El declive del kirchnerismo

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Editorial El Militante Nº 40 

El kirchnerismo parece haber entrado en un proceso de declive. Su gobierno transmite una debilidad política desconocida desde que llegó al poder en el 2003. Esto no es más que un reflejo de la pérdida de sustentación social del kirchnerismo, que persigue la meta imposible de conciliar los intereses de clase opuestos de empresarios y trabajadores.

Editorial El Militante Nº 40  

El kirchnerismo parece haber entrado en un proceso de declive. Su gobierno transmite una debilidad política desconocida desde que llegó al poder en el 2003.

En el Congreso ya no tiene garantizada la mayoría, como lo demostró el alineamiento de un sector de su bancada con la oposición de derecha en la votación del proyecto de retenciones móviles a los cereales y oleaginosas. De manera que, ahora, el gobierno debe buscar acuerdos a la desesperada, a izquierda y derecha, para aprobar leyes y decretos (caso Aerolíneas, movilidad de las jubilaciones, y otros), para evitar nuevas derrotas humillantes en el Parlamento.

Esto no es más que un reflejo de la pérdida de sustentación social del kirchnerismo, que persigue la meta imposible de conciliar los intereses de clase opuestos de empresarios y trabajadores. Su apoyo entre la pequeña burguesía quedó muy mermado, y ésta busca ahora una alternativa en la oposición de derecha. Las expectativas que el kirchnerismo despertó en la clase obrera comenzaron a disolverse como el azúcar en el café, en la medida que los trabajadores no vieron ningún cambio fundamental en sus condiciones de vida tras 5 años de crecimiento económico, y sufren la reducción de su poder adquisitivo por la suba de precios.

En esta situación, al kirchnerismo no le quedó más alternativa que cambiar de táctica. Bajó su actitud "confrontativa" y elevó su perfil  "diáloguista". Pero esto es engañoso. Se muestra "dialoguista" con los empresarios agroindustriales, a quienes aumentó en $740 millones los subsidios para "compensar" la suba internacional de precios, incrementando así sus ganancias multimillonarias; o con el Club de París al que pagó US$6.700 millones. Pero les niega aumentos a los empleados públicos y exige a los burócratas de la CGT que frenen los reclamos salariales de los trabajadores, a cambio de unas monedas en el salario familiar y otras concesiones menores.

Contradicciones de la oposición de derecha

La oposición a la derecha del oficialismo (Carrió, Macri, UCR, "socialistas" de Binner, peronismo disidente, etc.) agrupó sus filas para dar una batalla común al kirchnerismo en el terreno parlamentario con la esperanza de debilitarlo aún más y profundizar las fisuras en su bancada.

Sin embargo, no es probable que la oposición camine sólidamente a un frente electoral común para aprovechar la nueva coyuntura. Las ambiciones personales de Carrió y de Macri, obstaculizan este objetivo. Ninguno de los dos parece dispuesto a resignar el puesto de "jefe" de la oposición. Además, tanto Carrió como sus aliados, los "socialistas" de Binner, todavía viven de explotar políticamente a sectores "progres" de la pequeña burguesía que no verían con agrado un rejunte con la derecha de Macri o con el desprestigiado peronismo "disidente" que encabeza Duhalde. Y Macri tampoco quiere aparecer en la foto junto a un personaje de carisma tan dudoso como Duhalde, por miedo a que eso le reste posibilidades electorales.

La CTA y Proyecto Sur

En este contexto, a fines de octubre, la CTA tiene previsto lanzar su movimiento político que, muy probablemente, confluirá con Proyecto Sur de "Pino" Solanas. Ambos proyectos han levantado la bandera de la reestatización de las empresas y recursos privatizados, contra el imperialismo y por la justicia social.

Más allá del programa inacabado que pueda exhibir este nuevo movimiento, y advirtiendo contra los eventuales intentos de algunos personajes, que demostraron estar al margen de los intereses populares, de vincularse al mismo (Eduardo Buzzi, Binner, etc.), los socialistas revolucionarios agrupados en torno al periódico El Militante le damos la bienvenida a esta iniciativa porque puede ofrecer una herramienta de organización a cientos de miles de trabajadores y jóvenes que no aceptan más esta sociedad capitalista y permanecen sin organizar por la falta de una alternativa política a dónde mirar.

Ante la disyuntiva de optar por una oposición de derecha cada vez más insolente y comprometida con los intereses patronales, o por un gobierno que no desafía esos intereses  y se muestra impotente para resolver los problemas de los trabajadores, la confluencia del Movimiento político de la CTA con Proyecto Sur podría  encontrar un gran eco en las capas más activas de los trabajadores y la juventud, lo que ayudaría a desarrollar una organización política de masas propia de los trabajadores.

La tarea de los socialistas revolucionarios es trabajar lealmente en el seno de este movimiento para fortalecerlo, al mismo tiempo que explicamos pacientemente la necesidad de que se dote de un programa socialista claro para terminar con la explotación capitalista. El activismo obrero y juvenil tiene ante sí una gran oportunidad que no debe desaprovechar.