Las implicaciones de la derrota de Rusia en el frente de Jarkov

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En los últimos días, las fuerzas ucranianas han realizado avances significativos en el frente de Jarkov, obligando a los rusos a una retirada desorganizada. ¿De dónde vino esta contraofensiva sorpresa y cuál es su significado para la guerra en general?

“Quizás cuanto menos tenemos, más estamos obligados a presumir”.

― John Steinbeck, Al este del Edén

¡Cómo cantan! Incluso después de tantos meses de ruidosa propaganda, los titulares que han seguido a los avances ucranianos en el frente de Jarkov realmente rompieron todos los decibelios.

El Daily Telegraph pregonaba:

“Putin está acabado. Los ucranianos lo tienen contra las cuerdas con una victoria impresionante en la mira”.

Si tuviéramos que juzgar por el tamaño de los titulares, se podría suponer que la guerra ya está ganada. Las heroicas fuerzas ucranianas habrían derrotado a los rusos, que corren de regreso a la frontera tan rápido como sus piernas les permiten.

Nuestros valientes aliados ucranianos los perseguirán hasta las puertas de Moscú, donde la cabeza del villano Putin quedará expuesta en lo alto de una pica…

¡Una foto muy bonita! Desafortunadamente, el mismo escenario imaginario ha sido constantemente interpretado y reproducido tantas veces que uno comienza a sospechar que es fruto del cumplimiento de un deseo, más que de la realidad. Aquí, la guerra de la información parece ser más importante que lo que realmente sucede en el campo de batalla.

Por lo tanto, en todos los asuntos relacionados con Ucrania, es necesario mantener en todo momento un sano escepticismo si deseamos penetrar a través de la espesa niebla de las afirmaciones y contra-afirmaciones mentirosas, y llegar a algún tipo de evaluación objetiva de lo que realmente está pasando.

Una derrota seria

¿Cuál es el significado y la importancia de esta contraofensiva y cómo es probable que afecte al curso del conflicto? En primer lugar, es cierto que el colapso de las fuerzas rusas en el frente de Jarkov fue una gran derrota. En los últimos días, las tropas ucranianas han realizado importantes avances en el frente de Jarkov. El análisis del Instituto para la Guerra con sede en EE. UU. habla de que se han recuperado 2.500 kilómetros cuadrados de manos de las fuerzas rusas.

Las fuerzas ucranianas han hecho retroceder la línea del frente de Jarkov unos 70 km hacia el este hasta el río Oskil y conquistado puntos estratégicos clave, principalmente Izium y la orilla occidental de Kupiansk.

La guerra de la propaganda

En los últimos meses, a medida que se acercaba el invierno, había una creciente preocupación entre los partidarios occidentales de Ucrania sobre el desarrollo de la guerra. Los miles de millones de dólares, euros y libras que se enviaron a Kiev en municiones, piezas de artillería, equipo, intercambio de inteligencia, etc. parecían no tener un impacto real en la línea del frente, con los rusos avanzando lenta pero implacablemente sobre la base de una superioridad significativa en el poder de fuego.

Empezó a plantearse la pregunta: ¿vale la pena invertir recursos en una guerra que, al parecer, no se puede ganar? Esto se planteó claramente cuando se cortó el suministro de gas ruso a Europa y los gobiernos de la UE temieron que las altas facturas de energía pudieran provocar un descontento masivo.

Cada vez más ansioso de que Occidente perdiera interés en Ucrania y se retirara bajo la creciente presión de la opinión pública, o al menos redujera el flujo de armas y dinero a un goteo, Zelenski se estaba desesperando. Necesitaba mostrar a sus jefes en Washington que su dinero no se estaba desperdiciando, que la guerra aún continuaba y que los ucranianos estaban listos para lanzar una gran contraofensiva.

En otras palabras, necesitaba algún tipo de truco dramático que hiciera que sus donantes se sentaran y prestaran atención. Necesitaba una victoria rápida. Pero, ¿cómo conseguir una? Esa era la cuestión.

