La crisis irreversible del macrismo: ¿Cuál es el papel de la izquierda?

El ciclo político del macrismo como gobierno pareciera que se encuentra terminado. Solo resta saber cómo será su desenlace.   

El signo que atraviesa la coyuntura es el de la incertidumbre para el régimen político del país. Eso implica que más allá de que un escenario político pueda preverse o anticiparse, con mayor o menor certeza, el hecho que octubre este demasiado lejos aún y que no existan signos determinantes que muestren que Macri lograra llegar al 10 de diciembre deja en evidencia la volatilidad de la situación.   

El Tsunami político que implico la aplastante derrota electoral en las elecciones primarias tiene al Gobierno contra las cuerdas al haber perdido su legitimidad y autoridad cuando aún faltan dos meses para las elecciones presidenciales y cuatro para el cambio de mando.  

Las medidas que el Macrismo viene impulsando en estos días como manera de intentar revertir el golpe se asemejan a un bombero intentando apagar un incendio forestal con un balde de agua.  Existe un único motivo por el cual Macri se mantiene en el poder político del Estado, y este es el apoyo explícito que le provee el Frente de Todos como garante de la gobernabilidad. La preocupación central de todo el establishment político es que no se rompa la institucionalidad. Si algo han aprendido a la perfección de las lecciones del Argentinazo de diciembre de 2001 es que una ruptura institucional producto de la presión de masas conlleva un gran riesgo. Una vez que las masas comprueban su fuerza al calor de los acontecimientos, y se organizan para ir por más, representan un peligro directo para el Estado que se ve presionado, por la fuerza de abajo, a otorgar concesiones para restablecer el control y el orden. Una vez que las masas se han puesto en movimiento es muy difícil detenerlas.  

En esta cruzada todas las fuerzas políticas hacen malabares para que no haya un desborde de masas ante la profundización del hambre, la miseria y el empobrecimiento que implico la reciente devaluación del 25% del salario que contó con el aval del Macrismo (Que dejo llevar el dólar a $66 a manera de venganza política el lunes luego de las elecciones) y el Frente de Todos (Que acordó con un dólar de $60).  

La crisis de Argentina se enmarca dentro de la crisis capitalista mundial que continúa avanzando firme hacia una nueva recesión global. Los recientes datos de Alemania indican que la locomotora del capitalismo europeo se está deteniendo, lo que empuja hacia abajo al conjunto de una ya muy deteriorada economía mundial. A esto sumémosle que Brasil retrocedió un 0,13% en el segundo trimestre y acumula ya dos periodos negativos y se espera un tercero igual o peor por lo cual se encuentra en recesión técnica.   La economía argentina por su parte es una bomba de tiempo. Los niveles de endeudamiento muestran una crisis pocas veces vista. Al momento de escribir este artículo los bonos de la deuda argentina caían hasta un 9% y el riesgo país se disparaba 14%, para alcanzar los 1897 puntos.   

El escenario que tenemos antes nosotros es claro. Las elecciones no arreglaron ni arreglaran nada ya que la crisis es sistémica. La economía es un hierro al rojo vivo.  

El régimen político capta esto y de ahí que reflota la vieja idea de un “pacto nacional” o “gran acuerdo político” hablan de “unión nacional” de que es momento de estar “todo juntos”. Lo que buscan es profundizar la concertación que ya está en marcha para salvaguardar los intereses generales del sistema.  

Las opciones políticas que hoy se disputan la presidencia están de acuerdo en la necesidad del ajuste. Lo que están discutiendo en todo caso es la velocidad y la forma de llevarlo adelante.  

Es sabido que cuando nos dicen que todos tenemos que hacer esfuerzos lo que nos están diciendo es que otra vez la crisis la vamos a pagar los de abajo.  En caso de gobernar el Frente De Todos solo podrá lograr conjurar de manera temporal ciertos aspectos de la crisis. Pero la magnitud de la misma es tal que rápidamente esta mejora relativa quedará absorbida por la inestabilidad económica y por la necesidad de avanzar en el ajuste que va a implicar la renegociación con el FMI. El sistema político de conjunto está en crisis.  

