Crisis humanitaria en la UE y el plan de acogida de Merkel ¿Una alternativa?

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Horror sin fin. Mujeres y niños que mueren de asfixia dentro de un camión en el corazón de Europa; niños arrojados muertos a las playas del Meditethumb refugees-welcomerráneo; hombres y mujeres golpeados como animales por la policía en toda Europa o marcados con números, como en los campos de concentración nazis.

La actual crisis humanitaria

El recrudecimiento del conflicto en Siria e Irak en el último año, con más de una quincena de países enviando armas y apoyando directamente a los diferentes bandos en conflicto, ha incrementado dramáticamente la cifra de refugiados provenientes de esta zona, alimentando la desesperación en masa. Los diferentes dramas, cuyas imágenes se han ido multiplicando en las últimas semanas hasta el paroxismo, han desbordado a todos los países existentes entre Turquía y Alemania, la gran Meca a la que intentan llegar de forma desesperada centenares de miles puestos en movimiento.

asyl ist menschenrechtOccidente no ha ignorado a Oriente Medio y África. Las guerras desatadas en estas zonas son una muestra, con intervención de tropas inclusive, y periódicos bombardeos a población pacífica también en Irak, Afganistán, Siria, Libia, Somalia, Mali… Desde el 11 de septiembre de 2001, estas guerras han causado 1,3 millones de muertos y decenas de millones de refugiados.

Antes tuvimos las guerras en la zona de los grandes lagos, en el centro de África, donde solo en la República Democrática del Congo se admitió la comisión de más de cinco millones de asesinatos, a mayor gloria de las multinacionales que pelearon a sangre y fuego por el coltán, cobre, oro y diamantes de la zona, utilizando cada una de ellas a diferentes gobiernos regionales y a sus tropas en su propio provecho.

Al mismo tiempo, se desarrolló, y desarrolla aún, las guerras en África Occidental, igualmente rica en recursos mineros. En unos y otros lugares intervienen ejércitos privados, financiados por gobiernos y por compañías multinacionales. La inglesaSandline International, la sudafricanaExecutive Outlines, o la más conocida, la norteamericanaBlackwater, han participado en los conflictos mencionados, con dinero público de países occidentales pagando suculentas sumas.

Unas 500 multinacionales concentran casi el 75% del PIB del planeta y periódicamente, con métodos supuestamente legales, o sin ellos, pelean a brazo partido en todos los rincones por los recursos naturales o por las influencias y mercados de las respectivas áreas. Las guerras, desastres ecológicos, hambrunas, junto con el crecimiento de la explotación y la desigualdad, se han extendido en las dos últimas décadas, haciendo crecer la desolación en regiones gigantescas de Asia, África o Latinoamérica. Dicho todo esto, lo fundamental de la pobreza, explotación y creciente desesperación que llevan a decenas de millones de personas a huir de sus hogares no es la violencia de las guerras mencionadas. La violencia es la diaria, la de la explotación cotidiana impuesta por las multinacionales y sus títeres locales. La falta de futuro, condensadas en centenares o miles de experiencias habituales. Semanas atrás, en un medio nacional, testimoniaba su caso un migrante de un país “sin guerra”:

“Cruzaré en cuanto llegue el momento adecuado. Espero que Dios me ayude, porque no conozco a nadie en Estados Unidos, pero cualquier cosa es mejor que la miseria de Honduras”.

O la miseria de El Salvador, o la de Eritrea, o la de Pakistán… O la de Rumanía.

Los responsables de este éxodo son fundamentalmente los imperialistas estadounidenses, europeos, y también los países industrializados asiáticos. Entre los burgueses respetables que asisten a las recepciones y fiestas de los grandes dignatarios alternan también toda una subclase de burgueses rapaces que combinan negocios “legales” e ilegales: comercio de drogas, armas, prostitución y, en fin, trata de mujeres y hombres en su más variada expresión. El capitalismo es un sistema en el que es posible sacarle beneficio a cualquier situación.