La ‘ofensiva de Jersón’

Antes de estos últimos hechos, toda la atención se concentró en la llamada ‘contraofensiva de Jersón’ de las fuerzas ucranianas en el sur, que comenzó el 29 de agosto. Esto había sido anunciado públicamente por Kiev durante meses.

Ahora bien, si Zelenski hablaba realmente en serio sobre esto, era muy extraño, porque en cualquier guerra, la sorpresa es un factor clave. Una verdadera contraofensiva debe basarse en el elemento sorpresa, entonces, ¿por qué anunciarlo públicamente? Sin embargo, aquí estaba Zelenski proclamando en voz alta a los cuatro vientos que una ofensiva contra un objetivo específico, Jersón, era inminente.

La razón es que Jersón nunca tuvo la intención de ver una ofensiva real, sino una diseñada para atraer tropas rusas de otros sectores del frente para frenar su avance, particularmente en el Donbás.

En realidad, desde un punto de vista militar, un ataque a Jersón no tenía sentido. Las fuerzas rusas estaban bien atrincheradas y el terreno abierto inevitablemente expondría a las fuerzas ucranianas a pérdidas terribles. Por esa razón, una capa significativa de los generales ucranianos estaba en contra, al igual que los estadounidenses. Pero Zelenski se mantuvo firme.

La maniobra ucraniana fue parcialmente efectiva. Los rusos movieron una gran cantidad de tropas y equipo al frente de Jersón. Después de la toma rusa de Severodonetsk y Lisichansk a principios de julio, el avance ruso en la línea de defensa ucraniana de Siversk-Bajmut-Horlivka había sido extremadamente lento.

Sin embargo, tal como se predijo, la ofensiva de Jersón tuvo un gran costo humano para el ejército ucraniano. Aunque Kiev había declarado una prohibición total de cualquier información que saliera del frente, está claro y se ha informado en los medios estadounidenses que la contraofensiva de Jersón fue una picadora de carne para las fuerzas ucranianas. Se ganó muy poco terreno, y parte de él se volvió a perder, a un gran costo. Ucrania estaba jugando con su fuerza: mano de obra. Rusia estaba jugando con la suya: la superioridad en la artillería.

Pero la contraofensiva de Jersón tuvo otro resultado. Al concentrar la atención de los rusos en ese frente, inevitablemente debilitó su posición en otros frentes. En este punto, el alto mando ucraniano intensificó el intercambio de inteligencia con los EE. UU., lo que les permitió identificar los puntos más débiles de la línea del frente ruso y lanzar una ofensiva sorpresa.

Esta información fue de un valor incalculable para los ucranianos. Hay un conocido principio de guerra que dice: toda la fuerza en el punto de ataque. El punto más débil fue identificado como el área al norte del punto estratégico clave de Izium. La ciudad fue tomada por el ejército ruso a un gran costo a fines de marzo. Izium es importante porque es un centro ferroviario crucial, pero también porque abre la carretera principal hacia Sloviansk desde el norte. El frente aquí había estado más o menos estático durante meses.

Así, mientras toda la atención se concentraba en el frente de Jersón, el 8 de septiembre el ejército ucraniano lanzó una ofensiva sorpresa sobre Balakliya, al norte de Izium. Esto claramente tomó a los rusos completamente por sorpresa. Sus defensas aquí eran débiles y fueron invadidas rápidamente. Mientras los combates aún continuaban en la ciudad, las fuerzas ucranianas siguieron avanzando hacia el este, circunvalándola, y casi no encontraron resistencia.

En un par de días, llegaron a Shevchenkove al noreste de Balakliya y luego ocuparon la orilla oeste de la ciudad crucial de Kupiansk. Al mismo tiempo, avanzaron muy rápidamente hacia el sur en dirección a Izium.

Repercusiones en el Kremlin

El Ministerio de Defensa ruso hizo un débil intento de inventar una explicación para la derrota:

“En el transcurso de tres días se llevó a cabo una operación para restringir y organizar el traslado de tropas de los grupos Izium-Balakliya al territorio de la República Popular de Donetsk. Durante este período se tomaron una serie de medidas de distracción y desvío de los movimientos reales de las tropas”.

