Bolivia: La derrota en las elecciones municipales y las perspectivas para el 2012

0
152

El pasado domingo 18 de diciembre se votó para reemplazar a los alcaldes de Sucre, Quillacollo, y del municipio de Pazña en el departamento de Oruro. Las respectivas anteriores autoridades habían renunciado o por presión de las organizaciones sociales –como en Pazña– o para viabilizar las elecciones tras haber sido destituidos por tener juicios pendiente, civiles y penales. El test abarcaba aproximadamente al 5% del actual patrón electoral, sin embargo y más allá de las especificidades locales, su resultado manifiesta nuevamente un estado de ánimo entre las masas en que va prevaleciendo el cansancio y la decepción e impone un cambio real en las perspectivas políticas del gobierno, así como en la gestión del MAS.

El resultado electoral

De los tres municipios llamados al voto, el MAS mantiene la administración del más pequeño, Pazña, donde los electores habilitados eran sólo 2.747. En la capital de Bolivia, Sucre, donde los inscritos al patrón electoral eran 162.344, la derecha se impone con 50.453 votos y una ventaja sobre el candidato del MAS de 9.066 votos que equivale a aproximadamente 8 puntos en porcentaje. En Quillacollo, populoso suburbio de la capital cochabambina y centro industrial cuyos trabajadores fabriles fueron protagonistas de la Guerra del Agua en 1999/2000, los inscritos al patrón eran 82.433. Aquí la diferencia entre el candidato de la derecha, que ganó, y el MAS fue realmente mínima, de tan solo 566 votos. Sin embargo la derrota no fue menos dolorosa.

El primer dato es que, confirmando una tendencia ya manifestada en las pasadas elecciones judiciales de octubre y contrariamente a las declaraciones oficiales que hablan de “fiesta democrática”, se registró un altísimo porcentaje de abstencionismo comparable en número sólo a las épocas del neoliberalismo, cuando las masas se desinteresaban de la política por absoluta desconfianza en sus protagonistas. Si es verdad que dos indicios representan una prueba, esta victoria relativa del abstencionismo tras el análogo resultado de las elecciones judiciales debería alarmar y no poco al gobierno, el partido y la militancia revolucionaria.

En Quillacollo 23.944 electores, aproximadamente un tercio de todo el padrón, no emitieron su voto. Si a esto se suman un 10% de votos nulos y en blanco, el resultado es que un 40% de trabajadores, campesinos y demás sectores populares de Quillacollo se desinteresaron totalmente de estas elecciones. En Sucre los que se abstuvieron fueron casi 54 mil, que sumados a votos nulos y blanco representan poco menos del 40% del padrón. En Pazña donde el MAS ganó, la participación fue aun más escasa. De los 2.747 inscritos solo 1.911 participaron al voto, y de los que participaron aproximadamente un 12% anularon la papeleta o la entregaron en blanco. Evidentemente y considerando los antecedentes no se trata de cuestiones locales sino de una verdadera tendencia que va hacia la apatía y que permite el resurgimiento de la derecha.

El caso Sucre

La derrota en Sucre era de alguna manera cantada. En nuestro pronunciamiento invitando al voto por el MAS publicado en la actual edición de El Militante hacíamos ya notar cómo, en una ciudad muy polarizada socialmente y electoralmente, el MAS había decidido llegar a las elecciones en las peores condiciones, con un partido y una base social dividida. Iván Arcienaga, ex rector de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, no era el candidato que escogieron las bases del partido y las organizaciones sociales. Fue impuesto por la dirección nacional del partido en base a la totalmente errónea teoría de que para conquistar el voto de la clase media es necesario moderar el programa recurriendo a invitados que no sean identificables con las luchas sociales. El mismo error que ya costó la derrota en las elecciones municipales de Santa Cruz en 2010. Errar es humano, perseverar en el mismo error es diabólico.

