WASHINGTON HACE SONAR LOS TAMBORES DE GUERRA

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¡Debemos actuar ahora! Debemos imprimir este artículo, traducirlo y pasarlo a tantas personas como sea posible. Presentemos resoluciones de protesta en agrupaciones sindicales. Organicemos piquetes, grupos de presión, mítines y manifestaciones. La Campaña Manos Fuera de Venezuela está preparando actividades en muchos paises. Contacta con nosotros y unite a nuestra lucha contra las criminales acciones de los imperialistas.

¡HAY QUE ACTUAR AHORA PARA DEFENDER LA REVOLUCIÓN VENEZOLANA!

En vísperas de la gira latinoamericana de Condoleeza Rice, en el periódico The New York Times ha aparecido un artículo sumamente provocador. Con el título: “EEUU está considerando endurecer su postura hacia Venezuela” y firmado por Juan Forero, el artículo cita a varios “funcionarios norteamericanos” anónimos diciendo básicamente que “la administración de EEUU está sopesando endurecer su postura, incluida la donación de más dinero a fundaciones, empresas y grupos políticos opuestos a su gobierno de izquierda”.

Forero dice en su artículo que “en Washington ha estado funcionando un grupo de operaciones multiagencia para elaborar una nueva aproximación, según funcionarios de alto rango estadounidenses sería como dar un viraje hacia una línea más dura”. El artículo cita a otro funcionario norteamericano anónimo que dice: “La conclusión que cada vez más se está sacando en Washington es que una relación realista, pragmática, donde podemos estar de acuerdo o desacuerdo sobre algunas cuestiones, pero que podemos progresar en otras, no parece lo más probable (…) Nosotros les ofrecimos una relación más pragmática pero, obviamente, si no la quieren, podemos movernos hacia una posición de más confrontación”.

Otro “alto ayudante republicano en Capitol Hill que trabaja en política latinoamericana” (también anónimo) explica lo siguiente: “Lo que aquí está ocurriendo es que deben darse cuenta que la situación se está deteriorando rápidamente y que va a requerir algo más de atención (…) La política actual de mirar a otro lado no está funcionando”.

La realidad, sin embargo, es que la administración estadounidense siempre ha tenido una postura “dura” hacia Venezuela. Altos funcionarios de EEUU se reunieron con los dirigentes de la oposición venezolana en las semanas y días previos al golpe militar que desposeyó a Chávez durante 47 horas el 11 y 12 de abril de 2002. La evidencia contundente de que la CIA sabía que se estaba preparando el golpe es que Washington fue la primera capital en el mundo que reconoció al gobierno ilegítimo de Pedro Carmona instaurado con el golpe.

La administración Bush dio fondos a los grupos de oposición para que organizaran el golpe de 2002. También financió el sabotaje de la industria petrolera en diciembre de 2002 y enero de 2003, que costó a la economía del país aproximadamente 10.000 millones de dólares. Financió el intento de destituir a Chávez a través del referéndum revocatorio. Es difícil imaginar como Washington puede “endurecer” aún más su posición hacia el gobierno elegido democráticamente de Venezuela, excepto con una intervención militar directa.

Desde principios de este año el aluvión de acusaciones contra el gobierno venezolano por parte de funcionarios norteamericanos se ha incrementado en volumen e intensidad. EEUU ha intentado activamente parar le venta de armas a Venezuela procedentes de España, Brasil y Rusia (después de que los propios EEUU se negaran a suministrar piezas de repuesto para los F16 de Venezuela) y ha acusado a Venezuela de ser “una fuerza negativa en la región” (Condoleeza Rice). La administración y los medios de comunicación norteamericanos han intensificado su campaña beligerante contra Venezuela.

El gobierno democráticamente elegido de Hugo Chávez ha sido acusado de todo, desde vincularlo con Corea del Norte, a suministrar armas a las guerrillas de las FARC colombianas, financiar al “subversivo” MAS de Bolivia, formar un eje del mal con la Cuba de Castro, iniciar la carrera de armamentos en América Latina o cobijar terroristas de al Qaeda. Hace poco apareció en National Review (publicado el 11 de abril, el día del tercer aniversario del golpe en Venezuela) un artículo con el siguiente título: “Fidel Castro y Hugo Chávez constituyen un eje del mal”. En este artículo sumamente agresivo, Otto Reich, hasta hace poco ayudante del Secretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, defiende abiertamente una política de “confrontación” con el “emergente eje de la subversión”.

