La revolución latinoamericana llega a puerto hondureño – ¡El golpe de Estado puede ser derrotado luchando masivamente en las calles!

Una crisis revolucionaria en Honduras se ha desatado intempestivamente. La necesidad histórica de la transformación socialista de la sociedad encontró un cauce en la destitución del presidente Zelaya, popularmente conocido como Mel.

 

Una crisis revolucionaria en Honduras se ha desatado intempestivamente. La necesidad histórica de la transformación socialista de la sociedad encontró un cauce en la destitución del presidente Zelaya, popularmente conocido como Mel.

El domingo 28 de junio de 2009 se terminó de orquestar el golpe de Estado imponiendo a Micheletti como presidente interino. La acumulación de contradicciones provocó la explosión y ahora las masas se enfrentan al Estado burgués en las calles, miles rodean el palacio presidencial desafiando el toque de queda que inicia a las 6 de la tarde, Tegucigalpa ha sido testigo histórico de heroicas batallas campales de un pueblo harto de explotación y miseria, con un saldo de decenas de heridos y por lo menos un muerto.

Se ha desatando un torbellino de acontecimientos que se suceden a la velocidad de vértigo y que están marcando profundamente el cuerpo vivo de Honduras. Asistimos a un proceso que marcará un antes y un después en la historia hondureña, sin duda podemos decir que la revolución ha comenzado. Vuelos rasantes recorren las principales ciudades, los medios informativos han sido acallados inclusive los internacionales dándose arrestos temporales de periodistas de las agencias noticiosas, los cortes de energía eléctrica son sistemáticos, se ha profundizado la represión y el hostigamiento a los dirigentes sociales, sin embargo, la lucha de clases es encarnizada y la represión está actuando como látigo de la contrarrevolución. Los militares enfrentan a sectores de una población enardecida, se estalló un paro nacional que originalmente se trazó como indefinido hasta la restitución de Mel y que inició con el sector público pero fue desactivado por la amenaza de despido por parte de Micheletti. Los maestros mantienen el paro nacional indefinido. En las fábricas se discute la huelga general de los obreros industriales, de darse, sería un factor primordial que podría determinar el desarrollo de la crisis política. Después de un breve periodo en el que sólo actuaron los sectores más avanzados y combativos, el fermento está alcanzando a cada vez más amplios sectores de los trabajadores.

El movimiento crece

También se prepara una concentración nacional en Tegucigalpa. Ya se efectuaron marchas y bloqueos de carreteras en los departamentos de Colón y de Atlántida, también diez mil campesinos de Olancho, la región de origen de Zelaya, trataron de llegar a Tegucigalpa pero fueron detenidos por los retenes que el ejército instaló. Sin embargo, el jueves 2 de julio se espera el arribo miles de trabajadores de todo el país para recibir a Mel que viajará desde Estados Unidos acompañado de la presidenta de Argentina. En torno a la concentración nacional se viven momentos de tensión porque Micheletti ha advertido que el ejército impedirá el flujo de manifestantes desde las provincias hacia la capital, pero los organizadores han respondido que “no habrá ejército que los detenga”; si Zelaya realmente regresa y es reinstalado por las masas, sea el 2 de julio o cualquier otro día, el movimiento adquirirá mayor impulso y significaría un punto de inflexión que daría enorme confianza a las masas, pues sería considerado un triunfo político de gran connotación que trastocaría la correlación de fuerzas en la lucha de clases a favor de los trabajadores.

Al anuncio del retorno de Mel a Honduras, Micheletti ha advertido que se le encarcelará, aunque eso dependerá de la respuesta de los trabajadores del campo y la ciudad y apunta a que el movimiento va en ascenso y se convertirá en una auténtica insurrección de masas, no sólo de sectores avanzados como hasta hoy. Pareciera que la obtusa oligarquía hondureña no se ha dado cuenta de la bomba que ha desatado. La llamada comunidad internacional ha denostado el golpe y se han unido al coro de la defensa de la democracia burguesa, incluido Obama. Con excepción de los países integrantes del ALBA, esta “condena” al golpe de Estado y la supuesta “defensa” de la democracia, podría cambiar con el desarrollo de los acontecimientos en los próximos días y dar paso a la “justificación” del nuevo régimen, sin embargo no está dicha la última palabra, todo está en función de la respuesta de las masas y de si podrán llevar adelante la insurrección con una estrategia y tácticas audaces y sin conciliar con la burguesía.

