Inflación, inestabilidad y movimientos insurreccionales: la «nueva normalidad» del capitalismo mundial

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La pandemia ha agudizado y profundizado lo que era ya una crisis del capitalismo. Ahora nos enfrentamos a la crisis social, económica y política más profunda en décadas. A pesar de una cierta recuperación, las medidas que los capitalistas se vieron obligados a tomar en el último periodo (es decir, inyectar cantidades masivas de gasto público) se están notando ahora en el aumento de la inflación, dando lugar a una creciente crisis del coste de la vida que está provocando, a su vez, malestar e inestabilidad en todo el mundo.

La gente está enfadada y el podrido establishment está desacreditado a todos los niveles. La lucha de clases y la radicalización están a la orden del día. Lo que sigue es una transcripción de un discurso pronunciado en febrero de 2022 ante la dirección de la Corriente Marxista Internacional, en el que se esbozan las principales perspectivas de la política mundial.

Estamos viviendo tiempos verdaderamente interesantes. Vivimos en un mundo convulsionado. Parece ser caótico. La gente mira a su alrededor y se pregunta: ¿a dónde nos lleva esto? No importa con quién hables, hay una sensación de profunda preocupación por lo que viene. Algunos piensan que esto es un indicio de que se acerca el fin del mundo. Pero la verdad es que no es el fin del mundo. Lo que está ocurriendo es que estamos avanzando hacia el fin de la forma actual de la sociedad. Va a ser un final muy turbulento y prolongado en el tiempo.

Es un privilegio ser marxista hoy, ser marxista en estos tiempos tan interesantes. Sin embargo, no son sólo tiempos interesantes. Podemos decir que nuestro tiempo está llegando. Este es un período de la historia en el que las ideas por las que luchamos para defendernos de la corriente de las décadas anteriores se convertirán en las ideas más razonables. Por todas partes se ve el impacto de la crisis del capitalismo, a todos los niveles de la sociedad, en todos los países. Tenemos la suerte de contar con esta maravillosa herramienta llamada marxismo que nos da la capacidad de entender por qué está ocurriendo esto, y de explicarlo a los demás.

Debemos empezar diciendo que el sistema no entró en crisis por la pandemia. Antes de la pandemia, en nuestros artículos, analizábamos un sistema que ya estaba entrando en una grave crisis. Lo que ha hecho la pandemia es acelerar, profundizar y agudizar las contradicciones básicas de la sociedad, produciendo una fuerte caída de la economía. Por supuesto, después de toda crisis siempre hay una recuperación. No existe una recesión permanente. Sin embargo, no se trata de eso, pues lo que hay que mirar es la salud general del sistema en su conjunto, incluso cuando está atravesando una recuperación. Inevitablemente, una vez que las últimas condiciones de restricciones comienzan a levantarse, habrá una recuperación de la economía hasta cierto punto. En Italia tuvieron un crecimiento del 6% el año pasado, ¡niveles chinos! Se podría pensar que Italia ya ha resuelto todos sus problemas. Pero es exactamente lo contrario, está en una profunda crisis a pesar del crecimiento.

Lo que sube debe bajar, e inversamente, en términos económicos, cuando las cosas bajan deben subir. Esto es normal y esperable. Pero ¿qué está aportando esta recuperación? Aparte del hecho – todas las cifras disponibles lo demuestran – de que ya se está ralentizando de nuevo, ya vemos este nuevo elemento –al que la generación más joven no está acostumbrada-, la inflación, que está aumentando en todas partes, junto con un cambio de la política económica con el aumento de los tipos de interés, y una explosión de deuda. El hecho es que muchos países, aunque se han recuperado técnicamente, aún no han vuelto a sus niveles anteriores a la crisis.

