Afganistán: la guerra que no se puede ganar

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CMI

“No podemos derrotar a los talibán”. Estas son las palabras del comandante saliente de las fuerzas británicas en Afganistán. En una declaración publicada ayer en The Times (6 de octubre de 2008), el general de brigada Mark Carleton-Smith, el comandante de la 16 Brigada Aérea de Asalto, dijo que en su opinión una victoria militar sobre los talibán no era “factible ni sostenible”. Carleton-Smith dice que él cree que los talibán nunca serán derrotados.

“No podemos derrotar a los talibán”. Estas son las palabras del comandante saliente de las fuerzas británicas en Afganistán. En una declaración publicada ayer en The Times (6 de octubre de 2008), el general de brigada Mark Carleton-Smith, el comandante de la 16 Brigada Aérea de Asalto, dijo que en su opinión una victoria militar sobre los talibán no era “factible ni sostenible”. Carleton-Smith dice que él cree que los talibán nunca serán derrotados.

El general de brigada habla desde la experiencia. La 16ª Brigada Aérea de Asalto, que cederá el mando este mes a la 3ª Brigada de la Marina Real, ha sufrido muchas bajas después de seis meses de duro combate. Su comandante ha sacado conclusiones muy pesimistas a partir de su experiencia. Ya no habla de victoria. “Lo que necesitamos son tropas suficientes para contener la insurgencia a un nivel donde no sea una amenaza estratégica para la longevidad del gobierno elegido”.

¿Qué significan estas palabras? Significan que después de siete años de combate sangriento, las tropas de la coalición están más lejos que nunca de la victoria y que el gobierno títere de Karzai está bajo la constante amenaza de la insurgencia. Aunque el brigadier dijo que sus tropas habían “quitado el aguijón a los talibán” durante los enfrentamientos en la provincia de Helmand en el sur de Afganistán, esta operación había tenido un costo enorme. Su brigada sufrió 23 muertos y 170 heridos durante los seis meses que estuvieron allí. Sólo el segundo batallón del Regimiento de Paracaidistas perdió 11 soldados, la mayoría muertos en bombas en la ruta u otras explosiones.

Esta situación está obligando, tanto a los mandos militares como a los políticos, a revisar sus opiniones sobre la situación en Afganistán. Sus conclusiones confirman totalmente lo que escribíamos los marxistas hace siete años.

Cuando la coalición encabezada por EEUU fue a Afganistán pronosticamos que su éxito inicial finalmente se volvería en su contrario. Escribimos lo siguiente en aquel momento:

“La rapidez del colapso de la defensa talibán y la facilidad con que la Alianza ha entrado en Kabul, ha llevado a muchos a pensar que la guerra se ha terminado y que los talibán han desaparecido. Esta es una seria malinterpretación de la situación […]

“Los principales objetivos de la guerra de EEUU no se han conseguido. Bin Laden todavía está en libertad. La organización Al Qaeda, a pesar de las pérdidas que sin duda ha sufrido, todavía está intacta. Ni tampoco han destruido a los talibán. Todo lo contrario.

“Es verdad que la caída de Kabul presenta potencialmente para los estadounidenses un contexto logístico más favorable para su operación militar. Ha facilitado el apoyo logístico y suministros para la campaña militar. Sin embargo, el problema esencial sigue: para cumplir su objetivo EEUU y sus aliados deben enviar tropas a las zonas pastún. Esto no se puede conseguir sin problemas. El enemigo ha desaparecido de las ciudades pero no han acabado con él. Los talibán se han retirado de las ciudades pero se reagruparán en las montañas y pueblos del corazón pastún.

Y concluíamos:

“La talibán puede que hayan perdido la guerra pero no la potencia de hacer la guerra. Utilizarán la guerra de guerrillas en las montañas. Lo hicieron antes y lo harán de nuevo. Las tropas británicas y estadounidenses tendrán que entrar en las zonas pastún para buscar y destruir enclaves y allí serán el objetivo de las guerrillas. Las bajas serán inevitables. En determinado momento tendrá un efecto en la opinión pública de Gran Bretaña y EEUU.

