Fracaso de la ofensiva imperialista israelí sobre Líbano

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La agresión israelí contra Líbano terminó en un fracaso. Ninguno de los objetivos que tenía el gobierno israelí se ha cumplido, debilitando la posición de la clase dominante israelí dentro y fuera del país. El resultado del conflicto es también un revés para el imperialismo estadounidense, y ha fortalecido la posición de Hezbolá, Irán y Siria. Ahora, después de la debacle, miembros del gobierno y del Estado Mayor israelí se recriminan abierta y mutuamente. La agresión israelí contra Líbano terminó en un fracaso. Ninguno de los objetivos que tenía el gobierno israelí se ha cumplido, debilitando la posición de la clase dominante israelí dentro y fuera del país. El resultado del conflicto es también un revés para el imperialismo estadounidense, y ha fortalecido la posición de Hezbolá, Irán y Siria.
Ahora, después de la debacle, miembros del gobierno y del Estado Mayor israelí se recriminan abierta y mutuamente.

Fracaso del imperialismo israelí

Aunque Israel se preparó para la invasión de Líbano con anticipación, fracasó en su objetivo principal: la eliminación de la capacidad militar de Hezbolá. Pese a ser una potencia militar, sus límites se han podido ver en la guerra contra Líbano.
El imperialismo israelí quería evitar una nueva ocupación del sur del Líbano, para evitar encontrarse en una situación similar a la de EEUU en Iraq.
También está el problema de Siria. Una ofensiva militar que se detuviera en la frontera siria nunca habría sido capaz de derrotar a Hezbolá. Además, Israel no podría permitirse una guerra contra los insurgentes en Líbano y al mismo tiempo realizar operaciones contra Siria.
Consecuentemente, los generales israelíes optaron por una ofensiva que fuese igual de rápida como enérgica. Su idea era barrer todo lo que se encontrara en su camino, limpiar los principales focos de resistencia y después retirarse.
Pero Tel-Aviv subestimó al enemigo. La campaña aérea masacró a cientos de civiles libaneses, especialmente niños, mujeres, ancianos y enfermos. Pero no redujo seriamente la capacidad operativa de los guerrilleros de Hezbolá. Al mismo tiempo, las incursiones terrestres de las unidades israelíes se encontraron con la resistencia feroz y una eficacia no esperada por los comandantes israelíes, provocando bajas poco habituales entre las tropas israelíes.
Conmocionados por la ausencia de éxitos, los altos mandos militares israelíes y el gobierno optaron por iniciar una gran ofensiva terrestre.
La "gran" ofensiva finalmente empezó. Pero en realidad, parecía más como una incursión de castigo final, para salvar la cara, más que una verdadera invasión. Su alcance y duración fueron muy limitados. El ataque no llegó más allá de varios puntos a lo largo del río Litani y su lanzamiento coincidió, bastante excepcionalmente para la historia militar ¡con una declaración de alto el fuego de 48 horas!
Las condiciones del alto el fuego, delineadas vagamente por la resolución 1.701 de la ONU, incluían la ocupación del sur del Líbano por el ejército libanés, con la ayuda de la UNIFIL (Fuerza Temporal de las Naciones Unidas en Líbano). Pero en el momento que EEUU y Francia redactaban esa resolución, no esperaban que la ofensiva israelí terminara en derrota, viendo el despliegue de la fuerza internacional como un medio de ayudar a Israel para aprovechar su victoria, para contener, desarmar a Hezbolá y reducir la influencia de Irán y Siria en la región. El resultado del conflicto ha reducido este proyecto a cenizas. La UNIFIL será impotente y su despliegue se producirá en condiciones extremadamente difíciles desde el punto de vista de los intereses de los EEUU e Israel.
Ahora, el objetivo de Israel y los imperialistas es "apoyar" al ejército libanés para desarmar a Hezbolá. Sin embargo, esto es imposible. El ejército libanés es una fuerza pequeña. Oficialmente tiene 70.000 soldados, pero sólo unos 20.000 están operativos. Su debilidad numérica significa que el ejército libanés es incapaz de cubrir el sur del país, menos aún de iniciar operaciones contra Hezbolá. Además, una fracción significativa de los soldados, son chiítas y sin duda simpatizantes de Hezbolá, y se negarían a participar en esas operaciones. Líbano ha sufrido un ataque devastador de Israel. Sus ciudades han sido bombardeadas, sus carreteras e infraestructuras destruidas. En el momento actual, las familias están regresando a sus casas destrozadas y se están encontrando los cuerpos de parientes, amigos y vecinos bajo las ruinas. Y todavía, desde el principio de la guerra, el ejército libanés no disparó ni una sola bala contra los invasores. Sus comandantes se mantuvieron al margen, sin ofrecer la más leve resistencia. Esta complicidad pasiva por parte de los generales libaneses es considerada como un tipo de traición por un sector significativo de la sociedad libanesa. Por eso resulta estúpido pretender que este mismo ejército vaya a tener éxito donde fracasaron las fuerzas israelíes, para desarmar a la única fuerza que luchó contra la invasión y dejar el país completamente indefenso contra el imperialismo israelí.
En la práctica, en el momento actual, nadie es capaz de desarmar a Hezbolá. La milicia chiíta ha salido de esta guerra con el enorme prestigio de "vencedor" que ha demostrado a todo el mundo, y especialmente a las masas oprimidas del mundo musulmán, que Israel no es invencible.
Mientras tanto, el alto el fuego no se mantiene. El ejército israelí seguirá con sus operaciones esporádicas dentro de Líbano, y la capacidad militar de Hezbolá todavía está intacta. Las pérdidas de luchadores y armas de Hezbolá pronto se recuperarán.
El colapso de la ofensiva israelí tendrá consecuencias importantes dentro de Israel. Hoy, en Israel, la macabra realidad de la ofensiva está saliendo a la luz. En la prensa, en los reclamos y en las protestas, los trabajadores y jóvenes enviados a Líbano señalan con el dedo acusador a los generales y al gobierno. Mientras que las tropas sobre el terreno carecían de agua, comida, munición y equipamiento básico, se enteraron que el rico jefe del Estado Mayor, Dan Halutz, vendía sus acciones en la bolsa la misma mañana de la ofensiva.

