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Bicentenario, Revolución, Socialismo (XII): Fin del menemismo, la triste esperanza en la Alianza

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Hacia el año 1999, la enorme corrupción menemista y la debacle de la convertibilidad con sus secuelas de desocupación, inflación y endeudamiento exterior astronómico, permitieron que el reaccionario Fernando de la Rúa (ex abogado de Bunge y Born), candidato de la Alianza, triunfase en las elecciones presidenciales y el justicialismo perdiese la mayoría en la Cámara de Diputados.

La Alianza UCR-FREPASO (federación de partidos Frente Grande, Socialista Popular, Socialista Democrático, Intransigente y Demócrata Cristiano) y su fórmula De la Rúa-“Chacho” Álvarez obtuvo el 48,5% de los sufragios, contra el 38,09% del binomio peronista Eduardo Duhalde-Ramón Ortega. En tercer lugar, con el 10,09% de los votos, aparecía el ex-ministro de Economía, Domingo Cavallo.

Gobierno de la Alianza: ajuste y represión

El 10 de diciembre el clima era de esperanza, pero De la Rúa ya desde aquel primer discurso, empezó a liquidar cualquier rumbo esperanzador, prometiendo austeridad y ajuste como único remedio ante la crisis.

Apenas 7 días después de asumir (17 de diciembre de 1999), una feroz represión a un corte en el Puente Gral. Belgrano en Corrientes, debido a la situación social allí imperante, dejó un saldo de dos muertos y decenas de heridos. El comienzo del Gobierno de la Alianza presagiaba su final.

En materia económica y social la situación era muy delicada: la desocupación ya superaba el 18% y subía implacablemente, el costo de vida era insufrible, el aparato productivo había sido desmantelado y la desconfianza de parte de los mercados financieros internacionales, más una voluminosa deuda externa, eran algunos de los principales temas urgentes a tratar en la agenda del gobierno.

La situación de los trabajadores era, en general, desesperante: diezmada en número, acosada por el miedo a la alta desocupación, con la CGT entregada desde el menemismo a una orgía de grandes negocios, la clase obrera estaba librada a su suerte, luego de una década de derrotas y luchas heroicas pero aisladas. La izquierda empezaba a organizar a núcleos de desocupados pero no atinaba a una política de clase y de masas. Igualmente, se destacaban la CTA y un sector del sindicalismo que, opuesto a la burocracia oficial, resistía los planes de ajuste alrededor de Hugo Moyano, escindido de la CGT desde el período anterior.

El gobierno entreguista de la Alianza se había comprometido con medidas financieras que trataban de encauzar el déficit fiscal, buscando el visto bueno del Fondo Monetario Internacional para adelantar un nuevo empréstito y lograr oxigeno, hundiendo financieramente al país para los años venideros. El gobierno se comprometía además a mantener la Ley de Convertibilidad, que ordenaba que un peso tuviera el valor de un dólar. Esto fue clave para su triunfo electoral.

En febrero de 2000 grandes flujos de fondos empezaron a fugar del país, iniciando una espiral imparable de vaciamiento financiero.

Ruptura de la Alianza

El 20 de octubre la Alianza se rompe: Chacho Álvarez, vicepresidente de la nación, renuncia y el delarruismo queda solo.

Las coimas en el senado, la “banelco” que denuncia Moyano, y la aprobación de la flexibilización laboral (un empeoramiento de la ya paupérrima situación de la clase obrera) y el manejo reaccionario de la economía hacen naufragar aquel experimento de la Alianza.

Hacia fines de ese año, Machinea negocia un mega préstamo por 40.000 millones de dólares; una reestructuración de los compromisos de la deuda externa, denominada «Blindaje Financiero” para hacer frente a los vencimientos de la deuda y al agravamiento del déficit fiscal.

Ya en 2001, y renunciado Machinea como Ministro de Economía, asume López Murphy quien al anunciar más achicamiento del gasto estatal y el aumento de la recaudación con medidas como el arancelamiento universitario, pone en pie una amplia oposición sobre todo estudiantil, y renuncia tras solo 16 días. Increíblemente entonces, vuelve al Ministerio de Economía el padre de la criatura: Domingo Cavallo.

El movimiento piquetero

La crisis económica y el incremento de la desocupación industrial, sumado al rápido desprestigio del gobierno, dotó de un protagonismo muy destacado al movimiento piquetero, que protagonizó decenas de luchas, cortes de ruta y movilizaciones con decenas de miles en todo el país, destacando las provincias de Salta, Jujuy y el Gran Buenos Aires. Se formaron decenas de agrupaciones piqueteras, que respondían a diferentes agrupaciones políticas, desde peronistas hasta la izquierda, siendo las más importantes la CCC, impulsada por el maoísta PCR, y la FTV, que responde a la CTA; los sectores más a la izquierda forman el Bloque Piquetero Nacional.