La isla de Cos griega está a apenas unos kilómetros del continente turco, que es un coladero de emigrantes sirios, iraquíes, kurdos, pero también turcos y de otras nacionalidades. El conflicto en Oriente Medio ha llevado tan solo a Turquía a bastante más de un millón de refugiados de las naciones vecinas. Sobrepasada por una situación que ella misma ha favorecido, Turquía ha soltado lastre y ha hecho la vista gorda, permitiendo el paso de decenas de miles al mes hacia Europa.

Defendiendo sus intereses imperialistas al mismo tiempo en el área, en su caso concreto atacando ahora agresivamente a los kurdos en su territorio y Siria, como hacen el resto de países, Turquía utiliza en este caso también a los migrantes y refugiados como moneda de cambio. A su vez, en Europa, las organizaciones de la derecha, y los gobiernos más débiles gobernados por partidos reaccionarios replican esta misma posición, fomentando el discurso xenófobo.

Los patrones (ya sea en Hungría, España, o Alemania), de hecho, no tienen ningún problema explotando mano de obra inmigrante “irregular”, en negro, lo que provoca una competición a la baja entre el conjunto de asalariados, allanando hacia la miseria el bienestar para todos. La situación de estancamiento económico y de ataques al estado del bienestar tiende a hacer del usufructo de éste un mero reparto de la miseria. El momento es el adecuado para fomentar una situación clásica de “divide y vencerás”, una guerra entre pobres, siendo la pequeñoburguesía más reaccionaria en crisis, junto con sectores cada vez más lumpenizados, la que reacciona de forma histérica en sus manifestaciones más extremas.

Hipocresía y cinismo

Hungría ha construido una cerca de alambre de púas en la frontera con Serbia. Francia y Gran Bretaña no evitan que los migrantes tienten a la suerte a través del Eurotúnel. La UE, bajo la presión de una ahora reconvertida en “humanitaria” Ángela Merkel, se apresta a acoger unos pocos de centenares de miles de refugiados sirios, casi todos ellos trabajadores con formación, en muchos casos universitaria, cuando en el día a día hasta ahora habían repatriado y recibido con la policía al ordinario migrante sin papeles.

Ya antes de la presente crisis, hubo otras olas migratorias que se han repetido periódicamente. Así, en los tres últimos años, sobre todo desde la guerra en Libia, la isla de Lampedusa y el estrecho de Sicilia se convirtieron en un vado a cruzar para los desahuciados de un país destruido en buena parte gracias a la intervención europea. Antes, la frontera sur española en general, y las vallas y cuchillas de Ceuta y Melilla en particular, nos habían surtido de imágenes espeluznantes al compás de las crisis periódicas ocurridas al sur de Europa. Los llamamientos de los capitalistas italianos y españoles para compartir el coste de atención a los migrantes cayeron no pocas veces en el vacío.

Presionados en el corto plazo por una situación explosiva que ha estado a punto de hacer saltar el espacio Schengen y otros acuerdos comunitarios de libre tránsito por los aires, Alemania tomó cartas en el asunto en el presente caso: solventar la crisis actual, mientras se negocia un próximo cerrojo entre los socios comunitarios que haga mucho más controlable el flujo de refugiados que se requiera en el futuro. Su plan, justo antes de la probable recaída en una nueva recesión que hará incontenible una mucho mayor ola migratoria, consiste en que donde ahora hay una sonrisa amable, ésta se vea transformado en el futuro en un “no tenemos los recursos para dar cabida a todos”, “ya hicimos un esfuerzo”.

En primer lugar, el gobierno alemán es favorable a crear un régimen de acogida de clase A, para los que arbitrariamente llama refugiados, y otro de clase B, para el resto de migrantes. Angela Merkel, se pronunció públicamente en favor de una pronta integración de los refugiados con derecho a permanecer en el país, así como de una rápida expulsión de los solicitantes a los que les es rechazado el asilo. Este último, en la crisis actual, es el caso de muchas personas procedentes de los Balcanes Occidentales, señaló. Los trabajadores con conciencia de clase no podemos discriminar a los inmigrantes de los refugiados, ambos atraviesan una penosa situación particular ocasionada por este injusto sistema, a ambos debemos proteger igualmente.