Durante los últimos 20 años, la deuda mundial ha crecido al doble del ritmo del PIB mundial. Ahora hemos llegado a una situación en la que la deuda global es el 355% del PIB mundial. Tal es la situación, sólo el año pasado se pagaron 11 billones de dólares en concepto de intereses de la deuda, lo que equivale a cuatro o cinco veces el PIB de un país como Italia. Ahora bien, todo esto ha ocurrido gracias a un crédito muy barato. En efecto, el capitalismo ha estado viviendo de prestado durante las últimas dos décadas o más. El crédito barato alimentaba los auges. Ahora la época del crédito barato está a punto de terminar. Y los capitalistas se enfrentan a un gran dilema.

Todas las predicciones del Banco Mundial y del FMI indican que, en los próximos dos o tres años, aunque prevén un crecimiento, su ritmo se irá reduciendo año tras año. Así que precisamente en el momento en que necesitan políticas para estimular el crecimiento, a causa de la inflación, por las «soluciones» adoptadas en el periodo anterior, tienen que seguir una política que podría ralentizar aún más la economía. En China, por ejemplo, se espera un crecimiento del 5%, lo que es una mala noticia para el régimen chino. Un informe del Banco Mundial sobre el estado general de la economía mundial, publicado en enero, afirma que «las tensiones sociales pueden aumentar como consecuencia del incremento de la desigualdad provocado por la pandemia».

“Recuperación», pero ¿a qué precio?

Ahora bien, con esta supuesta recuperación, en muchos países se ha producido un cierto descenso del desempleo. Pero, por ejemplo, en Italia, la gran mayoría de estos empleos son temporales o contratos de corta duración. Sin embargo, el punto principal es el siguiente: cuando los trabajadores consiguen empleo, cuando hay un aumento de la disponibilidad de trabajo, como hemos visto en los Estados Unidos, no es necesariamente algo negativo desde el punto de vista de la lucha de clases. Trotsky lo explicó, y esto tiene que ver con la preparación de la clase obrera para entrar en la lucha en el próximo período. Cuando tienes la inflación presionando el poder adquisitivo de los salarios, con los trabajadores sintiéndose más fuertes, es una receta acabada para la lucha de clases.

Como explicó Lenin, el capitalismo siempre puede encontrar una salida a la crisis, pero la pregunta es: ¿a qué precio? El sistema capitalista está saliendo de la crisis de la pandemia, pero con un aumento masivo de la deuda, en particular de la deuda pública que ha crecido masivamente en todas partes, y de la inflación. Estas son las consecuencias de su «solución» a la crisis en la que se encontraban.

Cuando estaba preparando este informe, el nivel de inflación en Turquía era del 36%. Hoy, en el Financial Times (FT) señalan que ha alcanzado casi el 50%; en Rusia, el 9%; España, el 7%. En Gran Bretaña está por encima del 5% y al nivel más alto de los últimos 30 años. Pero si miramos más allá de los países avanzados, en Nigeria es casi el 16%, en Pakistán es el 13%. Y esperan que este nivel de inflación se mantenga alto al menos durante los próximos dos años. En realidad, no saben cuánto va a durar. La clase dirigente está sentada sobre una bomba de relojería.

Me referiré brevemente a los acontecimientos en Kazajistán. Kazajistán fue una advertencia a principios de año. En todos los países, encontrarás entrevistas a familias obreras que te explicarán lo difícil que es llegar a fin de mes. Y no son sólo los más pobres, o los niveles más bajos, toda la clase trabajadora está sufriendo. En Gran Bretaña, han calculado que una familia media perderá 1.200 libras de poder adquisitivo debido a la inflación. Se pueden encontrar cifras similares en todos los países.

La inflación en los precios de los alimentos es especialmente grave. No olvidemos que un factor fuerte en la Primavera Árabe de 2011 fue precisamente el aumento masivo de los precios de los alimentos. Y de nuevo en 2019, tuvimos una ola de protestas en muchos países precisamente por esta cuestión.

