El Estado no ha existido eternamente

“El estado no ha existido eternamente”, proclama Friederich Engels en su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, afirmación que puede sonar algo confusa para quienes hemos asistido al colegio escuchando historias de los griegos y los romanos, de la conquista de América y de las guerras en Europa. Parece extraño dudar del estatus quo. Vivimos pensando que siempre ha sido así, y, por lo tanto, que todo seguirá siempre más o menos igual.

Engels, en este libro, utilizando el trabajo realizado por Henry Lewis Morgan acerca del desarrollo de las sociedades, explica que existieron tres estadios principales de desarrollo de la humanidad: el salvajismo, donde los humanos bajamos de los árboles, y nos alimentamos únicamente de lo brindado por la naturaleza; la barbarie, estadio en donde aparecen la ganadería y la agricultura, y donde se incrementa la producción mediante el trabajo humano; y, por último, la civilización, donde la producción se acrecienta y surgen la industria y el arte. Solo en este último periodo es que aparece el Estado. Un Estado primitivo, no como el que conocemos hoy en día.

Estas etapas, explica Engels, fueron surgiendo a partir de necesidades y posibilidades dadas por la realidad material. Esto significa que las distintas organizaciones que han formado los humanos a lo largo del tiempo han sido consecuencia de la disponibilidad de ciertos bienes y la habilidad conseguida hasta el momento de poder transformarlos. Engels describe este proceso brillantemente mediante el uso del materialismo dialéctico, teoría clave para entender los procesos históricos.

La educación que la mayoría de nosotros hemos tenido busca causas y consecuencias en ideales morales, en diferencias “políticas”. Nunca se llega a las causas verdaderas, y no se cuenta con un método específico para lograr entender los procesos que van desarrollando la historia. Engels, utilizando el materialismo histórico, logra explicar el por qué y para qué de los distintos hitos históricos. Y, con este método, explica el estado capitalista opresor y su origen. Explica que el Estado cumple una función, que no se trata de un organismo que ha surgido porque sí. Engels establece que “en la mayor parte de los Estados históricos los derechos concedidos a los ciudadanos se gradúan con arreglo a su fortuna, y con ello se declara expresamente que el Estado es un organismo para proteger a la clase que posee contra la desposeída”. En otras palabras, establece que el Estado se construye para proteger el privilegio de unos pocos en detrimento de los derechos de la mayoría.

Esta idea viene a cuestionar al Estado capitalista, que dice amparar y proteger a los que más lo necesitan. Este mismo Estado que sigue eligiendo proteger a los grandes capitalistas, que no duda en permanecer en un tipo de mercado que cada vez más domina por sobre el interés y bienestar comunes. Engels dice: “Hoy, el producto domina aún al productor; hoy, toda la producción social está aún regulada, no conforme a un plan elaborado en común, sino por leyes ciegas que se imponen con la violencia de los elementos, en último término, de las crisis comerciales periódicas”. Las empresas de hoy no fabrican alimentos, vestimenta o medicamentos para el bien de las personas. Hace falta tan solo echar un vistazo a cómo funciona la ley de oferta y demanda que todos parecemos conocer. Las empresas producen con el único fin de obtener una ganancia. Eligirán como sus productos aquellas commodities que logren darles el mayor lucro, y lo harán a costa de los y las trabajadoras que recibirán a cambio un sueldo, un sueldo pequeño en comparación con la ganancia de los grandes poseedores, quienes acumularán más y más ganancia, con el único fin de seguir ganando más. A su vez, el Estado, como recién aprendimos, no existe con el fin de amparar a los trabajadores, sino para proteger a aquellos que tienen más, y que por esto cuentan con el poder suficiente para seguir existiendo y perpetuando esta forma de organización que los beneficia. Parecería ser un sistema lejos del ideal.