El malestar de las masas crece día a día. Estas han dado una lucha a brazo partido contra el ajuste de Macri, los gobernadores y el FMI durante todos estos años. En esta ocasión han usado las elecciones como manera de golpear, utilizando de manera pragmática al Frente de Todos para cerrarle el paso a un nuevo mandato de Cambiemos. Es lógico que esto haya sucedido así por la alta polarización que se ha instalado y porque aún amplios sectores ven una salida de la mano de Cristina Fernández de Kirchner ante la ausencia de una alternativa viable de izquierda. Pero este voto masivo no se traduce en una adhesión total. Si bien hay sectores de masas que adhieren fervorosamente a la figura de CFK también hay sectores que han votado sin dar un cheque en blanco y por saberse sin más alternativas en esta disyuntiva polarizada. Sin lugar a dudas para unos y otros este nuevo ciclo que se abre representara una escuela política de la cual podrán sacar conclusiones.  

Es sabido que no se puede quedar bien con dios y con el diablo. No se puede garantizar las grandes ganancias de los capitalistas y al mismo tiempo atender la demanda social en el marco de una economía al borde del nocaut. Tarde o temprano se impone una máxima de hierro: O la crisis la pagan los empresarios, banqueros y terratenientes o la pagan los trabajadores, los estudiantes, los sectores populares.   

Mantenerse dentro de los límites del capitalismo implica,  guste o no, se quiera o no, transferir la crisis a la espalda del pueblo trabajador. Y esto va a ser aprendido por la propia experiencia por amplios sectores de las masas y una parte de su vanguardia que deberán comprender que no hay país posible sin una ruptura con los organismos de crédito internacionales que alimentan la timba financiera, no hay país posible sin la expropiación de la renta agraria de los terratenientes que son una ínfima minoría que posee la inmensa mayoría de la tierra, no hay país posible sin el monopolio del comercio exterior y la nacionalización de la banca para evitar la fuga de capitales que succiona hacia el exterior gran parte de la riqueza que producimos los trabajadores. No hay país posible sin la nacionalización bajo gestión de los trabajadores de las empresas de servicios públicos privatizadas y de todo el complejo energético para dar tarifas bajas y servicio de calidad. Es decir no hay país posible bajo el capitalismo. 

¿Qué hacer ahora?  

Las contradicciones que atraviesan la situación política son altamente explosivas y para esto debemos prepararnos.  Creemos que es una tarea fundamental de la izquierda dar un giro en su campaña electoral y centrar la misma en organizar a los que quieren luchar hoy, acá, y ahora para frenar el ajustazo macrista.  

Tomando el ejemplo de los trabajadores y estudiantes de Chubut donde durante el fin de semana se llevaron adelante protestas en varias ciudades como Esquel, Trelew-Rawson, Sarmiento y Comodoro Rivadavia, contra el ajuste del Gobernador Mariano Arcioni, del partido provincial Chubut Somos Todos y alineado con el Frente de Todos.  

Tenemos que ayudar a organizar la bronca y el ¡No es Macri, es el capitalismo! Explicando pacientemente que derrotar al ajuste implica derrotar al capitalismo Si bien las organizaciones dirigentes de las masas ligadas al campo nacional y popular, tanto sindicales como políticas, están llamando a “esperar a octubre y diciembre” también es verdad que por la base se está acumulando cada vez más bronca. Entonces de lo que se trata es de hacer un llamado a construir asambleas en los barrios, los sindicatos, las fábricas, las universidades, etc.  Retomar las asambleas como en 2001 sobre la base de convocar las mismas en los lugares de trabajo de la mano del sindicalismo combativo, y en la perspectiva que se amplifique el movimiento, hacia las asambleas populares donde valiéndose de la democracia directa, y a modo de frente único, se discuta un plan de acción común ante la crisis.  

Este es el papel que deben jugar todos los agrupamientos en donde el FIT-U y el conjunto de la izquierda tienen fuerza, desde el sindicalismo combativo, movimientos sociales, agrupaciones universitarias. Utilizando la inserción como una palanca formidable para llamar a la organización de los trabajadores y sectores populares para discutir un plan de lucha, en la perspectiva de convocar a un congreso nacional de asambleas populares, comités de fábrica y barriales compuestos por representantes de los mismos.  

Los legisladores en el Congreso deben plantear claramente el fraude de la democracia burguesa y contribuir a organizar la bronca popular propiciando el frente único. Estas son las tareas urgentes que tiene por delante la dirigencia de la izquierda, ligado a la necesidad de poner en pie un partido revolucionario que esté en condiciones de disputar el poder y avanzar hacia un Gobierno de Trabajadores.