La soberanía nacional

Existe en Honduras un arraigado sentimiento nacionalista que es más bien una expresión antiimperialista. Bajo el capitalismo, la liberación nacional de los pueblos ex coloniales es más formal que real. Por ejemplo, si comparamos la soberanía de la India actual contra la India colonial, veremos que ahora han cambiado los mecanismos de explotación, pero la extracción de recursos y explotación de mano de obra sigue latente tanto o más que durante la colonia. Esto no quiere decir que la lucha por la independencia haya sido en vano en la India, en China, Vietnam, Cuba, México o cualquier otro país. Nada parecido, por supuesto que no decimos que haya sido en vano. Haber conseguido la “independencia nacional” pone de manifiesto en la mente de millones las limitaciones de clase de la democracia burguesa que es la cara inversa de una misma moneda, la dictadura del gran capital. El desarrollo de un potente proletariado industrial y urbano, así como su organización consciente en sindicatos y partidos obreros supone un enorme avance en la lucha por el socialismo internacional, versus la postración de las enormes masas campesinas explotadas bajo el yugo colonial. Pero una vez dicho esto, hoy, los rifles, soldados e invasiones directas han sido sustituidos por los mecanismos del mercado, de la deuda, los préstamos, los bajos salarios, las devaluaciones, la Inversión Extranjera Directa (IED), la exención fiscal, etcétera. Lo mismo aplica a todos los países ex coloniales.

En México, por ejemplo, los niveles de pobreza y explotación proporcionalmente hablando, son mayores ahora que durante la colonia española; la deuda externa, por ejemplo, se ha pagado por lo menos diez veces y sigue siendo un pozo sin fondo. Entre tanto, los servicios públicos, salud, educación, vías de comunicación, etc., cada día pierden calidad y son más precarios. La burguesía se apresta a celebrar el 200 aniversario de la Independencia y, el México ”independendiente” del siglo XXI no es siquiera autosuficiente en alimentos. No se necesita explicar mucho más para entender que sobre bases capitalistas la liberación nacional de México, así como la de la India o cualquier otro país ex colonial, no es una realidad para las masas trabajadoras del campo y la ciudad.

Sin desarrollo de fuerzas productivas no puede haber liberación nacional porque la dependencia se exacerba; con la propiedad monopólica de los medios de producción no puede haber independencia nacional porque la dependencia se profundiza, con el mecanismo de la deuda no puede haber liberación nacional porque el sometimiento se hace cada vez mayor. Sólo bajo el socialismo es posible una auténtica liberación nacional. Así como la semilla da paso a la planta, —es decir se niega y a la vez se trasciende a sí misma para dar paso a una nueva semilla—, una auténtica liberación nacional dialécticamente pasa por el desarrollo de las fuerzas productivas sin el cinturón de las fronteras nacionales y la propiedad privada de los medios de producción. Así, la nación se funde en una federación socialista continental y mundial que la hace avanzar socialmente de acuerdo a un plan central de la economía regional y mundial. Esta es la única forma de preservar realmente la soberanía de una nación. Pero sobre bases capitalistas esto se convierte en una utopía.

La liberación nacional es una cuestión de clase y no debe verse sólo con sentimientos patrióticos, ya que la patria también es un concepto de clase. Nadie puede estar en desacuerdo en que no es lo mismo la patria para un magnate o un terrateniente, que para un obrero, un desempleado urbano o un campesino pobre. Los marxistas aspiramos a una patria socialista, una sociedad sin clases, sin propiedad privada de los medios de producción, ni fronteras nacionales.

Pero por otro lado, los pueblos de las colonias y ex colonias no pueden esperar pacientemente a que la instauración del socialismo en un país industrializado detone la revolución mundial. En la medida que la instauración del socialismo en los países industrializados se sigue aplazando y la gran industria sigue bajo dominio del capitalismo, es inevitable que en los países atrasados, coloniales o ex coloniales, se presenten toda una serie de deformaciones de la naturaleza del Estado y las características peculiares de sus actores.

La influencia de la revolución venezolana

Al parecer no se trata de un golpe al viejo estilo de las dictaduras militares de las décadas pasadas que se preparaban y ejecutaban bajo la estricta planeación y ejecución del imperialismo estadounidense que instalaban regímenes militares por largos periodos. Pero a la vez, es claro que la corrupta y dependiente oligarquía hondureña no se hubiese lanzado a la aventura del golpe sin la validación y autorización de algún grupo de poder estadounidense. En todo caso, asistimos a un proceso de contradicciones interimperialistas ante el avance de la revolución en el convulsivo continente americano. En momentos críticos el imperialismo no siempre actúa de manera homogénea[1], un sector puede afirmar que está en contra del golpe, jalarse los pelos y darse golpes de pecho porque la sacrosanta democracia ha sido violentada en Honduras, pero, lo que más pesa en la ecuación es el auténtico contagio de la revolución bolivariana en el conjunto del continente y en particular en Honduras. La oligarquía y el imperialismo han sacado conclusiones correctas respecto al fermento revolucionario que se está desarrollando en el seno del movimiento obrero centroamericano, la victoria del FMLN en el Salvador, el regreso del sandinismo en Nicaragua, son claros y evidentes síntomas del ascenso del movimiento de los trabajadores y campesinos pobres.