Volviendo a las ideas del libro, Engels nos lleva organizadamente por el curso de la historia, por diferentes estadios, previamente resumidos, donde poco a poco explica cómo se fueron dando las bases materiales necesarias para dar la posibilidad de la formación de un Estado. Describe detalladamente el periodo de la barbarie, dando como ejemplo a la gens iroquesa, asentada en el actual estado de Nueva York. En su organización social se puede ver lo que Engels llamó “comunismo primitivo”. Aquí, la propiedad era común. Las personas no eran dueñas de la tierra donde habitaban, ni de la producción. Lo que se producía o cazaba se repartía entre los miembros de la gens. Existía la propiedad personal de ciertos objetos, los cuales serían heredados por la gens (grupo consanguíneo) del difunto, se poseía un territorio común, rodeado de cierta longitud de tierras para la caza, seguido de territorio poseído por otras tribus (grupos de gens). Poseían, las tribus, un dialecto común, y entre todos decidían quién sería el “sáchem”, o líder, a quien podrían deponer. Este sáchem poseía cierto poder en tanto se empezara una guerra con otra tribu, pero eran los miembros de cada tribu quienes decidían los asuntos internos, y, en ocasiones, externos. Engels dice, acerca de esta organización: “Sin soldados, gendarmes ni policía, sin nobleza ni reyes ni virreyes, prefectos o jueces, sin cárceles ni procesos, todo marcha con regularidad”, y continúa diciendo: “No puede haber pobres ni necesitados: la familia comunista y la gens conocen sus obligaciones para con los ancianos, los enfermos y los inválidos de guerra. Todos son iguales y libres, incluidas las mujeres. No hay aún esclavos y, por regla general, no se da sojuzgamiento de tribus extrañas”. Esta organización, que parece ambos un tanto primitiva y un tanto ideal, no contaba aún con el desarrollo de la producción necesario para tener una plusvalía. Cada miembro debía trabajar para obtener lo necesario para garantizar la supervivencia de su gens.

Este modo de producción y, por lo tanto, de organización social, fue cambiando. Con la privatización de la tierra la familia sindiásmica (donde un miembro de una gens tenía permitido casarse con cualquier persona, excluyendo los miembros de su gens consanguínea) dió lugar a la familia monogámica, como la conocemos hoy en día. Las formas de producción fueron mejorando con el tiempo, creando la plusvalía, un excedente de producto que no tardó en volverse mercancía, y luego dinero. Así, una sociedad que comenzó produciendo para su propia necesidad y auto-organizándose, termina por entrar en el periodo de civilización. Engels dice: “La codicia vulgar ha sido la fuerza motriz de la civilización desde sus primeros días hasta hoy; su único objetivo determinante es la riqueza, otra vez la riqueza y siempre la riqueza, pero no la de la sociedad”, “cada beneficio para unos es por necesidad un perjuicio para otros (…) da casi todos los derechos a una clase y casi todos los deberes a la otra”.

El Estado no ha existido siempre, y esta forma de organización social en la que vivimos tiene fecha de expiración. No avalemos un sistema donde se acrecienta la desigualdad, un sistema que nos explota y que nos oprime, disfrazándose de la mejor opción. Un sistema que pone cómodos solo a algunos y que dice ser lo mejor a lo que puede llegar la sociedad. Con el materialismo histórico entendemos que ha sido distinto, y que puede cambiar. El capitalismo ha habilitado la industrialización y el desarrollo de la tecnología, que ha brindado una mayor rapidez a la hora de producir. Lo ha logrado, sin embargo, bajo la explotación de la inmensa mayoría, para perpetuar el poder de unos pocos por sobre casi todo el mundo.

Imaginarse por un segundo un mundo donde la producción tenga en vistas un bien común parece imposible. Todo parece depender del sagrado mercado, que relega sin piedad los derechos y el bienestar de la clase trabajadora. Engels, utilizando una cita de Morgan, concluye diciendo: “La democracia en la administración, la fraternidad en la sociedad, la igualdad de derechos y la instrucción general inaugurarán la próxima etapa superior de la sociedad, para la cual laboran constantemente la experiencia, la razón y la ciencia. Será un renacimiento de la libertad, la igualdad y la fraternidad de las antiguas gens, pero bajo una forma superior”. El sistema capitalista está en crisis, luchemos por uno mejor.


Leer «El origen de la familia, la propiedad privada y el estado«

Material complementario:

El origen de la opresión de la mujer, analizado desde la obra: El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado

De la familia primitiva a la familia monogámica, un análisis marxista

El origen de la familia: En defensa de Engels y Morgan

Engels: A 200 años de su nacimiento