Para terminar con la situación económica general, puedo citar al director de la OIT, Guy Ryder que dijo: «El crecimiento de la desigualdad creado por la crisis COVID-19, amenaza con un legado de pobreza, inestabilidad económica y social que será devastador» ¡Eso es lo que se avecina!

Es en este contexto que tenemos que ver los acontecimientos en Kazajistán. (Tenemos algunos artículos excelentes sobre esos acontecimientos, así que no es necesario entrar en detalles). Lo que desencadenó el movimiento fue el aumento del precio del gas y la energía. Esto se produjo tras una inflación del 9% y un aumento del precio de los alimentos de entre el 13% y el 18%.

Los factores que provocaron el movimiento en Kazajistán existen en todos los países del mundo. ¡Vean lo que pasó! Comenzó en una región y se extendió por todo el país convirtiéndose en un poderoso movimiento, con batallas callejeras contra la policía y el ejército. Fue un auténtico movimiento de las masas trabajadoras. Participaron trabajadores del petróleo y del gas, mineros y metalúrgicos. Los trabajadores del petróleo exigían un aumento del 100% de los salarios. Las reivindicaciones clásicas de la clase obrera salieron a la superficie. En la región de Mangystau hubo una huelga general.

Lo que vimos en Kazajistán fue el poder de la clase obrera. Realmente supuso una crisis para el régimen. Tuvo un carácter semi-insurreccional, tomando aeropuertos y comisarías. Pero no había dirección, y ya hemos visto lo que ocurre cuando esto es así. El régimen hizo inicialmente algunas concesiones y luego golpeó con fuerza. Pidieron ayuda a los rusos también para reprimir al movimiento. Pero los problemas que provocaron ese movimiento no se han resuelto. La situación debe servir de ejemplo para destacar dos puntos importantes: uno, el poder de la clase obrera, pero también lo que ocurre cuando no hay dirección. Los analistas serios de la burguesía estaban muy preocupados al ver estos acontecimientos, ya que entendían lo mismo que nosotros, los marxistas, pero desde el punto de vista de sus propios intereses de clase.

Lucha de clases y conflictos

La perspectiva, sin embargo, no es sólo la de una intensificación de la lucha de clases en todas partes, sino también la de un aumento de los conflictos entre las diferentes potencias capitalistas. Es lógico: cada potencia capitalista, para resolver su propia crisis, debe exportar sus problemas. La tendencia al proteccionismo creciente significa que cada clase capitalista nacional está tratando de proteger los puestos de trabajo en su país a expensas de los puestos de trabajo en otros lugares, y lo que es más importante, de proteger sus mercados, mientras conquistan otros mercados para sus exportaciones.

La situación actual explica por qué todas las potencias están desarrollando una política exterior más agresiva. Esto les hace entrar en conflicto en diferentes puntos del planeta. La crisis de Ucrania lo pone de manifiesto. Hemos visto cómo la OTAN, que ha ido invadiendo lentamente la esfera de influencia histórica de Rusia desde el colapso de la Unión Soviética, se acerca cada vez más a las fronteras rusas. Si Ucrania se une, eso significa una frontera justo en el flanco occidental de Rusia.

Esto llega en un momento en el que Rusia se ha vuelto a poner de pie, ha recuperado su equilibrio. Estaba leyendo un informe que describe cómo el aparato militar ruso se ha modernizado masivamente, y se ha vuelto mucho más eficiente en los últimos años. Putin está utilizando ahora el músculo que ha acumulado. Quiere hacer retroceder a la OTAN, y Ucrania es el lugar donde esto está ocurriendo. La propaganda en Occidente es que la OTAN difunde la democracia y los derechos humanos. Los marxistas no se dejan engañar por la propaganda de la burguesía que siempre está trasladando la culpa a otros. Desde la perspectiva rusa, existe esta enorme alianza de la OTAN que les amenaza en su propio patio trasero. “Quién tiene la culpa” es una pregunta tonta que no nos interesa.