El planteamiento de la oligarquía pretende ser simple: bajo argucias legaloides aprovechar el incidente de la cuarta urna —consulta o referéndum promovido por Zelaya para intentar instituir una Asamblea constituyente, previamente Mel había destituido al comandante del ejército y la Suprema corte lo reinstaló— para colocar a Zelaya como fuera de la ley y constitucionalmente destituirlo, en su lugar poner a Micheletti y celebrar las elecciones en noviembre; con esto, Honduras se libraría de la amenaza del chavismo venezolano, lo cual “justifica” aplastar represivamente a las manifestaciones de inconformidad que se esperaba serían débiles sin alcanzar magnitudes masivas, por el contrario, la oligarquía considera al pueblo hondureño como un pueblo sometido y desorganizado y además espera el respaldo de sectores de la clase media para demostrarle al mundo que “el pueblo está con Micheletti” y con esto intentar contrarrestar el aislamiento diplomático a excepción de los países del ALBA. Tras aplacar las manifestaciones todo volvería a la normalidad y se habría detenido la intromisión venezolana en la patria hondureña. Punto. Pero en realidad, con esta aventura golpista la oligarquía y el imperialismo han abierto una caja de pandora y no será sencillo que las aguas regresen a la normalidad.

Hoy 30 de junio Radio Globo confirmó el reclutamiento forzado e ilegal —por parte del ejército— de centenares de menores de edad en zonas rurales y minutos después la radio difusora nacional fue sacada del aire. Esto anuncia que la oligarquía no está dispuesta a dar marcha atrás y espera una confrontación directa y de gran magnitud contra los trabajadores. Este mismo día Micheletti encabezó una manifestación de sectores de la pequeña burguesía que fue relativamente nutrida, las fotos muestran en Tegucigalpa una plaza central repleta, pero esto es muy relativo. Además del factor objetivo de que la plaza es pequeña, es decir, con el poder en las manos es relativamente simple llenar una plaza pequeña, está el factor de que la pequeña burguesía es cobarde y pusilánime, no tiene principios y se arredra muy fácilmente, esto es, una vez que las masas proletarias y del campesinado pobre hagan una demostración masiva, no sólo de miles sino de decenas de miles o centenas de miles, el andamio de la base social de la oligarquía caería hecha añicos rápidamente suspendiendo al régimen Micheletti en el aire. Cuando las masas se movilicen de manera consciente, no habrá poder sobre la faz de la tierra capaz de vencerlas en automático. Una vez dicho esto, ninguna victoria puede asegurarse a priori. El factor central está en el programa, la estrategia y la táctica y en esto puede radicar la mayor debilidad del movimiento.

Photo by Presidencia de la República del Ecuador.Es totalmente acertada la idea expresada por el presidente Chávez respecto al llamamiento que hace al ejército hondureño a voltear sus fusiles contra la oligarquía. El movimiento debería inyectar miles y miles de volantes explicando ideas a la tropa del ejército. Los soldados de la tropa son obreros sin fábrica o campesinos sin tierra. Si el movimiento demuestra decisión de ir hasta el final, la base del ejército puede dividirse en líneas de clase. La defensa de la revolución en Honduras debe pasar necesariamente por el internacionalismo proletario y el factor Venezuela puede ser fundamental, esto a la vez impulsaría hacia adelante el proceso venezolano que no ha terminado ya que la mayor parte de las principales palancas de la economía permanecen en manos privadas. La mejor defensa es el ataque, la oligarquía hondureña se prepara militarmente y no tendrá consideraciones de carácter moral, humanitario, ni de ningún otro tipo para reprimir el movimiento, así que las brigadas de autodefensa son imprescindibles, las asambleas y manifestaciones deben ser custodiadas por servicios de orden y en la medida de lo posible, deben evitarse actos vandálicos que no ayudan al desarrollo de la consciencia y es muy probable que el régimen esté infiltrando elementos lumpen que los provoquen a fin de dañar la imagen del movimiento.

