Gramsci hegemonía y cultura: La revolución Italiana y el Partido Comunista

En esta segunda parte, hablaremos sobre la vida política de Antonio Gramsci y su trayectoria dentro del Partido Comunista de Italia (PCI), desde su ruptura con el Partido Socialista italiano (PSI) hasta la fundación del PCI. La ruptura masiva con el Partido Socialista se dió luego de la derrota de la ocupación de fábricas y marcó una linea clara entre los que que entendieron la necesidad de la revolución y los que decidieron seguir por el camino del reformismo, adaptándose a las necesidades del proprio capitalismo. El fin de la Primera Guerra Mundial condujo también a la fractura de la Segunda Internacional, los partidos socialista que la integraban traicionaron la idea fundamental de la Internacional en su nacimiento que defendía la transformación de la guerra imperialista en una guerra civil para el derrocamiento del capitalismo. 

Durante este etapa, Italia experimentó un período de gran agitación social, en gran medida afectada por la revolución de 1917, donde estallaron huelgas masivas en fábricas y ocupaciones de tierras, este fue el llamado «Bienno Roso”. Gramsci, que ya era miembro del Partido Socialista desde 1913, está en el centro de esta explosión que como resultado de la Revolución rusa y todos los trastornos políticos que atraviesa Europa en ese momento, hace que el PSI aumente significativamente su número de miembros y que el sindicato socialista italiano llegue a dos millones de miembros. Gramsci  y su grupo en Turín escriben un diario semanal llamado L’Ordine Nuovo, y con ese periódico traducen para la situación política italiana la consigna “Todo el poder a los sóviets” que había coronado la actuación bolchevique en 1917. 

En 1920, Antonio juntamente a sus compañeros de L’Ordine Nuovo defiende la ocupación de fábrica y ocupan algunas, incluso la Fiat que quedó ocupada por más de 3 semanas. Gramsci defendía que los consejos de fábrica deben surgir espontáneamente de las luchas y deben coordinarse en órganos de poder de los trabajadores, tanto en el control de la producción, como en la transformación de la sociedad. Para Gramsci la coordinación del trabajo revolucionario se traducía en dos tareas:

a. El desarrollo de órganos revolucionarios que concentren las masas de trabajadores.
b. La formación de un liderazgo comunista dentro del Partido Socialista Italiano, para romper con las tendencias reformistas y centristas.

La Revolución italiana poseía la fuerza necesaria para romper el aislamiento de la Revolución rusa y cambiar el destino de la revolución en todo el mundo. Pero un liderazgo verdaderamente revolucionario no puede ser improvisado, en el proceso revolucionario, el proletariado no tiene tiempo para corregir sus propios errores, mucho menos a sus líderes, el tiempo es objetivo y limitado. El partido revolucionario debe ganarse la confianza de las masas con la paciencia necesaria para que en la etapa decisiva el proletario tome sus ideas y métodos. Sin un grupo firme, con cuadros preparados e intervención en la sociedad, es casi imposible elaborar las consignas correctas para cada momento del proceso revolucionario, es aún más difícil resistir las presiones de la burguesía sobre la vanguardia.

En relación al  punto b, es  crucial comprender la trayectoria de Antonio Gramsci en su vida política, porque en 1921, junto con otros miembros de su grupo, decidió romper con el PSI y luego, decidió fundar el Partido Comunista Italiano, junto con 58.000 miembros que anteriormente eran de las filas del partido socialista, finalmente el PCI es reconocido por la Internacional Comunista.  En 1922, Gramsci viaja al exterior para discutir con miembros de la Internacional en el Congreso de Lyon, y en ese período como consecuencia de discusiones con líderes de la Internacional, incluyendo Leon Trotsky, Gramsci hace un balance de los errores ultra izquierdista del Partido Comunista Italiano como el abstencionismo electoral y la negativa a conformar un frente único y decide empezar una lucha fraccional contra Bordiga¹. Esa lucha fue exitosa en el Congreso de Lyon en 1926 y su posición vencIó pero sus opiniones son nada más que un reflejo de las políticas de la Internacional que básicamente afirmaba que la revolución italiana tendría origen socialista y que quienes liderarían esta revolución serían los trabajadores asalariados y los campesinos, también defendía que la transformación social es un proceso que requiere una ruptura con la burguesía y una feroz batalla dentro de las organizaciones de masas que sólo luchan por las demandas inmediatas, una lucha que consiste en una lucha contra las tendencias reformistas que surgen dentro del partido, es decir, una lucha por un verdadero programa revolucionario.

