Elecciones en el Líbano: Hezbolá pierde la mayoría y los independientes se abren paso

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El resultado de las elecciones libanesas nos revela que es evidente que está produciéndose un importante cambio en el equilibrio de poder. La Alianza 8 de Marzo, coalición formada por Hezbolá, Haraket Amal y el Movimiento Patriótico Libre Cristiano, ha perdido la mayoría que tenía desde 2018. Han pasado de 71 escaños, que les daban la mayoría, a 58, mientras que las Fuerzas Libanesas Cristianas (FL), de la oposición, han crecido.

Junto a los dos partidos tradicionales de la oposición sectaria, también se ha abierto paso una nueva oleada de candidatos independientes. Trece candidatos independientes obtuvieron escaños bajo una amplia bandera llamada «Cambio».

Está claro que la desilusión generalizada está detrás de este cambio. Mientras la sociedad sigue polarizándose bajo el impacto de una profunda crisis financiera y social, los trabajadores libaneses seguirán buscando soluciones fuera de las vías tradicionales de las coaliciones sectarias que han dominado la escena política desde el final de la guerra civil libanesa hace décadas.

Desilusión y crisis generalizadas

Mucho ha cambiado desde las anteriores elecciones de 2018. Desde entonces, el Líbano ha atravesado una profunda crisis financiera, un movimiento masivo en el que han participado más de seis millones de personas, y ha sido asolado por la pandemia del COVID-19 y la hiperinflación que le siguió. Además, la crisis no ha cesado. Se calcula que el valor de la libra libanesa se ha depreciado un 90%, y la inflación de los alimentos en particular supera el 1.000%. Esta situación se ha visto enormemente agravada por la guerra en Ucrania, de donde Líbano importa hasta el 90% de sus alimentos.

Esta crisis en curso ha sumido al 75% de la población en la pobreza. Fue en este contexto que vimos al movimiento heroico y revolucionario de las masas en 2019. En octubre de ese año, las masas se reunieron por millones para protestar contra los multimillonarios y corruptos señores de la guerra que han dirigido el Líbano durante décadas. En un país asolado por la división sectaria, en el que los señores de la guerra suelen convertir las protestas en enfrentamientos entre figuras religiosas, esto supuso un enorme avance.

A diferencia de los movimientos anteriores, que se canalizaban fácilmente en campos sectarios para apoyar a tal o cual partido político corrupto, la revolución de octubre del Líbano fue totalmente diferente. Se centró en todo el gobierno y en todos los partidos políticos, que se consideraban -con razón- corruptos. El grito de guerra de esa revolución fue: «Todos significa todos», subrayando que esos líderes no eran de fiar.

Aunque este movimiento heroico representó un enorme paso adelante, no completó la tarea. Debido a su naturaleza en gran medida espontánea, no se desarrolló ninguna dirección real. Finalmente, al agotarse la gente, el movimiento se disipó . Sin embargo, las condiciones que dieron vida al movimiento no sólo no desaparecieron, sino que se han agudizado. El Líbano sigue enfrentándose a la peor crisis económica de su historia. La crisis mundial del capitalismo, las sanciones imperialistas y las redes  de los señores de la guerra, los políticos corruptos y los empresarios millonarios que se aprovechan del pueblo libanés son los culpables. En este contexto, la coalición tradicional 8 de Marzo, que representa a Hezbolá y al Movimiento Patriótico Libre, pierde apoyo.

Las coaliciones tradicionales pierden apoyo

Como el movimiento en las calles ha llegado a un punto muerto debido a la falta de dirección, las masas en el Líbano se dirigieron al frente electoral para marcar la diferencia. En el Líbano, dos coaliciones han controlado en gran medida la política desde 2005, cuando el ejército sirio se retiró del país tras 31 años de ocupación.

La mayor de ellas es la Alianza 8 de Marzo, una alianza de Hezbolá y el Movimiento Patriota Libre, que gobierna el Líbano como un gobierno de coalición desde las elecciones de 2018. El partido dominante en esta coalición es Hezbolá, que ha mantenido el control del jnoub (sur del Líbano) durante décadas. Esta coalición ha perdido ahora su mayoría.

Esto no es un accidente, sino que es el reflejo de una evolución en la conciencia de los trabajadores del Líbano. Hezbolá ha gobernado durante uno de los peores períodos económicos de la historia libanesa. Y los trabajadores recuerdan cómo reaccionó el gobierno de Hezbolá ante el movimiento revolucionario de 2019.

La consigna de entonces: «Todos significa todos», fue seguida a menudo por «¡Nasrallah es uno de ellos!» [Nasrallah es el dirigente de Hezbolá, NdT]. Esto reflejaba que las masas podían ver a través del lenguaje demagógico del líder de Hezbolá, que lo utilizaba para enmascarar el hecho de que su coalición es en realidad parte del establishment. Esto se ejemplificó durante el propio movimiento de 2019, cuando militantes de Hezbolá en moto asaltaron a los manifestantes en todo el sur del Líbano en un intento de silenciar las críticas a Hezbolá.

Los candidatos independientes se abren paso

Ante la pérdida de apoyo de la coalición gobernante, las masas han recurrido a nuevas caras. Varios candidatos independientes, muchos de ellos manifestantes del movimiento 2019, se presentaron a las últimas elecciones. Trece de ellos, etiquetados vagamente como las fuerzas del «Cambio», consiguieron los escaños a los que se presentaron.