El argumento central de la oligarquía es la supuesta “amenaza del chavismo” y las supuestas maniobras de Zelaya para instaurar una Asamblea constituyente que reformase la constitución a fin de poder reelegirse. Independientemente de las presuntas aspiraciones personales de Zelaya, el ojo del huracán político no está en eso. La teoría del caos explica que, ante la acumulación de contradicciones, un fenómeno puede presentar variables de magnitud considerable a raíz de eventos en apariencia insignificantes: dadas unas condiciones iniciales de un determinado sistema caótico, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en formas completamente diferentes. Sucediendo así que, una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande, pero lo que realmente genera los grandes efectos no es la pequeña perturbación sino la acumulación previa de enormes tensiones. Eso es precisamente lo que sucedió con el incidente de la cuarta urna. El debate no está en si fue legal o no, sino en cómo la necesidad de transformación socialista de la sociedad ha encontrado un cauce en la lucha contra el golpe de Estado. Ubicar el auténtico debate pasa también por entender los caprichos de los procesos sociales y políticos.

El factor Mel

La historia conoce todo tipo de transformaciones. Ante la ausencia de un partido obrero, el movimiento está encontrando un elemento de aglutinamiento en torno a un presidente destituido. Zelaya es un terrateniente, pertenece a la clase dominante, no es ningún socialista ni revolucionario. Ha tenido sí, una evolución política que lo llevó a implementar algunas reformas favorables al pueblo trabajador.

“Entre las medidas adoptadas por su gobierno hay varias reformas progresistas, incluida una campaña nacional de alfabetización que sigue los ejemplos de Cuba y Venezuela, un intento de mejorar la sanidad para los sectores más pobres de la sociedad (Incluido el acceso a medicinas más baratas, becas para estudiantes de medicina en Cuba), la reducción de los tipos de interés para los pequeños campesinos y un aumento significativo del salario mínimo, un 60 por ciento.

“En el mismo sentido, procedió a reducir algunos de los privilegios más escandalosos de la clase dominante oligarca hondureña. Rompió el monopolio de las empresas multinacionales en la importación de combustible, a través de un acuerdo con la venezolana Petrocaribe. Zelaya también tomó medidas contra las multinacionales farmacéuticas que controlan el 80 por ciento de todas las medicinas que se venden en Honduras, todas ellas importadas a precios elevados por el servicio nacional de salud, firmando un acuerdo con Venezuela y Cuba para importar versiones genéricas baratas de las medidas más utilizadas. El presidente también denunció el monopolio de la oligarquía sobre los medios de comunicación y terminó con los subsidios gubernamentales a los grandes grupos de comunicación. En la arena internacional Zelaya firmó la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), la alianza regional promovida por Venezuela a la que se une ahora Honduras”.[2]

En el diario La Jornada del 29 de junio podemos leer: “(…)una persona de escasos recursos, cercana al presidente, le pidió que hablara con el sindicato del ramo antes de vender la empresa portuaria estatal. Los sindicalistas le informaron que el Estado se quedaba con 28 centavos de cada lempira que ingresaba por los puertos. Luego, los empresarios que querían el sector, informaron al mandatario que ellos entregarían seis centavos de cada lempira. ‘¿Y dónde está el negocio?’, preguntó. ‘El negocio es para nosotros’, le respondieron. Hechos de esa naturaleza propiciaron el viraje de Zelaya.”

El movimiento de las masas está cuestionando la legalidad burguesa en su conjunto. Al igual que en Venezuela, el intento de hacer reformas dentro del marco del capitalismo ha chocado con la oposición feroz de la clase dominante en su conjunto, obligando al movimiento a sacar conclusiones más avanzadas. Sólo la lucha por el socialismo puede resolver esta contradicción. En el supuesto de que Zelaya fuese reinstalado en el gobierno no podría mantenerse con las instituciones burguesas, para mantenerse, necesariamente tendría que apoyarse decididamente en el pueblo y aplicar un modelo no basado en la propiedad privada y el mercado. Esta no es la perspectiva más probable. Más bien, una posibilidad es que Zelaya sea un elemento accidental de este proceso y en un determinado momento pase a un plano secundario o marginal. Lo realmente importante es que se ha abierto un proceso de confrontación directa entre las clases y esto está agitando la consciencia de millones en cuestión de poco tiempo. Las masas obtendrán lecciones en la dura escuela de la vida. Incluso una derrota parcial o temporal en este periodo no sería una losa que hundiera el movimiento por mucho tiempo, sino que sentaría las bases para ulteriores luchas.