Ya en 1920, Gramsci reconoció sus errores por parte del grupo L’Ordine Nuovo, uno de los cuales fue no haber formado una oposición sindical para hacer frente a las tendencias reformistas dentro del PSI y por el otro no haber construido una fracción desde el principio del Partido Comunista dentro del PSI. 

El «Bienno rosso» y a Revolución de Octubre dieron a luz a la Revolución italiana y Gramsi entendió eso:

“La fase actual de la lucha de clases en Italia es la fase que precede a la conquista del poder político por parte del proletariado revolucionario… o una tremenda reacción por parte de la clase propietaria y de la casta dominante. Toda violencia será tenida en cuenta para someter al proletariado industrial y rural a un trabajo servil: se intentará destrozar inexorablemente a los organismos de lucha política de la clase obrera [el Partido Socialista] e incorporar a los organismos de resistencia económica, sindicatos y cooperativas, a la estructura del Estado burgués”. (Gramsci 1920 L’Ordine Nuovo)

De hecho, los grupos fascistas comenzaron su ofensiva pero también el pueblo comenzó su ofensiva antifascista y en 1921 en Roma se organizó una importante marcha antifascista, organizada por capas de la clase trabajadora, sindicalistas, anarquistas, comunistas y socialistas y por un grupo llamado “Los atrevidos del pueblo”. La PSI simplemente ridiculiza las acciones del «Atrevidos del pueblo»² y Gramsi responde preguntando si los comunistas son en realidad contrarios a las acciones del grupo «Atrevidos del pueblo» o si aspiran al armamento del proletariado y la creación de un grupo proletario capaz para derrotar las acciones del fascismo y la burguesía.  A pesar del correcto análisis que realizaba Gramsi, no representaba a la mayoría del Partido Comunista, ni tuvo la fuerza para luchar contra el sectarismo dentro del partido, que llegó a considerar el grupo “Atrevidos del pueblo” como fascistas y provocadores Todas las contradicciones del PCI son evidentes, sus líderes, aunque entusiasmados con los soviéticos rusos, no entendieron su formación, lo mismo con la cuestión de la organización armada y la autodefensa de la clase trabajadora y no tuvieron en cuenta  la heterogeneidad de la comprensión política de varios sectores de la clase trabajadora. 

Es cierto que “Los atrevidos del pueblo” habían entendido algo que los líderes del Partido Comunista no entendieron y las consecuencias fueron desastrosas, los militantes del PSI abandonan a los Atrevidos  y los militantes del PCI se refugiaron en  las brigadas rojas que eran grupos de militantes comunistas armados que resistieron al régimen fascistas. A fines de 1922, Gramsci viaja a Moscú y luego a Viena como representante italiano de la Internacional Comunista, en 1923 cuando los grupos fascistas ya habían comenzado la caza a los comunistas, Gramsci regresa a Italia y encuentra al Partido Comunista destrozado por la represión, miles de militantes detenidos y 23 líderes sindicales asesinados por el régimen de Mussolini. 

El Partido Nacional Fascista se formó bajo el liderazgo de Benito Mussolini en 1919, a partir de otra organización menor (el Partido Revolucionario Fascista). Su principal éxito electoral hacia el poder se produjo en mayo de 1921, cuando eligió a 35 diputados mientras el recién formado Partido Comunista Italiano eligió solo a 15 diputados. Después de las elecciones, Gramsci señaló que «los comunistas fueron derrotados» y que esta derrota fue el resultado de una formidable crisis de desánimo y depresión”.

Es importante señalar que la constitución del gobierno de Mussolini no implicaba de inmediato el establecimiento de un régimen fascista. Entre noviembre de 1922 y junio de 1926, Italia tuvo un gobierno dirigido por un fascista pero en una condición de transición en la que subsistieron ciertas libertades. En este contexto, Gramsci, a lo largo de 1923, basó su propuesta en invertir en la articulación política entre los trabajadores del norte y el campesinado del sur como una forma de efectuar un proceso revolucionario y derrotar al fascismo. En abril de 1924, en elecciones que aún se celebraban bajo ciertas condiciones de libertad, Gramsci fue elegido diputado y regresó a Italia para asumir su mandato y es arrestado en 1926. En prisión bajo la estrecha supervisión del régimen fascista, escribe una gran obra que, como ya se mencionó en la primera entrega de este artículo, se conoció como «Cuadernos de  la  cárcel», donde usa un lenguaje más sociológico que político y llama al marxismo la «filosofía de la praxis». 