Tal explicación no satisfará a nadie. Para el 12 de septiembre, Rusia se vio obligada a retirar sus fuerzas también de la franja a lo largo de la frontera, al norte de la región de Jarkov y movió el frente desde el río Siverskidonestk hacia el este hasta el río Oskil.

Esta fue una derrota mucho más humillante que la anterior retirada de Kiev. Ese fue un asunto más o menos ordenado. Pero no es así aquí. Esta no fue una retirada ordenada, sino más bien una derrota. Los rusos huyeron, abandonando sus posiciones, dejando atrás grandes cantidades de armas y equipos.

Hay informes de soldados rusos que se quedan atrás, vistiéndose de civil para huir a pie o en bicicleta. También había columnas de automóviles civiles que huían de todas las ciudades, pueblos y asentamientos hacia la frontera rusa, temiendo las represalias del ejército ucraniano que avanzaba y a los batallones de voluntarios de extrema derecha.

La naturaleza del régimen de Putin

Se debe hacer la pregunta: ¿cómo pudieron los ucranianos llevar a cabo una ofensiva tan sorpresiva y obtener un éxito tan sorprendente? Un factor absolutamente clave fue la inteligencia proporcionada por los estadounidenses, quienes casi seguramente ayudaron a coordinar y dirigir toda la operación.

Pero eso no puede explicarlo todo. En los viejos tiempos de la Unión Soviética, la calidad de la inteligencia soviética era insuperable. Seguramente, deberían haber podido identificar la acumulación de tropas ucranianas en esa sección del frente y reaccionar en consecuencia.

La debacle en el frente de Jarkov expone una debilidad fatal de las fuerzas rusas en esta guerra, y esa es la mala calidad de su inteligencia. Pero esto, a su vez, es solo un síntoma de la degeneración en el corazón mismo del régimen de Putin.

El colapso de la Unión Soviética ha convertido a Rusia de un Estado obrero burocráticamente degenerado en un régimen bonapartista burgués, dirigido por una camarilla corrupta de oligarcas que se han enriquecido mediante el robo masivo de la propiedad del pueblo.

Este régimen podrido está gobernado por la camarilla del Kremlin que sirve a los intereses de los oligarcas, al mismo tiempo que se enseñorea en ellos; acosándolos y desplumándolos a cambio de los servicios de su policía y de la FBS, heredera de la antigua KGB, que fue la escalera por la que subió Vladimir Putin al Kremlin.

A Putin le gusta presentarse como el Hombre Fuerte, pero en realidad es un gigante con pies de barro. Una de las debilidades de un régimen bonapartista es precisamente que el Hombre Fuerte no tolera la disidencia ni la crítica de ningún tipo.

El hombre del Kremlin vive en una especie de burbuja: un mundo artificial habitado por compinches corruptos y aduladores en el que todos solo quieren darle buenas noticias, independientemente de si tienen alguna relación con la verdad o no. Sin duda, esto ha jugado un papel muy negativo en la conducción de la guerra por parte de Rusia desde el principio.

En parte explica el exceso de confianza por parte de Putin. Esto se refleja en el hecho de que persiste en la tontería de que esto no es una guerra en absoluto, sino solo una «operación militar especial», una formulación muy extraña que no tiene equivalente conocido ni en la historia ni en la teoría militar. Escondiéndose detrás de esta pretensión, Putin ha evitado hasta ahora declarar la guerra y llevar a cabo una movilización total. Pero esto ha limitado el número de fuerzas que puede comprometer en el conflicto.

Para dibujar una analogía histórica, utilizada por el asesor presidencial de Zelenski, Arestovich: cuando el Ejército Rojo liberó a Ucrania de los nazis, Stalin envió una fuerza de dos millones y medio a la batalla. Por el contrario, hasta ahora Rusia ha comprometido un número relativamente pequeño de soldados en esta guerra, quizás 170.000.

Las razones de esto son políticas. Una declaración de guerra y una movilización total tendrían un impacto mucho mayor en la sociedad rusa y podrían generar oposición. Pero ha obstaculizado seriamente el esfuerzo de guerra de Rusia.