Tradiciones de lucha

Por largos periodos y en repetidas ocasiones, los militares auparon el poder como respuesta a las tradiciones antimperialistas del pueblo hondureño, que tiene en su haber una histórica huelga insurreccional con la participación activa y consciente de 30 mil trabajadores de las compañías bananeras en 1954. Una huelga que duró 69 días y se desarrollo en la cuidad de El Progreso al este del valle de Sula, a 30 kilómetros de San Pedro Sula. La huelga se desarrolló en medio de una dictadura militar que por supuesto defendía servilmente a las compañías bananeras, sin embargo, alcanzó niveles de doble poder, ya que los militares tenían que solicitar autorización del Comité de huelga para transitar por el valle de Sula y su periferia. La huelga terminó desgastada y reprimida, pero no derrotada debido a que se levantó como un ejemplo de la capacidad de lucha del proletariado hondureño. “Fueron 69 días de huelga, iniciando el 30 de abril en las instalaciones de la Tela Rail Road Company de El Progreso, con estos objetivos: derecho a la libre organización sindical, aumento de salarios a los trabajadores, mejoramiento de las condiciones de trabajo, jornadas de ocho horas diarias y seis horas en la jornada nocturna, salario doble por horas extras, salario igual por igual trabajo, cese a los despidos arbitrarios, cese a la discriminación racial, tratamiento médico gratuito en los hospitales de la compañía bananera, enseñanza primaria laica y gratuita y jubilaciones para los mueleros”[3]. Más que los logros económicos, una huelga se mide por su impacto en la consciencia de los trabajadores. Producto de la huelga se consiguieron conquistas democráticas elementales como el derecho a la sindicalización. Después de la huelga de 1954, los acontecimientos actuales son quizás los de mayor magnitud.

En Honduras sólo hay dos partidos burgueses, el Nacional y el Liberal, que por décadas se han compartido los gobiernos de un poder oligárquico absolutamente supeditado al imperialismo estadounidense. El movimiento hondureño no cuenta aún con un partido obrero, ni siquiera un partido de corte socialdemócrata, este factor puede convertirse en un elemento favorable pues no existe una dirección reformista de masas que pueda desviar, confundir, estancar y traicionar al movimiento como sucede en muchos países; y a la vez, la ausencia de un partido con base obrera – campesina y con implantación de masas puede esconder riesgos de dispersión y descontrol, algo similar a lo que sucede con el vapor si no existe una caldera que dirija y concentre su energía en el pistón. Pero definitivamente, la ausencia de un partido marxista de masas provocará una ralentización del proceso de la revolución hondureña, que se puede extender incluso por un periodo de años. El proceso hondureño está insalvablemente ligado a la revolución centro y latinoamericana, de ningún modo es, ni puede ser, un hecho aislado o exclusivo. Las particularidades nacionales nunca pesarán más que el proceso continental y mundial de la revolución. Así, asistiremos a diversos escenarios en los que habrá avances, retrocesos, victorias, derrotas e incluso podrán presentarse periodos en los que la reacción levante la cabeza. Lo cierto es que se ha abierto un periodo de revolución y contrarrevolución en Honduras.

La Coordinadora Nacional de Resistencia Popular (CNRP) no puede sustituir al partido pero puede ser la cuna de un partido de clase, esta coyuntura abrirá la posibilidad de fundar un partido obrero y habría que impulsarlo decididamente. En Honduras los diversos sectores de la izquierda más o menos coinciden en la CNRP, que es un frente amplio que agrupa a los más diversos sectores del movimiento, con expresiones multifacéticas: Asamblea Popular Permanente Contra las Privatizaciones de El Progreso, el Bloque Popular con su sede central en Tegucigalpa, la Coordinadora de Organizaciones Populares del Aguán (COPA), el Patronato Regional de los valles de Santa Bárbara, la Coordinadora de organizaciones Populares e Indígenas (COPIN), hasta llegar finalmente a confluir en la CNRP. Existe también el Partido de Innovación y Unidad (PINU) que representa a un sector marginal de la burguesía nacionalista no oligárquica y no tiene ningún peso real en la ecuación política.

Es importante detenerse brevemente en el Partido Comunista Hondureño (PCH) a fin de preservar la memoria histórica y aprender de ella. El PCH desapareció en 1998, nunca fue un partido de masas, estuvo de alguna forma vinculado en la dirección de la histórica huelga de 1954; en los años 80 las dictaduras militares mataron a los mejores militantes del PCH, los militares asesinaron selectivamente, una represión selectiva brutal en coordinación con la CIA y operando directamente desde la embajada estadounidense. Por cierto, las instalaciones del alto mando del ejército hondureño, están a 200 metros de la casa del embajador estadounidense lo cual no es casual sino todo lo contrario; y aquí también se muestra el atraso y dependencia de la clase dominante, pues mientras la casa del embajador —que no la embajada—, ocupa varias manzanas en un predio en el que se levanta majestuosa una enorme barda de piedra con malla electrificada, las instalaciones del Estado mayor del ejército son pírricas y diminutas comparadas con la casa del embajador. Cientos de los mejores militantes nutrieron las filas del FSLN en Nicaragua, de la URNG en Guatemala y del FMLN en El Salvador. De hecho el FSLN se formó en Honduras, por cierto, en un barrio llamado: “El chile”. Los militantes que no fueron asesinados, o bien dejaron la política o bien los exiliaron, o bien se corrompieron y hoy algunos de ellos son parlamentarios de los partidos burgueses o funcionarios del gobierno en turno. Por supuesto hay excepciones y hay quienes están sacando conclusiones correctas, acordes al desarrollo de la crisis revolucionaria que se ha desatado en estos días.

