Cuba: reformas estructurales y maniobras del imperialismo

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La restauración capitalista sería una pesadilla para las masas en Cuba. Todas las conquistas de la revolución en el terreno educativo, salud, etc. serían arrasadas por el sistema del lucro privado y la isla volvería a ser el país miserable que era en tiempos de Batista.

En 2008, tres huracanes asolaron Cuba y causaron un auténtico desastre nacional: 70.000 casas destruidas, medio millón de viviendas afectadas, miles de hectáreas de cultivos arrasadas e importantes daños en las infraestructuras de comunicación y transporte superaron los 10.000 millones de dólares en pérdidas.

El gobierno evacuó las zonas afectadas y redujo así al mínimo la cantidad de víctimas mortales, siete en total. Camiones con tejas y alimentos fueron enviados a las zonas del desastre. El sistema eléctrico está otra vez en pie y el abastecimiento de comida se estabilizó gradualmente.

Una vez más se ha vuelto a demostrar que el control por parte del Estado de los principales resortes de la economía es decisivo para que estos recursos sean movilizados, e impedir que desastres naturales se conviertan en auténticas tragedias. ¡Qué diferencia con la actuación del gobierno estadounidense ante el huracán Katrina!

Remodelación ministerial

Este acontecimiento marcó el primer año de dirigencia de Raúl Castro. En el terreno político, en febrero y marzo se produjo la mayor reestructuración de gobierno en  quince años: ocho ministros salieron del gobierno, incluidos Carlos Lage (ex-vicepresidente del Consejo de Estado) y Felipe Pérez Roque (ex-Ministro de Exteriores). La explicación oficial fue aséptica: "Estos cambios responden a la necesidad de tener una estructura más compacta y funcional". En referencia a Lage y Pérez Roque, Fidel Castro declaró: "La miel del poder, por el cual no conocieron sacrificio alguno, despertó en ellos ambiciones que los condujeron a un papel indigno".

Pese a las razones oficiales esgrimidas, da la impresión que las destituciones de Lage y Roque, que antecedieron al "ablandamiento" de la política del gobierno de Obama hacia Cuba, obedecieron a sus resistencias a la profundización de las reformas "Pro-China" impulsadas por Raúl.

Desde 2006, Raúl Castro ha declarado su intención de realizar cambios estructurales en todos los ámbitos. La profundidad de esos cambios, la dinámica propia que puedan adquirir, y si transformarán cualitativamente la estructura productiva de Cuba es algo difícil de prever con detalle, ya que influyen factores de todo tipo, no sólo económicos y nacionales.

Las altas cifras de crecimiento alcanzadas por el capitalismo chino durante esta primera década del siglo XXI ejercieron una poderosa atracción en un sector de los dirigentes cubanos, pero un aspecto a tener en cuenta a la hora de hacer previsiones es el efecto que la crisis capitalista mundial ya está teniendo en el gigante asiático, que se profundizará.

Maniobras de las grandes potencias

Lo que también es un hecho es que la Unión Europea (UE) y el nuevo gobierno de EEUU perciben una oportunidad en los cambios que se están produciendo en Cuba, y están tomando medidas con la intención de crear las condiciones más propicias para una restauración capitalista. En octubre de 2008 la UE eliminó las sanciones impuestas en 2003 a Cuba y hace pocas semanas se anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con La Habana. Por su parte, el gobierno estadounidense aprobó una serie de medidas, aliviando parcialmente el embargo, la prohibición de visitar la isla y las limitaciones al envío de remesas desde EEUU, que, aunque muy limitadas, no son desinteresadas y demuestran un cambio de estrategia.

En este sentido, durante la pasada Cumbre de las Américas, Obama invitó a Cuba -la única ausente de la Cumbre, con el acceso vedado hace décadas por mandato del imperialismo- a dar un "nuevo comienzo" a las relaciones bilaterales entre ambos países. Palabras huecas tras las que se entrevé la reacción y el temor al instinto revolucionario de las masas,  con el ejemplo de Cuba y Venezuela a la cabeza.

La restauración capitalista sería una pesadilla para las masas en Cuba. Todas las conquistas de la revolución en el terreno educativo, salud, etc. serían arrasadas por el sistema del lucro privado y la isla volvería a ser el país miserable que era en tiempos de Batista.

La única alternativa es la revolución latinoamericana

Los obreros y campesinos cubanos tienen sólo un aliado en su lucha por alcanzar una vida mejor; éste no es otro que la revolución latinoamericana en marcha. El triunfo de la revolución socialista en América Latina es el oxígeno que necesita la revolución cubana. Planificando la economía de forma democrática en todo el continente, con la participación consciente de los trabajadores, se podrán poner sus inmensos recursos al servicio de garantizar una vida digna