Camiseta 10 y socialista: ¡Maradona, presente!

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Una de las camisetas más grandes de la historia del deporte más popular del mundo era socialista. No ocultó sus defensas y luchas, así como no tuvo la capacidad de deshacerse del dolor y la soledad personal. Una vida dramática, hermosa y épica, como un tango de Gardel o Piazzolla. Por todo esto, el 25 de noviembre de 2020 nunca será olvidado, así como el 22 de junio de 1986 sigue vivo.

Desafortunadamente, las fechas proporcionan diferentes sentimientos, no sólo para los argentinos, sino para todos los amantes del fútbol. Si bien 1986 marcó la heroica victoria de la albiceleste sobre la selección inglesa, representando un homenaje a los trabajadores caídos en la Guerra de las Malvinas en 1982, la fecha de hoy registra la muerte de Diego Armando Maradona.

Maradona dijo a TeleSur en 2018 sobre el trascendental partido de cuartos de final de la Copa del Mundo de 1986 en México:

«Nos quedó muy claro que era sólo un partido de fútbol. No éramos soldados, no teníamos armas. Tuvimos la pelota y la voluntad de dar un poco de alegría a nuestro pueblo después de que los asesinos inventaron una guerra que mató a nuestros hermanos. Lo que hicimos fue dar felicidad después de mucha tristeza en Argentina».

Una posición que evidencia la rebeldía de Maradona contra la barbarie llevada a cabo por el Estado argentino, liderado por el Presidente General Leopoldo Galtieri, que resultó en 649 argentinos muertos y más de 10.000 prisioneros de guerra ante el imperio inglés, dirigido por Margaret Thatcher.

Obviamente este homenaje de Maradona y sus compañeros no fueron meras bravuconadas nacionalistas. Fue la solidaridad de clase, hecha por hombres que nacieron y crecieron en las peores condiciones de vida en una Argentina devastada por el capitalismo y la represión, así como en todos los países de América Latina.

Maradona nació en Lanús, una ciudad de la provincia de Buenos Aires, en una situación de extrema pobreza en 1960. Se desarrolló jugando en canchas improvisadas y, como la mayoría de los niños brasileños y argentinos, tenía el sueño de convertirse en jugadora para dar una vida decente a su familia. Fue esta trayectoria la que forjó a Maradona como un rebelde, lo que representó varios problemas en su vida, pero también lo llevó a la feroz defensa del socialismo. Utilizó su prestigio mundial para apoyar las movilizaciones y luchas sociales, como en su persistente presencia junto a las revoluciones cubana y venezolana y la lucha del pueblo palestino.

A lo largo de su carrera, optó por los perjuicios de crear enemigos en los más altos niveles de la FIFA y la AFA, no aceptando ser una marioneta más del poder futbolístico, que siempre ha manejado a las grandes estrellas para encubrir los crímenes del Estado y la burguesía, especialmente en los regímenes dictatoriales de América Latina. No era el único, pero era una especie de espejo para los jugadores socialistas, como Sócrates, el brasileño, y Cantona, el francés, además, por supuesto, de los jóvenes amantes del juego.

Sin embargo, al igual que Sócrates, tenía serias confusiones políticas y problemas personales, lo que le impedía avanzar en la lucha socialista porque, aunque brillante, era errático en su vida. Como escribió Eduardo Galeano, Maradona se enfrentó a enormes reveses, a veces creados por él mismo, por otros, por el mercado del fútbol y la fama, que siempre buscaba capturar al ídolo, haciéndolo prisionero de todo lo que construía con sus pies y su baja estatura. Sigue Galeano:

«Diego Armando Maradona era adorado no sólo por sus prodigiosos malabares, sino también porque era un dios sucio y pecaminoso, el más humano de los dioses».

Esta definición expresa bien el papel de Maradona en la historia, capaz de meterse con la gente hasta el punto de fundar una religión para idolatrarlo como un ser divino y a otros para convertirse en comunistas. Y esa fue la mayor victoria de Maradona: ser más que un genio dentro de las cuatro líneas, sino un defensor de un mundo donde somos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.

Con su muerte, la prensa burguesa, especialmente la brasileña, ya está rindiendo su «homenaje» a Maradona exhalando nacionalismo y moralismo. Como siempre, aunque es imposible no reconocer el mérito de sus brillantes jugadas, comparar al argentino con Pelé con la intención de que sea el segundo en el podio de la historia. Pero, sobre todo, reducir la vida fuera del campo de juego del argentino a su adicción a las drogas. Exaltan, con advertencias, el número 10 y disparan al «drogadicto socialista».

Nuestro homenaje a Maradona, a pesar de una cierta pasión, es por su figura política y su papel en la historia. Libros, películas, música y otras formas de expresión que ya existen cuentan toda la historia de Maradona, donde podemos conocerlo mejor. Ciertamente se publicarán nuevas producciones, donde los jóvenes tendrán acceso a lo que este argentino ha hecho en su vida, pero fundamentalmente, es importante que aquellos que luchan por un nuevo mundo conozcan el poder de personajes como Maradona. Atletas como Afonsinho, Sócrates, Lucarelli, Cantona, Carol Solberg, entre otros innumerables, movilizan a las masas y presentan la capacidad de hablar al mundo no sólo con sus talentos, sino también con sus defensas de los explotados y oprimidos.

El Estado y el capitalismo conocen esta capacidad, y por ello se dirigen a los deportistas que se colocan contra el sistema en la posición de malditos, indeseados o aislados, llevando a muchos de ellos a dependencias que los alejan de la realidad, ven la muerte de Sócrates como consecuencia del alcoholismo y la trayectoria de Maradona, que murió solo y deprimido. Sin embargo, no olvidaremos sus vidas y obras que, aunque escritas con los pies, poseen tanta belleza y amor como los poemas de Maiakovski y las canciones de Coltrane, porque permanecen en la historia y nos dan la alegría de un gol.