En este sentido, la ministra de Asuntos Sociales alemana, Andrea Nahles, indicó que su país estaría buscando doblar la cantidad comunitaria prevista en ayudas a los refugiados, para llegar finalmente a la cifra de 7.000 millones de euros.

300.000 son las personas que a lo largo del 2015 vinieron como refugiados a la UE en el último año, aunque éstas son valoraciones oficiales, difíciles de contrastar ¿A qué fueron destinados esos casi 3.500 millones de euros destinados a este tema? Pablo Iglesias lo acaba de señalar: “Europa ha gastado 1.208 millones en reforzar la frontera y unos 700 en la ayuda de los refugiados. Creo que a lo mejor si invirtiéramos estas cifras, si en lugar de gastar el dinero en poner muros y alambradas, gastáramos en ayudar a la gente las cosas irían mejor”. Podría haber añadido que ahora parte de ese dinero también va a construir prisiones al aire libre, o terminan en los bolsillos de intermediarios, negociantes sin escrúpulos y supuestas ONG’s que, en muchas ocasiones, participan de este negocio lucrativo y no aportan nada. En el capitalismo, todo se convierte en una oportunidad para obtener ganancias.

¿Con sólo acoger a otros 300.000 refugiados se resuelve el problema?

El gobierno de España ahora invoca su deber humanitario por presiones de Merkel, ordenando crear una comisión sobre refugiados, pero tan solo cinco días antes decía que “la acogida estaba saturada”… Si nos creyéramos a estos incoherentes personajes parecería que las cuchillas de las concertinas y vallas de Ceuta y Melilla fueran de hace siglos. El espectáculo de cinismo e hipocresía es realmente impúdico.

El gobierno español ya fue sobrepasado por los ayuntamientos de izquierda que, empezando por Barcelona, tendieron la mano en los últimos días para crear la “red de ciudades de acogidas a refugiados” que, por sí sola, a día de hoy, ya sobrepasa con creces la cuota de refugiados que Ángela Merkel le ha impuesto a Rajoy.

Ahora bien, 300.000 vinieron hasta el verano, otros 300.000 están en movimiento ahora y muchos, muchos más vendrán, atravesando mares, desiertos y guerras, buscando un futuro. El hecho es que con acoger ahora a 200 o 300.000 refugiados no se soluciona el problema del que hablamos.

La solidaridad debe ser organizada

Los trabajadores no estamos interesados en que chicos de otros países, o del nuestro, estén en nuestras plazas, tirados, presa fácil de la explotación, de las drogas o de las mafias ¿Acaso en muchas de nuestras casas no se acuerdan de lo que hicieron nuestros padres, abuelos y bisabuelos? ¿O quién emigró al norte de los Pirineos hace 50 años? ¿O a América, en las generaciones anteriores?

Decenas de miles lo entendieron ya así, saliendo a las calles en las últimas semanas, manifestando su solidaridad con los refugiados y migrantes. En Grecia, durante el verano, los turistas y los habitantes de la isla de Cos tomaron sobre sí mismos la tarea de ayudar a los refugiados que cruzaban desde la cercana Turquía. En Serbia han salido a ayudar a los refugiados en Belgrado y otras ciudades. Incluso en Hungría, a pesar del estado de ánimo reaccionario fomentado por el gobierno y las organizaciones reaccionarias, decenas de voluntarios han ayudado diariamente a los refugiados en la estación principal de tren de Budapest, y miles de personas se han manifestado contra las políticas reaccionarias del primer ministro Orban. Tanto en Austria como en Alemania, pancartas en apoyo de los refugiados se han plantado en los campos de fútbol. El movimiento en Austria ha sido particularmente fuerte, con 40.000 manifestantes marchando en Viena y luego la organización de ayuda práctica para los refugiados que llegaban a los trenes. Hoy viernes hay una manifestación en las calles de Madrid, organizada por asociaciones humanitarias y respaldada hoy mismo por sindicatos y organizaciones de izquierda ¿Basta con este papel secundario por parte de las organizaciones populares que siguen teniendo mayor poder de convocatoria? No. La dirección de estas organizaciones deben aprender de las iniciativas que están tomando los ayuntamientos gobernados por las mareas populares.