Por lo tanto, cuando los rusos movieron tropas para reforzar el frente de Jersón, secciones del frente de Jarkov quedaron extremadamente debilitadas. El enemigo pudo aprovechar la oportunidad y organizó un ataque relámpago que tomó a los rusos completamente por sorpresa. El resultado fue una derrota, como hemos visto.

Consecuencias

¿Cuáles serán las consecuencias de esta derrota rusa en la región de Jarkov? Desde el punto de vista ucraniano, este es un refuerzo moral muy necesario. El elemento de propaganda ha sido clave para el lado ucraniano-occidental desde el principio. Pero la propaganda tiene sus límites; a menos que vaya seguida de avances concretos sobre el terreno, se vuelve vacía y contraproducente.

Como se podría haber predicho, los hombres de Kiev están ahora orgullosos de su propia importancia. Para citar una frase utilizada por Stalin, están “mareados por el éxito”. Los mareos en la vida cotidiana pueden causar accidentes desagradables. Uno puede perder el equilibrio y experimentar una caída dolorosa. Pero en la guerra, las consecuencias pueden ser infinitamente más graves.

Ahora se habla de Ucrania preparando una contraofensiva similar en Vuhledar, en el frente de Zaporiyia. Sin embargo, la situación real se muestra en los últimos llamamientos de Kiev, exigiendo que Occidente acelere la entrega de armas y aumente enormemente las cantidades.

¿Con qué propósito? No para organizar una marcha triunfal a Moscú, Crimea o incluso Mariupol, sino simplemente para aferrarse al territorio que acaban de ganar.

Ganar una batalla no es ganar la guerra, que consiste en muchas batallas. Los ucranianos pueden ganar una batalla o diez batallas. Pero tales victorias pueden ser efímeras y no significan necesariamente un cambio en el equilibrio general de fuerzas.

Una cuestión existencial

Estos son desarrollos muy peligrosos para Putin. La guerra en Ucrania es una cuestión existencial para él y su régimen. El colapso de las defensas rusas en Jarkov fue quizás el revés más serio para Rusia en esta guerra. Los comentaristas militares y nacionalistas reaccionarios rusos, que han apoyado la invasión de Ucrania, ahora expresan abiertamente sus críticas al liderazgo de la campaña, y algunos cuestionan incluso al propio Putin.

El líder checheno Kadirov, que ha sido una parte importante de la guerra contra Ucrania, expresó abiertamente sus críticas a la retirada forzada rusa en Jarkov: “Se cometieron errores. Creo que sacarán conclusiones. Puede que no sea agradable cuando le dices a alguien la verdad en su cara, pero me gusta decir la verdad”.

Hasta ahora, estas grietas son solo leves, pero a menos que la situación sobre el terreno en Ucrania cambie y Putin tenga algunas victorias para mostrar, la disidencia crecerá, particularmente entre aquellos que apoyaron la guerra hasta ahora. Esto podría volverse muy peligroso para la posición de Putin. Las derrotas en la guerra a menudo conducen a la revolución.

Por esta razón, Putin necesita actuar con decisión y rapidez. Su primera reacción se produjo la noche del 11 de septiembre, con una serie de ataques coordinados que dañaron plantas de energía eléctrica en toda Ucrania, provocando un apagón general. Eso es solo el comienzo. En los próximos días, necesita asegurarse de que Rusia no sufra más derrotas significativas y logre alcanzar una u otra victoria.

Es posible que tenga que recurrir a la movilización total, aunque eso sería un movimiento arriesgado de su parte. Un camarada ruso nos comenta: “la movilización se está dando de manera extraoficial. Se movilizó a personas de regiones alejadas de las principales ciudades. La cuestión es si ahora comenzarán a movilizar reclutas de las principales ciudades como Moscú, Leningrado o Kazan. Hay un gran riesgo político en eso”.

De una forma u otra, Putin necesita fortalecer uno de los puntos más débiles del ejército ruso en esta guerra, como se reveló en esta reciente derrota: el suministro de hombres. Esto se hará haciendo un mayor uso de su superioridad en potencia de fuego o trayendo tropas adicionales. Probablemente a través de una mezcla de ambos.

