Camilo Torres: A 40 años de la muerte de un luchador por la libertad latinoamericana

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El miércoles 15 de febrero se cumplió el 40° Aniversario de la muerte de Camilo Torres, un notable colombiano que dedicó su vida a la lucha por la libertad, contra la injusticia, la corrupción y la desigualdad. Hoy todos los revolucionarios deben recordar la vida de este militante, mientras al mismo tiempo aprendemos de sus aciertos y sus errores en la lucha por una América Latina libre del dominio imperialista. El miércoles 15 de febrero se cumplió el 40° Aniversario de la muerte de Camilo Torres, un notable colombiano que dedicó su vida a la lucha por la libertad, contra la injusticia, la corrupción y la desigualdad. Hoy todos los revolucionarios deben recordar la vida de este militante, mientras al mismo tiempo aprendemos de sus aciertos y sus errores en la lucha por una América Latina libre del dominio imperialista.

Camilo nació en Bogotá, la capital colombiana, el 3 de febrero de 1929 en el seno de una familia de clase alta. Su padre fue un doctor privilegiado, y su familia como tal era liberal en política. En la década de los 30 vivió con su familia en Europa. Después de graduarse en la secundaria en 1946 regresó a Colombia donde ingresó al seminario para ser sacerdote. Como cristiano, se horrorizó ante la desigualdad social, la injusticia y la pobreza extrema. En este punto comenzó su evolución política, discutiendo los problemas sociales con los otros estudiantes.

Viaja a Bélgica para estudiar sociología, comienza a organizar un grupo político y más tarde, al terminar en Paris, un numero de co-pensadores colombianos que quisieron hacer estudios de sociología acerca de la realidad en Colombia. En esto él tuvo éxito cuando se graduó con una tesis en 1958, que fue publicada después bajo el titulo “La Proletarializacion de Bogotá”. Este es un trabajo importante acerca de la pobreza en Colombia que ha sido extensamente leído en Colombia y América Latina.

Cuando regresó a Bogotá, intensificó el trabajo político, para organizar tanto a los estudiantes como a los sectores explotados en los barrios. Él se convirtió en un rebelde contra las tradicionales estructuras y rígidos esquemas de la iglesia católica. Esto lo llevo rápidamente a un conflicto con el orden establecido y la alta jerarquía de la iglesia.

Como los conservadores de la iglesia no estaban de acuerdo con su organización de estudiantes ni con su pensamiento anticapitalista radical, fue expulsado de todas sus posiciones en la Universidad Nacional y perdió el financiamiento de sus trabajos académicos sobre Sociología.

Su pensamiento político se fue desarrollando a un ritmo rápido: aunque era un cristiano y un sacerdote, estaba disgustado con la pobreza y la miseria y buscó un camino para encontrar algún tipo de explicación material de las causas de esta desigualdad. Esto lo condujo adoptar una peculiar mezcla entre las ideas del Marxismo y del Cristianismo. Él comprendió que eso era necesario para la transformación completa de la sociedad colombiana y para romper con el dominio del imperialismo. Con su vida práctica y con la experiencia acumulada se comenzó a avocar a una nueva sociedad de carácter socialista.

En 1964-65 inició la organización que llamó “Frente Unido del Pueblo”, un movimiento que organizó grandes meetings, manifestaciones, campañas, etc. en los barrios, las universidades y las fábricas. Pero la opresión del estado fue furiosa y muchos activistas fueron represaliados.

Camilo sacó la conclusión que era necesario romper el Estado Capitalista, pero la vía para hacerlo no estaba completamente clara para él. En 1964, había establecido contacto con el ELN (Ejercito de Liberación Nacional), un ejército guerrillero que se había establecido recientemente, inspirado por los eventos en Cuba y las ideas del Che Guevara. En Octubre de 1965, Camilo abandonó la actividad en el movimiento de masas y se fue a las montañas para unirse a las fuerzas del ELN.

El 15 de febrero de 1966, murió en su primer combate contra el ejercito del estado. Su muerte fue sentida por miles de campesinos quienes pusieron flores y cruces en su honor. Hoy, 40 años después de la muerte de Camilo es necesario para todos los revolucionarios extraer las lecciones de su vida.

Sin duda, Camilo fue un revolucionario honesto que quiso ponerle fin a un sistema que produce una miseria intolerable para millones de personas oprimidas. Fue un buen ejemplo de una persona que, viniendo de una clase alta, se enfrentó al sistema capitalista y se unió a las filas del movimiento revolucionario. Sus trabajos, aunque no representan el punto de vista del socialismo científico, son muy interesantes y una fuente de inspiración para todos los luchadores por la libertad, en el sentido verdadero de la palabra.

Pero su conclusión final: que para poner fin al capitalismo uno debe organizar la lucha armada en el campo, fue un error. Los marxistas no nos oponemos a la lucha armada, ni rechazamos en general los métodos de la guerra de guerrillas. Lo que rechazamos es la idea del guerrillerismo, es decir: la idea de que una minoría armada pueda sustituir la lucha del movimiento de masas. La lección principal de la vida de Camilo Torres es que los revolucionarios son mucho mas peligrosos para la burguesía si trabajan junto a las masas en las fábricas, barrios, escuelas y universidades. La lucha armada debe estar subordinada a esta lucha, debe ser parte de ella. Por ese camino, una revolución socialista es completamente posible.

Hoy le hacemos honor a la memoria de Camilo Torres, un hombre que ha entrado en la lista de los mártires por la libertad de Latinoamérica, junto con Julio Antonio Mella, Farabundo Martí, Emiliano Zapata, y muchos otros camaradas que han dado sus vidas en esta lucha.

El único verdadero monumento que podemos construir en honor a estos militantes es un movimiento marxista revolucionario de masas que complete la lucha por la eliminación del capitalismo en Colombia, América Latina y en el resto del mundo.

16 de febrero del 2006