La perspectiva más probable es que Putin, si bien está subiendo las apuestas, y presionando hasta el límite, lo hace para negociar. Sin embargo, no se excluye por completo que pueda llevar a cabo una intervención corta y limitada. No es el resultado más probable, pero podría ocurrir. Sin embargo, Putin tiene otras cartas en la manga. Rusia suministra a la Unión Europea el 40% de su gas. Esto es particularmente importante para Alemania, lo que también explica por qué Alemania no está tan interesada en la política exterior de Estados Unidos en Europa.

Putin puede ver las divisiones dentro de Europa. Boris Johnson, que también necesita algo para distraer la atención de sus problemas domésticos, vuela a Ucrania y hace una gran demostración de apoyo, mientras que el primer ministro italiano Draghi llama por teléfono a Putin para que le asegure que no se cortará el suministro de gas a Italia. Supongo que esa es la diferencia entre el cerebro de un banquero y el de un bufón. No obstante, aquí hay un conflicto real. Pero las consecuencias de una guerra total serían un desastre absoluto para la economía mundial. Hay muchos artículos en la prensa burguesa seria que los camaradas podrían leer sobre las consecuencias económicas de tal guerra.

Las severas sanciones que los estadounidenses amenazan con imponer tendrían un enorme impacto en la economía mundial, y se sumarían a los factores que, hasta cierto punto, ralentizarían la economía mundial. La crisis de Ucrania es un reflejo de la crisis global del capitalismo. Es un indicio de las crecientes tensiones entre las potencias. Revela las crecientes divisiones entre la propia Unión Europea. Subraya la creciente divergencia entre los Estados Unidos y Europa. Es también un reflejo del relativo debilitamiento del imperialismo estadounidense a nivel mundial. Pero también es un indicio de la crisis interna de Putin en la propia Rusia. Sus índices de popularidad están cayendo. La inflación es alta y la pobreza crece en Rusia.

Pandemia persistente y polarización

No quiero dedicar demasiado tiempo a la pandemia de COVID, aunque es un elemento importante de la situación. Muchos países están levantando sus restricciones, pero la OMS ha advertido que la pandemia «no está ni mucho menos acabada». En sólo una semana, Ómicron provocó 18 millones de nuevas infecciones en todo el mundo. Esperan que Ómicron, aparentemente menos agresiva, sea un problema menor. Sin embargo, también es más contagiosa, y ahora existe Ómicron 2, que es aún más contagiosa.

Es muy posible que el virus se esté transformando, y que sea cada vez más endémico, una especie de nueva cepa de gripe, como la gente espera. Sin embargo, aún es pronto y nadie puede garantizar que lo que el mundo ha sufrido en los dos últimos años no pueda volver a ocurrir, dadas las condiciones del capitalismo.

Los efectos del Covid, sin embargo, van más allá del impacto inmediato en la vida de las personas. Ha creado problemas para el sistema, no sólo en cuanto a la dislocación económica. Ha puesto en evidencia al sistema a los ojos de las masas. Grandes capas de las masas ya no confían en los gobiernos y en el establishment y en lo que están haciendo.

Por ejemplo, la actual crisis del gobierno británico se deriva directamente de cómo se comportaron los de arriba durante el período de restricciones. Mientras la gente no podía visitar a sus familiares ancianos que estaban en residencias u hospitales, Boris celebraba fiestas en Downing Street. De vez en cuando, por supuesto, algún tory que decide filmar estos acontecimientos los filtra a la prensa, con el claro objetivo de desacreditar a Boris Johnson para sus fines internos fraccionales. La imagen del gobierno ahora es que mientras le decían a la gente que se quedara en casa ellos mismos se lo estaban pasando bien, y no se preocupan por la gente de a pie. Ese es el mensaje que está llegando a las masas.