La presente crisis puede crear una tradición en un sentido reaccionario o progresivo, pero no va a ser definitiva. Este mismo tema va a ser recurrente. En esta batalla, la dirección de la izquierda organizada, PODEMOS, IU y sindicatos de trabajadores para empezar, deben hacer un llamamiento a la unión de todas las fuerzas progresivas de la sociedad, creando una coordinadora o plataforma que lleve a cabo una campaña de movilización seria, favoreciendo la llegada de los migrantes y refugiados a las diferentes ciudades que se han prestado a acogerlos pero, al mimo tiempo, pidiendo mayores recursos en los presentes presupuesto que se están tramitando para crear más centros de migrantes dignos, dotar de plenos derechos sanitarios a los sin papeles, denunciar los recortes de la sanidad pública y educación…

Luchar por un mundo sin opresión

No nos podemos conformar con repartir la miseria. Hay riqueza suficiente para garantizar bienestar para todos. Aparte de los gigantescos recortes fiscales obrados en favor de las rentas altas que hay que revertir, pensemos en el 20% de la población española en desempleo, que podría estar incorporada al trabajo activo y a la creación de riqueza si un gobierno tuviera poder suficiente como para organizar la economía.

Cuando la economía cae un 1-2% un año pareciera que se hunde la tierra sobre nosotros y a los trabajadores nos obligan a toda clase de privaciones ¿Qué no se podría hacer con un 15-20% más de riqueza, que hoy se deja inerte, ociosa, en la estacada año tras año? Sí hay riqueza suficiente para todos, pero hace falta un gobierno para la inmensa mayoría de la sociedad, no para la ínfima minoría.

Al fin y al cabo, estos millones de seres humanos ¿desean abandonar para siempre sus países, renunciando a sus seres queridos y a su tierra? No. Se ven forzados a ello. El mundo capitalista nos muestra parte del caos y desolación que es capaz de crear. Pero es capaz, y desgraciadamente lo veremos, de muchas cosas peores.

Y, sin embargo, otro mundo es realmente posible. Está al alcance de la mano lograrlo.

En el subsuelo africano se encuentran la tercera parte de las reservas mundiales de minerales: en África se encuentra el 90% del coltán, imprescindible para el desarrollo de las nuevas tecnologías, el 89% del platino, el 81% del cromo, el 61% del manganeso, el 60% del cobalto, el 20% del uranio, el 75% de la bauxita (la base del aluminio), o el 50% del oro y los diamantes. África, por hablar tan solo de ella, ¿está condenada a vivir en el subdesarrollo? ¿Cuántas industrias se pueden crear, cuánta riqueza y bienestar generar? El desarrollo de la ciencia en beneficio de la humanidad puede acelerar este desarrollo de forma rápìda y mucho más armoniosa con el medio ambiente que la degradación ambiental existente impuesta por las multinacionales mineras y agrícolas que saquean el continente sin pensar en el día de mañana.

El socialismo no es una utopía, ni una bonita idea. Es una necesidad acuciante. Y una realidad posible que debemos alcanzar, tan real como la sangre que diariamente se derrama por toneladas en beneficio de los que nos oprimen, o los millares de cuerpos de pobres desgraciados a los que jamás nadie les hará una fotografía siquiera. Los principales problemas a que nos enfrentamos solo pueden resolverse a nivel internacional.

Un gobierno que se atreva, no a ganar las elecciones, sino inmediatamente después de ello a tomar el poder realmente, quitando el dominio económico de las grandes empresas y bancos a los ricos, mandará un mensaje que retumbará en todo el planeta ¡¡Hay tanta necesidad de ello!! ¡Hay tantos millones que estarían dispuestos a alistarse en un combate así si vieran que hay una dirección en un país que se atreve! Generemos esta situación, organicémonos en consecuencia.