De la reacción de julio y agosto a la lucha por el poder

0
201

Las Jornadas de Julio fueron el intento del sector más avanzado de las masas de obreros y soldados que residía en Petrogrado, de tomar abiertamente el poder en sus manos. En realidad lo que quería la vanguardia del movimiento de las masas era que fueran los soviets los que lo tomaran. No obstante, los dirigentes conciliadores de los soviets, los mencheviques y los socialrevolucionarios, que desde la revolución de febrero eran apoyados por las masas armadas de obreros y soldados, tenían el poder realreal pero no lo querían ni en pintura. Las Jornadas de Julio fueron el intento del sector más avanzado de las masas de obreros y soldados que residía en Petrogrado, de tomar abiertamente el poder en sus manos. En realidad lo que quería la vanguardia del movimiento de las masas era que fueran los soviets los que lo tomaran. No obstante, los dirigentes conciliadores de los soviets, los mencheviques y los socialrevolucionarios, que desde la revolución de febrero eran apoyados por las masas armadas de obreros y soldados, tenían el poder real pero no lo querían ni en pintura.

Los problemas fundamentales que incubaron la revolución de febrero (paz, tierra, pan, la cuestión de las nacionalidades oprimidas…) sólo podían solucionarse si la clase obrera con el apoyo del campesinado tomaba el poder, y a través de la dictadura del proletariado, iniciaba la construcción del socialismo.

En las condiciones históricas en las que se movía Rusia en aquel momento, esto se traducía en la toma del poder por parte de los soviets. De esta manera la negativa de los dirigentes conciliadores de los soviets a tomar el poder y la tentativa de regalárselo a la burguesía, allanaba el camino a explosiones de indignación y descontento de las masas. Además existía y era un peligro implícito en la situación que estas explosiones pudieran adoptar la forma de insurrecciones armadas.

Las Jornadas de Julio fueron una semiinsurrección que pretendía presionar a los conciliadores con el objetivo de que tomaran el poder en sus manos. Miliukov, jefe del Partido Kadete, cuenta que cuando los manifestantes de Julio llegaron al Palacio de la Táurida, sede del Soviet, un obrero de elevada estatura gritó furioso acercando el puño a la cara de Chernov, ministro de agricultura del Gobierno Provisional y miembro del Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado: "¡Toma el poder, hijo de perra, pues te lo dan!!". Esta frase un tanto grosera, expresa no obstante, de una forma clara lo que querían las masas con la demostración de Julio.

Polarización de la sociedad rusa

Los líderes de los Partidos Menchevique y Socialrrevolucionario se convertían, aún a pesar que de palabra y por escrito se comprometían a defender la democracia y la victoria de la revolución, en agencias de la contrarrevolución.

Todavía hasta este momento, la historia no ha conocido ningún proceso revolucionario en el que la clase dominante en un determinado momento histórico, se quedara con los brazos cruzados ante la posibilidad de que la clase oprimida intentara arrancarle el liderazgo de la sociedad de sus manos. Cualquier clase dominante siempre defenderá con uñas y dientes su posición de mando en la sociedad, estando siempre dispuesta a defenderla con la fuerza de las armas.

El sentido de la dualidad de poderes surgida de la revolución de febrero, está en que por una parte la clase obrera y el campesinado no son conscientes de que tienen el poder en sus manos a través de los soviets, aunque sus dirigentes se nieguen a tomarlo, y por otra parte la burguesía no es lo suficientemente fuerte para liquidarlo e imponer de nuevo su dominio absoluto.

Una situación de este tipo es esencialmente temporal. O vence la revolución o la contrarrevolución. En las condiciones concretas en las que se podía desarrollar el capitalismo en Rusia, estaba descartado un régimen de democracia burguesa. Una Rusia capitalista, por la ligazón de la burguesía al imperialismo, hubiera sido una semicolonia. La debilidad de la burguesía rusa y los intereses de los terratenientes aconsejaban una dictadura militar que aplicase métodos de terror sobre las masas, a fin de mantener el control de la sociedad por parte de la burguesía.