Ahora, por supuesto, existe el problema añadido de quién va a pagar las consecuencias económicas de la pandemia. Hay un enorme crecimiento de la deuda pública, y alguien va a tener que pagar por ello, y esa va a ser la clase trabajadora. Lo vemos en la protesta de las enfermeras, por ejemplo. Las enfermeras están diciendo que «durante la pandemia nos aplaudían, pero cuando se trata de pedir aumentos salariales, el gobierno ofrece aumentos salariales miserables a los trabajadores de la salud». Este es un elemento que seguirá desempeñando un papel en el creciente conflicto.

No podemos referirnos aquí a todos los países del mundo, pero podemos fijarnos en algunos para subrayar los procesos generales que están teniendo lugar. En Estados Unidos hemos visto precisamente lo que he dicho antes: con la pandemia hay una enorme demanda de aumentos salariales en muchos sectores. En el sector industrial privado vimos aumentos salariales del 4% el año pasado, que fueron los más altos en 20 años. El problema es que la inflación en EE.UU. es del 7%, no del 4%. La tasa de inflación es la más alta de los últimos 40 años. Esto es una receta para la lucha de clases. Lo vimos en esta ola de huelgas en los EE.UU. el año pasado.

Lo estamos viendo en un país tras otro – algo similar se está gestando en Gran Bretaña. Vale la pena señalar que en los EE.UU. sólo el 11% de la fuerza de trabajo está sindicalizada. He visto un artículo en el FT que analiza la situación sindical británica. La conclusión del artículo es que debido a que la afiliación sindical es aproximadamente la mitad de lo que era en la década de 1970, no vamos a tener el mismo nivel de actividad de huelga que vimos en los años ‘70. Deberían recordar que Mayo del ‘68 tuvo lugar en Francia con un nivel de afiliación sindical aún más bajo. No depende de la cantidad de gente que está en un sindicato. Depende de la rabia de la clase obrera y de su disposición a luchar. En Estados Unidos, en una encuesta de opinión que vi, el 65% de los estadounidenses está a favor de los sindicatos. Es la cifra más alta en esa pregunta desde 1965. Los jóvenes son aún más radicales en esta cuestión. En la franja de edad entre 18 y 29 años, el 78 % está de acuerdo con los sindicatos en Estados Unidos. Esto pone de manifiesto lo que está ocurriendo en la clase trabajadora.

Me gustaría terminar con un comentario interesante sobre los Estados Unidos. Barbara Walter, profesora de la Universidad de California, ha escrito un libro sobre cómo empiezan las guerras civiles. Analiza las experiencias de Birmania, Irlanda del Norte, Ruanda, Sri Lanka, Siria, Yugoslavia, y encuentra los elementos comunes. Y lo interesante es que encuentra los mismos elementos en los Estados Unidos de hoy. Por supuesto, no ofrece ninguna solución al problema. De lo que realmente habla es de la intensificación de la lucha de clases en Estados Unidos.

China es la segunda potencia por detrás de EE.UU. y el crecimiento previsto del 5% es una desaceleración significativa en comparación con lo que solía ser. Y esto está llevando a comentaristas serios a hablar de la creciente amenaza de inestabilidad interna en China. Esta preocupación por los problemas internos de China ha llevado a la centralización del poder en manos de Xi Jinping, combinada con una política exterior mucho más agresiva. China se ha enfrentado a Australia, y tiene reivindicaciones sobre el Mar de China Meridional. Ha tenido conflictos con Japón y con la India en el Himalaya. Amenazan constantemente a Taiwán y han adoptado una postura muy agresiva respecto a Hong Kong, que está integrando en China.

Es precisamente el enorme desarrollo económico durante décadas de China, lo que la ha llevado a un conflicto a nivel mundial con Estados Unidos. A Xi Jinping le preocupan las cuestiones globales, pero también los problemas internos. La creciente brecha de riqueza en China es de hecho una de las más extremas del mundo. Xi Jinping es muy consciente de ello. Está muy preocupado por lo que la polarización social en China puede provocar. Y también se enfrenta a una grave crisis financiera. Lo vemos en el ejemplo de Evergrande. El sector de la vivienda en China representa el 30% del PIB. Evergrande es uno de los mayores promotores inmobiliarios del mundo. Y con su deuda de 300.000 millones de dólares, es una amenaza para la economía china y, por tanto, para la economía mundial.