Efectos en Israel

Esta guerra marcará un punto de inflexión en la historia social y política del país. La sociedad israelí es una sociedad de clases, con sus capitalistas y explotadores por un lado, y sus trabajadores, desocupados y pobres por el otro. Sin embargo, blandiendo constantemente la "amenaza externa", la clase dominante israelí ha sido capaz de obtener el apoyo de una parte importante de la población. El nacionalismo, la idea de ser una fortaleza asediada, ha servido durante muchos años como una forma de atenuar la lucha de clases. La furia de los trabajadores frente a la desigualdad social, el desempleo y los ataques a los niveles de vida se desvió contra enemigos externos. Hay que decir que los atentados suicidas en territorio israelí contra civiles ayudaron a los capitalistas israelíes en este aspecto.
Mientras encierran a los palestinos, como en jaulas, en la pobreza y la desesperación de los "territorios", completamente inviables económicamente y constantemente amenazados por bombardeos e incursiones por parte de las fuerzas armadas israelíes, el capitalismo en Israel ha demostrado su total incapacidad para satisfacer las necesidades de la gran mayoría de la población israelí. En este contexto, y bajo el impacto de esta derrota, el equilibrio interno de la sociedad israelí finalmente se resquebrajará.
La única cuestión ahora es cuánto tiempo tardar la clase obrera y los pobres israelíes en comenzar la lucha, no sólo por los salarios y contra los recortes, sino también por la transformación de esta podrida sociedad capitalistas y crear un Estado socialista federado donde los israelíes y palestinos, cada uno con su autonomía territorial, formen parte de una Federación Socialista de Oriente Medio.