Arcienaga centró toda su campaña en tomar distancia del MAS, buscando identificarse con el movimiento cívico por la capitalia, del que realmente fue parte. El resultado de aquello ha sido que, en relación a las elecciones del 4 de abril de 2010, unos 14 mil electores más decidieron abstenerse. El pequeño y relativo crecimiento electoral del MAS en estos comicios respecto a los de 2010 no pudo realmente restar voto a la ganadora agrupación ciudadana Líder, la cual realmente cedió parte de su electorado pero principalmente hacia la candidatura, ausente en 2010, de la extrema derecha falangista. Y sobre todo como decíamos no sólo no fue capaz de conquistar el voto popular del abstencionismo, sino que contribuyó a incrementar las abstenciones.

¿Cómo conquistar a la clase media?

Las fluctuaciones electorales de la clase media son siempre el reflejo de la polarización social y expresión de la inestabilidad y la crisis que atraviesan la sociedad. Cuando la clase media pierde su fe en la posibilidad de mantener su posición social o es trastornada por la misma crisis económica o política que afectan a la sociedad en su conjunto, empieza a oscilar violentamente entre burguesía y proletariado en la afanosa búsqueda de una alternativa.

Evidentemente: si lo “nuevo en construcción” se presenta con la cara de un gasolinazo justificado por la necesidad de subvencionar las ganancias de las multinacionales para incentivarlas a la inversión; si se demuestra impotente frente al poderío de los bancos y los terratenientes, a los cuales consolida el papel hegemónico en la sociedad justificando así el desabastecimiento y el saboteo productivo; si camufla el saqueo de las multinacionales mineras mostrando las migajas que dejan que si bien son mayores siguen siendo migajas; si habla el mismo lenguaje de acaparamiento del poder estatal y repartición de botines políticos: si estp es lo nuevo, es muy fácil que una vez que lo haya experimentado la clase media vuelva a los brazos de la burguesía.

La conquista política de la clase media no es cuestión de estrategia electoral sino de credibilidad del proceso, que se construye con la dirección efectiva y real de su base social. En política hay sumas que restan: al correr detrás de la clase media en el terreno de una moderación que es separación de las luchas sociales, acaba simplemente por empujarla bajo la dirección de la burguesía, sembrando desconfianza y decepción en la militancia y los sectores sociales de trabajadores y campesinos que son el motor de la revolución.

La “superación” del MAS

El resultado de estas elecciones particularmente en Sucre y Quillacollo, ciudad esta ultima donde el MAS se ha devorado a sí mismo en una pugna intestina por el poder en que desde 2004 se sucedieron 9 alcaldes en su mayoría masistas, será seguramente parte de un debate que ya empieza sobre el futuro del MAS y que culminará con el Congreso del Partido que se celebrará en 2012. Desde muchos sectores del partido, y particularmente el que está vinculado al Vicepresidente García Linera, se insiste en la necesidad de superar a la actual estructura del MAS, en una que sea más parecida a un partido tradicional, por así decirlo.

Evidentemente un partido en que, como recientemente ocurrió en el Congreso de Santa Cruz, un sector puede presentarse trayendo cantidades de gente que no tiene nada a que ver con la militancia y a la fuerza hace cambiar las reglas del congreso, es una organización en que inevitablemente proliferan el oportunismo y se degrada el debate político. Pero quienes hoy plantean la necesidad de superar a la actual estructura del MAS son los mismos que ayer impusieron la candidatura de Arcienaga en Sucre, violando la democracia interna y pasando por encima de las decisiones de las base, demostrando sus verdaderas intenciones.

Lo que necesitamos es un partido democrático, donde una base claramente identificada se prepare y forme para intervenir concretamente en la sociedad y las organizaciones sindicales y sociales, dirigiendo junto a ellas y efectivamente el proceso. Que combata la apropiación del partido por parte de oportunistas y buscapegas, no con genéricos llamados a la consciencia revolucionaria sino con el concreto fortalecimiento del debate democrático interno, de las estructuras orgánicas del partido, y luche por un programa avanzado de ruptura con las cadenas del capitalismo y de la democracia representativa burguesa para devolver a las bases el proceso.