A diferencia de El Salvador, en Honduras no hubo guerrilla ni hay tampoco un partido reformista de masas. El ex PC derivó en un partido reformista (Unión Democrática, UD) minoritario que alcanza uno o dos puntos porcentuales en las votaciones y que ha sufrido escisiones brutales; una facción tomó por asalto al partido expulsando burocráticamente a las otras cuatro facciones, mismas que derivaron en un partido local en SPS que se hace llamar “patriótico”. Es decir, en Honduras la estrategia de la construcción del partido debe orientarse a los sindicatos, a la juventud y al movimiento social, éste último muy activo en un abanico de temas que van desde la ecología a las juntas vecinales por el agua, se están agrupando en torno a una coordinadora de movimientos sociales. Hay esfuerzos de unificación organizativa pero sin debate ideológico real, la coordinadora es un punto clave de intervención pragmática en el que prevalecían en ciertos sectores algunos prejuicios ”antipartido”. El ambiente en el seno del movimiento y sus activistas cambiará en positivo y habrá sectores que buscarán ideas frescas para construir la estructura del movimiento.

El PCH llegó a tener tres mil militantes, tenía mil en San Pedro Sula, en la universidad tenían 100 activistas, tenían cinco periódicos, uno de ellos semanal, estaban muy posicionados en los sindicatos, controlaban toda la zona industrial, podían estallar huelgas “prácticamente a voluntad del PCH”, y sin embargo, ¡optaron por impulsar la vía armada basada en el frente del campesinado pobre! A decir de Tomás Erazo —dirigente histórico del PCH—, tenían 500 hombres armados en Honduras y habían enviado a Nicaragua, Guatemala y El Salvador a 700 guerrilleros hondureños surgidos de las filas del PCH, que murieron anónimamente en las guerras de guerrillas. El PCH optó por la vía guerrillera siguiendo los pasos de sus compañeros centroamericanos y el resultado fue desastroso. Ni siquiera nació la guerrilla hondureña, los masacraron antes de que pudieran hacer nada. Se dieron ofensivas aislada en varios municipios rurales que fueron desastrosos. Pero, los estalinistas pasaban de los intentos guerrilleros fallidos, a colaborar con la burguesía intentando instalarse en algún gobierno de coalición, apoyaron por ejemplo a los llamados “militares progresistas”, que tras un golpe de Estado, impulsaron débilmente y por poco tiempo, un programa keynesiano, hicieron algunas inversiones del Estado en la producción y concedieron algunas libertades democráticas. Pues, con estos “militares progresistas”, la dirección del PCH pensó que había llegado el socialismo como caído del cielo y colaboró con ellos, quienes no tardaron en degenerar y barrieron con los comunistas sin ningún tipo de consideración.

La masacre durante los años 80 —que desapareció a lo mejor de la juventud revolucionaria hondureña que estaba estoicamente apostada en su trinchera—, no habrá sido en vano, ya que las tradiciones, decisión y energía revolucionaria del proletariado y la juventud hondureña no están en duda a pesar de que parezca lo contrario, el combustible revolucionario volverá en este periodo con renovados bríos y entusiasmo.

Crisis económica con fermento social

Hace más de 2 mil años, el pensador griego Anacarsis dijo que la ley es como una telaraña: los insectos grandes la rompen, los pequeños quedan prendidos en ella. En realidad, tratar de explicar este profundo y contradictorio proceso de la lucha de clases al que asistimos en Honduras en términos de la “ley” —por supuesto, una legislación escrita de acuerdo a los intereses de la oligarquía—, es analizar la situación de una forma muy superficial. Lo que está en la base de la ecuación es la inviabilidad de Honduras —y todos los países centroamericanos— como nación, sobre todo en el marco de la crisis orgánica del capitalismo mundial. Desde el punto de vista del marxismo, los diminutos países de Centroamérica son producto de la división artificial del territorio, a partir de los intereses reaccionarios de las atrasadas burguesías y terratenientes locales supeditados absolutamente al imperialismo estadounidense. Esto ha sumergido a toda la región en un atraso permanente, que ha sido interrumpido de forma muy relativa y totalmente insuficiente por la incipiente industrialización a base del sector maquilador y una debilitada Inversión Extranjera Directa que por cierto, está huyendo a Indochina en los últimos meses y años. La única salida real al callejón del capitalismo hondureño se encuentra en la lucha por la Federación socialista de Centroamérica.

