La economía va bien, ¿para quién?

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Según el INDEC, las 500 empresas más grandes del país duplicaron sus ganancias en 2 años. Mientras que en el 2001 los trabajadores se llevaban 1 de cada 3 pesos de la riqueza total, ahora sólo se llevan $1 de cada $4.Nunca hubo tanta plata en los bolsillos de los empresarios y banqueros. Esto no puede sorprender cuando el costo laboral (salario y aportes patronales) por mercadería producida cayó un 40% desde 1997.

Editorial EM Nº 27

La economía argentina va bien ¿Alguien puede dudarlo? El Producto Bruto Interno (PBI), que mide el valor de la riqueza creada dentro del país, viene creciendo en promedio un 9% cada año desde el 2003. Ahora, el valor de la riqueza creada supera en un 10% a la existente en 1998, antes de la crisis.

Cómo les va a los empresarios

En el 2006 los bancos ganaron $3.800 millones, el doble que en el 2005, y los terratenientes y agroindustriales exportaron el año pasado, descontadas las retenciones, por valor de 20.000 millones de dólares. Un estudio reciente del INDEC reveló “oficialmente” que las 500 empresas más grandes del país pasaron de ganar $19.000 millones en el 2003 a $38.000 millones en el 2005. Es decir, ¡duplicaron sus ganancias en 2 años!
Este festín también se extiende al negocio de la deuda con un saqueo sin precedentes de las arcas públicas. Además del pago de intereses y capital que se come $20.000 millones anuales del presupuesto nacional, por cada 1% de inflación el Estado debe desembolsar a quienes tienen deuda en pesos una cantidad adicional de $1.629 millones. Como el año pasado la inflación "oficial" rondó el 10%, este año habrá que hacer un pago extra de $16.000 millones. Otra parte de la deuda consta de bonos que reciben otro "premio" si el PBI supera el 5%. Esto le costó al Estado el año pasado $1.200 millones. Y este año serán $2.600 millones, según el Banco Río.
Nunca hubo tanta plata en los bolsillos de los empresarios y banqueros. Esto no puede sorprender cuando el costo laboral (salario y aportes patronales) por mercadería producida cayó un 40% desde 1997.
No contentos con esto, los empresarios piensan que todavía ganaron poca plata y que a los trabajadores nos sobra mucha para gastar. La patronal, Unión Industrial Argentina (UIA), envió al gobierno una propuesta de reformas con los siguientes fines piadosos: quieren que a las Pymes, entre las que existen multitud de subcontratistas y empresas tercerizadas pertenecientes a las grandes empresas, se les reduzcan las contribuciones patronales (lo que disminuiría nuestras retribuciones por enfermedad, desempleo y jubilación), que no paguen impuestos por las ganancias que inviertan (y que pueden dibujar en sus balances como quieran), y que se amplíe el período de prueba y de pasantía para la juventud obrera, para que sea explotada indefinidamente sin derechos ni beneficios sociales. Según la UIA, lo que ellos piden "no sería elevado" (Clarín, 19 diciembre 2006), "sólo" dejarían de pagar al Estado $1.800 millones en impuestos.

Cómo les va a los trabajadores

Los trabajadores contamos una historia diferente. Nuestros salarios sólo representan el 24% del PBI, cuando en el 2001 representaban el 32%. Es decir, hace 6 años los trabajadores se llevaban 1 de cada 3 pesos de la riqueza, ahora $1 de cada $4.
Según el INDEC, los trabajadores en blanco del sector privado (un 30% de los asalariados) aumentaron sus salarios un 18,9%. El gobierno se jacta de que este sector de la clase obrera recuperó su poder adquisitivo, duplicando el índice de inflación "oficial", un 9,8%.
Los trabajadores sabemos que esto no es así. El índice de inflación "oficial" está tan desacreditado que ni el gobierno lo toma en serio. Realmente, los precios de la canasta básica aumentaron el doble de esa cifra. Como mucho, estos trabajadores pudieron mantener su poder adquisitivo el año pasado. Pero el 70% restante de los asalariados (empleados públicos, sector informal, precarios y contratados) tuvo aumentos mucho menores, con una pérdida acusada de su poder adquisitivo.
El ingreso promedio de los ocupados es de $974 (INDEC), cuando la canasta básica que marca la línea "oficial" de la pobreza supera los $930, un índice arbitrario y falso, pues no hay familia de 4 miembros que sobreviva dignamente con eso.
Pese a que la tasa de desempleo bajó hasta el 10%, el empleo en negro se mantiene en el 40% y la sobreexplotación de los trabajadores aumentó en todo este tiempo. Los juicios por estrés laboral se triplicaron desde el 2003 (Clarín, 13 enero), y los accidentes laborales alcanzaron al 10% de los trabajadores registrados. Cada día mueren un promedio de 2-3 trabajadores registrados por accidente laboral. Y no existen cifras oficiales al respecto para los trabajadores en negro.

Pese a todo, una economía débil

Argentina es hoy más dependiente del mercado mundial como nunca antes en su historia. Todo el andamiaje sobre el que fue construido el auge económico actual, incluyendo los ingresos estatales, se sustenta en la demanda exterior: agroindustria, hidrocarburos, y en sectores como la Construcción, que concentra el 60% de la inversión. La inversión productiva sigue siendo muy débil y centrada en la industria de consumo, la más vulnerable al cambio del ciclo económico.
El problema de la inflación, imposible de solucionar por el gobierno, hunde sus raíces en el carácter rapaz y parasitario de los capitalistas. Los terratenientes prefieren exportar el grueso de la cosecha (el 75%) y gran parte de la carne antes que alimentar decentemente y a precios baratos a su propio pueblo. Por eso el faltante de estos productos en Argentina tiende a elevar artificialmente los precios, pese a que sus costos de producción son muy bajos. Las retenciones a las exportaciones de sus productos, de las que tanto se quejan, son sólo monedas comparadas con los miles de millones que se embolsan cada año.
Ganan plata a montones, pero prefieren sacarla afuera, dedicarla a la especulación inmobiliaria, hacer negocios con la deuda pública, o contratar la obra pública del Estado. Por eso es escandaloso que, con el chantaje de la suba de precios, el gobierno acceda ahora a concederles $US 600 millones en subsidios anuales que pagamos todos con dinero público. Los productores de leche, pollo, carne, trigo, maíz, harina y aceite tendrán así mucho más para festejar.
No puede ser que la economía de un país y el destino de millones de personas, estén sustentados en la propiedad privada de la riqueza social de un puñado de ricachones. La alimentación, el transporte, la industria básica, la plata de los bancos, los recursos energéticos, los servicios públicos (luz, agua, gas), etc. deben estar en manos de la sociedad, planificados y gestionados por ella. En concreto, debería estar en manos de los trabajadores, que somos quienes creamos y acrecentamos esa riqueza social cada día con nuestras manos y nuestros cerebros, para planificarla y explotarla a favor de los intereses de la mayoría que trabaja y padece en este sistema inhumano que se llama capitalismo.