Me limitaré a citar el informe que encontré del Atlantic Council, elaborado en diciembre. Refiriéndose a China decía lo siguiente:

«Podría enfrentarse a un importante malestar social que socavaría el control del gobierno sobre el poder. La forma en que China gestione estos amplios desafíos también afectará a su forma de relacionarse con el mundo y a si su economía es un motor o un lastre para el futuro crecimiento mundial».

Aquí vemos cómo China, de ser una locomotora, se ha convertido en otro factor que podría arrastrar a la economía mundial.

Nosotros y ellos

Volviendo a Rusia y a los problemas a los que se enfrenta Putin: el desempleo en Rusia está creciendo. Está en el nivel más alto en 8 años. Los ingresos reales están cayendo, la inflación está en el 9%, y los índices de popularidad de Putin están en el nivel más bajo desde 2012. Como hemos visto, ese es un elemento importante para explicar la política exterior de Putin. Así, tanto Rusia como China, que son potencias importantes, son elementos para una mayor inestabilidad. No son elementos para una mayor estabilidad a escala global. Y ambos países podrían contribuir a frenar la recuperación mundial.

Mientras EE.UU. presiona a Rusia, China apoya a este país con respecto a Ucrania. Tiene el mismo enemigo: Estados Unidos. China tiene sus conflictos en el Pacífico con EEUU. Tiene su postura agresiva hacia Taiwán, y por tanto tiene, en esta cuestión, intereses similares a los de Rusia.

En Europa, siempre hemos dicho que Italia es el eslabón más débil de la UE. Es la tercera economía de la eurozona, después de Alemania y Francia. Cuando estuve hace poco en Italia, el chiste que se repetía era «ahora sólo tenemos que hacer lo que nos dicen», porque los «europeos» -es decir, los alemanes y los franceses- nos han dado miles de millones de euros, ellos deciden lo que se hace en nuestro país. Como parte del llamado Plan de Recuperación de la Unión Europea, que está inyectando miles de millones en la economía de la zona euro, Italia está recibiendo casi 200.000 millones de euros. Por supuesto, el ex director del BCE es el primer ministro de Italia, y está ahí para asegurarse de que las políticas se lleven a cabo. El problema es que hay una distancia creciente y masiva entre el mundo de la política y las condiciones de millones de personas.

Lo que tenemos en Italia es un gobierno de unidad nacional. Todo el mundo está ahí, excepto el partido de extrema derecha Hermanos de Italia. La farsa de la elección del nuevo presidente de la república es emblemática. Durante toda una semana, los diputados y senadores se abstuvieron día tras día. En realidad, se trataba de una enorme crisis política porque necesitan un hombre con autoridad, que pueda mantener toda la situación cohesionada mientras aplican el programa de la UE a Italia. La autoridad de todos estos políticos no ha aumentado con estos acontecimientos.

Este es un elemento común en muchos países: que los de «arriba» no nos representan. La pregunta es: ¿cómo se gobierna un país como Italia, se aplican estas políticas y al mismo tiempo se evita la lucha de clases? Escuché comentarios durante los acontecimientos de Kazajistán como «¡Saben luchar!». Oí comentarios similares durante el movimiento de los Gilets Jaunes en Francia: «¡Los franceses sí que saben luchar!». Kazajistán estalló en una situación muy similar a la que tenemos en Italia. Italia se verá muy afectada por el aumento de los precios de la energía. No es casualidad que Draghi llamara a Putin más preocupado por el suministro de gas que por la situación en Ucrania.