En el año 2008, Honduras aún contaba con 3 millones 797 mil habitantes en zonas rurales y 3 millones 603 mil habitantes en zonas urbanas, es decir, de un total de 7 millones 400 mil habitantes, el 51.3% habitan en zonas rurales y 48.7% en zonas urbanas. La población es mayoritariamente joven, el 52% son menores de 18 años, mientras que 65% está por debajo de los 28 años. Esto coloca a la juventud como un factor revolucionario eminente, quien quiera organizar una tendencia de cuadros en Honduras se debe orientar decididamente a la juventud. La población pobre del país asciende a un 71.7%, de los cuales el 72.2% se encuentra en un estado de pobreza extrema. En las zonas urbanas de las 65.8% que vive en condiciones de pobreza, un 36.7% vive en pobreza extrema; mientras en las zonas rurales, el 85% vive en condiciones de pobreza. Con una extensión territorial de 112 mil 492 kilómetros cuadrados, la población económicamente activa (PEA) del campo alcanza al 39% de la PEA total y el proletariado urbano cuenta al 24%. Del total de la PEA el proletariado industrial es casi el 15%.

Cuando analizamos el producto interior bruto (PIB), vemos el peso específico del proletariado urbano y en particular del proletariado industrial, ya que en datos del año 2005, más del 33 por ciento del total del PIB estuvo generado por los trabajadores de la ciudad y en concreto el 25 por ciento estuvo generado por el proletariado industrial, incluido el sector maquilador, a diferencia del PIB agrícola que, a pesar de contar con una mayor población, alcanzó apenas el 12.3 por ciento del total del PIB. Esto es un claro ejemplo, por un lado, de la debilidad del campo hondureño, y por otro, de la fuerza de la clase obrera en las relaciones de producción y estos datos duros, tiran por tierra cualquier crítica de la supuesta inviabilidad del proletariado como vanguardia del movimiento social. Una tendencia revolucionaria que se pueda jactar de ello, se orienta sin vacilar hacia el movimiento obrero, a pesar de que en Honduras sea una minoría, pues como podemos observar, aún siendo una minoría relativa, es un sector de la población trabajadora que genera la mayor proporción de riqueza. Guardando las distancias, la proporción y sin hacer una comparación mecánica, en Honduras existen mejores condiciones materiales para la revolución socialista que en la Rusia zarista de 1917, donde de un total de 140 millones de habitantes, 10 millones eran proletarios urbanos y de ellos, sólo 3 millones, es decir poco más del 2 por ciento del total, eran proletarios industriales.

Los principales productos agrícolas de Honduras son: caña de azúcar, palma africana (de la que obtienen biocombustible y aceites comestibles), el maíz y el banano, éste último exclusivamente como producto de exportación. Por el lado industrial, las mercancías de mayor producción son: cigarros, cerveza y refrescos. Honduras es fundamentalmente un país importador.

Tiene una balanza comercial negativa, por supuesto con EUA de quien depende enormemente, pero la balanza es negativa con la mayoría de los países de Centroamérica. Lo que más se importa es combustible (la gasolina es carísima, es una forma de control y extracción de riqueza en manos de los monopolios), productos minerales y aparatos eléctricos y electrónicos. Los datos del año 2005 de la balanza comercial respecto a Centroamérica alcanzan los 576 millones de dólares de la siguiente forma: Costa Rica con -214.6 mdd, El Salvador con 88.4 mdd, Guatemala con 270.8 mdd y Nicaragua con -1.0 mdd. Esto coloca a Honduras como la economía más débil de la región, sólo por encima de Haití.

Las reservas internacionales son un poco superiores a los ingresos por remesas, con 2 mil 640.7 mdd y mil 788.3 mdd respectivamente, ambos datos del año 2005. Las remesas representaron el 21 por ciento del PIB de 2005 y han crecido exponencialmente en los últimos años, ya que por ejemplo, en 1999 significaron el 6 por ciento del PIB. Esto habla de que el nivel de migración hacia Estados ha ido creciendo a pesar de las enormes dificultades para conseguir atravesar México y llegar a EUA. Actualmente el promedio mensual de remesas por envío es de 224 USD y el 90 por ciento de ese dinero se usa en el gasto diario.

La producción maquiladora es una proporción menor del PIB total, con apenas un 7 por ciento, no ha crecido significativamente y cuenta con 306 plantas de las cuales 153 con del sector textil y el resto de alimentos y aparatos electrónicos. Es muy sintomático que la mayoría de las maquiladoras Centroamericanas que cuentan con un sindicato estén en Honduras, eso habla del potencial de lucha, habla del fermento social que se está acumulando debajo de la superficie.

