Del ensayo al hecho: Colombia tiene un Estado corrupto y asesino

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n la madrugada del 9 de septiembre, el abogado y taxista Jorge Humberto Ordoñez, padre de dos hijos, fue asesinado por agentes de la Policía Nacional después de 16 descargas de táser y una golpiza mientras rogaba por su vida. Este crimen, que fue filmado por testigos, fue la gota que rebosó el vaso y empujó a las calles a la ciudadanía en denuncia del abuso policial y en demanda de acciones efectivas para problemas como las masacres, el desempleo y el mal manejo de la pandemia.

La respuesta del gobierno a estas demandas fue la represión, en su versión más cruda, con disparos por parte de la policía a los manifestantes desarmados, ejecuciones de civiles, arrestos ilegales, violaciones y torturas con todo tipo de vejámenes. La implementación del terror como herramienta de control es el sello de nuestra clase dominante y la están aplicando sin piedad.

La insurrección:

Estas protestas nacen del clamor popular y responden a un agotamiento social ante la ineptitud soberbia demostrada por el gobierno que ha arrinconado a las clases oprimidas hasta la desesperación. Por eso, el mismo día en que se conoció por redes sociales la noticia del asesinato de Jorge Ordoñez, se comenzó a citar a manifestaciones pacificas y plantones en frente del CAI (Centro de Atención Inmediata) o Estación de Policía más cercano. El llamado lo hacían organizaciones barriales y asambleas comunales creadas durante el Paro Nacional del 21-N y se viralizó rápidamente por redes, especialmente en Twitter.

La mayor aglomeración se dio frente al CAI del barrio Villa Luz, donde Jorge Ordoñez fue torturado y ejecutado, siendo golpeado con la más cruel sevicia por los patrulleros Harby Damián Rodríguez Díaz y Juan Camilo Lloreda Cubillos a quienes no les bastó con arrestarlo y derribarlo sino que tuvieron que matarlo a golpes hasta dejarle nueve fracturas en el cráneo y múltiples lesiones internas. Pronto fue evidente que el público general no se iba a quedar en quietud y el gobierno, en una maniobra torpe para calmar los ánimos, envió un automóvil del CTI (Cuerpo Técnico de Investigación) con la intención de empezar investigaciones forenses.

La respuesta de repudio a ese teatrillo fue inmediata y certera, las instalaciones policiales así como los vehículos de investigación quedaron reducidos a cenizas. En una acción reminiscente al Bogotazo, las masas enardecidas se volcaron a cobrarse toda la violencia policial y la represión del Estado con fuego y rabia, atacando los símbolos arquitectónicos de poder y control en toda la ciudad. Fue casi un destierro de la fuerza pública. La batalla pasó a los barrios, sobre todo a los de mayor concentración de clase trabajadora. Desde las casas se grababan los abusos policiales y se escuchaban las balas asesinas disparadas por la brutalidad de las fuerzas del Estado que se impuso con toda su ferocidad.

El saldo de esa noche fue de al menos 12 personas muertas y más de 80 heridas con arma de fuego, ninguna de ellas policía. Entre las víctimas había un menor de edad de 17 años, Alexander Fonseca. Además la mayoría de ellos no participaba directamente de las protestas. Particularmente horrorosa fue la muerte de Cristian Hernández Yara, joven de 27 años, padre de dos niñas, que trabajaba esa noche de domiciliario y a quien, después de su última entrega, le retuvieron arbitrariamente, le pusieron de rodillas y le dispararon en la frente con tiro de gracia. Dos horas duró tirado en vía pública sin asistencia médica, pues sus asesinos no permitían el paso de la ambulancia.

En “daños” materiales quedaron más de 40 CAI quemados y decenas de buses destruidos. Fue esta la noche de inicio de la campaña de terror por parte de esta institución criminal. Enfocada, especialmente, en la capital del país. Toda clase de actos han sido aplicados, como: ataques a casas con piedras y disparos; accesos ilegales a las viviendas de personas que ayudaron a los marchantes para protegerlos; helicópteros volando bajo en horas de la noche y madrugada; vehículos que pasan a toda velocidad con la sirena encendida, deteniéndose para hacer disparos al aire; elección al azar de personas para golpearlas y detenerlas; uso de elementos de civil y paramilitares con armas de uso privado para detener las movilizaciones y un largo y vergonzoso etcétera.

