exigirían, controlarían democráticamente y les presionarían, en contrapeso a las presiones que estos dirigentes, algunos exsindicalistas como la misma Robles, reciben de los "cantos de sirena" del capitalismo y su clase dominante. Marx explicaba que las condiciones de vida determinan la conciencia.

En la editorial de Militante (marzo-abril de 2002" decíamos:" (.) En suma, hemos señalado que el pragmatismo, la visión de corto plazo y la pérdida de una perspectiva de transformación social han llevado a la dirección del PRD a entrar en una lógica de convivencia con el sistema y por tanto romper con el movimiento que dio origen al partido en el proceso de 1988-89. No obstante, es claro que importantes sectores de los trabajadores sienten al PRD como su propio partido, una organización por la que han luchado arriesgando incluso la vida. No hay duda de que en los próximos años habrá una auténtica lucha interna en pos de rescatar al partido como un instrumento de transformación social". Los varios miles de compañeros que firmaron el Manifiesto del 5 de mayo y convocaron a "rescatar" el partido muestran el inicio de un proceso primigenio de giro hacia la izquierda. Hay que vencer los peligros que representaría la tentación por desesperación de sustituir al partido con un Frente, sería un claro y grave error; alimentar los prejuicios con el discurso de la "descomposición" del PRD y que no hay nada que hacer introduciendo el pesimismo. La clave no es mirar a los activistas, y mucho menos sólo mirar hacia arriba y fijarse en los dirigentes. En los análisis de sesudos catedráticos y columnistas de la prensa burguesa y la TV nadie parece haber reparado en que las masas siguen existiendo. Por mucho que algunos anuncien por decreto la muerte de la clase obrera lo cierto es que diferentes batallones de esta clase, día sí y día también, se manifiestan y viven en campamentos de lucha, y no sólo en el centro de la ciudad de México. Los últimos en hacerlos han sido los trabajadores de la educación de la CNTE. La clase obrera no sólo no ha desaparecido, igual que tampoco "desapareció" la Historia, aunque así deseará decretarlo el ideólogo burgués Fukuyama, y mucho menos la lucha de clases, sino que es un "cadáver" que goza de buena salud e infringe derrotas a la clase dominante y sus gobiernos. La experiencia en Argentina, Ecuador o Venezuela habla por sí sola. Tras la derrota en las elecciones internas para la dirigencia del PRD del ala derecha en ese momento, amalios y chuchos, ganó Rosario Robles, que se presentaba como la llegada a la dirección de la corriente cardenista. Poco después, igual que hiciera AMLO, Robles mantuvo esta orientación derechista de conciliación de clases, con una actitud un tanto más dura de frente a V. Fox sin que eso haya significado algún avance positivo para una alternativa de los trabajadores dentro del partido. Ni eran ni es lo mismo los amachuchos que la dirección de Robles. A pesar de su política oportunista es más presionable por las bases y el ambiente social. Una prueba de esto es por primera vez un manifiesto del 1 de mayo y el partido convocando a la manifestación junto a los sindicatos (hay una política oportunista que se caracteriza por su zig zag y que obedece a que la dirección se encuentra presionada entre la clase obrera y las bases trabajadoras y juveniles del partido y , por otro lado, la clase dominante, y los empresarios "nacionalistas", como Carlos Slim, Ahumada, o Del Valle, a los que en el fondo sólo les importa intentar usar a los dirigentes del PRD para contener la lucha de clases como "bomberos", que lleven adelante las contrarreformas que ni el PAN ni el PRI pueden hacer; buscar proteccionismo contra las transnacionales, de la que el PAN pretende ser su abogado nacional y vender barato todas las riquezas y recursos del país. De ahí que Slim pusiera el dinero para el rescate del Centro Histórico o Ahumada corrompa a dirigentes como Rosario Robles "alquilándole", por decir algo, la lujosa residencia donde vivió antes Guadalupe Rivera Marín en el exclusivo y nada proletario San Ángel. Para esto empresarios lo único que les preocupa es asegurar su negocio. Les da igual negociar con una dictadura fascista que con un régimen "comunista", claro, siempre y cuando no expropie y ponga bajo control obrero sus fábricas, bancos y negocios, prósperos gracias a la explotación y el sudor de cientos de miles de trabajadores.

Corrientes de izquierda reformista y centrista se desarrollarán inevitablemente en el PRD antes o después, como una expresión de la diferenciación de clase a su interior. Pero la construcción de una auténtica corriente marxista en el PRD y los sindicatos sólo puede ser tarea los jóvenes y trabajadores más conscientes y formados en las ideas del materialismo dialéctico. La naturaleza no conoce el vacío. Si no somos capaces de asumir esta tarea otros ocuparán este lugar, no para ofrecer una alternativa hacia la revolución socialista sino hacia el precipicio del reformismo casi sin reformas. Hay que formar cuadros marxistas obreros y sindicales para trabajar dentro y fuera del PRD, en los sindicatos. Hay que recuperar las tradiciones de izquierda al interior del PRD. Terminar con el intento de convertir al PRD en un partido electorero, cuyo fin en sí mismo es gestionar migajas del sistema capitalista y tener como preocupación básica la defensa de la curul individual. Un representante debe ser un portavoz de la voluntad política de la mayoría del partido y no un representante de sí mismo.

Sólo el desarrollo de una corriente de izquierda de masas, basada en las ideas del marxismo, luchando por una serie de puntos programáticos que son perfectamente asumibles por cualquier militante perredista con conciencia de clase y honesto; defensa de un programa de clase en beneficio de la mayoría de la población, ninguna alianza con la burguesía PAN-PRI; democracia interna puede poner freno y derrotar estos planes burocráticos.

PRD con programa socialista y democracia interna

La formación de una de izquierda de masas en el partido es la única forma de poder convertir al PRD en una herramienta al servicio de los intereses de los trabajador