México: Sólo el movimiento de masas puede detener la privatización de Pemex

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Enrique Peña Nieto fue como invitado a la reunión del G-8 en Londres, donde ofreció el petróleo mexicano a los capitalistas privados como Shell, Texaco, Chevron o British Petroleum. Una de las conquistas más importantes de la lucha del pueblo mexicano está en gran peligro, si consiguen sus objetivos veremos un desastre mayor para las familias trabajadoras.

Este ataque se presenta como una reforma que pretende modernizar y mejorar el sector petrolero. Si no se usa la palabra privatización es porque hay un rechazo tremendo hacia estas medidas, debido a la experiencia que ya hemos vivido con las antiguas empresas paraestatales en el pasado, que sólo han servido para enriquecer a un puñado de capitalistas y han ayudado a formar una oligarquía poderosa al servicio de la cual se pone el Estado.

La privatización no se dará en el sentido que las actuales instalaciones de Pemex pasen a ser propiedad de los capitalistas, sino al abrir a ellos la industria petroquímica, la participación en la refinación y exportación de hidrocarburos. La mayor parte del valor que se agrega a la industria petrolera es con la refinación y el Estado en vez de crear nuevas Refinerías permite que los capitalistas lo hagan y se lleven las ganancias. Se les permite que realicen la exploración de nuevos yacimientos, sobre todo en aguas profundas porque se dice que no tenemos la tecnología para hacerlo, el siguiente paso es que una vez que los capitales privados realicen la exploración se les permita en un futuro también la explotación. Lo que se debería hacer es fomentar la investigación petrolera, y generar investigación y nuevos cuadros técnicos especializados provenientes de las universidades públicas como el IPN y la UNAM.

Este es un firme paso para la incrustación plena del capital privado en Pemex, para después, desde dentro, exigir más y avanzar en una privatización completa. Si consideramos que Pemex aporta uno de cada 3 pesos que ingresan a las arcas del Estado y que ahora gran parte de la renta petroleara (ganancia) ya no ingresará a Pemex, sino que se quedará en los bolsillos de las trasnacionales y en algunos capitalistas mexicanos, esto significará, por un lado, la reducción del gasto social en rubros como salud, vivienda, educación, infraestructura pública, etc. y por otro lado, que ese boquete financiero se pagará con el incremento al IVA a productos de primera necesidad como medicinas y alimentos y también en libros.

¿Cuánto gasta la oligarquía mexicana en alimentos? Una cantidad ínfima de sus ingresos. ¿Cuánto gastamos las familias trabajadoras en esto? Gran parte de nuestros salarios. Ahora tendremos que comer menos y deteriorar más nuestros hábitos alimenticios, esta es la verdadera cruzada contra el hambre del gobierno de Peña Nieto, lo otro son programas asistenciales para aliviar un poco los problemas que genera el sistema capitalista que defienden y tratar así de ganar una base de apoyo para el gobierno a la par que continúa reprimiendo la protesta social.

La reforma energética y la reforma financiera van de la mano y, al igual que la ya aprobada reforma laboral, tienen como objetivo que ante un capitalismo en crisis las ganancias de los capitalistas no disminuyan e incluso se incrementen a costa de empobrecer aún más a las familias obreras, empujando a más sectores al desempleo, al subempleo y a la lumpenización. La economía mexicana no está en términos estrictos en recesión, pero el crecimiento económico sólo se puede dar a condición de atacar cada vez más los niveles de vida de los trabajadores. Eso es lo mejor que nos puede ofrecer el sistema capitalista ¿Qué pasará ahora que la economía de EEUU presenta signos de alerta y que nuestra economía empieza a desacelerarse, augurando una nueva crisis económica?

La lucha por la defensa de Pemex es un asunto literalmente de vida o muerte para nosotros los trabajadores, pero debemos tener claro que no será suficiente con detener su privatización, la lucha debe ir orientada a acabar con el problema de raíz, que es el sistema capitalista, que es incapaz de jugar un papel progresista.

¿Cuál es el problema de la actual reforma? Que las ganancias de la industria de hidrocarburos se las quieren llevar los capitalistas, pero, ¿no ocurre lo mismo con la industria telefónica privada o con la antes llamada Imevisión, hoy TV Azteca, o con la banca y un largo etcétera? Nuestra lucha no debe detenerse en evitar la privatización de Pemex, se tienen que renacionalizar las empresas que han sido privatizadas para que los recursos beneficien al conjunto de la población. Si las empresas que han sido privatizadas, junto con las demás industrias claves y la banca, fueran propiedad de todos y se administraran de forma democrática bajo control obrero, la riqueza se distribuiría de una forma más equitativa y las grandes ganancias que hoy sirven para enriquecer más a un puñado de capitalistas ahora servirían para el beneficio de todos. Esto nos permitiría también acabar con la anarquía capitalista, planificando la economía y desarrollándola en los sectores que son claves, incrementar la investigación científica, hacer real el derecho universal al trabajo, a la salud, a la comida, a la recreación y a la educación.

Creer que podemos aspirar a una sociedad igualitaria sin tocar la propiedad privada de los medios de producción es, por decir poco, una utopía. Lo que necesitamos es aumentar la confianza en nuestras fuerzas y nuestra conciencia. Si logramos desarrollar un movimiento lo suficientemente fuerte para detener la privatización de Pemex el movimiento de masas recobraría confianza en sus fuerzas y no se detendría ahí, iría por mucho más.

Debemos dispersar el polvo que se avienta sobre los ojos de la población y dejar claro que se quiere privatizar Pemex, aumentarnos el IVA y deteriorar la economía popular. Este es un tema clave para el Estado títere de la burguesía y no será suficiente con grandes mítines y marchas, sino que éstos solo deben ser la antesala de acciones más contundentes, incluso, de ser necesario, avanzar hacia la huelga nacional.