Este sistema fue aplicado igualmente para el segundo y tercer día. Para el momento en que se escribe este artículo van ya trece personas muertas, 403 heridas, tres mujeres violadas en el CAI San Diego (y múltiples abusadas); y un número indeterminado de desaparecidos y torturados. La mayoría en Bogotá que es donde se ha concentrado con más fuerza la resistencia social.

El movimento:

Es innegable y aleccionadora la inspiración tomada de los eventos acontecidos en EEUU, después de los casos de George Floyd y Jacob Blake, por parte de las masas insurreccionales. El proletariado está aprendiendo de sí mismo, tomando ejemplo de las bases más avanzadas del continente, y comienza a confiar en sus fuerzas. Cada uno de estos agitados días ha golpeado como un martillo en las conciencias de la clase trabajadora generando germinales actos revolucionarios que inspiran a más y mejores formas de asumir la lucha. La evolución del carácter del movimiento en Bogota se puede ver en el hecho de que las masas no atacaron edificios cualquiera. Las masas quemaron estaciones de policía, específicamente, en protesta a la brutalidad policiaca y las convirtieron en bibliotecas barriales.

Lo que en los dos primeros días se dio sólo en las principales ciudades, con pequeños plantones, para el tercero ya estaba sucediendo en casi todo el país, hasta en los pueblos más pequeños y recónditos, con exigencias de cambio cada vez más radicales. Ciudades como Barranquilla y Neiva vieron a las masas tomando las calles en contra de la represión del Estado Colombiano.

Esto va más allá de las prescripciones de los supuestos líderes de los movimientos de izquierda cuya única prescripción para los problemas de la brutalidad policial, represión y austeridad ha sido inculcar la necesidad de votar en las elecciones. Es claro que las masas colombianas entienden de manera intuitiva que la solución está en su fuerza y la fuerza de la movilización masiva en la calle. Tomando ejemplo claro de las movilizaciones en los Estados Unidos en contra de la brutalidad policial al igual que el movimiento en contra de la austeridad en Chile y Puerto Rico, las masas entienden de manera instintiva que todos estos problemas empiezan con la clase dominante.

Debido a la gran movilización, el gobierno no tuvo ninguna otra opción que tratar de darle giro a la historia, condenando a los patrulleros Rodríguez y Lloreda por el asesinato que encendió el fuego de las protestas y declarando que este incidente fue una anomalia causada por el hecho de que los patrulleros no han sido entrenados en el uso correcto del taser – una excusa cobarde que evade el simple hecho de que los patrulleros actuaron de la manera en que se les habia entrenado.

Y la «izquierda”:

La Alcaldesa de Bogotá, Claudia López, supuestamente progresista, no ofrece nada distinto a la confianza en las herramientas burguesas que esta misma usa para excusar su comportamiento tirano. Se hace la víctima y aunque parece ser cierto que la policía no responde a sus ordenes, su pasividad y falta de maniobra la convierten en cómplice. La derecha le culpa, arguyendo una falta de acción y apoyo a las instituciones y esto resulta impopular hoy, pero puede encontrar apoyos en las bases más atrasadas al ver de verdad una actitud pasiva y arrodillada de la gobernante.

A uno le gustaría decir que mejor Claudia López que Peñalosa, pero en la práctica son casi lo mismo. Sus soluciones simbólicas sólo demuestran la poca maniobra que ella tiene y cómo el gobierno la ignora, además muestran que su posición de “centro” la aleja de las masas. Ella dice que la policía está respondiendo a algún mandato oscuro pero lo cierto es que responden a quien les manda, al sistema mismo.

Es más, Claudia López argumenta que la solución es tener más policías y de manera escandalosa ofrece hasta 3 millones de pesos de recompensa para judicializar a los “vándalos” que “atacaron a la policía y bienes públicos”. Se coloca así abiertamente del lado de la defensa de los verdugos y en contra de la comprensible rabia de las víctimas.

Por su parte Gustavo Petro, con cierto oportunismo, trató de tomar algún liderazgo de las protestas convocando a marchas masivas, no obstante, las razones adolecían de objetivos estratégicos o representaban alguna reivindicación para el movimiento. En una de ellas, por ejemplo, convocó a apoyar a la alcaldesa. Aún así para el Estado es este su principal enemigo y lo usan como chivo expiatorio culpándolo por los “desmanes” ocurridos.

