El paso al costado que no supone un paso a la lucha

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El lunes amanecimos con la noticia de la decisión de Máximo Kirchner de dar un paso al costado como jefe de la bancada del Frente de Todos en la Cámara Baja, por diferencias en el manejo y resultados de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional llevadas adelante por Alberto Fernández y el Ministro de Economía Martín Guzmán. Máximo, aclaró que permanecerá dentro del Frente de Todos, y que su corrimiento es “para facilitar la tarea del presidente y su entorno”.

Los argumentos que ofrece Máximo “nace de no compartir la estrategia utilizada y mucho menos los resultados obtenidos en la negociación en el FMI…” y continua “algunos se preguntaran qué opción ofrezco. En principio, llamar a las cosas por su nombre: no hablar de una dura negociación cuando no lo fue y mucho menos hablar de “beneficios”. La realidad es dura. Vi al presidente Kirchner quemar su vida en este tipo de situaciones”.

Evidentemente, tanto Máximo Kirchner, como Alicia Castro y otros tantos dirigentes después del entendimiento con el FMI, manifestaron su disconformidad con el Gobierno de Alberto Fernández, incluso declararon que muchos militantes de base manifiestan que este no es nuestro gobierno.

El malestar que expresa la base del Frente de Todos y puntualmente del Kirchnerismo se basa en la realidad económica, social y política que atravesamos hace ya varios años.

Ya señalamos en otros materiales lo que representa la deuda externa con los acreedores internacionales y la aceptación de la misma. No es más que un cuchillo en la garganta que, con los controles trimestrales del FMI supervisando las cuentas del país, controlará la emisión monetaria, verá cómo se baja el gasto público, etc., etc. no son más que las imposiciones de la negociación que implica un ajuste por abajo. Se dice que no habrá ajuste, pero en definitiva al sacar los subsidios a los servicios de gas o luz no hacen más que descargar aumentos impagables sobre las mesas obreras.

Fernández por su lado, reconoce que “ningún acuerdo con el FMI es bueno, pero de todos éste era el mejor posible.” Lo que obvia aclarar es que este acuerdo “blanquea” la fuga de capitales que resultó ser el préstamo del FMI al gobierno de Macri.

De una situación terminal a cuidados intensivos

El acuerdo arribado entre el gobierno y el FMI implica tirar la crisis hacia adelante o tomar un tanto de oxígeno para ver qué pasa o “crecer”. La idea del FMI es monitorear la emisión monetaria, inflación, gasto público cada tres meses, a cambio de otorgar un préstamo para pagar la deuda. Un circuito que a mediano o a largo plazo lleva a una asfixia de la economía de cualquier país. El problema que no se ve o no se quiere ver es la crisis orgánica del capitalismo mundial, dicho de manera más simple nos encontramos ante una crisis de sobreproducción de mercancías. Esta realidad en países atrasados como la Argentina tiene una significación profunda en la vida económica de las grandes masas. La economía en un sentido se estira a cuenta de la emisión monetaria, bonos, títulos y demás papeles circulantes, que no encuentran un respaldo en la producción, haciendo crecer el gasto público -para los economistas liberales- y siendo un gasto social para los nacionales & populares. Siendo verdad lo segundo, los liberales no dejan de tener razón en la medida que no resulta trabajo genuino en la producción y servicios. Pero también es muy cierto que en la lógica de los liberales esto supone una superexplotación de la clase obrera y la juventud.

De lo que se trata entonces, para Máximo Kirchner y los demás dirigentes del espacio kirchnerista dentro del Frente de Todos es de pasar de las palabras a los hechos y poner por delante las necesidades más acuciantes de los trabajadores. Pero si esta fuera su intención junto a los demás disidentes, bronca y malestar es lo que sobra, desocupación y hambre es lo que abunda. Razones hay muchas para no solo demostrar un gesto de disgusto, no se trata entonces de “no busco estar a la izquierda, ni mucho menos a la derecha de nadie, categorías que ya no alcanzan para explicar la realidad”, sino pareciera más que nada quedar como un reservorio para lo que suceda más adelante y no verse presionado por los de abajo y verse obligado a una suerte de “radicalización”.  

El malestar de los de abajo – Preparar la huelga general

Como venimos explicando y aunque se haya ganado tiempo con las medidas que asumió el gobierno de Alberto Fernández con el acuerdo del FMI, también para nosotros es ganar tiempo para preparar la etapa que viene.

El malestar es grande y las tareas que tenemos por delante son también muy grandes. Debemos poner en debate la inviabilidad del capitalismo como sistema ya que no satisface las demandas más elementales de pan, trabajo, salud y educación.

Por eso, es necesario preparar la huelga general en la perspectiva de un gobierno propio que supone, en primer lugar, forjar una dirección en el debate y programa revolucionario, para luego cuando la situación produzca un punto de inflexión y las masas salgan a la calle, esta dirección esté en las condiciones de dirigir este proceso.

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