El movimiento piquetero en una encrucijada

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La fortaleza del movimiento está en la unidad de acción de sus organizaciones y en unión con sus hermanos de clase ocupados. Las condiciones para transitar por esa senda están ahí, como se vio en la gran movilización unitaria del 16 de octubre por la liberación de los presos y que contó con la participación de 20.000 compañeros. Ese es el camino y por ahí debemos avanzar. El movimiento piquetero se encuentra en una encrucijada. La estrategia K consiste en combinar la zanahoria (más planes para los adeptos, ministerios, palabrería anti-FMI) y el garrote (persecución de luchadores populares, criminalizar la protesta social). Así como cooptó a piqueteros de ayer para reconvertirlos en funcionarios del Estado, utilizó la escalada mediática de la inseguridad para criminalizar la protesta social.

Sin embargo, a la vez que se gestaba la campaña del Capital la lucha del movimiento piquetero mostraba sus limites. En un sector de la clase trabajadora sujeto a condiciones de hambre y pobreza por la crisis capitalista, movilizarse por separado por planes y bolsones de comidas, y por trabajo genuino, terminó desgastando y diluyendo la lucha en pequeñas partes que cortan boleterías, escrachan a las privatizadas, hacen piquetes en la ruta etc. Cínicamente, la prensa del Capital utilizó esta dispersión preparando el camino para la persecución. Ante la negativa del gobierno a universalizar los planes y de las patronales a dar puestos genuinos, en vez de movilizarnos como un solo hombre para ejercer una presión de masas, cada organización profundizó sus luchas particulares, quitándole efectividad a las reivindicaciones.

Desde el primer momento, hemos insistido en que la principal falla del movimiento piquetero es la ausencia de una sola organización común, con libertad de corrientes en su interior. Y por otro lado, la ausencia de una táctica correcta para vincularse con el resto de los trabajadores ocupados. Los “métodos piqueteros” (tan antiguos como el propio movimiento obrero) tienen sus límites. Sirven para organizar la lucha en la calle, pero no permiten organizar la lucha de los trabajadores ocupados dentro del centro de trabajo. Se necesita una política de unidad de acción con los trabajadores ocupados y eso pasa por acompañar sus luchas y ayudar a los sectores combativos y luchadores de dentro de los sindicatos para recuperar los mismos para los intereses obreros, ocupados y desocupados.

La ANT que podía jugar ese papel no termina de encontrar el rumbo, primando los intereses de cada grupo frente a los del conjunto, como se vio con la salida del MIJD de Castells y con los sucesivos aplazamientos de la próxima asamblea de la ANT que pudiera servir para enderezar el rumbo y reorientar las luchas del movimiento piquetero combativo.

Por eso es vital sacar conclusiones. La fortaleza del movimiento está en la unidad de acción de sus organizaciones y en unión con sus hermanos de clase ocupados. Las condiciones para transitar por esa senda están ahí, como se vio en la gran movilización unitaria del 16 de octubre por la liberación de los presos y que contó con la participación de 20.000 compañeros. Ese es el camino y por ahí debemos avanzar.