Los imperialistas se enfrentan a problemas

Considerada objetivamente, la derrota reciente es un revés y ha provocado serias dificultades en la campaña rusa, pero es dudoso que esto tenga algún efecto duradero en el equilibrio general de fuerzas. Algunos líderes militares y políticos en Kiev y Occidente están dando una nota de cautela.

Zelenski es claramente un jugador que no es reacio a tomar decisiones arriesgadas. Su ofensiva sobre Jersón-Jarkov fue una apuesta desesperada destinada a mantener el apoyo internacional. Y, a veces, las apuestas desesperadas pueden tener éxito. Podría parecer que Zelenski ahora está en una posición más fuerte para exigir aún más ayuda militar y financiera de EE. UU. y Europa.

Pero Zelenski tiene sus propios problemas domésticos. Abundan los rumores en Kiev de que el alto mando militar no estaba muy interesado en la ofensiva de Jersón. Los analistas occidentales se mostraron escépticos y aconsejaron limitar sus objetivos y alcance. Sin embargo, Zelenski siguió adelante. La razón no era tanto militar sino política.

Temporalmente, esta victoria tendrá un impacto en la moral de los soldados ucranianos y en la opinión pública, que hasta ahora solo había visto derrotas y retrocesos desde abril. Permite a Ucrania mantener viva la esperanza de nuevos avances en la guerra después del período de invierno, que probablemente detenga la guerra.

Pero no todo es lo que parece. Paradójicamente, el reciente éxito militar de la parte ucraniana ha creado dificultades para los imperialistas y para lo que se podría llamar el Partido de la Paz. De hecho, varios periódicos ucranianos informan que durante la visita de la semana pasada a Kiev del secretario de Estado de EE. UU., Blinken, “trajo un mensaje de Joe Biden sobre la necesidad de iniciar negociaciones con Putin”. (Ukrainska Pravda).

Pero Putin no estará de humor para negociar con nadie tan pronto después de una derrota humillante. El reciente ataque tomó a los rusos por sorpresa. Pero es poco probable que se repita. Las fuerzas rusas se reagruparán y serán reforzadas por nuevas y frescas divisiones.

Rusia todavía tiene reservas considerables a las que recurrir. No busquemos más, a partir del 1 de septiembre se llevaron a cabo los ejercicios militares conjuntos Vostok 22 con China y otros países en el Lejano Oriente, y se prolongaron durante ocho días. Así, decenas de miles de tropas rusas participaron en ejercicios militares en el Lejano Oriente, que podrían haber tenido como destino el frente ucraniano.

Putin hará lo que sea necesario para poder presentar una victoria en Ucrania. Para eso necesita, como mínimo, mantener el territorio que tiene en Jersón, Zaporiya y Lugansk, y completar la toma del Donbás alcanzando las fronteras administrativas de Donetsk.

Y está fuera de toda duda que Putin no se dará por vencido como resultado de reveses temporales, que son inevitables en cualquier guerra. Por otro lado, Ucrania se encuentra en una situación extremadamente difícil desde el punto de vista económico, habiendo estado casi aislada del comercio exterior (a pesar del acuerdo de exportación de cereales) y completamente dependiente de la ayuda occidental para su presupuesto diario.

Los imperialistas, especialmente los europeos, se enfrentan así a un gran dilema. Se acerca el invierno, sin garantías para el suministro de gas y petróleo. Esto está alimentando una crisis del costo de vida con efectos sociales y políticos potencialmente explosivos. La presión para llegar a algún tipo de acuerdo o compromiso seguirá creciendo. Lo que vimos en la República Checa es muy sintomático de los cambios en la opinión pública que se están produciendo en toda Europa.

Es imposible predecir lo que sucederá en los próximos meses. Como dijo Napoleón: la guerra es la más compleja de todas las ecuaciones. Es una imagen en constante movimiento con muchas variables desconocidas. Nuestra tarea como marxistas es seguir el curso de los acontecimientos y explicar pacientemente a las capas avanzadas, agitar contra la guerra desde un punto de vista revolucionario, dirigiendo nuestra oposición ante todo contra el enemigo en casa: nuestra propia clase dominante.

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