Las fuerzas de la contrarrevolución que se agrupan en torno al Partido Kadete luchan por una base social mucho más amplia entre las masas, sobre todo del campesinado y de la pequeña burguesía urbana y, desde el primer momento comienzan a moverse en la dirección de la dictadura militar. La victoria de la contrarrevolución sólo podía darse sobre las cenizas de los soviets y de los partidos menchevique, socialrrevolucionario y, por supuesto, bolchevique. Hubieran aplicado los métodos del fascismo, el exterminio físico de los activistas de la clase obrera y del campesinado, para así asegurarse años de explotación en las fábricas y de paz y opresión en el campo.

En el otro polo, los obreros y los soldados se iban agrupando cada vez más en torno al partido bolchevique. Una muestra de la enorme polarización que se daba en la sociedad era el proceso de diferenciación surgido en los partidos menchevique y socialrrevolucionario. Mientras un sector de estos partidos evoluciona hacia la izquierda viendo la necesidad de luchar decididamente contra la contrarrevolución y, por lo tanto, se orienta hacia los bolcheviques, otro sector que agrupa sobre todo a los dirigentes conciliadores de los soviets, tiende hacia la derecha abrazando sin tapujos los postulados de la burguesía.

La contrarrevolución levanta cabeza

Las jornadas de Julio se saldaron con una derrota para las masas. Pero ésta no fue decisiva para la victoria definitiva de la contrarrevolución. El mérito de que esto no fuera así fue de los bolcheviques.

Aunque las jornadas de julio sólo se dieron en Petrogrado, el sentimiento de derrota entre las masas se extendió a toda Rusia. Los bolcheviques tuvieron que pagar un alto precio. Pasaron a la clandestinidad, sus imprentas fueron quemadas, sus periódicos clausurados, siendo puestos fuera de la circulación por varias semanas. Los militantes bolcheviques tuvieron que esconderse. Un joven militante bolchevique fue asesinado en la calle cuando repartía folletos de apoyo a su partido.

Lenin tuvo que huir a Finlandia. Dirigentes bolcheviques como Trotsky y Zinoviev fueron encarcelados. Idéntico destino sufrieron los dirigentes revolucionarios de los marinos de Krondstadt. El Congreso del Partido Bolchevique que se celebró a finales de Julio se hizo en la más completa clandestinidad.

En suma, el resultado de la derrota de julio llevó a un cambio brusco en la correlación de fuerzas, esta vez favorable a la reacción y desfavorable al pueblo, aunque en ese momento no se podía determinar con exactitud en qué grado. Julio y agosto de 1917 fueron meses de reacción dentro de un período revolucionario. Aunque esto pueda ser paradójico, no tiene nada de contradictorio. Cualquier revolución, se dé en un país o en otro, tiene sus fases en las que es la revolución la que toma la iniciativa y otras en las que es la reacción. La Revolución española de los 30 también tuvo su fase de reacción, siendo todavía más larga y duradera que la rusa: el llamado "bienio negro", que duró desde Noviembre de 1933 a febrero de 1936.

Los miembros de la primera coalición de Gobierno (los Kadetes habían sido expulsados por la presión de las masas) perseguían en las jornadas de julio fines distintos. Los conciliadores, como después se verá por la actitud conspirativa de Kerensky al intentar un pacto con el general Kornilov, estaban de acuerdo con el aplastamiento definitivo de los bolcheviques, de no haber sido evidente que después de este hecho, los cosacos, los Caballeros de San Jorge y otras organizaciones contrarevolucionarias hubieran barrido también a los soviets al frente de los cuales se encontraban, precisamente, los conciliadores.

A partir del 9 de julio la asamblea del Soviet decide que el Gobierno Provisional compuesto enteramente por "socialistas" , es el Gobierno de salvación de la Revolución y le confiere poderes ilimitados. Como no podía ser de otra manera, Rusia caminaba hacia una dictadura. Más bien estábamos ante el Gobierno de salvación de la contrarrevolución. Los ministros "socialistas" tomaron el poder en sus manos para devolvérselo a la burguesía.