Alemania, según el FT, de ser la locomotora económica de Europa podría pasar a ser el rezagado de Europa. Alemania sufre la debilidad del gasto de los hogares, y la producción industrial sigue estando muy por debajo de lo que era antes de la crisis. China es el segundo mercado de exportación de Alemania, después de Estados Unidos, y una desaceleración en China tendría graves consecuencias para Alemania. Y una desaceleración en Alemania tendría enormes consecuencias para el resto de Europa. Se puede ver cómo todo esto confluye en una crisis general.

Lo que está ocurriendo en Gran Bretaña pone de manifiesto el mismo proceso que se observa en todos los demás países. Hemos visto el mayor colapso de la economía en 300 años, agravado por el Brexit, con escasez de camioneros y trabajadores de la salud, y escasez de alimentos en las tiendas. También está el problema no resuelto de Irlanda del Norte. Un ministro norirlandés ha recomendado bloquear los controles de las importaciones de productos agrícolas del resto de Gran Bretaña, lo que rompe el acuerdo alcanzado con la UE. En Gran Bretaña tenemos un gobierno en crisis.

Hay una cosa que se le da muy bien a Boris Johnson: mentir descaradamente ante millones de personas. Ni siquiera puede recordar si asistió a una fiesta en su propia casa. Y esto está siendo observado por millones de personas en Gran Bretaña. El estado de ánimo es de enfado, y millones de personas están pensando «así es como se comportan cuando millones estamos en serios problemas».

Ahora vive de prestado y no le queda mucho. La tragedia es que los laboristas se están comportando realmente como la leal oposición de su majestad. Cuando tienes a un tory que puede cruzar la sala del parlamento y pasar de ser tory a ser laborista, después de haber votado cientos de medidas de este gobierno tory, y Starmer le da la bienvenida, eso demuestra hasta qué punto Starmer ha desplazado el partido hacia la derecha.

Mientras todo esto sucede en la cima, tenemos que mirar lo que está sucediendo en la clase trabajadora en Gran Bretaña. Tenemos una nueva Secretaria General en el sindicato UNITE: Sharon Graham. Publicó un artículo en Tribune el 30 de diciembre, en el que decía: «Debemos construir el poder popular de la clase trabajadora». ¿Con qué frecuencia se oye a un líder sindical hablar de «poder popular de la clase trabajadora»? ¿En qué otro país se puede encontrar un líder sindical que haya dicho esto en el período reciente? Esto es una expresión de la ira desde abajo, en la clase obrera. Este sindicato está involucrado ahora en más conflictos laborales que en cualquier otro momento de su historia. Y dijo: «no hay ningún héroe de Westminster que venga a salvarnos» -supongo que eso significa que Corbyn ya no está- y luego añade: «debemos hacerlo nosotros mismos».

Trabajadores en movimiento

Aquí vemos a la clase obrera pasar del frente político al frente sindical. En el último período la clase obrera en Gran Bretaña trató de expresarse a través del Partido Laborista y a través de Corbyn. Medio millón de personas se afiliaron, muchas de las cuales se han ido ahora. ¡Pero no han desaparecido! La ira y la radicalización que se expresó a través de Corbyn se está expresando ahora en el frente industrial.

En MoneyWeek, una revista financiera, se publicó un artículo humorístico en enero. Llevaba por título: «Pide un aumento de sueldo: Todo el mundo lo hace». Había una fotografía de una manifestación, de trabajadores sosteniendo una pancarta con las palabras «No podemos permitirnos una huelga», y luego debajo «No podemos permitirnos NO hacer huelga». Todo el artículo hablaba de la afiliación a los sindicatos y de la creciente militancia que está surgiendo. Esto se está expresando ahora en votaciones de huelga en muchos, muchos sectores en Gran Bretaña, lo que conducirá a una ola de huelgas en un determinado momento.

