Aniversario del 24 de Marzo: Avances y limitaciones en la lucha contra la impunidad

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El 24 de marzo se cumplen 32 años del golpe militar de 1976. En este aniversario queremos recordar la vigencia de la militancia de los compañeros desaparecidos, por una sociedad igualitaria opuesta a la explotación y a la injusticia capitalistas. Sibien en los últimos tiempos la incansable lucha de los organismos de derechos humanos y de los militantes sociales y políticos ha conseguido algunas reivindicaciones, van quedando en evidencia las limitaciones impuestas por un aparato estatal destinado ado a perpetuar la desigualdad y la represión… y la impunidad para sus agentes, encargados de llevarla a cabo. El 24 de marzo se cumplen 32 años del golpe militar de 1976. En este aniversario queremos recordar la vigencia de la militancia de los compañeros desaparecidos, por una sociedad igualitaria opuesta a la explotación y a la injusticia capitalistas. Si bien en los últimos tiempos la incansable lucha de los organismos de derechos humanos y de los militantes sociales y políticos ha conseguido algunas reivindicaciones, van quedando en evidencia las limitaciones impuestas por un aparato estatal destinado a perpetuar la desigualdad y la represión… y la impunidad para sus agentes, encargados de llevarla a cabo.
En los últimos años se ha conseguido la derogación de algunas leyes de impunidad, pronunciamientos judiciales contra algunas otras, el feriado del 24, la transformación en museos y centros culturales de la ESMA y otros lugares de detención y el reinicio de algunos juicios. Muchos de éstos demorados durante décadas, con marchas y contramarchas, cajoneos, chicanas judiciales, etc. Pero siguen sin unificarse las causas para agilizar los juicios, además de provocar la repetición de situaciones traumáticas en los testigos, obligados a repetir declaraciones sobre las torturas recibidas.
El gobierno de Kirchner, temeroso del ambiente generado desde el Argentinazo, había elegido el campo de los derechos humanos como su máscara ¨progre¨, aunque sin la decisión política de ir a fondo en el desmantelamiento del aparato represivo, sin impulsar la unificación de las causas, sin hacer avanzar la investigación de las responsabilidades políticas por los crímenes del 19 y 20 de diciembre del 2001 y del puente Pueyrredón.
Como el gobierno de Alfonsín en 1983, que empezó impulsando los juicios y luego cerró el tema con Punto Final y Obediencia Debida en 1987, castigando sólo a los comandantes indultados posteriormente por Menem, Kirchner y su esposa tenían un plan similar. No dispuestos a desmantelar al aparato estatal pensaban que, realizados algunos juicios en cada región militar del país, ya había llegado el momento de ¨recomponer la institucionalidad¨. Realizados los juicios contra el comisario Etchecolatz, el cura Von Wernich, e iniciados los procesos contra Patti, Nicolaides, Harguindegui y por los fusilamientos de Trelew entre otros, pensaban llegado el momento de comenzar a cerrar el tema. Así la nueva presidenta, en un discurso a pocos días de asumir ante la jerarquía de las fuerzas armadas, trató de lavarles la cara distanciándolas de su pasado genocida. Repetía entonces lo anticipado en la asunción, ante el aval de los dirigentes de DDHH cooptados por su administración: ¨Hay que escribir otra historia¨, dijo.
Sin embargo la indignación popular causada por la desaparición de Julio López (caso aún sin la mínima respuesta), la de Gerez, las irregularidades en las condiciones de detención de los comisarios Etchecolatz y Franchiotti (asesino de Maxi y Darío), del torturador subprefecto Febres, asesinado por sus cómplices, y otras, pospone este plan del gobierno. Aún el ambiente heredado de las jornadas de 2001 y 2002 permanece caldeado.
Las ¨irregularidades¨ en la detención de los represores y las numerosas trabas de la maraña judicial que impiden la consecución de justicia no son casualidades. Son la consecuencia inevitable de un aparato estatal gestado para reproducir la explotación, garantizar el ambiente de negocios mediante la ¨paz social¨ impuesta mediante la persuasión o por la fuerza (como en los 70 con la triple A y el golpe). Hasta que no desmantelemos ese aparato la lucha contra la impunidad no podrá triunfar.
Por todo esto es que sostenemos que la única forma de conseguir terminar con la explotación, la represión y la impunidad es, como bien lo sabían los compañeros desaparecidos, mediante la lucha por una nueva sociedad, una sociedad igualitaria, basada en la solidaridad y en la participación masiva de los trabajadores en el gobierno de su destino. Una sociedad que termine con todas las miserias que produce el capitalismo, una sociedad Socialista.