Entre las medidas que tomó este "Gobierno de salvación de la Revolución" destaca la restauración de la pena de muerte en el frente, abolida desde febrero. Además Tsereteli, como Ministro de Gobierno, expidió todo tipo de circulares en las que se ordenaba "… poner término con todos los medios posibles las acciones espontáneas en la esfera de las relaciones agrarias"

El nuevo Gobierno de coalición tenía, a diferencia del primero, un mayor número de ministros "socialistas", presidido también por un "socialista": Kerensky. "A pesar de que los socialistas tenían un pequeño predominio nominal -reconoce Miliukov- el predominio efectivo del gobierno pertenecía incontestablemente a los partidarios convencidos de la democracia burguesa."

Con todo, un sector importante de los Kadetes impaciente se pronuncia en el Congreso de su partido por el derrocamiento de Kerensky y así acabar inmediatamente con los Soviets, pero Miliukov acalló estas voces proponiendo que, de momento, no se fuera más allá de la presión. Claramente, Kerensky era tratado como un punto de apoyo de la contrarrevolución. Una vez barridos los soviets no sería difícil quitarle de en medio.

La reacción atacaba, el Gobierno retrocedía. El 7 de agosto fueron sacados de la cárcel los "cien negros" más conocidos que habían participado en progromos judíos. El mismo día destacamentos de soldados enviaban saludos a dirigentes bolcheviques que, como Trotsky y Lunacharski estaban encarcelados.

El Gobierno provisional, asimismo, bajo presión de la reacción, acepta el programa contrarrevolucionario de Kornilov que consistía en la militarización de fábricas y líneas férreas, la subordinación de la guarnición de la capital al cuartel general, y ¡¡¡la aplicación de la pena de muerte en el interior!!! Claramente la reacción daba pasos adelante. No obstante, el Gobierno guardaba silencio acerca de las cuestiones fundamentales y eso anunciaba, inevitablemente, choques con las masas.

El proceso molecular de toma de conciencia de las masas

Qué duda cabe que una de las razones que motivaron la situación de relativa fortaleza de la reacción durante los meses de julio-agosto de 1917 fue la campaña de calumnias orquestada desde los cuarteles generales de los Kadetes y los conciliadores contra los bolcheviques. Ello unido a los efectos de la derrota, crearon un estadio temporal de cierta indiferencia hacia los bolcheviques por parte de las masas de obreros y soldados que los seguían mayoritariamente en Petrogrado antes de los acontecimientos de Julio, y de cierta hostilidad por parte de los sectores de la pequeña burguesía urbana, campesinos y de regimientos de soldados. Por ejemplo, no sólo los dueños de las imprentas se negaban a sacar periódicos bolcheviques sino también los obreros. Al fin y al cabo muchos creían que los bolcheviques y Lenin eran espías alemanes. La campaña de calumnias dio, por tanto, algunos resultados.

Si esto fue así, ¿por qué los campesinos y obreros derrotados en julio, tres meses más tarde tomaron el poder? ¿Qué pasó por sus cabezas? Las razones que motivan los acontecimientos en la revolución son los cambios operados en la conciencia de las masas. Las relaciones materiales de la sociedad sólo trazan los cauces que siguen estos procesos.

La derrota de julio fue un punto de inflexión en el proceso revolucionario, una línea divisoria entre la revolución de febrero y la de octubre. Durante los cuatro primeros meses, las masas giraban a la izquierda y los bolcheviques se fortalecían. Este proceso se vio materialmente cortado en Julio. Los acontecimientos de julio demostraron a las masas que, por una parte no era tan fácil tomar el poder, y por otra que ya no era posible seguir por la senda de febrero. Pero antes de abrazar la nueva senda de octubre, la que marcaban los bolcheviques, la sicología de las masas entra en una etapa de perplejidad. Esta crisis de la conciencia colectiva, unido a la campaña de calumnias, acrecentó la confusión del movimiento y lo hizo batirse en una retirada que, en algunos casos adoptó caracteres de pánico.