Estas acusaciones no tienen ningún fundamento y no resistirían el más mínimo análisis. Sólo tienen la intención de dar una impresión, el tipo de impresión que pueda ser utilizada para justificar un acto de agresión. Como hace tiempo aprendimos de Josef Goebbels, incluso la mentira más flagrante, si se repite lo suficiente, puede ser tomada por verdad. De la misma forma, la mentira sobre la posesión de armas de destrucción masiva por parte de Sadam Hussein fue utilizada como una excusa para la criminal invasión de Iraq. Todo el mundo sabe ahora que era una mentira, pero la gente se la creyó el tiempo suficiente para permitir un acto de agresión y que éste se presentara como un acto de autodefensa nacional. Ahora la historia se repite.

Cuando el 30 de marzo le pidieron a Adam Ereli, portavoz del Departamento de Estado, más detalles de las acusaciones sobre las “deficiencias venezolanas con respecto a la cuestión de la lucha contra el narcotráfico”, no pudo decir nada coherente. Simplemente musitó: “No realmente. Miraré y veré lo que hemos dicho en el pasado, no puedo dar una respuesta detallada”. Sobre este tipo de “evidencias” tan flojas Washington está intentado preparar la agresión armada contra Venezuela.

Sin duda todos estos artículos y declaraciones no aparecen en los periódicos por casualidad. Uno tiene la sensación de que forman parte de una campaña orquestada de propaganda dirigida no sólo a aislar a Venezuela, sino también a preparar a la opinión pública estadounidense para formas más directas de intervención contra la Revolución Bolivariana. Son los mismos métodos utilizados en el pasado para justificar las intervenciones de EEUU contra la Revolución Cubana, contra el gobierno de Arbenz en Guatemala, contra el gobierno de Salvador Allende en Chile y más recientemente en Nicaragua, El Salvador, Granada y Haití. La prensa a sueldo vierte una corriente de calumnias y difamaciones para preparar a la opinión pública. Después se mueven los escuadrones pesados. En algunos círculos esto se conoce como “libertad de prensa”.

Otto Reich sabe de esto. En los años ochenta estaba a la cabeza del departamento de Estado de la Oficina de Diplomacia para América Latina y el Caribe (OPD). Ésta era sólo un grupo de propaganda, entre otras tareas estaba para coordinar la publicación de artículos editoriales en periódicos apoyando abiertamente a la Contra y atacando a aquellos que criticaban el apoyo de Washington a estos asesinos en Nicaragua. La investigación Irán-Contra encontró que Reich, un exiliado cubano, había llevado a cabo una “propaganda prohibida y encubierta” en nombre de la Contra (el informe desclasificado de Otto Reich y que implicaba a la OPD se puede encontrar en la siguiente dirección: www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB40/).

Pero regresemos al artículo de Juan Forero. Las únicas “fuentes” que cita para el endurecimiento de la política norteamericana hacía Venezuela son todos “funcionarios anónimos”. El día después de la publicación del artículo en The New York Times, Washington desmintió su contenido, aunque en realidad fue una “negativa” que no negaba nada. Decía: “Esos no son informes que reflejen ninguna realidad en términos de decisiones adoptadas por EEUU para cambiar su política”. En realidad, lo que quiere decir es que no hay cambio en la política de EEUU que ya era de confrontación antes de que Forero citara a sus famosos “funcionarios anónimos”.

El registro periodístico de Forero con relación a Venezuela es en el mejor de los casos poco firme. Un día después del golpe militar en Venezuela escribió un artículo en The New York Times que no mencionaba la palabra “golpe” y que llevaba el asombroso titular: “Jefe de Venezuela obligado a dimitir. Instalados en su lugar civiles”. Esto suena como una pantomima ensayada y funciona de la siguiente manera: Washington deja escapar alguna desinformación que le gustaría fuese publicada por un periodista amigo. El material se publica pero no se citan fuentes. Una vez que las “noticias” son del dominio público y son recogidas por la mayoría de las agencias de noticias, el Departamento de Estado publica una “negativa” que no es recogida en ninguna parte. El daño ya se ha hecho.