Desde su obra previa y desde sus cuadernos de la cárcel Gramsci nos legó una serie de conceptos teóricos que analizados críticamente nos aportan una serie de herramientas para pensar el dominio de los capitalistas y su Estado como clase dominante. En este sentido Gramsci va a desarrollar términos como “hegemonía”, “consenso” “bloque histórico”, “crisis orgánica, “intelectuales orgánicos”, “Estado ampliado” que constituyen los términos centrales de la reflexión gramsciana.

Con el concepto de hegemonía explica como la burguesía, como clase fundamental de un bloque histórico (relación entre estructura y superestructura), impone su dominación no sólo en el terreno económico, sino en el conjunto de la estructura social a partir de que sus concepciones, valores y creencias sean las aceptadas socialmente y tengan la capacidad de regular el comportamiento social en su conjunto. 

A la aceptación de las clases dominadas de las formas ideológicas de la clase que las domina Gramsci las va a llamar consenso.

Es decir que para Gramsci, la hegemonía es la suma de la coerción y el  consenso. Para Antonio Gramsci la hegemonía siempre viene revestida de coerción. 

Vemos entonces que la hegemonía y el consenso tienen que ver con la capacidad que tiene un bloque histórico (para Gramsci toda forma estatal expresa la construcción de un bloque histórico) de construir o legitimar su visión del mundo sobre el conjunto de las clases de una sociedad determinada.  

Es decir, para el marxista italiano la supremacía de la burguesía como clase dominante no se debe exclusivamente a un aparato coercitivo sino que mantiene su poder mediante un complejo entramado de instituciones y organismos orientados hacia la sociedad civil que son utilizadas para organizar el consenso, de lo que el denomina, clases subalternas.

Gramsci va a plantear que las funciones de “coerción” y “consenso” están diferenciadas como características de los ámbitos de la sociedad política (coerción) y de la sociedad civil (consenso).

Estas instituciones de la sociedad civil a través de las cuales la clase dominante impone la dirección ideológica de la sociedad (iglesias, escuelas, medios de comunicación, etc.) combinada con las instituciones de la sociedad política (aparatos represivos del Estado) darán al Estado un carácter ampliado.

Pero no debemos olvidar que el consenso y la coerción son las dos caras de la misma moneda. En cada época, los estrategas de clase capitalista buscan lograr el equilibrio correcto entre los dos.   

Al contrario de lo que afirman muchos grupos de izquierda, partidarios del estalinismo y el parlamentarismo, Gramsci nunca estuvo a favor de una lucha cultural que transformaría el capitalismo de adentro hacia afuera. Esta perspectiva es un análisis realizado por reformistas sobre la política de Gramsci. La lucha para conquistar a las masas no es simplemente una lucha por el significado y la construcción de la vida cotidiana de la sociedad, sino que es una lucha inseparable por la construcción de un partido revolucionario con raíces en las organizaciones de masas y capaz de llevar a las masas a la  toma del poder y el Socialismo.                                                 

En contrapartida a la hegemonía burguesa, Gramsci identifica la necesidad de que el proletariado establezca su propia hegemonía suprimiendo la de la burguesía. Sin embargo, dicha empresa no es de carácter meramente especulativo ni “cultural” sino que se forma tanto en el terreno del combate ideológico como en el terreno político de la acción de la clase trabajadora.

Una infinidad de “intérpretes” de Gramsci han querido devaluar al marxista italiano, partiendo de la idea de que la tarea más importante es la generación de formas culturales contrarias a las burguesas.

Desde la Corriente Socialista Militante rescatamos los mejor del pensamiento de Gramsci y sostenemos que la batalla no puede reducirse al debate ideológico la acción política debe acompañarlo.

La construcción de una organización revolucionaria que sea capaz de organizar, proporcionar herramientas teóricas y un programa de lucha al proletariado es una tarea en el orden del día que exige al mismo tiempo la lucha contra el orden burgués que quiere cargar en los hombros de las y los trabajadores el peso de la crisis del sistema capitalista. Este es el mejor homenaje que podemos hacer al revolucionario italiano Antonio Gramsci.


¹ Amadeo Bordiga fue un destacado marxista italiano y contribuidor de la teoría comunista, uno de los fundadores del Partido Comunista de Italia, uno de los líderes de la Internacional Comunista y, después de ser expulsado del Partido Comunista de Italia, una de las principales figuras del Partido Comunista Internacional, asociado a las posiciones de la izquierda comunista italiana.
² https://argentinamilitante.org/antonio-gramsci-y-la-revolucin-italiana/