En el último periodo ha habido un crecimiento relativo de la inversión extranjera directa (IED), aunque en términos absolutos sigue siendo marginal respecto al PIB (3% del PIB) y en el último periodo se ha orientado fundamentalmente a la telefonía celular y la reconstrucción de aeropuertos. Los datos disponibles demuestran la dependencia del imperialismo norteamericano y por consecuencia, el atraso de la burguesía Centroamericana.

Como en el resto de países ex coloniales, el peso de la deuda es enorme. Es una forma de colonialismo contemporáneo, ya que es impagable pues ha desangrado el cuerpo vivo de Honduras con los pagos interminables de intereses. En ciertos momentos, los organismos financieros internacionales han condonado hipócritamente ciertos montos de la deuda, para después aplicar más préstamos que sólo convierten a la deuda en círculo vicioso que mantiene postrada a la economía hondureña, en 2003 y 2004 significó poco más del 80 por ciento del PIB y en 2005 bajó al 62 por ciento, al comparar estos montos con los gastos en educación, salud, desarrollo en infraestructura, el pago de la deuda se hace francamente obsceno. De esta manera un país potencialmente próspero es desangrado por el imperialismo. Millones de hombres, mujeres y niños son reducidos a la pobreza, la degradación y el hambre. Antes de la recesión mundial que estalló en 2008, las cifras de crecimiento económico estaban aumentando, pero las masas nunca se beneficiaron de tal crecimiento, ahora con el mundo en crisis económica internacional, las contradicciones hicieron volar por los cielos a la relativa “estabilidad” política. Estas son las bases objetivas para un fermento revolucionario que se estaba acumulando debajo de la superficie y tarde o temprano iba a hacer explosión por cualquier lado, en cualquier sector.

Como explicaba Lenin, política es economía concentrada. Este vistazo a los datos nos permite explicar la crudeza de los acontecimientos a los que asistimos hoy. La crisis económica engendró una crisis política, que está obligando a las masas del pueblo trabajador a movilizarse. Sin duda, el proletariado hondureño y el campesinado pobre se han levantado de la postración. Hay un límite físico y moral a la explotación. La oleada revolucionaria de América Latina tocó puerto Centroamericano, lo que suceda a un país impactará a otro y a otro. Los revolucionarios hondureños necesitan prepararse teórica y organizativamente para los grandes acontecimientos que ya están sobre la mesa, deben prepararse para esperar lo inesperado. La clase obrera está llamada a completar la revolución democrático-burguesa luchando por la transformación socialista de la sociedad.

La única forma de revertir la barbarie en Honduras es luchando por los aspectos inmediatos y concretos de las masas, en salarios, condiciones de empleo, educación, salud, infraestructura básica como agua y energía; todos aquellos aspectos que la ignorante y atrasada burguesía nacional no ha conseguido ni conseguirá para la sociedad hondureña, ligando la lucha por lo inmediato, con la lucha por la transformación socialista de la sociedad. Las condiciones materiales para la revolución no sólo están dadas sino que se están descomponiendo, el narco y los maras son un pequeño ejemplo de lo que está sucediendo y de lo ennegrecido del futuro para la juventud hondureña. Es urgente luchar por la construcción de una alternativa marxista para el movimiento obrero hondureño, con una perspectiva Internacionalista y Centroamericana.

¡El golpe de Estado puede ser derrotado luchando masivamente en las calles!

¡Contra la represión, la organización!

¡Que viva el pueblo hondureño, abajo el golpe de Estado!

¡Por la construcción de una alternativa marxista en Honduras!


[1] Por ejemplo en Vietnam en los años de la invasión estadounidense, después de ocho años al frente de la dictadura en Vietnam del sur, el dictador Diem —apoyado militar y financieramente por EUA—tuvo la osadía de enfrentar a Estados Unidos, quien le organizó un golpe de Estado en noviembre de 1963 y después lo asesinó. El Pentágono está en desacuerdo con la CIA en el derrocamiento de Diem. En este momento es cuando se suscita el asesinato de Kennedy complicando enormemente la ecuación. Las contradicciones interimperialistas se suceden y ahora es el Pentágono quien organiza un golpe de Estado en enero de 1964 contra el sustituto de Diem —a quien la CIA había derrocado— e instala al General Khanh. Entra en escena Johnson como nuevo presidente de Estados Unidos y derroca a Khan en junio de 1965.

[2] Hay que derrotar el golpe militar reaccionario en Honduras – ¡Movilizaciones de masas en las calles y huelga general! Jorge Martín.

[3] Cincuenta años después: entre la resistencia y el servilismo. Ismael Moreno.

Fecha: 

México, D.F. 30 de junio 2009