Lo que no tendría sentido en un momento como este sería una discusión sobre dónde va a surgir el ala izquierda en los partidos de masas. Vimos a Podemos, vimos a Syriza, vimos a Melenchon en el pasado dando una expresión parcial a la radicalización hacia la izquierda que impacta a millones de trabajadores y jóvenes. Pero como todos ellos tenían la perspectiva de intentar reformar el sistema, de aplicar políticas compatibles con el sistema capitalista, todos ellos se vieron obligados a retroceder y abandonar su anterior retórica militante. Esto significa que en el próximo período veremos la ira de los trabajadores y de la juventud expresada en huelgas, manifestaciones, protestas callejeras, etc.

A los burgueses, sin embargo, les gustaría volver a la normalidad. ¿Pero qué tipo de normalidad les espera? Va a ser: la inflación, haciendo subir lentamente el tipo de interés en todas partes, lo que a su vez tendría el efecto de frenar el crecimiento. Hay otros factores a escala mundial que podrían frenar aún más el crecimiento económico, desde una desaceleración en China hasta el impacto de las posibles sanciones a Rusia, etc.

La profundización de la crisis de la economía en todas partes está produciendo también una crisis del régimen. Es el caso de prácticamente todos los países. En Italia, esto quedó muy claro durante la crisis a la que se enfrentó el parlamento para elegir al presidente de la república. No pudieron llegar a un acuerdo y esto ha expuesto a las instituciones del Estado a los ojos de las masas. En Gran Bretaña tenemos la crisis de la monarquía con el príncipe Andrés enfrentándose a un juicio, poco después de que el príncipe Harry se marchara a América, acusando al resto de la familia real de racismo. La policía británica se ha visto envuelta en un escándalo tras otro. En Estados Unidos vimos los recientes discursos incendiarios de Trump, donde dijo que perdonaría a las personas que atacaron el edificio del Capitolio en Washington, D.C. el año pasado, lo que subraya aún más la crisis que se vive allí.

El levantamiento de las restricciones de Covid va a ser como quitar la tapa a una olla a presión. La clase obrera va a poner su sello en la escena, y la juventud estará a la cabeza. En Italia tenemos el movimiento estudiantil, que ha sido brutalmente reprimido por la policía en Roma y en Turín y esto va a tener un efecto radicalizador en las masas. Este movimiento de la juventud es simplemente una anticipación de un movimiento mayor de la clase obrera.

Camaradas, nuestras perspectivas están llenas de optimismo porque podemos ver lo que se está preparando en las profundidades de la sociedad. Si uno mira al resto de la izquierda, a los reformistas y demás, se ve cuán pesimistas son. Parece que no hay salida para ellos y eso es porque están completamente fuera de contacto con los procesos reales que están teniendo lugar. Nosotros no somos pesimistas porque podemos ver lo que se está preparando y entendemos a dónde nos lleva todo esto, a un movimiento de la clase obrera y de la juventud a nivel mundial que no hemos visto en décadas.

Tenemos perspectivas claras, pero las perspectivas claras y correctas no resuelven por sí misma la cuestión de la construcción de la tendencia marxista. Las perspectivas son una guía para la acción, una brújula, que puede ayudarnos a entender hacia dónde se dirige el proceso. Pero también debemos destacar cuáles son nuestras tareas en estos tiempos.

En todas partes se puede tocar con las manos la radicalización extrema. En Italia ahora mismo, por ejemplo, hay una capa de jóvenes que han decidido que están por la revolución y buscan una organización revolucionaria. Con nuestra teoría, podemos ganar lo mejor de estos jóvenes, organizarlos y dirigirlos hacia la clase obrera en su conjunto. Si hacemos bien nuestro trabajo y construimos suficientemente nuestras fuerzas, los tiempos que vivimos serán realmente interesantes. Debemos contagiar a todos los camaradas con un sentido de urgencia y una comprensión del papel que los marxistas podemos desempeñar en la historia si construimos nuestras fuerzas, si nos preparamos antes de que se produzcan los grandes acontecimientos.