Morena ha planteado una serie de puntos que se pueden empezar a implementar en Pemex hoy mismo, sin necesidad de hacer una reforma constitucional. Toda reforma constitucional en el actual momento sólo servirá para quitar candados que impiden la privatización plena del petróleo. Morena defiende desde sanear las finanzas de Pemex a generar investigación, aprovechar más los hidrocarburos y otras fuentes renovables de energía, crear refinerías y bajar los precios de la gasolina y el gas para el beneficio de la población. Con esto se deja claro que no se necesita privatizar el petróleo para mejorar esta industria.

Por otro lado, el PRD se ha diluido como fuerza de izquierda independiente, dentro del Pacto por México. Se han planteado también la defensa de Pemex, lo cual refleja la presión de su propia base y del movimiento social. El problema es que los dirigentes tienen la enorme tradición de pactar, los dirigentes del PRD capitulan ante el gobierno burgués de Peña Nieto y la dirección de las corrientes más de izquierda del PRD capitula ante los chuchos y Marcelo Ebrad. El PRD denunciará y hará propuestas para mejorar a Pemex, así que se podrán tomar algunas de sus propuestas dentro de la reforma energética sin que esto signifique evitar abrirla a la iniciativa privada y así avanzar en los objetivos del régimen, “recuperando las propuestas de la izquierda”.

Morena, al no dar una lucha seria contra el fraude electoral, generó escepticismo entre sectores amplios de la población. Esto se ha reflejado, por ejemplo, en que los resultados de afiliación van muy por debajo de los objetivos. En esta lucha por hacer de Morena un partido legal se ha caído en la introversión, descuidando la lucha en las calles. Pero se ve al petróleo como un objetivo estratégico a defender. AMLO ha declarado que incluso si hay que perder el registro como partido con tal de evitar la privatización de Pemex, hay que hacerlo. Tampoco debemos olvidar que en la base de Morena votamos por que nos convirtiéramos en partido pero sin dejar de ser movimiento. Ante esto debemos ser consecuentes y nuestro plan de acción fundamental debe ser la defensa de Pemex, y dejar las afiliaciones en un segundo plano. De hecho, no tendrían que descuidarse, si Morena deja en claro que va a luchar hasta el final por la defensa de Pemex y de los intereses del pueblo se podrá reconquistar a esos sectores que se volvieron escépticos hacia nuestro partido-movimiento.

Morena ha planteado que no irá en alianza con los partidos de izquierda porque habrá una tendencia a llegar a un compromiso con el régimen en el que no queremos vernos involucrados. ¿Cuál es la alternativa? ¿Ir solos? Desde nuestro punto de vista no debe ser así, pero es claro que hay dirigentes de Morena a los que les asusta la vinculación con el movimiento social, porque temen un “contagio” de la base y una radicalización mayor. También porque algunos dirigentes, aunque hablen de un Morena que luche en las calles, en realidad no quieren sacrificar el registro legal, sumado a que en el fondo tienen desconfianza en el movimiento de las masas, de esa forma, tampoco quieren una alianza con los sindicatos y el movimiento social que los empuje a llevar la lucha más lejos.

El 18 de marzo en el DF fue sintomático, el mitin de Morena en el aniversario de la expropiación petrolera, a pesar del esfuerzo de la base por sacar un buen evento, fue muy pobre. Por la tarde vimos una marcha muchísimo más numerosa donde participaban sindicatos y organizaciones juveniles y sociales y de forma dispersa bases de Morena. No podemos ir divididos a esta lucha y desde la dirección de Morena a nivel nacional, en cada Estado, delegación y municipio, se deben establecer planes para sumar a la población y hacer un frente de los explotados y los sectores oprimidos en defensa del petróleo.

Esta es una batalla decisiva y podemos ganarla. Debajo de la superficie hay un ambiente de rabia entre las masas que se ha expresado en la extensión de las policías comunitarias, en la lucha en Guerrero, en la resistencia esmeíta, en la lucha magisterial a nivel nacional… todos luchamos contra los males generados por el decadente sistema capitalista mexicano y debemos unirnos como un solo puño para hacer retroceder al régimen.

Necesitamos un frente único de Morena, los sindicatos, las policías comunitarias, el movimiento estudiantil, las organizaciones indígenas y campesinas, etc. Debemos convencer al conjunto de la población de salir a lucha contra la privatización de Pemex, contra el incremento del IVA en alimentos, medicinas y libros, por la defensa de la economía popular, que implica bajar el precio de la gasolina y del gas, incrementar los salarios, repartir el empleo existente entre los trabajadores existentes para combatir el desempleo, implementar un subsidio de desempleo, eliminar el rechazo en la educación pública, fortalecer el sistema de salud para que ésta sea universal y con cobertura total, etc. Para eso se debe fortalecer a Pemex y las empresas estatales, renacionalizar las empresas privatizadas, nacionalizar las empresas donde los capitalistas evadan impuestos, poniéndolas a funcionar bajo control obrero.

Necesitamos recuperar la confianza en nuestras fuerzas, seguir el ejemplo de las luchas revolucionarias de Europa, de Turquía, de Chile, de Brasil, del Magreb, sobre todo de Egipto. Necesitamos generar un movimiento de masas tan poderoso que pueda barrer con el actual régimen, su Estado y el sistema capitalista que defienden, y crear un gobierno de los trabajadores que de una vez por todas ponga orden al actual desastre al que han llevado al país. El primer paso para avanzar en este camino será evitar la privatización de Pemex. ¡No pasarán!