La campaña de calumnias que produjo efectos notables en el corto plazo a la hora de desacreditar y minar la autoridad de los bolcheviques sobre las masas, resultó un arma de doble filo. Los obreros y los soldados se preguntaban por qué eran precisamente los reaccionarios, sus enemigos, los que atacaban furiosamente a los bolcheviques acusándolos de agentes alemanes. En todas las fábricas había bolcheviques que decían a sus compañeros si les parecía que ellos eran agentes alemanes, o si les parecía que eran trabajadores como ellos.

Las fábricas más avanzadas en Petrogrado iban reponiéndose de la derrota. Entre el 20 y el 30 de julio un número importante de fábricas empieza a aprobar resoluciones contra la política contrarrevolucionaria del Gobierno Provisional. Los bolcheviques reanudan su labor pública de agitación denunciando la labor del Gobierno y de las asambleas contrarrevolucionarias que, en número cuantioso, se convocaban en aquel momento para organizar un ataque contra la revolución. Cada vez más a las claras era patente para los obreros el peligro de la contrarrevolución.

Una ola de indignación recorrió fábricas y talleres. La convocatoria de la Conferencia Nacional en Moscú de representantes de las clases poseedoras y de los conciliadores, tenía un carácter contrarrevolucionario. Esta reunión fue la señal de partida para la convocatoria de una huelga general contra su celebración. La iniciativa surgió desde abajo y todos los círculos bolcheviques de Moscú la aprobaron. También los sindicatos. Sólo el Soviet de Moscú se opuso, pero los obreros mencheviques y socialrevolucionarios votaron a favor. Una de las demandas de los obreros es que se renovaran los soviets. 400.000 obreros acudieron a la huelga aquel día de agosto y paralizaron Moscú. A propuesta de los bolcheviques no se hizo ninguna manifestación a fin de evitar provocaciones de la reacción, que se frotaba las manos ante la posibilidad de unas "jornadas de agosto". Lo que sí era ya patente era que el resto del país iba siguiendo los pasos de Petrogrado.

"Si los soviets son impotentes -decía el periódico de los bolcheviques de Moscú- el proletariado debe estrechar sus filas en torno a sus organizaciones vitales". En vista del papel jugado por los soviets dirigidos por los conciliadores durante las jornadas de julio, Lenin llego a plantear la posibilidad de abandonar la consigna de "todo el poder a los soviets".

La consigna "todo el poder a los soviets" significaba en aquel momento "todo el poder a los soviets conciliadores". Naturalmente hubo polémica en torno a este asunto en el Congreso bolchevique de finales de julio. Pero esta nueva orientación aprobada en el Congreso bolchevique se materializó en la práctica en la convocatoria de la huelga general en Moscú que iba en contra de la decisión del soviet. Las masas no hicieron caso al soviet. En la medida en que tras la acción de Kornilov la situación cambia bruscamente, los bolcheviques retornaron a la consigna de "todo el poder a los soviets".

"Desde este punto de vista, resulta muy instructivo considerar la lucha que emprendió Lenin contra el fetichismo organizativo respecto a los soviets de las jornadas de julio. En la medida que durante el mes de julio los soviets socialistas-revolucionarios y mencheviques se convirtieron en organizaciones que abiertamente empujaban a los soldados hacia la ofensiva y reprimían a los bolcheviques, el movimiento revolucionario de las masas obreras podía y debía buscar vías nuevas. Lenin señaló a los consejos de fábricas como organizaciones de autodefensa y ofreció a los bolcheviques la posibilidad de infundirles una nueva vitalidad revolucionaria y ligarlos estrechamente a las masas a través del ala izquierda de los bolcheviques."
(Lecciones de Octubre, de Trotsky)

La sublevación de Kornilov

Desde hacía tiempo la burguesía había depositado su confianza en que un golpe militar eliminaría, de una vez por todas, la pesadilla soviética. Kerensky, como fiel servidor de la contrarrevolución aceptaba esta opción, siempre y cuando él fuera el centro de la dictadura. Los burgueses detestaban a Kerensky. Éste intentó llegar a un acuerdo con Kornilov con el objetivo de lograr este fin.