“Los estadounidenses esperaban hacer todo rápidamente. Pero todo está resultado más complicado y difícil, y la perspectiva de final se ha pospuesto indefinidamente. Tendrán que mantener tropas no sólo en Afganistán, también en Pakistán y en otros países de la zona para garantizar su estabilidad. […]

“Es, con mucho, una situación peor y más peligrosa de la que se encontraban los norteamericanos el 11 de septiembre. Washington tendrá que sostener la bancarrota e inestabilidad del régimen en Pakistán, y en otros estados ‘amigos’ de la región, que se están desestabilizando. Si el objetivo de este ejercicio era combatir el terrorismo, habrán conseguido lo contrario. Antes de estos acontecimientos, los imperialistas podían mantenerse a una distancia segura de las convulsiones y guerras de esta parte del mundo, pero ahora están completamente implicados. Por sus acciones desde el 11 de septiembre, EEUU y Gran Bretaña ahora se han medito en un lodazal, del cual les va a ser difícil salir”.

Este artículo fue escrito el 15 de noviembre de 2001 (Afganistán después de la caída de Kabul: ¿Ha terminado la guerra?). Siete años después no es necesario cambiar ni una sola palabra de lo que escribimos entonces.

Pronóstico sombrío

Los representantes más capacitados de la burguesía normalmente llegan a las mismas conclusiones que los marxistas. Siete años después el pronóstico sombrío del brigadier demuestra que es verdad lo que dijimos hace tiempo. Después siguió la filtración de un cable de François Fitou, el vice-embajador francés en Kabul, pretendiendo que Sir Sherard Cowper-Coles, el embajador británico, le había dicho que la estrategia para Afganistán estaba “condenada el fracaso”.

En el cable Fitou le decía al presidente Sarkozy que Sir Sherard creía que “la situación de la seguridad es cada vez peor, además está la corrupción y el gobierno [Karzai] ha perdido toda confianza”. Dijo que Sir Sherard le había dicho que Gran Bretaña no tenía otra alternativa que apoyar a EEUU, “pero deberíamos decirles que queremos ser parte de una estrategia ganadora, no una perdedora. La estrategia estadounidense está condenada al fracaso”.

Por su parte, el brigadier Carleton-Smith admitía que había sido un “verano turbulento”. Dijo que los talibán “estaban divididos con fisuras y fracturas profundas”, pero después rápidamente añadía: “Sin embargo, los talibán, tácticamente, son razonablemente resistentes, ciertamente bastante peligrosos y parecen relativamente insensibles a las pérdidas. Mantienen su potencia como fuerza y su influencia”. El brigadier dijo que en las zonas donde el gobierno no tenía ningún control la población afgana era “vulnerable a una coalición cambiante de talibán, mulás locos y las milicias que merodean”. En otras zonas, se hacen progresos y los niños comienzan a regresar a la escuela. “Estamos intentando proporcionar la suficiente seguridad para alcanzar un grado de normalización”.

Una guerra que no se puede ganar

The Economist recientemente escribía:

“El ejército británico, liderando el esfuerzo de la OTAN en Helmand, ha perdido allí 115 soldados desde 2006, comparados con los quizás 5.000 talibán muertos. Qari Yusuf Ahmadi, un vocero talibán veterano, comentaba de manera implacable: ‘Luchamos por el todopoderoso Alá y estamos seguros de que vamos a ganar’. El comandante británico saliente, el general de brigada Mark Carleton-Smith, da crédito a los talibán diciendo ‘aun tácticamente son bastante resistentes y ciertamente bastante peligrosos’. Pero dice que los británicos están ‘minimizando el daño objetivo’ que son capaces de infligir.

“Dado el callejón sin salida militar, la estrategia británica ahora se centra en desarrollar las fuerzas afganas y las estructuras del gobierno con la idea de una solución política final. El general de brigada Carleton-Smith calcula que Gran Bretaña puede comenzar a retirar tropas en tres o cinco años. Pero la madurez política afgana podría tardar ‘décadas o generaciones'”.

El año pasado los talibán perdieron territorio, los más notables son las ciudades de Garmser y Musa Qala, los únicos dos lugares en Afganistán donde ellos defendían posiciones fijas. Pero estas victorias de las tropas de la coalición son más aparentes que reales. Los talibán sencillamente han abandonado su intento de defender posiciones fijas, donde ellos son débiles, para intensificar las tácticas guerrilleras donde ellos son fuertes.