Por otro lado está la UP (Unión Patriótica), órgano del PCC, que en la actualidad trabaja de la mano con la Colombia Humana de Gustavo Petro, cuya posición no es la de presentarse como una opción revolucionaria sino la de nadar a favor de la corriente, poniéndose de acuerdo con lo propuesto por el resto de la “izquierda”: una simple reforma estructural a la policía. Esto no hace más que darle la razón a los espurios argumentos gubernamentales que hablan de algunas “manzanas podridas” y no explica en el fondo el por qué de la violencia institucional, su razón de ser y la raíz del problema a la que toca atacar: el capitalismo.

La orfandad del movimiento, en términos de liderazgo, es obvia y eso ha alimentado un poco el miedo a la acción. Son las bases las que han impulsado la intención de cambio, ya que ningún líder sindical o de partido ha podido impulsar o detener lo sucedido.

¿Cuál es la razón de ser de la policía?

Durante la mayoría de la historia de la humanidad, en el período que llamamos el comunismo primitivo, los seres humanos vivimos en sociedad sin la necesidad de fuerzas represivas especiales, cárceles o instituciones coercitivas. La gente producía sólo lo suficiente para mantenerse vivos. El dominio humano de la naturaleza aumentó la productividad del trabajo, llevando a la creación de la plusvalía y la acumulacion privada de recursos ya que se producia mas alla de lo meramente necesario. Esto desarrolló una división del trabajo más compleja, dando paso a una etapa superior en la que aparece la división de clases: donde una minoría explotadora vive del trabajo de la mayoría oprimida. A partir de ahí aparece la necesidad de proteger los privilegios, riqueza y poder de esa minoría y se logra a través de la evolución de la institución del Estado.

Engels explicó que, en esencia, el Estado son los “cuerpos de hombres armados” en defensa de los intereses de propiedad de la clase dominante. Bajo el capitalismo, esto incluye a los tribunales, las cárceles, los militares y la policía como parte de una vasta burocracia que existe para mantener las leyes burguesas y el orden burgués. Significa que el Estado defiende y perpetúa a la clase capitalista que posee los medios de producción, es decir, las palancas productivas clave de la economía. En nuestro caso una economía atrasada y dominada que cada vez va más a pique por la ineptitud de sus gobernantes.

Como instituciones, la policía y el ejército, son instrumentos del Estado que este usa para “mediar” en la irremediable lucha de clases. A pesar de toda la perorata expresada por nuestros gobernantes sobre la necesidad de estas instituciones para mantener la ley y el orden en el país, lo cierto es que su objetivo principal no es ese. Como decíamos más arriba el detonante principal de las actuales protestas nace de lo acontecido con Jorge Ordoñez. Sin embargo, este no ha sido el único acto de exceso de fuerza demostrado por los agentes de esta institución, que en su historial tiene un número infinito de homicidios y ataques violentos a la población civil y cuya última víctima recordada fue el joven manifestante Dilan Cruz, en los eventos del pasado Paro Nacional.

Desde los eventos del 9 de abril de 1948, cuando la policía de aquel entonces se puso del lado de los manifestantes durante el Bogotazo, toda la planta de la policía sería reemplazada por los elementos más atrasados de la sociedad colombiana para prevenir la solidaridad entre policías y trabajadores. Traídos principalmente de las zonas campesinas manejadas por la cultura hacendaria conservadora y entrenados con los más crueles procedimientos. Este evento es el origen de una relación tortuosa entre esta institución y la población de la capital.

En tiempos de paz, incluso, la policía juega un papel crítico en la represión de minorías. Los estudiantes, los campesinos y los indígenas han sido los sectores sociales que más han sido asesinados por el ESMAD (el 27% de ellos son indígenas, el 27% son campesinos y el 27% son estudiantes). El hecho de que los movimientos más activos en los últimos veinte años son movimientos indígenas, estudiantiles y campesinos no es una coincidencia.

En el último informe de esta misma organización se referencia que en los últimos nueve meses del año 2020 llevamos el registro de al menos 24 personas asesinadas por la Policía Nacional, 13 de los cuales sucedieron en un periodo de 24 horas. Lo que lo convierte ya en el año con más asesinatos cometidos por dicha institución. Además, hasta el 2019 el 47 % de esos asesinatos fueron cometidos con arma de fuego corta.