El complot aparecía claro. Una opción era dejar caer en manos de los alemanes, Riga, una de las plazas más importantes del frente ruso, y de ahí facilitar al enemigo el paso hacia Petrogrado. La burguesía se había hecho derrotista, preferían antes a los soldados alemanes del Káiser que a los bolcheviques. No obstante, los soldados, si se trataba de defender la revolución, lucharían contra el ejército alemán de una forma heroica.

Pero el plan real consistía en que Kerensky aprobaría una disposición gubernamental de una naturaleza claramente contrarrevolucionaria para las masas, a fin de provocar una insurrección que sería aplastada por las tropas del "salvador Kornilov". Para ello los servicios de contraespionaje simularían ser militantes bolcheviques que agitarían a las masas para provocar la insurrección. El Comité Central Bolchevique planteó que no se hiciese caso a llamamientos que no formulara el Partido. Las masas ya estaban claramente con los bolcheviques y no hicieron ningún caso a los provocadores.

Los planes de Kornilov iban más allá de los deseos de Kerensky. Entre las cabezas que iban a rodar estaban las del propio Kerensky y las de los líderes conciliadores. No había posibilidad de acuerdo entre Kerensky y Kornilov, en la medida que no había espacio para dos dictadores bonapartistas. La reacción había decidido jugarse el todo por el todo. Los soviets se vieron obligados a autodefenderse aunque sólo fuera por la ley de la supervivencia. Kornilov, el Generalísimo de los ejércitos rusos, había dado la orden de atacar Petrogrado el 27 de agosto. Aparentemente contaba con una base militar sólida compuesta de cosacos y otros regimientos afines que pronto se descompuso.

El plan de Kornilov fracasó estrepitosamente. Las organizaciones soviéticas revivieron por la presión de las masas. Los órganos superiores soviéticos se vieron sustituidos por la iniciativa de los de abajo o de la barricada. Los bolcheviques habían previsto desde el principio la inevitabilidad de un alzamiento contrarrevolucionario y se habían preparado para la lucha. Presionaron al Comité de defensa del soviet de Petrogrado a fin de que se armara a los obreros. En los barrios obreros se formaban colas de gente dispuestas a formar la Guardia Roja.

Los sindicatos asimismo no jugaron ningún papel neutral. El de correos y telégrafos se ocupaba de interceptar los mensajes destinados a las tropas Kornilovianas y los mandaban al Comité de Defensa. Los ferroviarios se dedicaban a obstaculizar el paso de los convoyes mandándolos de un sitio a otro, sin destino prefijado. Mientras tanto delegados de los regimientos revolucionarios fueron a hablar con los soldados de las compañías Kornilovianas. Al final, hasta los cosacos participaban en los mítines. Así, el 30 de agosto se comunica a Kerensky que las tropas de Kornilov están en proceso de descomposición.

Mientras duraba la lucha, las masas dirigidas por los bolcheviques no tenían ninguna confianza en Kerensky. Temporalmente ambos tenían el mismo objetivo: la lucha contra Kornilov, pero nada más. Sin embargo, quedó claro el papel de Kerensky como carcelero. No liberó a los bolcheviques encarcelados a fin de entregarlos a la contrarrevolución. Si ésta hubiese ganado, los bolcheviques hubieran sido fusilados. El fracaso de Kornilov supuso una derrota para la reacción, y el balance de fuerzas se inclinó del lado de la revolución.

El preparlamento y la lucha por el II congreso de los soviets

El gobierno provisional, fiel a su tradición de no aguantar un empuje serio, se rompió. Los Kadetes salieron de él 26 de agosto, un día antes de la intentona de Kornilov. También los conciliadores salieron de él, pues había quedado clara la complicidad de Kerensky en el complot. No obstante, éstos no podían prescindir de Kerensky y lo mantuvieron en su puesto de jefe del Gobierno Provisional.