Los talibán tienen muchas armas y dinero, gracias a su acomodo en el cultivo y el tráfico de drogas. Este otoño los comandantes talibán han prometido defender los campos de opio en los anteriores distritos pro-gubernamentales de Nad Alí y Marja. La prohibición de la droga que impone el Corán ocupa un segundo lugar ante la necesidad de ganar el corazón y la mente de los campesinos afganos y la necesidad de dinero para armas. Niegan indignados que reciban dinero del tráfico de drogas, sin embargo, los talibán aceptan zakat (limosnas) de los cultivadores locales de opio, lo que significa lo mismo. Con este dinero pueden comprar grandes cantidades de armas y munición de los policías y soldados afganos corruptos, además de la afluencia interminable de voluntarios procedentes de Pakistán. Esto significa que la guerra puede durar indefinidamente. La conclusión es evidente. Las fuerzas de la coalición no pueden ganar esta guerra.

El problema del Estado

Tarde o temprano los estadounidenses y británicos tendrán que abandonar Afganistán, siguiendo los pasos ignominiosos de cada uno de los otros ejércitos extranjeros que han intentado subyugar este turbulento país, desde Alejandro Magno en adelante. Para hacer esto, tendrán que intentar crear alguna especie de Estado. Y como explicó Engels hace mucho tiempo, el Estado en esencia son grupos de hombres armados.

El general de brigade Carleton-Smith dijo que había habido un vacío de gobierno durante treinta años y que incluso ahora el gobierno central de Kabul no veía a Helmand como una provincia clave. Dijo que en algunas zonas el pueblo afgano ahora comienza a cambiar su lealtad hacia las estructuras tradicionales de poder “en lugar de a las estructuras oscuras e ilegales” de los talibán y los señores de la guerra. Dijo que se necesitaban más instructores extranjeros para ayudar en la construcción de la competencia del ejército nacional afgano. Sugirió amablemente que los norteamericanos podrían suministrarla.

 Sin embargo, la oportunidad de crear algo parecido a un gobierno central estable en Kabul no es muy grande. El ambiente en Kabul es muy pesimista. No hay signos de que las fuerzas de la OTAN estén más cerca de ganar la guerra contra los talibán. Por otro lado, hay igualmente pocos síntomas de que los talibán estén ganando la guerra en Helmand. Este es un argumento importante a favor de un acuerdo.

Los británicos tienen una larga y amarga experiencia de guerras en Afganistán. Sufrieron la humillación de ver un ejército británico cortado en pedazos por las tribus afganas. Al final, el Imperio Británico tuvo que pagar sobornos a los jefes tribales para mantener tranquila la Frontera Noroccidental. Ahora la historia se repite. El general de brigada indicaba que la única salida era encontrar una solución política que incluyera a los talibán. Debemos recordar que hace unos meses dos diplomáticos extranjeros (uno de ellos era británico) fueron expulsados de Afganistán por negociar presuntamente con los talibán. No dudamos de que estas negociaciones desde hace tiempo se realizan en secreto.

Al presidente Karzai no le gusta esta situación. Lo considera (bastante correctamente) como una amenaza a su posición. Sin embargo, bajo la presión de sus “aliados” extranjeros, su gobierno ha iniciado un “programa de reconciliación”. Pero tiene un pequeño problema: el núcleo duro de los comandantes talibán se oponen implacablemente a cualquier compromiso. Por lo tanto, los esfuerzos se centran en los supuestos talibán de “segundo” o “tercer” escalafón, que son percibidos como menos intransigentes ideológicamente. La coalición calcula que una cantidad lo suficientemente grande de dólares pesarán más para algunos jefes que los versos de El Corán.

Al final, las fuerzas de la coalición tendrán que abandonar el intento de ocupar Afganistán. Dejarán tras de sí un rastro de muerte y destrucción, además de un legado de odio y amargura que durará décadas. No sabemos qué bandas rivales dominarán el próximo gobierno de Kabul. Lo que sabemos es que, como siempre, el precio más duro lo pagarán la gente corriente, los trabajadores y campesinos, los pobres, los ancianos, los enfermos, las mujeres y los niños.

El destino terrible del pueblo de Afganistán es otro de los innumerables crímenes del imperialismo norteamericano y sus aliados. La infame “guerra contra el terrorismo” lejos de conseguir sus objetivos ha tenido el resultado contrario. Con sus acciones los imperialistas han dando un impulso poderoso al terrorismo. Han echado combustible a las llamas del fanatismo y de esta manera han actuado como el principal sargento reclutador de al Qaeda y los talibán. Han destruido totalmente Afganistán y en el proceso han desestabilizado Pakistán. En las palabras, con frecuencia citadas e inmortales, del historiador romano Tácito: “y donde crean un desierto, lo llaman paz”.