En una de las mayores sorpresas para la coalición 8 de marzo, dos escaños tradicionalmente seguros en el sur del Líbano fueron arrebatados por exmanifestantes. Firas Hamdan y Elias Jarade, ambos manifestantes del movimiento 2019, obtuvieron escaños. Se presentaron con un programa antisistema, denunciando la corrupción en la política libanesa y del actual establishment.

Se trata de un avance positivo, ya que muestra que las masas intentan encontrar su propia dirección independiente, en lugar de confiar en los viejos políticos que han dirigido el Líbano durante décadas. Estas figuras independientes eran el siguiente paso natural, ya que la conciencia de los trabajadores se está desarrollando y se están alejando del método tradicional sectario de la política. Esto forma parte de lo que Trotsky denominó «el proceso molecular de la revolución».

Sin embargo, hay que destacar que muchos de estos candidatos tienen un programa vago y poco preciso, y ninguno de ellos ha identificado al capitalismo como la fuente principal de los problemas del Líbano. De hecho, la mayoría de estos independientes ni siquiera están organizados de forma conjunta, y muchos se hacen ilusiones de reformar el Estado libanés desde arriba. Esto no es posible, y conduciría  a estos independientes al fracaso. En cambio, la clase trabajadora del Líbano debe confiar en sus propias fuerzas y seguir organizándose en los centros de trabajo y en las comunidades para lograr un cambio real.

No hay que confiar en la oposición

Mientras los independientes avanzaban, las Fuerzas Libanesas (FL) también aumentaron su número de escaños a 19. Con el colapso del Movimiento Patriótico Libre, miembro destacado de la coalición 8 de marzo, los votos se han canalizado hacia el FL, convirtiéndolo en el mayor partido cristiano del Líbano.

El FL ha conseguido presentarse como una alternativa más amable y liberal a un gobierno de Hezbolá. Con el apoyo de Arabia Saudí y del imperialismo occidental, se ha presentado como interesado principalmente en la democracia y la reforma. Sin embargo, el FL no es una verdadera alternativa. Es un lobo con piel de cordero.

No podemos olvidar la historia del FL. Remontándose a las numerosas milicias cristianas de la guerra civil libanesa, el FL se fundó entonces por una razón: aplastar las aspiraciones revolucionarias del Movimiento Nacional Libanés (MNL). En aquel momento, el MNL, junto con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), estaban organizando un movimiento de masas en todo el país, con reivindicaciones explícitamente de izquierdas.

Las milicias cristianas, financiadas por el imperialismo occidental, se organizaron para atacar y destruir al MNL. Durante la guerra civil, llevaron a cabo muchas masacres de civiles con este fin. La más tristemente célebre fue la matanza del campo de refugiados de Sabra y Shatila, donde fueron acribillados cerca de 5.000 refugiados palestinos, mientras las Fuerzas de Defensa israelíes, que ocupaban el Líbano en ese momento y que estaban aliadas con estas milicias, se limitaron a observar.

Es este sangriento legado el que el FL continúa hoy en día. Con el apoyo del régimen saudí y del imperialismo occidental, el FL no quiere otra cosa que afirmar la dominación del imperialismo occidental en el Líbano y crear un gobierno amigo de las inversiones occidentales y saudíes. No representan una alternativa a Hezbolá. Son criminales cuyos intereses se oponen directamente a los de las masas.

Se necesita una solución revolucionaria

Líbano está en un callejón sin salida. La crisis económica no hace más que agravarse mientras la situación se deteriora aún más. Aunque el surgimiento de un movimiento político independiente es necesario, la reforma política no será suficiente para resolver esta crisis. De hecho, el Estado libanés no puede reformarse desde arriba. Desde su creación durante el periodo de la colonización francesa, el Estado libanés siempre ha estado dividido en líneas sectarias. Esto se vio reforzado en la década de 1990 con el acuerdo de Taif, que cimentó la división religiosa en la política.

Esta división sectaria ha sido perpetuada por los capitalistas y por el imperialismo con el fin de crear una falsa impresión de intereses comunales alineados y de cortar cualquier desarrollo hacia la unidad de la clase obrera. Tanto el imperialismo occidental y sus representantes regionales, por un lado, como Irán, como potencia regional, por otro, intentan atraer al Líbano a su órbita. Este duelo por las esferas de influencia en el Líbano está representado por la Alianza 8 de Marzo, que se vincula a Teherán, y por partidos como el FL, que se vinculan a Arabia Saudí y al imperialismo occidental.

Cuando los independientes entren en el parlamento, no encontrarán una democracia que funcione y en la que se puedan aprobar reformas, sino un Estado corrupto en el que no se puede confiar y que, en cambio, está vinculado a los intereses imperialistas. Precisamente por eso, las reformas no pueden pasar por el parlamento, sino que hay que forzarlas desde abajo.

La revolución libanesa sólo puede triunfar rompiendo con todo el establishment que representa el capitalismo libanés, y con su Estado corrupto. La clase obrera debe rechazar a todos estos partidos sectarios y luchar para derrocarlos a todos. La riqueza de los multimillonarios del parlamento, que han robado a los trabajadores del Líbano durante décadas, debe ser expropiada para solucionar los problemas del país. En última instancia, sólo las masas del Líbano pueden llevar a cabo este programa: el programa de la revolución socialista.