Los nombres pueden encontrarse en el informe hecho por la ONG Temblores llamado “Silencio oficial” y en su último comunicado a la opinión pública, publicado en sus redes. Valga recordar los de Dilan Cruz, Nicolás Neira, Carlos Giovany Blanco, Edison Franco Jaimes y muchos más estudiantes, campesinos, indígenas y trabajadores asesinados por esta cruenta institución. (los últimos dos párrafos son redacción mía). Según la encuesta Gallup para junio de este año la desfavorabilidad de la Policía Nacional era de un 57%.

El Estado y el supuesto liderazgo de la izquierda ha condenado “la violencia de las protestas”. Pero ante estos datos, la violencia de las masas es más que entendible. Sin embargo, como Marxistas, nosotros no deseamos violencia. Si fuera enteramente por nosotros, las clases dominantes simplemente se retirarían en paz y dejarían a cargo de la sociedad a la clase obrera que ya de por sí mantienen a la sociedad en movimiento. Pero sin embargo, como alguna vez dijo Ted Grant los marxistas “sabemos que ninguna clase dominante en toda la historia ha abandonado jamás su poder y sus privilegios sin una lucha y, normalmente, una lucha sin cuartel.”

¿Cómo continuar?

Colombia protests 2020 2 Image Emergencia Bogotá

Las manifestaciones a través de todo el país han demostrado que la energía de las masas está ahí. Muchos en la izquierda miraban a Colombia como un país donde la represión era tan brutal y contundente que las masas simplemente nunca se iban a alzar. Sin embargo, a través de los últimos años hemos visto más movilizaciones del pueblo trabajador en Colombia para pelear contra la injusticia del capitalismo y sus múltiples síntomas. Es claro que la clase trabajadora, la juventud, los campesinos de Colombia quieren una solución a los problemas causados por el gobierno de Duque y nuestra relación con el imperio Estadounidense.

Toda la experiencia de las movilizaciones de masas a nivel internacional de Chile a EEUU, del Líbano a Ecuador, nos muestran la importancia de la entrada de la clase trabajadora en el movimiento de manera organizada. Bajo la sociedad capitalista, la clase obrera tiene el poder de paralizar la producción, poniendo sobre la mesa la cuestión de quién manda. Un ejemplo lo vimos en Estados Unidos, donde los trabajadores portuarios de los 29 puertos en toda la costa oeste salieron a la huelga el Junio 19 en solidaridad con el movimiento de Black Lives Matter (‘Las Vidas Negras Importan’)

Es también importante organizar comités de defensa para poder anticipar las maniobras del Estado y defender el bien de las masas. Estos comités tienen que ser democráticos y subordinados a las masas. Este tipo de organización puede ser coordinada por los sindicatos y federaciones obreras trabajadores a través del país, como la CUT (Central Unitaria de Trabajadores). Con su gran número de miembros y alto nivel de organización, estas organizaciones podrían jugar un rol fundamental en la movilización de defensa de masas al igual que la coordinación de huelgas en solidaridad con el movimiento. Y esto sería un avance significativo con respecto a las abstractas declaraciones de solidaridad que el liderazgo de estas organizaciones ofrecen. Los recursos y los números los hay para todo esto. La CUT reúne a 500 mil trabajadores a través de 700 sindicatos. La CUT planea marchar el 21 de Septiembre en contra del préstamo a Avianca de Duque, la contra-reforma laboral y contra la violencia policial que hemos visto. Eso es un paso adelante, pero las marchas y protestas deben de ir acompañadas de un llamado al paro nacional, que es lo único que puede poner al gobierno capitalista y asesino de Duque contra las cuerdas.

Las masas pueden salir a las calles con sus cacerolas o incluso pueden destruir estaciones de policía como la han hecho en la última semana. Pero sin un programa claro y una organización donde puedan coordinar esta lucha, la energía de las masas se disipará y la mayoría de la gente se irá a sus casas. Es necesario construir una organización de la clase obrera que pueda darle a la lucha en las calles el carácter político que se requiere para poder finalmente pararnos de nuestras rodillas y ver a nuestros opresores a los ojos. Debemos vincular la lucha contra la violencia policial con la lucha general contra el capitalismo.

¡Basta de masacres contra el pueblo – basta de impunidad! ¡Juicio y castigo a los culpables!

¡Levantar comités populares en todos los barrios, escuelas, universidades y puestos de trabajo! ¡Organizar un paro nacional contra el régimen! ¡Abajo la represión – abajo el capitalismo!

colombiamarxista@gmail.com