Accidentes laborales: La sangría que no cesa

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2 millones de trabajadores mueren al año en todo el mundo por accidentes de trabajo. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), dependiente de la ONU, el 80% son evitables. En Argentina, el 80% de los muertos son varones y de ellos el 70% tienen entre 14 y 40 años. Son datos y estadísticas que arrojan en la cara la impunidad de un sistema. Pero ¿qué más dicen esos números? 2 millones de trabajadores mueren al año en todo el mundo por accidentes de trabajo. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), dependiente de la ONU, el 80% son evitables. En Argentina, el 80% de los muertos son varones y de ellos el 70% tienen entre 14 y 40 años.
Son datos y estadísticas que arrojan en la cara la impunidad de un sistema. Pero ¿qué más dicen esos números? Dicen que no hay ni política ni control estatal sobre seguridad e higiene en las empresas; que la tercerización, “bajar el costo laboral” es a expensas de la vida de los trabajadores; que los ritmos de producción se intensifican cada vez más y eso conduce al accidente; que la preocupación por el salario y por mantener el trabajo empuja a la alienación y a aceptar cualquier condición para estar ocupado; que a veces se cambia algo más que salario por condiciones de trabajo.
Este es el modelo de país que nos muestran como el mejor de los mundos posibles.
Cada trabajador muerto no cuenta en las abultadas cuentas de los patrones.
El 2008 comenzó con 2 grandes accidentes y muertes: Acindar Villa Constitución y Astilleros Río Santiago.
Las reiteradas denuncias de los trabajadores sobre las condiciones y lo obsoleto de las herramientas de trabajo se truecan en la “naturalización” de esta falta; en seguir trabajando sin tener conciencia de los peligros a los que estamos expuestos. Peligros a los que nos exponemos para mantener la tasa de ganancia de la patronal. Estos dos “accidentes” muestran que tanto la patronal privada como la estatal, a la hora de invertir en infraestructura son tan leoninas una como otra.
Pero no podemos olvidar la otra cara de esta moneda. La tercerización, la falta de capacitación del trabajador, los magros salarios, los ritmos de producción son un cóctel explosivo. Las estadísticas muestran números claros: son los trabajadores jóvenes quienes más están expuestos a los accidentes por sus condiciones contractuales de trabajo.
¿Cómo salir de esta encrucijada? Con la organización de los trabajadores, constituir en cada lugar de trabajo una Comisión de Seguridad e Higiene conformada por trabajadores de cada Sector, que controle y fiscalice las condiciones de trabajo y que determine las inversiones que hacen falta para poder contar con los elementos de seguridad que necesitamos.
En cada lugar de trabajo, en cada asamblea, cada vez que los trabajadores y delegados sindicales discutan con la patronal (privada o estatal) aumento de salario, debemos incorporar la defensa de las condiciones de trabajo y la organización de los trabajadores para garantizarla, como un punto inclaudicable.