Se aproxima la catástrofe

El 14 de octubre de 2001, la alianza pierde las elecciones legislativas y el nivel de abstención y votoblanquismo es el más alto de la historia. Destaca el buen desempeño de la izquierda, particularmente en Capital Federal, donde consigue su mejor registro con la elección de varios legisladores y diputados nacionales, como el ex-trotskista Luis Zamora, que jugaría un papel muy destacado en los meses que siguieron al Argentinazo.

El agravamiento creciente de la situación económica, con inversiones que se alejaban debido a la complicada situación política, provocó desconfianza pública en el sistema financiero. Tras el fracaso del Blindaje Financiero y el Mega canje en apenas 6 meses – que dejaron al país en bancarrota al llevar la deuda a 144.200 millones de dólares con altísimas tasas de interés y con reticencias de crédito internacional – el 1 de diciembre de 2001 Cavallo toma la decisión de introducir el “corralito”, un paquete de medidas económicas que impuso una bancarización total de la economía mediante la prohibición de extraer todo el dinero en efectivo depositado en bancos públicos y privados. Esta medida, que afectó en gran medida a las clases medias y a los trabajadores informales (el 40% de la fuerza laboral en aquellos momentos), sumó apoyos en los mercados y organismos financieros internacionales, pero la población comenzó a manifestar un enorme descontento. Era la conclusión de la estafa financiera más grande la historia moderna hasta entonces, con una enorme transferencia de dinero de la población hacia los bancos y los organismos financieros, solo faltaba el postre que vendría luego, con el salvataje a los bancos, la pesificación y devaluación, para licuar la deuda de los privados. Este ejemplo lo seguirían años más tarde en todo el mundo, y se puede decir que fue un ensayo de lo que estaba por venir en el mundo desarrollado.

El cacerolazo; el Argentinazo. Un país en rebelión y revolución

Del 12 al 15 de diciembre el Frente Nacional contra la Pobreza (Frenapo) impulsado por la CTA celebró una consulta popular no vinculante que propuso un seguro de desempleo básico, salario universal por hijo y para los mayores de 65 años sin ingresos. La consulta fue respaldada por más de dos millones setecientos mil personas.

El 13 de diciembre se decreta un paro general unificado por parte de las centrales sindicales que es el más amplio y contundente de los 7 sufridos por el gobierno de De la Rua. A partir del día 19 de diciembre de 2001 estallan espontáneamente las manifestaciones populares en las que amplios sectores de masas se agrupaban golpeando ruidosamente cacerolas. Durante ese día se produjeron graves disturbios y revueltas sociales en diferentes puntos del país, con epicentro en las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Córdoba. El grito de guerra era el ya mítico “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. Solo los partidos de izquierda y las organizaciones populares podían actuar en las manifestaciones sin abucheos ni mayores problemas.

Frente a este panorama, el presidente decidió anunciar por cadena nacional que había decretado el estado de sitio, que suspendía las garantías constitucionales de los ciudadanos. Espontáneamente, miles de personas se lanzaron a las calles, furiosos con las medidas antidemocráticas y económicas. Pacíficamente, la población manifestó su descontento durante toda la noche, mientras la policía intentaba alejarlos de la Casa de Gobierno, utilizando gas lacrimógeno; esa noche renunciaba el Ministro de Economía, Domingo Cavallo.

El 20 de diciembre, segundo día del Estado de Sitio, se producen graves enfrentamientos entre manifestantes y efectivos policiales, de los cuales fueron los más violentos los que tuvieron lugar en las inmediaciones de la Casa de gobierno, que se conoció como la batalla de Plaza de Mayo. Perdieron la vida en todo el país, al menos 30 personas.

A las 4 de la tarde, visiblemente debilitado, el presidente pronunció un discurso por televisión convocando a la «unidad nacional» y ofreciendo al justicialismo cogobernar el país. Ante la respuesta negativa de parte de éste y la movilización popular, el reaccionario Fernando de la Rúa presentó su renuncia.

Sucedería a estos hechos la “semana de los 5 presidentes”, con la asunción final de Duhalde, delfín de la reacción y su única esperanza “blanca”.

Las luchas populares de diciembre de 2001 terminaron con el gobierno neoliberal de la Alianza pero dejaron pendiente la cuestión fundamental que se sintetizó en la consigna “que se vayan todos”. El Argentinazo reveló la existencia de una crisis de hegemonía en el bloque dominante, y sus ondas revolucionarias se extienden hasta el día de hoy.