Covid-19, deforestación extensiva y capital concentrado, en el péndulo permanente de la burguesía criolla

Norte Argentino

Luego de las elecciones presidenciales de 2019, la “nueva política” –pero la de siempre-se estructuró en un amplio frente de concertación entre política y capital concentrado, tras 4 años de gobierno macrista (…) Alberto Fernández llegó a la presidencia demostrando ser la acentuación y naturalización plena de lo establecido y, en el norte argentino estas configuraciones fácticas eclosionan novedosas a la luz de la sociedad civil  –con un halo de modernización en supuestos nuevos dirigentes y cuadros políticos que las mismas construyen-.

El paleolítico romerismo del ex gobernador y actual senador nacional Juan C. Romero, cuya familia ha gobernado la provincia de Salta durante décadas, tanto en el Ejecutivo como indirectamente siendo componente de fuertes influencias ante el gobierno de turno. Se ha constituido nuevamente en un factor de poder activo.

Así, se ha dado finalmente por culminado el pretendido giro de recambio de décadas atrás, cuando el ex gobernador Juan M. Urtubey se establecía en alianza con sectores reformistas de izquierda como Libres del Sur para terminar haciéndose de la gobernación después de las nefastas y oscuras décadas del romerismo. Girando más, la naturaleza real de la cosa es que el romerismo regresa nuevamente (o nunca se fue). Esta vez el regreso fue de la mano en la intendencia, de la hija de Juan C. Romero: Bettina Romero, y Gustavo Sáenz en la gobernación secundado por antiguos lugartenientes romeristas en segunda línea y otras sucesivas.

La muerte de la globalización: entre pandemia, deforestación extensiva y la burguesía paleolítica al mando

La geopolítica mundial está experimentando un profundo cambio, la globalización está muriendo lentamente y la hegemonía del mundo unipolar norteamericano va derivando en nuevos vectores de intensidad en el capitalismo mundial con el establecimiento del eje China-Rusia. Sin embargo, este eje geopolítico muestra actualmente cierta levedad. Mucho más en el marco de situación presente, con la pandemia del COVID-19 –hipotetizada, no obstante, en numerosos artículos científicos-, que ha resultado un tanto inesperada para el mundo libre, el mundo libre mercado, que es la única libertad que presumen como tal siempre las democracias burguesas.

Pero estos profundos cambios tienen un marco bien definido, el de la contracción generalizada de la economía a la que gigantes como Rusia o China no pueden escapar. La economía China se contrajo un 6.8% en los 3 primeros meses del 2020, si lo comparamos con el mismo periodo del año anterior. Primera caída de su economía en 30 años.

En Rusia el Banco de Rusia calcula para este año una contracción del PBI entre 4 y 6%. La caída del precio del petróleo amenaza con hundir aún más al capitalismo ruso. El mismo banco habla de un barril de petróleo en torno a los u$s 27 un precio muy bajo para prever cualquier tipo de recuperación.

Para los Estados Unidos el FMI pronostica una catástrofe. Una caída de -8% para el 2020 y -4.5% para 2021.

Sin embargo, la pandemia, y las reclusiones sociales obligatorias para minimizar la vehiculización del virus, no han obstaculizado -ni siquiera el Estado ha tomado medidas precautorias al respecto- bajo ninguna arista, el interés creciente de tierras raras, para la producción de baterías, la producción de hidrocarburos y el cambio del uso del suelo para ganadería y siembra de soja-con quemas y deforestación extensiva-, en diversas áreas silvestres materializadas en una verdadera fiebre. La pérdida absoluta de masa boscosa fue de aproximadamente 10.000 hectáreas desde que comenzó la reclusión obligatoria (hace 4 meses), lo cual hace aún mucho más grávida la situación social y ambiental en el norte del país.

En los ideólogos políticos provinciales, la apertura económica plena y la economía primaria vuelven a erigirse como un pretendido nodo de modernización estatal. Pero esta matriz política y económica, terminaría finalmente infestando de desarrollismo a diversos pueblos y territorios, precarizando aún más la calidad de vida y concentrando mayor extensión territorial en menos manos. En el péndulo permanente y re-establecido de las viejas burguesías criollas y sus intentonas de seducción a las inversiones del gran capital extranjero, no advierten que la muerte de la globalización ya ha sido decretada, en un mundo de fronteras cerradas y proteccionistas. Proteccionismo que es también una entelequia, en algunos elementos atomizados de la burguesía nacional.

Con esto, aún son imprevisibles las consecuencias de la pandemia del COVID-19 en términos sociales, ambientales y económicos. Algo hay por seguro, el aperturismo pleno al capital extranjero más concentrado de los países hegemónicos, acentuará el proceso de crisis de biodiversidad, desigualdad social y mayor precarización laboral en los países capitalistas atrasados.

La lógica desarrollista  del crecimiento económico constante -en un complejo de pandemia en el actual mundo de fronteras cerradas-, solo tendrá como resultante del funicular, mayor concentración de activos en corporaciones empresariales. Posiblemente, la burguesía criolla negocie algunas prebendas sociales, siempre y cuando perciba amenazante la presión social y consiguiente insurrección de las masas. Sin embargo, no habrá salida posible de esta situación histórica y el péndulo capitalista permanente, sin la lucha colectiva fundada en un sólido programa político que lleve la revolución socialista a término.

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