Está claro que la administración norteamericana es cada vez más hostil hacia la Revolución Bolivariana que se mantiene firme contra el imperialismo estadounidense. George Bush está frustrado porque todos los intentos de aplastarla han fracasado. Pero la estrategia de aislar a Venezuela de otros gobiernos latinoamericanos también ha fracasado. La reciente visita de Donald Rumsfeld a la región no fue todo lo exitosa que esperaba. Pero estos fracasos no significan que Washington vaya a abandonar su postura agresiva contra Venezuela. Todo lo contrario, eso significa que su agresión se intensificará y adquirirá proporciones peligrosas si no se encuentra con un masivo movimiento de protesta desde abajo.

Esta renovada campaña contra la revolución venezolana representa una amenaza seria que si el movimiento obrero mundial la desatiende será un peligro real. En todas las ocasiones anteriores donde se ha utilizado este tipo de lenguaje siempre se ha preparado una intervención militar. Estas intervenciones no necesariamente toman la forma de una invasión real. El hecho de que el ejército estadounidense se encuentre empantanado en una guerra perdida en Iraq hace que esta opción sea problemática. Pero los ejemplos de Chile y Nicaragua indican que hay otras opciones: la guerra sucia terrorista y la subversión, el asesinato del presidente Chávez, provocaciones que lleven a una guerra con Colombia, país que el Pentágono ha convertido ya en un campo armado. Estas y muchas otras armas están a disposición de Bush, Rumsfeld y Rice.

Todos los avisos están ahí. La única fuerza que puede derrotar la agresión planificada contra la Revolución Venezolana es el movimiento obrero internacional, además de los jóvenes y trabajadores de EEUU. ¡Ha llegado el momento de hacer sonar las alarmas! ¡Venezuela está en peligro! Es imperativo que los trabajadores, sindicalistas, jóvenes, estudiantes, intelectuales, artistas, blancos y negros, se unan para organizar un movimiento de protesta tan poderoso que George Bush y la banda de derecha que habita la Casa Blanca tenga que pensarlo dos veces.

No podemos esperar hasta que sea demasiado tarde. Debemos actuar ahora para prevenir este acto de agresión desnuda de un poderoso estado imperialista contra un país de América del Sur que está luchando por sus derechos más elementales: el derecho a la autodeterminación nacional, el derecho a vivir su vida en paz y decidir su propio futuro sin la interferencia extranjera, el derecho a construir una sociedad basada en los principios de la libertad, la justicia y la igualdad.

La razón real por la que los círculos reaccionarios de EEUU desean destruir la revolución es la siguiente: porque sirve de ejemplo a los millones de pobres y oprimidos de toda América Latina. Además, este es el camino que ha elegido democráticamente el pueblo venezolano. Chávez y su política han sido ratificados en siete citas electorales y refrendados desde que fue elegido por primera vez en 1998. Este ejemplo es peligroso, no para los ciudadanos normales de EEUU, para los trabajadores y los pobres, sino para Wall Street, para los bancos, las grandes empresas y los señores del petróleo que son los verdaderos electores de George W. Bush.

La administración de derecha, que intenta presentar a Venezuela como un “peligro para la paz” porque ha comprado algunos rifles a Rusia, está gastando la asombrosa cantidad de 500.000 millones de dólares en armas cada año. Está gastando al menos 6.000 millones de dólares al mes en la ocupación de Iraq mientras reduce el gasto público en pensiones y sanidad.

¡Debemos actuar ahora! Debemos imprimir este artículo, traducirlo y pasarlo a tantas personas como sea posible. Presentemos resoluciones de protesta en agrupaciones sindicales. Organicemos piquetes, grupos de presión, mítines y manifestaciones. La Campaña Manos Fuera de Venezuela está preparando actividades en muchos países. Contacta con nosotros y unite a nuestra lucha contra las criminales acciones de los imperialistas.

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