Al día siguiente de la derrota de Kornilov, trataba Kerensky de poner en práctica el programa del generalísimo y retornar a la idea de la dictadura, sólo si él, claro está, era la figura central de la misma. Quería reunir en persona las atribuciones de Generalísimo en jefe y las de jefe del Gobierno Provisional. Además, como Kornilov, quería enmascarar la dictadura personal con un Directorio de cinco miembros. Al final acabó llevando a la práctica estos planes.

Bajo la presión del momento, el Directorio se vio obligado a poner en libertad, eso sí bajo fianza y manteniendo todos los cargos contra ellos, a los dirigentes bolcheviques encarcelados. El 4 de Septiembre fue libertado Trotsky bajo la fianza de 3.000 rublos pagados del Comité Local de los sindicatos de Petrogrado.

Ese mismo día, Kerensky publicó un Decreto en el que se reconocía el papel jugado por los comités revolucionarios al ayudar sustancialmente al mantenimiento del Gobierno, pero les pedía que cesaran sus actuaciones y se disolvieran. Naturalmente, tanto los soviets como los comités se negaron a ello y Kerensky tuvo que callar comprendiendo que la situación había cambiado desfavorablemente para la reacción. Los soviets de Petrogrado y Moscú se habían renovado en la lucha contra Kornilov, y ahora eran los bolcheviques los que estaban al frente de ellos. La reacción comprendía que había que cambiar de táctica.

La convocatoria de la Conferencia Democrática a mediados de Septiembre, decidida días antes de la sublevación de Kornilov, perseguía paralizar la convocatoria de un nuevo congreso de los soviets y así, aplastarlos sustituyéndolos en sus funciones por distintos organismos "democráticos". Asimismo perseguía que se avalara "democráticamente" la formación de un nuevo gobierno de coalición, puesto que los soviets se oponían ya a la formación del mismo. Antes de acabar las sesiones, la Conferencia eligió de su seno a un organismo permanente: el preparlamento.

¿Qué actitud deberían adoptar los bolcheviques ante este organismo? El Partido revolucionario sólo participa en el parlamento a fin de hacer llegar más fácilmente a las masas las ideas revolucionarias, sin fomentar ilusiones parlamentarias. Sólo vuelve la espalda a éste en el caso de que se proponga como fin inmediato el derrocamiento del régimen existente y las masas hayan abandonado sus ilusiones en la ficción parlamentaria de la burguesía. Decidida la retirada del preparlamento, no sin cierta polémica, por el Comité Central de los bolcheviques, hizo ver a las masas que el partido de la insurrección rompía de una forma clara todos los lazos que lo ligaban con la sociedad oficial.

Sólo restaba luchar por la convocatoria del II Congreso de los soviets. El I Congreso celebrado en junio decidió que se convocaran congresos cada 3 meses. El Comité Ejecutivo Central (C.E.C.) de los soviets era el organismo encargado de convocar el congreso y estaba controlado por los conciliadores. El C.E.C. se encontraba atrapado por los acuerdos adoptados en el I Congreso. Por tanto, los bolcheviques los obligaron a aceptar la convocatoria de uno en el más breve plazo de tiempo, amenazando también con convocarlo ellos. Contaban los bolcheviques con los importantes avales de los soviets de Moscú y Petrogrado.

Sin embargo, los conciliadores pronto pusieron obstáculos a una convocatoria rápida del Congreso creyendo, no sin fundamento, que podían quedar en minoría y, además podría ser un pretendiente directo al poder, bajo la batuta bolchevique. Intentaron retrasar la convocatoria. Esto hizo que llovieran numerosas resoluciones de Congresos regionales, soviets locales, de fábricas y regimientos de soldados pidiendo la convocatoria del Congreso.

La lucha por el II Congreso de los soviets allanó el camino para que numerosos soviets locales y de provincias lejanas se bolchevizaran, y creó las condiciones , por primera vez, para la conquista del poder por parte de los bolcheviques empujados por las masas de obreros, soldados y campesinos.