La idea planteada en el órgano oficial de la Vicepresidencia “El Plurinacional”, de un partido con cuadros formados para “hacer desde las bases propuestas sostenibles a nivel local, regional y nacional” e “identificar enemigos” es, por el contrario, la concepción de un partido verticalista, un partido de serviles soplones que no cuestionen las decisiones asumidas arriba y se encarguen de hacerlas ejecutar. Un camino que, como fue demostrado en Sucre, lleva a la derrota y busca en un terreno administrativo, en base a una concepción típicamente estalinista, la solución a contradicciones que son en cambio de naturaleza política.

De las elecciones a las perspectivas para 2012

Contradicciones que seguirán animando todo el 2012, en que entre otras cosas se perfila también la posibilidad de un referéndum revocatorio. Aunque sea temprano para analizar los resultados de la Cumbre Social que concluirá sus labores recién en Enero del próximo año se puede ya decir que el énfasis puesto en cuestiones secundarias como el tema de la tergiversación de los medios de derecha (que existían también cuando ganamos con el 64%) o la apertura a las ideas de un gran pacto productivo nacional con el empresariado privado, son cosas que no prometen nada bueno. Sobre todo la ausencia en la Cumbre Social de los sectores en conflicto en 2011 dice que el objetivo político de la cumbre misma, reconstruir la unidad entre la base social del proceso, no se ha alcanzado. Es fácil prever entonces que el 2012 será más de lo mismo respecto al 2011.

El resultado de estas últimas elecciones, tras el resultado de las elecciones judiciales, demuestra que se van concretando nuestros peores pronósticos. Las vacilaciones del gobierno y la idea de poder llegar al objetivo del socialismo a través de un acumulo gradual de reformas está decepcionando a su base, fortaleciendo a la derecha política y social y sirviendo de disfraz a la burocracia para seguir firmemente aferrada a sus nuevos privilegios dentro del aparato estatal.

Pero demuestran también la total equivocación de aquellos que en base a una concepción mecánica de la política hacen una separación ficticia entre el proceso y el MAS, y piensan que las masas en Bolivia una vez experimentado el fracaso del MAS se vayan a la izquierda. Este ambiente de frustración es capitalizado por la derecha y separa a la vanguardia obrero y campesina del conjunto de la sociedad. Es así que, como escribían los mineros en su documento congresual, el fracaso del reformismo acaba por fortalecer a la derecha y al imperialismo.

Una nueva componente de la base social del proceso se ha separado en el transcurso de 2011. Hablamos de la CIDOB que ha organizado una cumbre alternativa en Santa Cruz en que se ha planteado un reencuentro democrático con la oposición de derecha, opción relanzada por el ex senador masista Román Loayza. Esto demuestra que la llamada reconducción del proceso no vendrá de atajos, del apoyo incondicional y descontextualizado a cualquier sector en conflicto, sino de un trabajo paciente desde las bases para dar a todos los conflictos una perspectiva unitaria de lucha.

El año que concluye ha sido marcado por muchos conflictos de diferente naturaleza que tienen todos un mismo fondo: el intacto poderío económico de multinacionales, terratenientes, banqueros y empresarios nacionales proyectó las contradicciones en el seno mismo de las masas y del proceso. La mayor presencia del Estado en la economía sin cambiar la naturaleza de ese Estado que sigue basado fundamentalmente en relaciones económicas de tipo capitalista y en la democracia representativa burguesa, se reduce a caldo de cultivo de una burocracia oportunista que se convierte en un obstáculo más para el proceso.

La lección es que el eje central de la lucha es por la defensa de un programa avanzado de expropiaciones de tierra, bancos, multinacionales, minas y fábricas y su administración bajo el control de trabajadores y campesinos para acabar con la corrupción, el desabastecimiento el sabotaje, la pobreza y el subempleo. Una lucha que debe ser librada con coherencia y paciencia, sin búsqueda de atajos o protagonismos personales, en el seno mismo de las organizaciones y en debate sobre el futuro del MAS. A esta lucha nada fácil, que por lo tanto necesita ser organizada, convocamos a nuestros lectores, a los militantes revolucionarios, a los trabajadores y campesinos de Bolivia que luchamos por esta oportunidad histórica.